26/1/08

Sirven y sufren

Por Noam Chomsky

Occidente se guía por una visión […] rotundamente expresada por Winston Churchill en la fase de construcción del nuevo orden que siguió a la segunda guerra mundial:

El gobierno del mundo debe confiarse a las naciones satisfechas, que no desean para sí mismas más de lo que ya poseen. Sería peligroso que el gobierno del mundo estuviese en manos de naciones pobres. Pero ninguno de nosotros tiene razones para anhelar nada más. La salvaguarda de la paz debe confiarse a los pueblos que viven por sus medios y que no son ambiciosos. Nuestro poder nos sitúa por encima de los demás. Somos como hombres ricos que moran en paz dentro de sus habitaciones. […]

Gobernar, así pues, constituye un derecho y un deber de los hombres ricos que viven una merecida paz y sólo cabe añadir dos notas a pie de página: la primera es que los hombres ricos están lejos de carecer de ambiciones; siempre hay nuevas formas de enriquecerse y de dominar a los demás, y el sistema económico prácticamente exige que se cumplan estas premisas, o de lo contrario los rezagados quedarán fuera de juego; la segunda es que la fantasía según la cual las naciones son los actores que participan en la arena internacional es el camuflaje doctrinal habitual con el que se encubre que dentro de las naciones ricas, como sucede en las naciones pobres, existen diferencias radicales de privilegios y de poder. Si a la prescripción de Churchill la privamos de su velo engañoso, nos encontraremos con las pautas que rigen el orden mundial: los hombres ricos de las sociedades ricas son quienes gobiernan el mundo y compiten entre sí para lograr mayores cuotas de riqueza y poder, eliminando sin clemencia a quienes se interponen en su camino, ayudados por los ricos de las naciones pobres que obedecen sus órdenes. Los demás… sirven y sufren.

Fuente: Chomsky, El nuevo orden mundial (y el viejo), Crítica, España, 1996.

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