“Pichón y maestros” fue mi primer blog. ¿Mío? No tanto. La mayoría de entradas las firma un maestro.
Este año inicié un segundo blog. Más mío. Se llama “en clave de tik”.
Ansío su visita.
23/01/09
17/11/08
Despedida
Por Pichón
El 17 de noviembre de 2007 publiqué la primera entrada de Pichón y Maestros. Hoy publico la entrada número 235; la despedida.
(Digamos –quizá esto debí hacerlo hace un año– que maestro es aquel cuya palabra, como diría Onetti, supera al silencio. Por supuesto, en este sitio no están todos los que son. (Y no estoy seguro de si son todos los que están.) Pichón, en cambio, ni atrincherado en el anonimato puede superarlo.)
Las entradas acaban; el sitio seguirá estando.
Continúan también mis ganas de escribir. Escribiendo desvanezco certezas, sopeso saberes y quereres, evalúo lecturas.
Gracias a quienes vinieron, leyeron y no volvieron; gracias a quienes vinieron, vinieron, vinieron… hasta malacostumbrarse; gracias a quienes dejaron un comentario o enviaron un correo; gracias a quienes vendrán.
Antes del adiós quiero referirme a mi afirmación de hace casi siete meses: que McCain sería presidente. Estaba absolutamente seguro y creo que aquella entrada todavía tiene palabras válidas.
Me voy con otro pronóstico: llegará el día en que pueda decir, en que todos podamos decir, “somos dignos”. Estoy absolutamente seguro.
sasgnc@hotmail.com
El 17 de noviembre de 2007 publiqué la primera entrada de Pichón y Maestros. Hoy publico la entrada número 235; la despedida.
(Digamos –quizá esto debí hacerlo hace un año– que maestro es aquel cuya palabra, como diría Onetti, supera al silencio. Por supuesto, en este sitio no están todos los que son. (Y no estoy seguro de si son todos los que están.) Pichón, en cambio, ni atrincherado en el anonimato puede superarlo.)
Las entradas acaban; el sitio seguirá estando.
Continúan también mis ganas de escribir. Escribiendo desvanezco certezas, sopeso saberes y quereres, evalúo lecturas.
Gracias a quienes vinieron, leyeron y no volvieron; gracias a quienes vinieron, vinieron, vinieron… hasta malacostumbrarse; gracias a quienes dejaron un comentario o enviaron un correo; gracias a quienes vendrán.
Antes del adiós quiero referirme a mi afirmación de hace casi siete meses: que McCain sería presidente. Estaba absolutamente seguro y creo que aquella entrada todavía tiene palabras válidas.
Me voy con otro pronóstico: llegará el día en que pueda decir, en que todos podamos decir, “somos dignos”. Estoy absolutamente seguro.
sasgnc@hotmail.com
15/11/08
¿El sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condeleezza Rice?
Por Eduardo Galeano
¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?
Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.
Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?
Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.
¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?
La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.
¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?
Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.
¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?
Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.
¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?
Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.
¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?
Me temo que sí, pero ojalá que no.
¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?
Me temo que no, pero ojalá que sí.
¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?
Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-114566-2008-11-06.html
Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.
Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?
Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?
La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.
¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?
Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.
¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?
Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.
¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?
Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.
¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?
Me temo que sí, pero ojalá que no.
¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?
Me temo que no, pero ojalá que sí.
¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?
Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-114566-2008-11-06.html
13/11/08
Descubrir la verdad
Por Carl Sagan
La sociedad puede llegar a corromper al mejor de los hombres.
…
La primera persona que localizó desde perspectivas neuroanatómicas la inteligencia humana en la cabeza fue Herófilo de Calcedonia, médico griego cuya actividad alcanza su cenit alrededor del 300 a.C.
…
Si alguien gasta parte de su tiempo proponiendo hipótesis, comprobando si tienen sentido y si concuerdan con cuanto ya conocemos, pensando en pruebas experimentales que den validez o se la nieguen a nuestras hipótesis, este alguien está haciendo ciencia.
…
Einstein … sostenía que era deshonesto ganar dinero enseñando física.
…
Albert Einstein se convirtió en científico, no gracias, sino a pesar de su escolarización
…
El prejuicio es resultado de una postura emocional, jamás del racionamiento cuidadoso.
…
El mejor antídoto para la pseudociencia es la ciencia
…
Este aspecto del método científico, la capacidad que posee para plantearse interrogantes y corregir sus propios errores, constituye su propiedad más sobresaliente, al tiempo que diferencia a la ciencia de la mayor parte de las demás actividades humanas, donde la credulidad se erige como norma.
…
No interesan nada las razones que impulsan a alguien a lanzar sus ideas ni las que abrigan sus detractores para criticarlas; lo único que interesa es determinar si las ideas son ciertas o erróneas, prometedoras o regresivas.
…
Son muy pocos los argumentos sobre la existencia de Dios susceptibles de ser comprendidos por todo el mundo.
…
La predisposición al cambio y la búsqueda reflexiva de futuros alternativos son la clave para la supervivencia de la civilización y tal vez de la especie humana.
…
El hecho de que las religiones sean tan descaradamente deshonestas, tan despreciativas de la inteligencia de sus adeptos y de que todavía florezcan no dice nada bueno a favor del vigor mental de sus creyentes.
…
Vemos un universo que no excluye al dios tradicional de Oriente u Occidente, pero que tampoco requiere uno.
…
Los seres humanos, y nuestros antepasados y parientes colaterales, como los hombres de Neanderthal, posiblemente sean los primeros organismos de este planeta que han tenido clara conciencia de la inevitabilidad de nuestro propio final.
…
Un ateo es aquel que tiene la seguridad de que Dios no existe, alguien que dispone de pruebas convincentes en contra de la existencia de Dios.
…
Sólo aquellos que se formulan preguntas pueden descubrir la verdad.
Fuente: Sagan, Carl, El cerebro de Broca, España, Crítica, 1994.
La sociedad puede llegar a corromper al mejor de los hombres.
…
La primera persona que localizó desde perspectivas neuroanatómicas la inteligencia humana en la cabeza fue Herófilo de Calcedonia, médico griego cuya actividad alcanza su cenit alrededor del 300 a.C.
…
Si alguien gasta parte de su tiempo proponiendo hipótesis, comprobando si tienen sentido y si concuerdan con cuanto ya conocemos, pensando en pruebas experimentales que den validez o se la nieguen a nuestras hipótesis, este alguien está haciendo ciencia.…
Einstein … sostenía que era deshonesto ganar dinero enseñando física.
…
Albert Einstein se convirtió en científico, no gracias, sino a pesar de su escolarización
…
El prejuicio es resultado de una postura emocional, jamás del racionamiento cuidadoso.
…
El mejor antídoto para la pseudociencia es la ciencia
…
Este aspecto del método científico, la capacidad que posee para plantearse interrogantes y corregir sus propios errores, constituye su propiedad más sobresaliente, al tiempo que diferencia a la ciencia de la mayor parte de las demás actividades humanas, donde la credulidad se erige como norma.
…
No interesan nada las razones que impulsan a alguien a lanzar sus ideas ni las que abrigan sus detractores para criticarlas; lo único que interesa es determinar si las ideas son ciertas o erróneas, prometedoras o regresivas.
…
Son muy pocos los argumentos sobre la existencia de Dios susceptibles de ser comprendidos por todo el mundo.
…
La predisposición al cambio y la búsqueda reflexiva de futuros alternativos son la clave para la supervivencia de la civilización y tal vez de la especie humana.
…
El hecho de que las religiones sean tan descaradamente deshonestas, tan despreciativas de la inteligencia de sus adeptos y de que todavía florezcan no dice nada bueno a favor del vigor mental de sus creyentes.
…
Vemos un universo que no excluye al dios tradicional de Oriente u Occidente, pero que tampoco requiere uno.
…
Los seres humanos, y nuestros antepasados y parientes colaterales, como los hombres de Neanderthal, posiblemente sean los primeros organismos de este planeta que han tenido clara conciencia de la inevitabilidad de nuestro propio final.
…
Un ateo es aquel que tiene la seguridad de que Dios no existe, alguien que dispone de pruebas convincentes en contra de la existencia de Dios.
…
Sólo aquellos que se formulan preguntas pueden descubrir la verdad.
Fuente: Sagan, Carl, El cerebro de Broca, España, Crítica, 1994.
11/11/08
Gracias Fidel [audio]
Por Carlos Puebla
El día primero aquel
Lleno de emoción y ruido
Alguien dijo conmovido y feliz
Gracias Fidel
Y el pueblo después de un año repite
Gracias Fidel
Y pusieron un cartel
Con la frase mencionada
Repitiendo alborozada y feliz
Gracias Fidel
Y empezamos a tener
Leyes revolucionarias
La ley de reforma agraria
Y la ley del alquiler
Y una ley tras otra ley
Leyes para los de abajo
Para el hombre sin trabajo
Muerto de hambre en el batey
Y como el pueblo sincero
Aplaudía entusiasmado
Todos los siquitrillados
Arrancaron el letrero
Que quitaran el cartel
Eso era asunto sabido
Pero el pueblo agradecido repite
Gracias Fidel
Transcrito por Pichón
El día primero aquel
Lleno de emoción y ruido
Alguien dijo conmovido y feliz
Gracias Fidel
Y el pueblo después de un año repite
Gracias Fidel
Y pusieron un cartel
Con la frase mencionada
Repitiendo alborozada y feliz
Gracias Fidel
Y empezamos a tener
Leyes revolucionarias
La ley de reforma agraria
Y la ley del alquiler
Y una ley tras otra ley
Leyes para los de abajo
Para el hombre sin trabajo
Muerto de hambre en el batey
Y como el pueblo sincero
Aplaudía entusiasmado
Todos los siquitrillados
Arrancaron el letrero
Que quitaran el cartel
Eso era asunto sabido
Pero el pueblo agradecido repite
Gracias Fidel
Transcrito por Pichón
9/11/08
El ascenso del hombre
Por Jacob Bronowski
Mas la guerra, la guerra organizada, no es un instinto humano. Es una forma de robo altamente planificada y coordinada.
…
El estímulo más poderoso en el ascenso del hombre es el placer que le proporciona su propia habilidad. Disfruta con hacer lo que puede hacer bien y, al haberlo hecho bien, disfruta haciéndolo mejor.
…
Los españoles saquearon el Perú por su oro, que había sido coleccionado por la aristocracia inca como quien colecciona sellos de correos, con el toque de Midas. Oro para la codicia, oro para el esplendor, oro para la ornamentación, oro para el culto, oro para el poder, oro para los sacrificios, oro para dar vida, oro para la ternura, oro bárbaro, oro voluptuoso…
…
Pero el ascenso del hombre no es realizado por personas encantadoras. Es realizado por gente dotada de dos cualidades: una integridad enorme y, cuando menos, un poco de genio.
…
Euclides pertenecía a la tradición pitagórica. Cuando un oyente le preguntó cuál era el uso práctico de algún teorema, se dice que Euclides dijo desdeñosamente a su esclavo: “El quiere lucrarse del conocimiento, dale una moneda”. La reprobación estaba quizás inspirada en el proverbio de la hermandad pitagórica, que traducido se aproxima a: “Un diagrama y un paso; no un diagrama y una moneda”, siendo “un paso” un paso en el conocimiento, o lo que yo he denominado el ascenso del hombre.
…
En el transcurso de su vida, Einstein unió la luz al tiempo y el tiempo al espacio; la energía a la materia, la materia al espacio y el espacio a la gravitación.
…
Las revoluciones no son producto del destino sino de los hombres.
…
Uno de los propósitos de las ciencias físicas ha sido el de proporcionar una imagen exacta del mundo material. Uno de los logros de la física del siglo XX ha sido el de probar que tal meta es inasequible.
…
Por lo general, los físicos han realizado lo mejor de su trabajo antes de cumplir los treinta años (los matemáticos aún antes y los biólogos quizás un poco después).
…
Los emperadores se van, más los imperios permanecen.
…
El amor espiritual y el amor carnal son inseparables.
…
Un animal puede ser social o solitario. Sólo el hombre aspira a ser ambos, un solitario social.
…
El compromiso personal del hombre con su destreza, el compromiso intelectual y el compromiso emocional amalgamados en uno solo, han realizado el ascenso del hombre.
Fuente: Bronowski, Jacob, El ascenso del hombre, México, Sistemas Técnicos de Edición, 1987.
Mas la guerra, la guerra organizada, no es un instinto humano. Es una forma de robo altamente planificada y coordinada.
…
El estímulo más poderoso en el ascenso del hombre es el placer que le proporciona su propia habilidad. Disfruta con hacer lo que puede hacer bien y, al haberlo hecho bien, disfruta haciéndolo mejor.…
Los españoles saquearon el Perú por su oro, que había sido coleccionado por la aristocracia inca como quien colecciona sellos de correos, con el toque de Midas. Oro para la codicia, oro para el esplendor, oro para la ornamentación, oro para el culto, oro para el poder, oro para los sacrificios, oro para dar vida, oro para la ternura, oro bárbaro, oro voluptuoso…
…
Pero el ascenso del hombre no es realizado por personas encantadoras. Es realizado por gente dotada de dos cualidades: una integridad enorme y, cuando menos, un poco de genio.
…
Euclides pertenecía a la tradición pitagórica. Cuando un oyente le preguntó cuál era el uso práctico de algún teorema, se dice que Euclides dijo desdeñosamente a su esclavo: “El quiere lucrarse del conocimiento, dale una moneda”. La reprobación estaba quizás inspirada en el proverbio de la hermandad pitagórica, que traducido se aproxima a: “Un diagrama y un paso; no un diagrama y una moneda”, siendo “un paso” un paso en el conocimiento, o lo que yo he denominado el ascenso del hombre.
…
En el transcurso de su vida, Einstein unió la luz al tiempo y el tiempo al espacio; la energía a la materia, la materia al espacio y el espacio a la gravitación.
…
Las revoluciones no son producto del destino sino de los hombres.
…
Uno de los propósitos de las ciencias físicas ha sido el de proporcionar una imagen exacta del mundo material. Uno de los logros de la física del siglo XX ha sido el de probar que tal meta es inasequible.
…
Por lo general, los físicos han realizado lo mejor de su trabajo antes de cumplir los treinta años (los matemáticos aún antes y los biólogos quizás un poco después).
…
Los emperadores se van, más los imperios permanecen.
…
El amor espiritual y el amor carnal son inseparables.
…
Un animal puede ser social o solitario. Sólo el hombre aspira a ser ambos, un solitario social.
…
El compromiso personal del hombre con su destreza, el compromiso intelectual y el compromiso emocional amalgamados en uno solo, han realizado el ascenso del hombre.
Fuente: Bronowski, Jacob, El ascenso del hombre, México, Sistemas Técnicos de Edición, 1987.
7/11/08
Pájaros prohibidos [audio]
Por Eduardo Galeano
[En 1976, en una cárcel llamada Libertad]
Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.
Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.
Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:
-¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?
La niña lo hace callar:
-Ssshhhh.
Y en secreto le explica:
-Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, España, siglo veintiuno, 1986.
[En 1976, en una cárcel llamada Libertad]
Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.
Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.
Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:
-¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?
La niña lo hace callar:
-Ssshhhh.
Y en secreto le explica:
-Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, España, siglo veintiuno, 1986.
4/11/08
Diez mil actos de bondad
Por Stephen Jay Gould
La evolución ha construido el árbol de la vida. Sin embargo, casi en cualquier momento y para cualquier especie el cambio no está ocurriendo, sino que predomina la estasis. Por lo tanto, si nos preguntamos cuál es la naturaleza normal de las especies, la única respuesta posible es: la estabilidad. Pero el cambio, deliciosamente raro, ha erigido el árbol de la vida y configurado la historia a gran escala. Y ahora llegamos al quid de la cuestión: la propiedad que define a una especie, su estado normal, su naturaleza, su apariencia en casi todo momento es contraria al proceso que da origen a la historia (y a las nuevas especies). Si intentáramos explicar la naturaleza de las especies a partir del proceso que construye la historia de la vida, nuestros resultados apuntarían exactamente hacia lo opuesto de la realidad, dado que son los acontecimientos extremadamente insólitos (pero con consecuencias de gran alcance) los que determinan el curso de la historia.
El mismo patrón podría aplicarse a la naturaleza humana y a los acontecimientos que configuran nuestra historia. Al presuponer que los rasgos de conducta que intervengan en los acontecimientos forjadores de la historia tienen que definir también las propiedades ordinarias de la naturaleza humana, hemos cometido un grave error. Así pues, ¿no debemos relacionar las causas de nuestra historia, como reza el falso argumento, con la naturaleza de nuestro ser?
Pero si mi analogía es válida, la verdad podría hallarse justamente en la afirmación inversa. Si las conductas infrecuentes son las que construyen la historia, nuestra naturaleza habitual debe definirse a través de nuestras acciones generales en el mundo cotidiano, acciones en las que estamos sumergidos casi todo el tiempo pero que no determinan la suerte de las naciones. Las causas de la historia pueden ser opuestas a las fuerzas ordinarias que dominan en casi todos los momentos, exactamente del mismo modo que los procesos que construyen el árbol de la vida son invisibles e inactivos en el seno de las especies estables durante casi todo el tiempo.
La historia está hecha de guerra, de codicia, de ansias de poder, de odio y de xenofobia (y de algunos otros móviles, algo más dignos de admiración, diseminados aquí y allá). En consecuencia, a menudo asumimos que tales rasgos, obviamente humanos, definen nuestra naturaleza esencial. ¿Cuántas veces hemos oído que el “hombre” es, por naturaleza, agresivo, egoísta y codicioso?
Pero tales afirmaciones no tienen sentido para mí; no de un modo estrictamente empírico, aunque tal vez lo tengan como declaraciones sobre deseos o preferencias morales. ¿Qué es lo que vemos un día cualquiera en las calles o en los hogares de cualquier ciudad norteamericana o incluso en el metro de Nueva York? Vemos millares de pequeños e insignificantes actos de amabilidad y consideración. Nos apartamos para ceder el paso a alguien, sonreímos a un niño, mantenemos charlas intrascendentes con un conocido o incluso con un extraño. En casi todos los momentos, en la mayor parte de los días, en la mayor parte de los sitios, ¿qué es lo que puede verse de nuestro lado oscuro? ¿Tal vez un padre dando un cachete a su hijo, o un adolescente sobre un monopatín cerrando el paso a una ancianita? Veamos, no soy Pollyanna en su torre de marfil, … y crecí en las calle de Nueva York. Comprendo lo ingrata y peligrosa que puede ser la vida en las grandes ciudades. Únicamente intento sentar una cuestión estadística.
Nara resulta más ajeno y antipático a la mente humana que pensar correctamente acerca de las probabilidades. Muchos de nosotros tenemos la impresión de que la vida cotidiana está constituida por una serie interminable de molestias, de que el 50 por 100 o más de los encuentros humanos resultan tensos o agresivos. Pero pensemos en ello con seriedad por un momento. Semejante nivel de agresividad no podría soportarse. Si la mitad de las veces en que nos abrimos a otro ser humano, éste nos recibiera con un puñetazo en la nariz, la sociedad caería de inmediato en la anarquía.
No, casi todos los encuentros con otra persona son como mínimo neutros, y en general lo suficientemente placenteros. Homo sapiens es una especie de notoria afabilidad. Los etólogos consideran que otros animales son relativamente pacíficos cuando presencian uno o dos encuentros agresivos tras observar a un organismo durante, digamos, decenas de horas. Pero pensemos en los millones de horas que podríamos contabilizar para la mayoría de la gente en la mayor parte de sus días sin advertir mayor signo de hostilidad que un dedo anular levantado de vez en cuando, quizá una vez a la semana.
¿Por qué, pues, la mayoría de nosotros tiene la sensación de que la gente es agresiva, y de que lo es por esencia? La respuesta, creo, radica en la asimetría de los efectos (el aspecto verdaderamente trágico de la existencia humana). Por desgracia, un incidente violento puede anular el efecto de diez mil actos de generosidad, y la confusión de los efectos con la frecuencia nos hace olvidar fácilmente el predominio de la bondad sobre la violencia. Una paliza motivada por cuestiones raciales puede dar al traste con años de paciente educación en el respeto y la tolerancia en una escuela o una comunidad. Un asesinato puede convertir una ciudad amistosa y confiada en un nido de temor, con la gente encerrada bajo llave, recelosa de cualquiera y con miedo a salir de noche. La generosidad es extremadamente delicada, extremadamente fácil de eliminar; y la violencia es tan poderosa…
Esta abrumadora y trágica asimetría entre la bondad y la violencia se magnifica de modo extraordinario cuando consideramos las causas de la historia en su gran escala. Un incendio en la biblioteca de Alejandría puede devastar toda la sabiduría acumulada de la Antigüedad. Un pretendido insulto o un acto demente de asesinato pueden desbaratar décadas de paciente diplomacia, de intercambios culturales, de misiones humanitarias, de correspondencia amistosa (pequeños actos de bondad que implican a millones de ciudadanos), y llevar a dos naciones a una guerra que nadie desea, pero que mata a millones de personas y altera de forma irrevocable el curso de la historia. …
Sí, admito plenamente que el lado oscuro de las posibilidades humanas configura la mayor parte de nuestra historia. Pero esta aciaga realidad no implica necesariamente que los rasgos de conducta del lado tenebroso definan la esencia de la naturaleza humana. Al contrario: por analogía con el enfrentamiento entre lo ordinario y lo creador de la historia, yo aduciría que la realidad de las interacciones humanas en casi cualquier momento de nuestras vidas diarias discurre en dirección contraria, y debe hacerlo en toda sociedad estable, a los acontecimientos raros y disruptivos que construyen la historia. Si uno quiere entender la naturaleza humana, definida como nuestras tendencias habituales en situaciones ordinarias, sólo hay que descubrir los rasgos que determinan la historia, y después identificar la naturaleza humana con los rasgos opuestos, que son fuente de estabilidad: las conductas predecibles de no agresión que rigen durante el 99,9 por 100 de nuestras vidas. La verdadera tragedia de la existencia humana no es que seamos malos por naturaleza, sino que una cruel asimetría estructural otorga a los infrecuentes acontecimientos dictados por la maldad el poder de configurar nuestra historia.
Un argumento inmediato contra mi tesis es el que sostiene que he confundido una potencialidad social de comunidades esencialmente democráticas con una tendencia humana más general. Esta visión alternativa podría corroborar mis afirmaciones sobre el hecho de que la estabilidad impera en casi todo momento, y de que son los acontecimientos muy infrecuentes los que conforman la historia. Pero quizá tal estabilidad sea reflejo de conductas bondadosas tan sólo en sociedades relativamente libres y democráticas. Quizá en la mayoría de culturas se haya alcanzado la estabilidad por medio de las mismas fuerzas “oscuras” que forjan la historia en el momento en que se desequilibran: miedo, agresión, terror y dominio del rico sobre el pobre, del hombre sombre la mujer, del adulto sobre el niño, y del armado sobre el indefenso. Admito que las fuerzas oscuras a menudo han mantenido los equilibrios, pero sigo afirmando con convicción que no tenemos en cuenta los diez mil actos no agresivos de cada día que eclipsan toda manifestación abierta de fuerza, incluso en sociedades estructuradas bajo relaciones de dominio, e incluso cuando la no agresividad impera únicamente porque la gente sabe cuál es su sitio y no acostumbra a desafiar el orden establecido. Basar la estabilidad cotidiana en algo distinto de nuestra propia bondad natural requeriría una estructura social pervertida, dedicada explícitamente a quebrar el alma humana (el modelo de Auschwitz, si se quiere). No afirmo, dicho sea de paso, que los seres humanos sean ni buenos ni agresivos por necesidad biológica innata. Es evidente que tanto la generosidad como la violencia laten en el interior de nuestra naturaleza porque, sin ninguna duda, las perpetuamos a ambas. Sólo formulo una declaración estructural: que la estabilidad social domina casi en todo momento, y debe estar basada en una frecuencia netamente superior (aunque trágicamente ignorada) de actos bondadosos; y que la bondad, por lo tanto, es nuestra respuesta habitual y predilecta en la inmensa mayoría de las ocasiones.
Por favor, no interprete el lector este ensayo como una iniciativa pretensiosa inscrita en la estúpida tradición, ¿me atreveré a decirlo?, de apología académica liberal de la crueldad humana, y tampoco como una tentativa insulsa y traída por los pelos de hacer parecer buenos a los seres humanos en este mundo colmado de aflicción. Éste no es un ensayo sobre el optimismo; en un ensayo sobre la tragedia. Si pensara que los seres humanos son malos por naturaleza, simplemente lo diría, qué diablos. Tenemos lo que nos merecemos, o lo que la evolución nos ha legado. Pero el núcleo de la naturaleza humana arraiga en diez mil actos cotidianos de bondad que definen nuestro día a día. ¿Puede haber algo más trágico que la paradoja estructural de que este Everest de bondad esté colocado boca abajo sobre su cumbre puntiaguda, y de que pueda ser derribado con tanta facilidad por esporádicos acontecimientos contrarios a nuestra naturaleza cotidiana, y de que sean estos acontecimientos los que forjen nuestra historia? En un sentido profundo, no tenemos lo que nos merecemos.
La solución a nuestra desgracias no estriba en superar nuestra “naturaleza”, sino en romper la “gran asimetría” y permitir que nuestras tendencias ordinarias asuman el control de nuestra vidas. Ahora bien, ¿cómo podemos tomar lo cotidiano y sentarlo en el asiento del conductor de la historia?
Fuente: Gould, Stephen Jay, Ocho cerditos, Barcelona, Crítica, 2006.
La evolución ha construido el árbol de la vida. Sin embargo, casi en cualquier momento y para cualquier especie el cambio no está ocurriendo, sino que predomina la estasis. Por lo tanto, si nos preguntamos cuál es la naturaleza normal de las especies, la única respuesta posible es: la estabilidad. Pero el cambio, deliciosamente raro, ha erigido el árbol de la vida y configurado la historia a gran escala. Y ahora llegamos al quid de la cuestión: la propiedad que define a una especie, su estado normal, su naturaleza, su apariencia en casi todo momento es contraria al proceso que da origen a la historia (y a las nuevas especies). Si intentáramos explicar la naturaleza de las especies a partir del proceso que construye la historia de la vida, nuestros resultados apuntarían exactamente hacia lo opuesto de la realidad, dado que son los acontecimientos extremadamente insólitos (pero con consecuencias de gran alcance) los que determinan el curso de la historia.
El mismo patrón podría aplicarse a la naturaleza humana y a los acontecimientos que configuran nuestra historia. Al presuponer que los rasgos de conducta que intervengan en los acontecimientos forjadores de la historia tienen que definir también las propiedades ordinarias de la naturaleza humana, hemos cometido un grave error. Así pues, ¿no debemos relacionar las causas de nuestra historia, como reza el falso argumento, con la naturaleza de nuestro ser?
Pero si mi analogía es válida, la verdad podría hallarse justamente en la afirmación inversa. Si las conductas infrecuentes son las que construyen la historia, nuestra naturaleza habitual debe definirse a través de nuestras acciones generales en el mundo cotidiano, acciones en las que estamos sumergidos casi todo el tiempo pero que no determinan la suerte de las naciones. Las causas de la historia pueden ser opuestas a las fuerzas ordinarias que dominan en casi todos los momentos, exactamente del mismo modo que los procesos que construyen el árbol de la vida son invisibles e inactivos en el seno de las especies estables durante casi todo el tiempo.
La historia está hecha de guerra, de codicia, de ansias de poder, de odio y de xenofobia (y de algunos otros móviles, algo más dignos de admiración, diseminados aquí y allá). En consecuencia, a menudo asumimos que tales rasgos, obviamente humanos, definen nuestra naturaleza esencial. ¿Cuántas veces hemos oído que el “hombre” es, por naturaleza, agresivo, egoísta y codicioso?
Pero tales afirmaciones no tienen sentido para mí; no de un modo estrictamente empírico, aunque tal vez lo tengan como declaraciones sobre deseos o preferencias morales. ¿Qué es lo que vemos un día cualquiera en las calles o en los hogares de cualquier ciudad norteamericana o incluso en el metro de Nueva York? Vemos millares de pequeños e insignificantes actos de amabilidad y consideración. Nos apartamos para ceder el paso a alguien, sonreímos a un niño, mantenemos charlas intrascendentes con un conocido o incluso con un extraño. En casi todos los momentos, en la mayor parte de los días, en la mayor parte de los sitios, ¿qué es lo que puede verse de nuestro lado oscuro? ¿Tal vez un padre dando un cachete a su hijo, o un adolescente sobre un monopatín cerrando el paso a una ancianita? Veamos, no soy Pollyanna en su torre de marfil, … y crecí en las calle de Nueva York. Comprendo lo ingrata y peligrosa que puede ser la vida en las grandes ciudades. Únicamente intento sentar una cuestión estadística.Nara resulta más ajeno y antipático a la mente humana que pensar correctamente acerca de las probabilidades. Muchos de nosotros tenemos la impresión de que la vida cotidiana está constituida por una serie interminable de molestias, de que el 50 por 100 o más de los encuentros humanos resultan tensos o agresivos. Pero pensemos en ello con seriedad por un momento. Semejante nivel de agresividad no podría soportarse. Si la mitad de las veces en que nos abrimos a otro ser humano, éste nos recibiera con un puñetazo en la nariz, la sociedad caería de inmediato en la anarquía.
No, casi todos los encuentros con otra persona son como mínimo neutros, y en general lo suficientemente placenteros. Homo sapiens es una especie de notoria afabilidad. Los etólogos consideran que otros animales son relativamente pacíficos cuando presencian uno o dos encuentros agresivos tras observar a un organismo durante, digamos, decenas de horas. Pero pensemos en los millones de horas que podríamos contabilizar para la mayoría de la gente en la mayor parte de sus días sin advertir mayor signo de hostilidad que un dedo anular levantado de vez en cuando, quizá una vez a la semana.
¿Por qué, pues, la mayoría de nosotros tiene la sensación de que la gente es agresiva, y de que lo es por esencia? La respuesta, creo, radica en la asimetría de los efectos (el aspecto verdaderamente trágico de la existencia humana). Por desgracia, un incidente violento puede anular el efecto de diez mil actos de generosidad, y la confusión de los efectos con la frecuencia nos hace olvidar fácilmente el predominio de la bondad sobre la violencia. Una paliza motivada por cuestiones raciales puede dar al traste con años de paciente educación en el respeto y la tolerancia en una escuela o una comunidad. Un asesinato puede convertir una ciudad amistosa y confiada en un nido de temor, con la gente encerrada bajo llave, recelosa de cualquiera y con miedo a salir de noche. La generosidad es extremadamente delicada, extremadamente fácil de eliminar; y la violencia es tan poderosa…
Esta abrumadora y trágica asimetría entre la bondad y la violencia se magnifica de modo extraordinario cuando consideramos las causas de la historia en su gran escala. Un incendio en la biblioteca de Alejandría puede devastar toda la sabiduría acumulada de la Antigüedad. Un pretendido insulto o un acto demente de asesinato pueden desbaratar décadas de paciente diplomacia, de intercambios culturales, de misiones humanitarias, de correspondencia amistosa (pequeños actos de bondad que implican a millones de ciudadanos), y llevar a dos naciones a una guerra que nadie desea, pero que mata a millones de personas y altera de forma irrevocable el curso de la historia. …
Sí, admito plenamente que el lado oscuro de las posibilidades humanas configura la mayor parte de nuestra historia. Pero esta aciaga realidad no implica necesariamente que los rasgos de conducta del lado tenebroso definan la esencia de la naturaleza humana. Al contrario: por analogía con el enfrentamiento entre lo ordinario y lo creador de la historia, yo aduciría que la realidad de las interacciones humanas en casi cualquier momento de nuestras vidas diarias discurre en dirección contraria, y debe hacerlo en toda sociedad estable, a los acontecimientos raros y disruptivos que construyen la historia. Si uno quiere entender la naturaleza humana, definida como nuestras tendencias habituales en situaciones ordinarias, sólo hay que descubrir los rasgos que determinan la historia, y después identificar la naturaleza humana con los rasgos opuestos, que son fuente de estabilidad: las conductas predecibles de no agresión que rigen durante el 99,9 por 100 de nuestras vidas. La verdadera tragedia de la existencia humana no es que seamos malos por naturaleza, sino que una cruel asimetría estructural otorga a los infrecuentes acontecimientos dictados por la maldad el poder de configurar nuestra historia.
Un argumento inmediato contra mi tesis es el que sostiene que he confundido una potencialidad social de comunidades esencialmente democráticas con una tendencia humana más general. Esta visión alternativa podría corroborar mis afirmaciones sobre el hecho de que la estabilidad impera en casi todo momento, y de que son los acontecimientos muy infrecuentes los que conforman la historia. Pero quizá tal estabilidad sea reflejo de conductas bondadosas tan sólo en sociedades relativamente libres y democráticas. Quizá en la mayoría de culturas se haya alcanzado la estabilidad por medio de las mismas fuerzas “oscuras” que forjan la historia en el momento en que se desequilibran: miedo, agresión, terror y dominio del rico sobre el pobre, del hombre sombre la mujer, del adulto sobre el niño, y del armado sobre el indefenso. Admito que las fuerzas oscuras a menudo han mantenido los equilibrios, pero sigo afirmando con convicción que no tenemos en cuenta los diez mil actos no agresivos de cada día que eclipsan toda manifestación abierta de fuerza, incluso en sociedades estructuradas bajo relaciones de dominio, e incluso cuando la no agresividad impera únicamente porque la gente sabe cuál es su sitio y no acostumbra a desafiar el orden establecido. Basar la estabilidad cotidiana en algo distinto de nuestra propia bondad natural requeriría una estructura social pervertida, dedicada explícitamente a quebrar el alma humana (el modelo de Auschwitz, si se quiere). No afirmo, dicho sea de paso, que los seres humanos sean ni buenos ni agresivos por necesidad biológica innata. Es evidente que tanto la generosidad como la violencia laten en el interior de nuestra naturaleza porque, sin ninguna duda, las perpetuamos a ambas. Sólo formulo una declaración estructural: que la estabilidad social domina casi en todo momento, y debe estar basada en una frecuencia netamente superior (aunque trágicamente ignorada) de actos bondadosos; y que la bondad, por lo tanto, es nuestra respuesta habitual y predilecta en la inmensa mayoría de las ocasiones.
Por favor, no interprete el lector este ensayo como una iniciativa pretensiosa inscrita en la estúpida tradición, ¿me atreveré a decirlo?, de apología académica liberal de la crueldad humana, y tampoco como una tentativa insulsa y traída por los pelos de hacer parecer buenos a los seres humanos en este mundo colmado de aflicción. Éste no es un ensayo sobre el optimismo; en un ensayo sobre la tragedia. Si pensara que los seres humanos son malos por naturaleza, simplemente lo diría, qué diablos. Tenemos lo que nos merecemos, o lo que la evolución nos ha legado. Pero el núcleo de la naturaleza humana arraiga en diez mil actos cotidianos de bondad que definen nuestro día a día. ¿Puede haber algo más trágico que la paradoja estructural de que este Everest de bondad esté colocado boca abajo sobre su cumbre puntiaguda, y de que pueda ser derribado con tanta facilidad por esporádicos acontecimientos contrarios a nuestra naturaleza cotidiana, y de que sean estos acontecimientos los que forjen nuestra historia? En un sentido profundo, no tenemos lo que nos merecemos.
La solución a nuestra desgracias no estriba en superar nuestra “naturaleza”, sino en romper la “gran asimetría” y permitir que nuestras tendencias ordinarias asuman el control de nuestra vidas. Ahora bien, ¿cómo podemos tomar lo cotidiano y sentarlo en el asiento del conductor de la historia?
Fuente: Gould, Stephen Jay, Ocho cerditos, Barcelona, Crítica, 2006.
2/11/08
MASONES SECUESTRADORES [audio]
Por Ramiro Díez
Irina Draskova tienen más de setenta años y su pelo blanco recuerda a las nieves siberianas, aunque su acento es suramericano. En la puerta de la librería, por la Calle Corrientes, la ancianita me tomó del brazo y me habló al oído con su deliciosa cadencia.
Con su pinta de aristócrata, y su vestido tan decoros, era claro que no quería una moneda, asunto nada extraño en los malos tiempos que corrían. Entonces me contó esta historia:
“Un grupo de ateos y masones secuestraron al Presidente de nuestra República y a todos sus ministros”, me dijo Irina, en tono bajo y misterioso.
Sonreí, incrédulo y divertido, porque no había ninguna noticia al respecto, pero Irina me documentó su historia:
“Mirá…”, y me llevó de la mano hasta una banca cercana. Allí, sentados, escudriñó todos los rincones, hasta cerciorarse de que nadie nos seguía o nos escuchaba. “Mirá” –repitió–, y después de buscar en su bolso, me enseñó un viejo recorte de periódico:
“Acá están las promesas del Presidente. Y acá está lo que dijeron los ministros el día que se posesionaron, y una o dos semanas después. ¿Ves? ¡Son buena gente, tipos como vos y yo, honestos, gente de laburo!”.
¿Y eso que tiene que ver con el secuestro?, le pregunté.
Irina sacó de su bolso –ahora de algo que parecía un bolsillo secreto– otro recorte de periódico, más nuevo.
“Ves que no han cumplido las promesas? –me dijo–. Mirá lo que han hecho: todo lo contrario. ¿Ves este recorte? Leélo para que te des cuenta de cómo insultaba a estos fulanos del otro partido. Y acá está, al poco tiempo, abrazado con los mismos fulanos a los que antes atacaba. Y esto no sé si lo podrás captar, porque sólo lo podemos ver las mujeres, que somos más observadoras… mirá la nariz y la sonrisa del Presidente… aquí está de frente, y en esta foto está de perfil: Se parece, ¿verdad?, pero no es el mismo. Está un poco más gordo, tiene como algo de medio idiota, pero bien disimulado porque se parece mucho al original. En resumen, el verdadero Presidente está secuestrado y este que ahora gobierna es un impostor. Con razón es tan hijueputa…”.
Irina me estaba convenciendo. Aunque era una historia difícil de creer, eso podía explicar muchas noticias de todos los días.
“Ahora dame un dólar, para juntar plata y pagar el rescate”, me dijo Irina.
Me quedé mirándola, agradecido, y le di un beso y un billete de diez. Aunque la historia valía más.
Fuente: Díez, Páginas con Cierto Sentido, Quito, Impresores MYL, 2004.
Irina Draskova tienen más de setenta años y su pelo blanco recuerda a las nieves siberianas, aunque su acento es suramericano. En la puerta de la librería, por la Calle Corrientes, la ancianita me tomó del brazo y me habló al oído con su deliciosa cadencia.
Con su pinta de aristócrata, y su vestido tan decoros, era claro que no quería una moneda, asunto nada extraño en los malos tiempos que corrían. Entonces me contó esta historia:
“Un grupo de ateos y masones secuestraron al Presidente de nuestra República y a todos sus ministros”, me dijo Irina, en tono bajo y misterioso.
Sonreí, incrédulo y divertido, porque no había ninguna noticia al respecto, pero Irina me documentó su historia:
“Mirá…”, y me llevó de la mano hasta una banca cercana. Allí, sentados, escudriñó todos los rincones, hasta cerciorarse de que nadie nos seguía o nos escuchaba. “Mirá” –repitió–, y después de buscar en su bolso, me enseñó un viejo recorte de periódico:
“Acá están las promesas del Presidente. Y acá está lo que dijeron los ministros el día que se posesionaron, y una o dos semanas después. ¿Ves? ¡Son buena gente, tipos como vos y yo, honestos, gente de laburo!”.
¿Y eso que tiene que ver con el secuestro?, le pregunté.
Irina sacó de su bolso –ahora de algo que parecía un bolsillo secreto– otro recorte de periódico, más nuevo.
“Ves que no han cumplido las promesas? –me dijo–. Mirá lo que han hecho: todo lo contrario. ¿Ves este recorte? Leélo para que te des cuenta de cómo insultaba a estos fulanos del otro partido. Y acá está, al poco tiempo, abrazado con los mismos fulanos a los que antes atacaba. Y esto no sé si lo podrás captar, porque sólo lo podemos ver las mujeres, que somos más observadoras… mirá la nariz y la sonrisa del Presidente… aquí está de frente, y en esta foto está de perfil: Se parece, ¿verdad?, pero no es el mismo. Está un poco más gordo, tiene como algo de medio idiota, pero bien disimulado porque se parece mucho al original. En resumen, el verdadero Presidente está secuestrado y este que ahora gobierna es un impostor. Con razón es tan hijueputa…”.
Irina me estaba convenciendo. Aunque era una historia difícil de creer, eso podía explicar muchas noticias de todos los días.
“Ahora dame un dólar, para juntar plata y pagar el rescate”, me dijo Irina.
Me quedé mirándola, agradecido, y le di un beso y un billete de diez. Aunque la historia valía más.
Fuente: Díez, Páginas con Cierto Sentido, Quito, Impresores MYL, 2004.
31/10/08
Morazán vigila
Por Pablo Neruda
Morazán (1842)
Alta es la noche y Morazán vigila.
Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.
Cinta central, América angostura
que los golpes azules de dos mares
fueron haciendo, levantando en vilo
cordilleras y plumas de esmeralda:
territorio, unidad, delgada diosa
nacida en el combate de la espuma.
Te desmoronan hijos y gusanos,
se extienden sobre ti las alimañas
y una tenaza te arrebata el sueño
y un puñal con tu sangre te salpica
mientras se despedaza tu estandarte.
Alta es la noche y Morazán vigila.
Ya viene el tigre enarbolando un hacha.
Vienen a devorarte las entrañas.
Vienen a dividir la estrella.
Vienen,
pequeña América olorosa,
a clavarte en la cruz, a desollarte,
a tumbar el metal de tu bandera.
Alta es la noche y Morazán vigila.
Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta,
y otros sellaron sobre tus espaldas
los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos
cargando sangre sobre tus dolores.
Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.
Hermanos, amanece. (Y Morazán vigila.)
Fuente: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12586186434582617876657/004011.pdf?incr=1
Morazán (1842)
Alta es la noche y Morazán vigila.
Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.
Cinta central, América angostura
que los golpes azules de dos mares
fueron haciendo, levantando en vilo
cordilleras y plumas de esmeralda:
territorio, unidad, delgada diosa
nacida en el combate de la espuma.
Te desmoronan hijos y gusanos,se extienden sobre ti las alimañas
y una tenaza te arrebata el sueño
y un puñal con tu sangre te salpica
mientras se despedaza tu estandarte.
Alta es la noche y Morazán vigila.
Ya viene el tigre enarbolando un hacha.
Vienen a devorarte las entrañas.
Vienen a dividir la estrella.
Vienen,
pequeña América olorosa,
a clavarte en la cruz, a desollarte,
a tumbar el metal de tu bandera.
Alta es la noche y Morazán vigila.
Invasores llenaron tu morada.
Y te partieron como fruta muerta,
y otros sellaron sobre tus espaldas
los dientes de una estirpe sanguinaria,
y otros te saquearon en los puertos
cargando sangre sobre tus dolores.
Es hoy, ayer, mañana? Tú lo sabes.
Hermanos, amanece. (Y Morazán vigila.)
Fuente: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12586186434582617876657/004011.pdf?incr=1
29/10/08
Gracias a la vida [audio]
Por Violeta Parra
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me dio dos luceros
Que cuando los abro
Perfecto distingo
Lo negro del blanco
Y en el alto cielo
Su fondo estrellado
Y en las multitudes
El hombre que yo amo
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me ha dado el oído
Que en todo su ancho
Graba noche y día
Grillos y canarios
Martillos, turbinas,
Ladridos, chubascos
Y la voz tan tierna
De mi bien amado
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido
Y el abecedario
Con él las palabras
Que pienso y declaro
Padre, amigo, hermano
Y luz alumbrando
La ruta del alma
Del que estoy amando
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha
De mis pies cansados
Con ellos anduve
Ciudades y charcos
Playas y desiertos
Montañas y llanos
Y la casa tuya
Tu calle y tu patio
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me dio un corazón
Que agita su marco
Cuando miro el fruto
Del cerebro humano
Cuando miro el bueno
Tan lejos del malo
Cuando miro el fondo
De tus ojos claros
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me ha dado la risa
Y me ha dado el llanto
Así yo distingo
Dicha de quebranto
Los dos materiales
Que forman mi canto
Y el canto de ustedes
Que es el mismo canto
Y el canto de todos
Que es mi propio canto
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Transcrito por Pichón
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me dio dos luceros
Que cuando los abro
Perfecto distingo
Lo negro del blanco
Y en el alto cielo
Su fondo estrellado
Y en las multitudes
El hombre que yo amo
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me ha dado el oído
Que en todo su ancho
Graba noche y día
Grillos y canarios
Martillos, turbinas,
Ladridos, chubascos
Y la voz tan tierna
De mi bien amado
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido
Y el abecedario
Con él las palabras
Que pienso y declaro
Padre, amigo, hermano
Y luz alumbrando
La ruta del alma
Del que estoy amando
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha
De mis pies cansados
Con ellos anduve
Ciudades y charcos
Playas y desiertos
Montañas y llanos
Y la casa tuya
Tu calle y tu patio
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me dio un corazón
Que agita su marco
Cuando miro el fruto
Del cerebro humano
Cuando miro el bueno
Tan lejos del malo
Cuando miro el fondo
De tus ojos claros
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Me ha dado la risa
Y me ha dado el llanto
Así yo distingo
Dicha de quebranto
Los dos materiales
Que forman mi canto
Y el canto de ustedes
Que es el mismo canto
Y el canto de todos
Que es mi propio canto
Gracias a la vida
Que me ha dado tanto
Transcrito por Pichón
27/10/08
La regla áurea
Por Stephen Jay Gould
En la base de toda ética ambiental suelen yacer dos argumentos relacionados:
1. Vivimos en un mundo frágil, sometido en la actualidad a la ruina y desorganización permanentes a causa de la intervención humana.
2. Los seres humanos deben aprender a actuar como responsables administradores de su planeta amenazado.
Estos puntos de vista, aunque cargados de buenas intenciones, están basados en el viejo pecado de la soberbia y la autoestima exagerada. Somos una especie entre millones, administradores de nada. ¿Bajo qué justificación podríamos nosotros, aparecidos hace apenas un microsegundo geológico, responsabilizarnos de los asuntos de un mundo de 4.500 millones de años de edad, de un mundo rebosante de vida que ha estado evolucionando y diversificándose durante al menos tres cuartas partes de este inmenso período de tiempo? La naturaleza no está ahí para nosotros, no tenía ni idea de que íbamos a llegar, y no le importamos un comino. Omar Khayyam tenía razón en todo, salvo en su estrecha visión de la Tierra como destartalada, cuando compuso su brillante comparación de nuestro mundo con un hotel oriental:
Por el destartalado caravasar que es este mundo,
cuyas únicas puertas son la noche y el día,
¡qué de altivos sultanes fastuosos y opulentos
pasaran un instante y luego ser marcharan! …
Esta concluyente declaración de impotencia daría lugar a réplica si nosotros, pese a nuestra tardía aparición, poseyéramos algún poder sobre el futuro del planeta. Sin embargo, y pese a la falsa percepción popular sobre nuestro poderío, no es así. A la escala de tiempo geológica que rige nuestro planeta, carecemos virtualmente de cualquier influencia sobre la Tierra. Todos los megatones almacenados en nuestros arsenales nucleares no alcanzan ni una diezmilésima parte de la potencia liberada por el asteroide de 10 km de diámetro que, supuestamente, desencadenó la extinción en masa del Cretácico. Y sin embargo, la Tierra sobrevivió a esta colosal conmoción, que, con la aniquilación de los dinosaurios, allanó el camino para la evolución de los grandes mamíferos, entre ellos los seres humanos. Nos asusta el caldeamiento global y, sin embargo, incluso el modelo teórico más extremado prevé un planeta bastante más frío que muchas épocas felices y prósperas del pasado prehumano. Podemos, con toda seguridad, destruirnos a nosotros mismos, y llevarnos por delante a muchas otras especies; pero a duras penas haríamos mella en la diversidad bacteriana, y sin duda tampoco eliminaríamos a los muchos millones de especies de insectos y ácaros. A escalas de tiempo geológicas, nuestro planeta sabrá cuidar de sí mismo, y dejará que los milenios borren el rastro de cualquier exceso que hayamos cometido.
La gente que no comprende el principio fundamental de las escalas adecuadas mal interpreta a menudo el razonamiento anterior, y lo considera un llamamiento a despreocuparnos del deterioro ambiental, del mismo modo que Copeland ha sostenido, equivocadamente, que no hay necesidad de inquietarse por las extinciones. Pero yo esgrimo la misma idea en sentido contrario. No suponemos ninguna amenaza a escala geológica, pero tal vastedad de tiempo tampoco nos afecta. Nuestros intereses legítimamente provincianos se centran en nuestra propia vida, en la felicidad y prosperidad de nuestros hijos, en el sufrimiento de nuestros semejantes. El planeta va a recuperarse de un holocausto nuclear, pero miles de millones de nosotros morirán o quedarán tullidos, y nuestras culturas perecerán. La Tierra prosperará si los casquetes polares se funden bajo un invernadero global, pero la mayoría de nuestras mayores ciudades, construidas al nivel del mar como puertos y embarcaderos, quedarán inundadas, y la alteración de las pautas agrícolas desembocará en el desarraigo de poblaciones enteras.
Tenemos la obligación de afrontar un desagradable hecho histórico. El movimiento conservacionista nació en gran medida como un intento de las élites más ricas e influyentes por preservar la vida salvaje como coto de asueto y contemplación para los patricios (contra la imagen, por así decirlo, de hordas de inmigrantes domingueros vagando por el bosque con sus cestas de pícnic). Nunca nos hemos librado por entero de este legado, en el que el ecologismo es considerado algo opuesto a las necesidades humanas más inmediatas, especialmente respecto a los pobres y desheredados. Pero el Tercer Mundo se desarrolla, y en él se encuentra la mayor parte de los prístinos hábitats cuya preservación anhelamos. Los movimientos ecologistas no podrían triunfar hasta que convenzan a la gente que la limpieza del aíre y del agua, la energía solar, el reciclaje y la reforestación son las soluciones óptimas (realmente lo son) de las necesidades humanas a escalas humanas (no las de algún futuro planetario de inalcanzable lejanía).
Tengo una modesta sugerencia que hacer en relación con una ética ambiental apropiada, fundamentada, como la totalidad de este ensayo, en el tema de una pertinente escala humana frente a la majestad, aunque irrelevante majestad, del tiempo geológico (jamás me he sentido atraído por el imperativo categórico kantiano relativo a la búsqueda de una ética, ni por las leyes morales absolutas e incondicionales, ajenas a toda motivación o finalidad ulterior). El mundo es demasiado complejo y caótico para este tipo de actitudes asépticas (y Dios nos ayude si adoptamos el principio equivocado y luchamos, matamos y devastamos provistos de nuestra inconmovible certidumbre). Prefiero los más imprecisos “imperativos hipotéticos”, que invocan el deseo, la negociación y la reciprocidad. De entre todos estos preceptos “menores”, aunque en su conjunto más amplios y profundos, hay uno que destaca por su presencia repetida e independiente en todas las culturas, una tras otra, formulado con distintas palabras pero con la misma idea básica expresada en él. Supongo que nuestras diversas sociedades se encaminan inconscientemente hacia este principio por la sencilla razón de que la estabilidad estructural (y la elemental decencia necesaria para cualquier vida llevadera) exigen una máxima de este tipo. Los cristianos llaman a este precepto la “regla áurea”; Platón, Hillel y Confucio conocieron idéntica máxima bajo otros nombres. No puedo pensar en ningún principio mejor que se base en el egoísmo ilustrado: si todos nosotros tratáramos a los demás como deseamos ser tratados, la decencia y la estabilidad tendrían que prevalecer.
Sugiero que establezcamos un pacto de este tenor con nuestro planeta. La Tierra tiene todas las cartas, y detenta un inmenso poder sobre nosotros, de forma que tal convenio, que necesitamos desesperadamente, sería una bendición para nosotros y un alivio para ella, pese a que, en su propia escala de tiempo, no le hace ninguna falta. Haríamos mejor en firmar los documentos mientras todavía esté dispuesta a llegar a un acuerdo. Si la tratamos bien, nos soportará durante un tiempo más. Si le arañamos la piel, sangrará, nos echará a patadas, se pondrá un vendaje y seguirá ocupándose de sus propios asuntos a su propia escala. El pobre Richard … nos dijo que “la necesidad nunca fue buena consejera para hacer tratos ventajosos”, pero la Tierra es más generosa que los agentes humanos en el “arte de pactar”. Ella se mantendrá fiel a sí misma; ahora, nosotros debemos hacer otro tanto.
Fuente: Gould, Stephen Jay, Ocho cerditos, Barcelona, Crítica, 2006.
En la base de toda ética ambiental suelen yacer dos argumentos relacionados:1. Vivimos en un mundo frágil, sometido en la actualidad a la ruina y desorganización permanentes a causa de la intervención humana.
2. Los seres humanos deben aprender a actuar como responsables administradores de su planeta amenazado.
Estos puntos de vista, aunque cargados de buenas intenciones, están basados en el viejo pecado de la soberbia y la autoestima exagerada. Somos una especie entre millones, administradores de nada. ¿Bajo qué justificación podríamos nosotros, aparecidos hace apenas un microsegundo geológico, responsabilizarnos de los asuntos de un mundo de 4.500 millones de años de edad, de un mundo rebosante de vida que ha estado evolucionando y diversificándose durante al menos tres cuartas partes de este inmenso período de tiempo? La naturaleza no está ahí para nosotros, no tenía ni idea de que íbamos a llegar, y no le importamos un comino. Omar Khayyam tenía razón en todo, salvo en su estrecha visión de la Tierra como destartalada, cuando compuso su brillante comparación de nuestro mundo con un hotel oriental:
Por el destartalado caravasar que es este mundo,
cuyas únicas puertas son la noche y el día,
¡qué de altivos sultanes fastuosos y opulentos
pasaran un instante y luego ser marcharan! …
Esta concluyente declaración de impotencia daría lugar a réplica si nosotros, pese a nuestra tardía aparición, poseyéramos algún poder sobre el futuro del planeta. Sin embargo, y pese a la falsa percepción popular sobre nuestro poderío, no es así. A la escala de tiempo geológica que rige nuestro planeta, carecemos virtualmente de cualquier influencia sobre la Tierra. Todos los megatones almacenados en nuestros arsenales nucleares no alcanzan ni una diezmilésima parte de la potencia liberada por el asteroide de 10 km de diámetro que, supuestamente, desencadenó la extinción en masa del Cretácico. Y sin embargo, la Tierra sobrevivió a esta colosal conmoción, que, con la aniquilación de los dinosaurios, allanó el camino para la evolución de los grandes mamíferos, entre ellos los seres humanos. Nos asusta el caldeamiento global y, sin embargo, incluso el modelo teórico más extremado prevé un planeta bastante más frío que muchas épocas felices y prósperas del pasado prehumano. Podemos, con toda seguridad, destruirnos a nosotros mismos, y llevarnos por delante a muchas otras especies; pero a duras penas haríamos mella en la diversidad bacteriana, y sin duda tampoco eliminaríamos a los muchos millones de especies de insectos y ácaros. A escalas de tiempo geológicas, nuestro planeta sabrá cuidar de sí mismo, y dejará que los milenios borren el rastro de cualquier exceso que hayamos cometido.
La gente que no comprende el principio fundamental de las escalas adecuadas mal interpreta a menudo el razonamiento anterior, y lo considera un llamamiento a despreocuparnos del deterioro ambiental, del mismo modo que Copeland ha sostenido, equivocadamente, que no hay necesidad de inquietarse por las extinciones. Pero yo esgrimo la misma idea en sentido contrario. No suponemos ninguna amenaza a escala geológica, pero tal vastedad de tiempo tampoco nos afecta. Nuestros intereses legítimamente provincianos se centran en nuestra propia vida, en la felicidad y prosperidad de nuestros hijos, en el sufrimiento de nuestros semejantes. El planeta va a recuperarse de un holocausto nuclear, pero miles de millones de nosotros morirán o quedarán tullidos, y nuestras culturas perecerán. La Tierra prosperará si los casquetes polares se funden bajo un invernadero global, pero la mayoría de nuestras mayores ciudades, construidas al nivel del mar como puertos y embarcaderos, quedarán inundadas, y la alteración de las pautas agrícolas desembocará en el desarraigo de poblaciones enteras.
Tenemos la obligación de afrontar un desagradable hecho histórico. El movimiento conservacionista nació en gran medida como un intento de las élites más ricas e influyentes por preservar la vida salvaje como coto de asueto y contemplación para los patricios (contra la imagen, por así decirlo, de hordas de inmigrantes domingueros vagando por el bosque con sus cestas de pícnic). Nunca nos hemos librado por entero de este legado, en el que el ecologismo es considerado algo opuesto a las necesidades humanas más inmediatas, especialmente respecto a los pobres y desheredados. Pero el Tercer Mundo se desarrolla, y en él se encuentra la mayor parte de los prístinos hábitats cuya preservación anhelamos. Los movimientos ecologistas no podrían triunfar hasta que convenzan a la gente que la limpieza del aíre y del agua, la energía solar, el reciclaje y la reforestación son las soluciones óptimas (realmente lo son) de las necesidades humanas a escalas humanas (no las de algún futuro planetario de inalcanzable lejanía).
Tengo una modesta sugerencia que hacer en relación con una ética ambiental apropiada, fundamentada, como la totalidad de este ensayo, en el tema de una pertinente escala humana frente a la majestad, aunque irrelevante majestad, del tiempo geológico (jamás me he sentido atraído por el imperativo categórico kantiano relativo a la búsqueda de una ética, ni por las leyes morales absolutas e incondicionales, ajenas a toda motivación o finalidad ulterior). El mundo es demasiado complejo y caótico para este tipo de actitudes asépticas (y Dios nos ayude si adoptamos el principio equivocado y luchamos, matamos y devastamos provistos de nuestra inconmovible certidumbre). Prefiero los más imprecisos “imperativos hipotéticos”, que invocan el deseo, la negociación y la reciprocidad. De entre todos estos preceptos “menores”, aunque en su conjunto más amplios y profundos, hay uno que destaca por su presencia repetida e independiente en todas las culturas, una tras otra, formulado con distintas palabras pero con la misma idea básica expresada en él. Supongo que nuestras diversas sociedades se encaminan inconscientemente hacia este principio por la sencilla razón de que la estabilidad estructural (y la elemental decencia necesaria para cualquier vida llevadera) exigen una máxima de este tipo. Los cristianos llaman a este precepto la “regla áurea”; Platón, Hillel y Confucio conocieron idéntica máxima bajo otros nombres. No puedo pensar en ningún principio mejor que se base en el egoísmo ilustrado: si todos nosotros tratáramos a los demás como deseamos ser tratados, la decencia y la estabilidad tendrían que prevalecer.
Sugiero que establezcamos un pacto de este tenor con nuestro planeta. La Tierra tiene todas las cartas, y detenta un inmenso poder sobre nosotros, de forma que tal convenio, que necesitamos desesperadamente, sería una bendición para nosotros y un alivio para ella, pese a que, en su propia escala de tiempo, no le hace ninguna falta. Haríamos mejor en firmar los documentos mientras todavía esté dispuesta a llegar a un acuerdo. Si la tratamos bien, nos soportará durante un tiempo más. Si le arañamos la piel, sangrará, nos echará a patadas, se pondrá un vendaje y seguirá ocupándose de sus propios asuntos a su propia escala. El pobre Richard … nos dijo que “la necesidad nunca fue buena consejera para hacer tratos ventajosos”, pero la Tierra es más generosa que los agentes humanos en el “arte de pactar”. Ella se mantendrá fiel a sí misma; ahora, nosotros debemos hacer otro tanto.
Fuente: Gould, Stephen Jay, Ocho cerditos, Barcelona, Crítica, 2006.
25/10/08
Don Tomás
Por Ramiro Díez
Don Tomás era un tipo distinguido, de mucho dinero, de raza blanca, inteligente, sensible, impulsor de nobles sueños, y por lo tanto comprometido con la libertad de los negros en los EEUU.
“Es nuestra obligación moral e histórica conceder la libertad a los que hasta ahora han sido degradados. Que sean tratados como iguales porque nuestros iguales son.”
Así, en ese tono y con tal claridad escribía don Tomás, en una apasionada defensa de la libertad de los negros en su país.
Pero los tiempos cambian, y con el tiempo también los humanos: de repente, frente al tema de los negros, don Tomás empezó a guardar silencio.
Ya no era tan entusiasta y se dedicó a ahorrar verbos y adjetivos. Cualquier pregunta al respecto, la respondía con monosílabos vacilantes, agregando: “Quizás sí o puede que no, claro, depende, es decir, es necesario pensar y sopesar…” Eso: no decía nada.
Poco tiempo después, sobre el mismo tema, ya había cambiado tanto de opinión, que no aparecía la misma persona, y se le oyó decir:
“Los negros son una raza maldita y sucia que arrastra ese color en la piel por el pecado de Caín”. Y agregaba que “Nuestro Congreso (de los EEUU) no debe permitir la libertad de los negros porque una mezcla racial será el fin de nuestra naciente nación señalada por el Señor para muy altos destinos...”
Un poeta dijo que “Hay días en que somos tan móviles, tan móviles”, y es cierto.
Pero tan móviles, tanto, tanto, era demasiado sobre todo pensando en semejante tema y teniendo en cuenta que aquel hombre de pensamiento veleidoso era respetado por su valía intelectual.
Tal vez esos cambios radicales de opinión se aclaren cuando recordemos esto:
El apellido de don Tomás era Jefferson. Sí, el mismo: Tomás Jefferson, y por supuesto que llegó a ser Presidente de los EEUU.
Lo más curioso es que aquel cambio de opinión ocurrió cuando le regalaron, como esclava, a una mulatica de trece años que pronto quedó en embarazo.
¿De quién? Adivina, adivinador.
Más tarde, cuando Jefferson fue nombrado Embajador Plenipotenciario en Francia, la niña esclava lo acompaño a París, y quedó en embarazo cuatro veces más.
¿De quién?
Yes, yes… you are right.
Otro dato: aquella esclava era regalo de su suegro. Y además, -¡qué familia!- era hija de su suegro, nacida por fuera del matrimonio.
Parece una telenovela, pero era la realidad: en resumen, aquella niña mulata era hija y esclava de su suegro. Y había pasado a convertirse en esclava y cuñada de Jefferson, porque era hermana media de su esposa.
Hace poco tiempo, médicos norteamericanos analizaron el ADN de los descendientes tanto del presidente Jefferson, como de los de aquella jovencita.
Y ¡qué coincidencia!: coinciden…
Aquel fue un drama en la vida del Señor Jefferson porque aunque pronunciaba uno que otro discurso racista, quizá para crear una cortina de humo alrededor de aquella relación, amaba de corazón a su cuñada-amante. Y amó sinceramente a los hijos nacidos de aquella unión.
Pero ahí no se detiene la historia: entre aquellos hermanos hubo complicaciones al tratar de conciliar el amor de familia, con los prejuicios racistas de la época.
Por aquellas jugarretas de la genética, unos hijos nacieron negros y otros nacieron blancos. Y los blancos, para poder vivir con sus hermanos negros en la misma casa, como una familia amorosa, tenían que mentir ante todo el mundo y decir que aquellos negros eran sus esclavos.
Don Tomás Jefferson, preclaro presidente norteamericano, murió a los setenta y tantos años. Y dicen que sus últimas palabras, -¿será verdad?- convulsivas, en su lecho de muerte fueron…
No. No es prudente reproducir lo que no tiene sustento histórico, y en especial cuando se trata de tan dramático momento. Don Tomás también tiene derecho al descanso.
Fuente: Díez, Ramiro, Páginas con Cierto Sentido, Quito, Impresores MYL, 2004.
Don Tomás era un tipo distinguido, de mucho dinero, de raza blanca, inteligente, sensible, impulsor de nobles sueños, y por lo tanto comprometido con la libertad de los negros en los EEUU.
“Es nuestra obligación moral e histórica conceder la libertad a los que hasta ahora han sido degradados. Que sean tratados como iguales porque nuestros iguales son.”
Así, en ese tono y con tal claridad escribía don Tomás, en una apasionada defensa de la libertad de los negros en su país.
Pero los tiempos cambian, y con el tiempo también los humanos: de repente, frente al tema de los negros, don Tomás empezó a guardar silencio.
Ya no era tan entusiasta y se dedicó a ahorrar verbos y adjetivos. Cualquier pregunta al respecto, la respondía con monosílabos vacilantes, agregando: “Quizás sí o puede que no, claro, depende, es decir, es necesario pensar y sopesar…” Eso: no decía nada.
Poco tiempo después, sobre el mismo tema, ya había cambiado tanto de opinión, que no aparecía la misma persona, y se le oyó decir:
“Los negros son una raza maldita y sucia que arrastra ese color en la piel por el pecado de Caín”. Y agregaba que “Nuestro Congreso (de los EEUU) no debe permitir la libertad de los negros porque una mezcla racial será el fin de nuestra naciente nación señalada por el Señor para muy altos destinos...”Un poeta dijo que “Hay días en que somos tan móviles, tan móviles”, y es cierto.
Pero tan móviles, tanto, tanto, era demasiado sobre todo pensando en semejante tema y teniendo en cuenta que aquel hombre de pensamiento veleidoso era respetado por su valía intelectual.
Tal vez esos cambios radicales de opinión se aclaren cuando recordemos esto:
El apellido de don Tomás era Jefferson. Sí, el mismo: Tomás Jefferson, y por supuesto que llegó a ser Presidente de los EEUU.
Lo más curioso es que aquel cambio de opinión ocurrió cuando le regalaron, como esclava, a una mulatica de trece años que pronto quedó en embarazo.
¿De quién? Adivina, adivinador.
Más tarde, cuando Jefferson fue nombrado Embajador Plenipotenciario en Francia, la niña esclava lo acompaño a París, y quedó en embarazo cuatro veces más.
¿De quién?
Yes, yes… you are right.
Otro dato: aquella esclava era regalo de su suegro. Y además, -¡qué familia!- era hija de su suegro, nacida por fuera del matrimonio.
Parece una telenovela, pero era la realidad: en resumen, aquella niña mulata era hija y esclava de su suegro. Y había pasado a convertirse en esclava y cuñada de Jefferson, porque era hermana media de su esposa.
Hace poco tiempo, médicos norteamericanos analizaron el ADN de los descendientes tanto del presidente Jefferson, como de los de aquella jovencita.
Y ¡qué coincidencia!: coinciden…
Aquel fue un drama en la vida del Señor Jefferson porque aunque pronunciaba uno que otro discurso racista, quizá para crear una cortina de humo alrededor de aquella relación, amaba de corazón a su cuñada-amante. Y amó sinceramente a los hijos nacidos de aquella unión.
Pero ahí no se detiene la historia: entre aquellos hermanos hubo complicaciones al tratar de conciliar el amor de familia, con los prejuicios racistas de la época.
Por aquellas jugarretas de la genética, unos hijos nacieron negros y otros nacieron blancos. Y los blancos, para poder vivir con sus hermanos negros en la misma casa, como una familia amorosa, tenían que mentir ante todo el mundo y decir que aquellos negros eran sus esclavos.
Don Tomás Jefferson, preclaro presidente norteamericano, murió a los setenta y tantos años. Y dicen que sus últimas palabras, -¿será verdad?- convulsivas, en su lecho de muerte fueron…
No. No es prudente reproducir lo que no tiene sustento histórico, y en especial cuando se trata de tan dramático momento. Don Tomás también tiene derecho al descanso.
Fuente: Díez, Ramiro, Páginas con Cierto Sentido, Quito, Impresores MYL, 2004.
23/10/08
Sandino, capitán de Nicaragua
Por Pablo Neruda
Sandino (1926)
Fue cuando en tierra nuestra
se enterraron
las cruces, se gastaron
inválidas, profesionales.
Llegó el dólar de dientes agresivos
a morder territorio,
en la garganta pastoril de América.
Agarró Panamá con fauces duras,
hundió en la tierra fresca sus colmillos,
chapoteó en barro, whisky, sangre,
y juró un Presidente con levita:
“Sea con nosotros el soborno
de cada día.”
Luego, llegó el acero,
y el canal dividió las residencias,
aquí los amos, allí la servidumbre.
Corrieron hacia Nicaragua.
Bajaron, vestidos de blanco,
tirando dólares y tiros.
Pero allí surgió un capitán
que dijo: “No, aquí no pones
tus concesiones, tu botella.”
Le prometieron un retrato
de Presidente, con guantes,
banda terciada y zapatitos
de charol recién adquiridos.
Sandino se quitó las botas,
se hundió en los trémulos pantanos,
se terció la banda mojada
de la libertad en la selva,
y, tiro a tiro, respondió
a los “civilizadores.”
La furia norteamericana
fue indecible: documentados
embajadores convencieron
al mundo que su amor era
Nicaragua, que alguna vez
el orden debía llegar
a sus entrañas soñolientas.
Sandino colgó a los intrusos.
Los héroes de Wall Street
fueron comidos por la ciénaga,
un relámpago los mataba,
más de un machete los seguía,
una soga los despertaba
como una serpiente en la noche,
y colgando de un árbol eran
acarreados lentamente
por coleópteros azules
enredaderas devorantes.
Sandino estaba en el silencio
en la Plaza del Pueblo, en todas
partes estaba Sandino,
matando norteamericanos,
ajusticiando invasores.
Y cuando vino la aviación,
la ofensiva de los ejércitos
acorazados, la incisión
de aplastadores poderíos,
Sandino, con sus guerrilleros,
como un espectro de la selva,
era un árbol que se enroscaba
o una tortuga que dormía
o un río que se deslizaba.
Pero, árbol, tortuga, corriente
fueron la muerte vengadora,
fueron sistemas de la selva,
mortales síntomas de araña.
(En 1948
un guerrillero
de Grecia, columna de Esparta,
fue la urna de luz atacada
por los mercenarios del dólar.
Desde los montes echó fuego
sobre los pulpos de Chicago,
y como Sandino, el valiente
de Nicaragua, fue llamado
“bandolero de las montañas.”)
Pero cuando fuego, sangre
y dólar no destruyeron
la torre altiva de Sandino,
los guerreros de Wall Street
hicieron la paz, invitaron
a celebrarla al guerrillero,
y un traidor recién alquilado
le disparó su carabina.
Se llama Somoza. Hasta hoy
está reinando en Nicaragua:
los treinta dólares crecieron
y aumentaron en su barriga.
Esta es la historia de Sandino,
capitán de Nicaragua,
encarnación desgarradora
de nuestra arena traicionada,
dividida y acometida,
martirizada y saqueada.
Fuente: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12586186434582617876657/004011.pdf?incr=1
Sandino (1926)
Fue cuando en tierra nuestra
se enterraron
las cruces, se gastaron
inválidas, profesionales.
Llegó el dólar de dientes agresivos
a morder territorio,
en la garganta pastoril de América.
Agarró Panamá con fauces duras,
hundió en la tierra fresca sus colmillos,
chapoteó en barro, whisky, sangre,
y juró un Presidente con levita:
“Sea con nosotros el soborno
de cada día.”
Luego, llegó el acero,
y el canal dividió las residencias,
aquí los amos, allí la servidumbre.
Corrieron hacia Nicaragua.Bajaron, vestidos de blanco,
tirando dólares y tiros.
Pero allí surgió un capitán
que dijo: “No, aquí no pones
tus concesiones, tu botella.”
Le prometieron un retrato
de Presidente, con guantes,
banda terciada y zapatitos
de charol recién adquiridos.
Sandino se quitó las botas,
se hundió en los trémulos pantanos,
se terció la banda mojada
de la libertad en la selva,
y, tiro a tiro, respondió
a los “civilizadores.”
La furia norteamericana
fue indecible: documentados
embajadores convencieron
al mundo que su amor era
Nicaragua, que alguna vez
el orden debía llegar
a sus entrañas soñolientas.
Sandino colgó a los intrusos.
Los héroes de Wall Street
fueron comidos por la ciénaga,
un relámpago los mataba,
más de un machete los seguía,
una soga los despertaba
como una serpiente en la noche,
y colgando de un árbol eran
acarreados lentamente
por coleópteros azules
enredaderas devorantes.
Sandino estaba en el silencio
en la Plaza del Pueblo, en todas
partes estaba Sandino,
matando norteamericanos,
ajusticiando invasores.
Y cuando vino la aviación,
la ofensiva de los ejércitos
acorazados, la incisión
de aplastadores poderíos,
Sandino, con sus guerrilleros,
como un espectro de la selva,
era un árbol que se enroscaba
o una tortuga que dormía
o un río que se deslizaba.
Pero, árbol, tortuga, corriente
fueron la muerte vengadora,
fueron sistemas de la selva,
mortales síntomas de araña.
(En 1948
un guerrillero
de Grecia, columna de Esparta,
fue la urna de luz atacada
por los mercenarios del dólar.
Desde los montes echó fuego
sobre los pulpos de Chicago,
y como Sandino, el valiente
de Nicaragua, fue llamado
“bandolero de las montañas.”)
Pero cuando fuego, sangre
y dólar no destruyeron
la torre altiva de Sandino,
los guerreros de Wall Street
hicieron la paz, invitaron
a celebrarla al guerrillero,
y un traidor recién alquilado
le disparó su carabina.
Se llama Somoza. Hasta hoy
está reinando en Nicaragua:
los treinta dólares crecieron
y aumentaron en su barriga.
Esta es la historia de Sandino,
capitán de Nicaragua,
encarnación desgarradora
de nuestra arena traicionada,
dividida y acometida,
martirizada y saqueada.
Fuente: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12586186434582617876657/004011.pdf?incr=1
21/10/08
El efecto conjunción
Por Massimo Piattelli Palmarini
Nos proporcionan la siguiente breve “ficha” de carácter y actitud, redactada en un estilo casi cablegráfico:
Luis tiene 34 años. Es inteligente, pero tiene poca imaginación, es rutinario, metódico y escasamente activo. En la escuela destacaba en matemáticas, pero era flojo en asignaturas humanísticas y en ciencias sociales.
Sobre la base de este perfil tan sucinto, nos invitan a adivinar (digamos que de manera intuitiva) cuál es la probabilidad de que Luis desempeñe determinado oficio, o determinada profesión, en vez de otros. Concretamente, nos piden que ordenemos (rank), por orden de probabilidades decrecientes, una lista de profesiones y aficiones entre las que aparecen las siguientes:
–Luis es médico y le gusta jugar al póker
–Luis es arquitecto
–Luis es contable (caso C)
–Luis es aficionado a tocar música de jazz (caso J)
–Luis es aficionado al surf
–Luis es periodista
–Luis es contable, y es aficionado a tocar música de jazz (caso C & J)
–Luis es aficionado al alpinismo
Se invita al lector a que aventure su opinión reordenando una tras otra, por orden de probabilidad decreciente, las opciones que acabamos de describir. Forma parte de las reglas de este “juego” que nuestras estimaciones sean vagas, aproximativas, hechas precisamente de manera intuitiva (no se exigen valores exactos para las distintas probabilidades, sino solamente un ranking o jerarquía intuitiva entre las probabilidades respectivas de estas opciones).
Pasemos ahora a otro caso, análogo al anterior:
Linda tiene 31 años. Es soltera, extravertida y muy brillante. Es licenciada en filosofía. Cuando era estudiante se interesaba mucho por los problemas de discriminación racial y de injusticia social, y participaba activamente en manifestaciones antinucleares.
Como en el caso de Luis, nos invitan a adivinar cuál es la probabilidad de que Linda desempeñe un determinado oficio o profesión, ordenando, por probabilidad decreciente, una lista de profesiones y aficiones entre las que aparecen las opciones siguientes:
–Linda es profesora en una escuela de educación básica
–Linda trabaja en una librería y va a clases de yoga
–Linda participa activamente en el movimiento feminista (caso F)
–Linda es asistente social
–Linda es miembro de la Organización Electoral Femenina
–Linda trabaja en un banco (caso B)
–Linda es agente de seguros
–Linda trabaja en un banco y participa activamente en el movimiento feminista (caso B&F)
De nuevo se invita al lector a que aventure su opinión aproximada, de manera intuitiva, reordenando una tras otra, por orden de probabilidad decreciente, las opciones que acabamos de describir.
Que tire la primera piedra quien no haya considerado, en el caso de Luis, más probable la opción C&J, respecto a la opción J. Y en el caso de Linda, la opción B&F, respecto a la opción B.
Es lo que hacemos todos (o casi todos), y sin embargo se trata de una pura ilusión cognitiva. En realidad, la probabilidad de que se produzcan al mismo tiempo dos acontecimientos (la probabilidad de una “conjunción”, como se la denomina en jerga) es siempre y forzosamente inferior a la probabilidad de cada uno de estos acontecimientos por separado. Si reflexionamos un momento, no podemos dejar de convenir en que tiene que ser más probable que Luis toque música de jazz, haciendo cualquier otro trabajo, o incluso ningún trabajo (el caso J, en realidad, sólo especifica que toca música de jazz –fijaos bien– por afición), que no que Luis toque música de jazz y sea contable. Lo mismo ocurre en el caso de Linda. Debemos convenir en que tiene que ser más probable que Linda trabaje en un banco, participando en movimientos de cualquier tipo, o incluso sin participar en ningún movimiento (el caso B no especifica nada más), que no que Linda trabaje en un banco y colabore activamente en el movimiento feminista. Y sin embargo, la gran mayoría de los individuos sometidos por [Amos] Tversky y [Daniel] Kahneman a un montón de tests de este tipo considera más probable una conjunción que cada uno de los elementos de la conjunción.
De hecho, la jerarquía intuitiva media obtenida en los dos tests que acabamos de exponer es:
Luis:
La opción C es más probable que la opción C&J, que a su vez es más probable que la opción J.
Linda:
La opción F es más probable que la opción B&F, que a su vez es más probable que la opción B.
Lo que nos deja estupefactos es que no existe gran diferencia entre las respuestas obtenidas, por término medio, de individuos “ingenuos”, es decir, totalmente profanos en materia de cálculo de probabilidades, y las obtenidas de sujetos expertos en ciencias estadísticas. O mejor dicho, existe una ligera diferencia: los individuos que tienen alguna noción de estadística se equivocan más a menudo que los individuos absolutamente profanos, y también más a menudo que los expertos. En cualquier caso, incluso los expertos se equivocan casi con la misma frecuencia que los profanos. Las diferencias son generalmente pequeñas. Lo sorprendente es que, por término medio, el 85 por 100 de todos los individuos, sean profanos, semiprofanos, o expertos, se equivocan. Son, por tanto, víctimas del efecto conjunción.
Fuente: Piattelli Palmarini, Massimo, Los túneles de la mente, Barcelona, Crítica, 1995.
Nos proporcionan la siguiente breve “ficha” de carácter y actitud, redactada en un estilo casi cablegráfico:
Luis tiene 34 años. Es inteligente, pero tiene poca imaginación, es rutinario, metódico y escasamente activo. En la escuela destacaba en matemáticas, pero era flojo en asignaturas humanísticas y en ciencias sociales.
Sobre la base de este perfil tan sucinto, nos invitan a adivinar (digamos que de manera intuitiva) cuál es la probabilidad de que Luis desempeñe determinado oficio, o determinada profesión, en vez de otros. Concretamente, nos piden que ordenemos (rank), por orden de probabilidades decrecientes, una lista de profesiones y aficiones entre las que aparecen las siguientes:
–Luis es médico y le gusta jugar al póker
–Luis es arquitecto
–Luis es contable (caso C)
–Luis es aficionado a tocar música de jazz (caso J)
–Luis es aficionado al surf
–Luis es periodista
–Luis es contable, y es aficionado a tocar música de jazz (caso C & J)
–Luis es aficionado al alpinismo
Se invita al lector a que aventure su opinión reordenando una tras otra, por orden de probabilidad decreciente, las opciones que acabamos de describir. Forma parte de las reglas de este “juego” que nuestras estimaciones sean vagas, aproximativas, hechas precisamente de manera intuitiva (no se exigen valores exactos para las distintas probabilidades, sino solamente un ranking o jerarquía intuitiva entre las probabilidades respectivas de estas opciones).
Pasemos ahora a otro caso, análogo al anterior:
Linda tiene 31 años. Es soltera, extravertida y muy brillante. Es licenciada en filosofía. Cuando era estudiante se interesaba mucho por los problemas de discriminación racial y de injusticia social, y participaba activamente en manifestaciones antinucleares.
Como en el caso de Luis, nos invitan a adivinar cuál es la probabilidad de que Linda desempeñe un determinado oficio o profesión, ordenando, por probabilidad decreciente, una lista de profesiones y aficiones entre las que aparecen las opciones siguientes:
–Linda es profesora en una escuela de educación básica
–Linda trabaja en una librería y va a clases de yoga
–Linda participa activamente en el movimiento feminista (caso F)
–Linda es asistente social
–Linda es miembro de la Organización Electoral Femenina
–Linda trabaja en un banco (caso B)
–Linda es agente de seguros
–Linda trabaja en un banco y participa activamente en el movimiento feminista (caso B&F)
De nuevo se invita al lector a que aventure su opinión aproximada, de manera intuitiva, reordenando una tras otra, por orden de probabilidad decreciente, las opciones que acabamos de describir.
Que tire la primera piedra quien no haya considerado, en el caso de Luis, más probable la opción C&J, respecto a la opción J. Y en el caso de Linda, la opción B&F, respecto a la opción B.
Es lo que hacemos todos (o casi todos), y sin embargo se trata de una pura ilusión cognitiva. En realidad, la probabilidad de que se produzcan al mismo tiempo dos acontecimientos (la probabilidad de una “conjunción”, como se la denomina en jerga) es siempre y forzosamente inferior a la probabilidad de cada uno de estos acontecimientos por separado. Si reflexionamos un momento, no podemos dejar de convenir en que tiene que ser más probable que Luis toque música de jazz, haciendo cualquier otro trabajo, o incluso ningún trabajo (el caso J, en realidad, sólo especifica que toca música de jazz –fijaos bien– por afición), que no que Luis toque música de jazz y sea contable. Lo mismo ocurre en el caso de Linda. Debemos convenir en que tiene que ser más probable que Linda trabaje en un banco, participando en movimientos de cualquier tipo, o incluso sin participar en ningún movimiento (el caso B no especifica nada más), que no que Linda trabaje en un banco y colabore activamente en el movimiento feminista. Y sin embargo, la gran mayoría de los individuos sometidos por [Amos] Tversky y [Daniel] Kahneman a un montón de tests de este tipo considera más probable una conjunción que cada uno de los elementos de la conjunción.De hecho, la jerarquía intuitiva media obtenida en los dos tests que acabamos de exponer es:
Luis:
La opción C es más probable que la opción C&J, que a su vez es más probable que la opción J.
Linda:
La opción F es más probable que la opción B&F, que a su vez es más probable que la opción B.
Lo que nos deja estupefactos es que no existe gran diferencia entre las respuestas obtenidas, por término medio, de individuos “ingenuos”, es decir, totalmente profanos en materia de cálculo de probabilidades, y las obtenidas de sujetos expertos en ciencias estadísticas. O mejor dicho, existe una ligera diferencia: los individuos que tienen alguna noción de estadística se equivocan más a menudo que los individuos absolutamente profanos, y también más a menudo que los expertos. En cualquier caso, incluso los expertos se equivocan casi con la misma frecuencia que los profanos. Las diferencias son generalmente pequeñas. Lo sorprendente es que, por término medio, el 85 por 100 de todos los individuos, sean profanos, semiprofanos, o expertos, se equivocan. Son, por tanto, víctimas del efecto conjunción.
Fuente: Piattelli Palmarini, Massimo, Los túneles de la mente, Barcelona, Crítica, 1995.
19/10/08
La dignidad de la muerte
Por Eduardo Galeano
1954
Río de Janeiro
…
Quiere borrar la memoria de su propia dictadura, viejo tiempo policial y siniestro, y en estos últimos años gobierna al Brasil como nadie nunca lo había hecho.
Se pone del lado de los salarios, no de las ganancias. De inmediato los empresarios le declaran la guerra.
Para que el Brasil deje de ser un colador, tapona la hemorragia de riquezas. De inmediato los capitales extranjeros se lanzan al sabotaje.
Recupera el petróleo y la energía, que son la soberanía nacional tanto o más que el himno y la bandera. De inmediato los monopolios, ofendidos, le responden con una feroz ofensiva.
Defiende el precio del café sin arrojar a la hoguera, como era costumbre, la mitad de la cosecha. De inmediato los Estados Unidos reducen a la mitad de sus compras.
En el Brasil, periodistas y políticos de todos los colores y marcas suman sus voces al coro del escándalo.
Getulio Vargas ha gobernado de pie. Cuando lo obligan a agacharse, elige la dignidad de la muerte. Alza el revólver, apunta contra su propio corazón y dispara.
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, España, siglo veintiuno, 1986.
1954
Río de Janeiro
…
Quiere borrar la memoria de su propia dictadura, viejo tiempo policial y siniestro, y en estos últimos años gobierna al Brasil como nadie nunca lo había hecho.
Se pone del lado de los salarios, no de las ganancias. De inmediato los empresarios le declaran la guerra.Para que el Brasil deje de ser un colador, tapona la hemorragia de riquezas. De inmediato los capitales extranjeros se lanzan al sabotaje.
Recupera el petróleo y la energía, que son la soberanía nacional tanto o más que el himno y la bandera. De inmediato los monopolios, ofendidos, le responden con una feroz ofensiva.
Defiende el precio del café sin arrojar a la hoguera, como era costumbre, la mitad de la cosecha. De inmediato los Estados Unidos reducen a la mitad de sus compras.
En el Brasil, periodistas y políticos de todos los colores y marcas suman sus voces al coro del escándalo.
Getulio Vargas ha gobernado de pie. Cuando lo obligan a agacharse, elige la dignidad de la muerte. Alza el revólver, apunta contra su propio corazón y dispara.
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, España, siglo veintiuno, 1986.
17/10/08
Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros
Por Seattle
Habéis de saber que cada partícula es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada niebla en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y en la experiencia de mi pueblo… Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos… El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
…
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga. Trata a su madre, la tierra, y a su padre, el cielo, como cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fueran corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras de sí sólo un desierto. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios.
Fuente: Seattle, según se cita en Leonidas Proaño, Monseñor Leonidas Proaño (Editorial Ecuador, Quito, 1988), p. 151 y p. 154.
Habéis de saber que cada partícula es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada niebla en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y en la experiencia de mi pueblo… Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos… El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.…
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga. Trata a su madre, la tierra, y a su padre, el cielo, como cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fueran corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras de sí sólo un desierto. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios.
Fuente: Seattle, según se cita en Leonidas Proaño, Monseñor Leonidas Proaño (Editorial Ecuador, Quito, 1988), p. 151 y p. 154.
15/10/08
La canción de las simples cosas [audio]
Por Mercedes Sosa
Uno se despide
Insensiblemente
De pequeñas cosas
Lo mismo que un árbol
Que en tiempo de otoño
Se queda sin hojas
Al fin la tristeza
Es la muerte lenta
De las simples cosas
Esas cosas simples
Que quedan doliendo
En el corazón
Uno vuelve siempre
A los viejos sitios
Donde amó la vida
Y entonces comprende
Cómo están de ausentes
Las cosas queridas
Por eso muchacho
No partas ahora
Soñando el regreso
El amor es simple
Y a las cosas simples
Las devora el tiempo
Demórate aquí
En la luz mayor
De este mediodía
Donde encontrarás
Con el pan al sol
La mesa tendida
Por eso muchacho
No partas ahora
Soñando el regreso
Que el amor es simple
Y a las cosas simples
Las devora el tiempo
Transcrito por Pichón
Uno se despide
Insensiblemente
De pequeñas cosas
Lo mismo que un árbol
Que en tiempo de otoño
Se queda sin hojas
Al fin la tristeza
Es la muerte lenta
De las simples cosas
Esas cosas simples
Que quedan doliendo
En el corazón
Uno vuelve siempre
A los viejos sitios
Donde amó la vida
Y entonces comprende
Cómo están de ausentes
Las cosas queridas
Por eso muchacho
No partas ahora
Soñando el regreso
El amor es simple
Y a las cosas simples
Las devora el tiempo
Demórate aquí
En la luz mayor
De este mediodía
Donde encontrarás
Con el pan al sol
La mesa tendida
Por eso muchacho
No partas ahora
Soñando el regreso
Que el amor es simple
Y a las cosas simples
Las devora el tiempo
Transcrito por Pichón
13/10/08
LA LEY DE LA SELVA
Por Fidel Castro
El comercio dentro de la sociedad y entre los países es el intercambio de bienes y servicios que producen los seres humanos. Los dueños de los medios de producción se apropian de las ganancias. Ellos dirigen, como clase, el estado capitalista y se ufanan de ser los impulsores del desarrollo y el bienestar social a través del mercado, al cual se rinde culto como dios infalible.
Dentro de cada país es la competencia entre los más fuertes y los más débiles, los de más vigor físico, los que se alimentan mejor, los que aprendieron a leer y escribir, los que fueron a las escuelas, los que acumulan más experiencia, más relaciones sociales, más recursos, y los que carecen de esas ventajas dentro de la sociedad.
Entre países, los que tienen mejor clima, más tierra cultivable, más agua, más recursos naturales en el espacio en que les tocó vivir cuando no existen más territorios que conquistar, los que dominan las tecnologías, los que poseen más desarrollo y manejan infinitos recursos mediáticos, y los que, por el contrario, no disfrutan ninguna de estas prerrogativas. Son las diferencias a veces abismales entre las que se califican como naciones ricas o pobres.
Es la ley de la selva.
Las diferencias entre las etnias no existen en cuanto se refiere a las facultades mentales del ser humano. Es algo más que probado científicamente. La sociedad actual no fue la forma natural en que evolucionó la vida humana; ha sido una creación del hombre ya mentalmente desarrollado, sin la cual no se puede concebir su propia existencia. Lo que se plantea es, por tanto, si el ser humano podrá sobrevivir al privilegio de poseer una inteligencia creadora.
El sistema capitalista desarrollado, cuyo máximo exponente es el país de naturaleza privilegiada adonde el hombre blanco europeo llevó sus ideas, sus sueños y sus ambiciones, se encuentra hoy en plena crisis. No es la habitual cada cierto número de años, ni siquiera la traumática de los años treinta, sino la peor de todas desde que el mundo siguió ese modelo de crecimiento y desarrollo.
La actual crisis del sistema capitalista desarrollado se produce cuando el imperio está próximo a cambiar de jefatura en las elecciones que tendrán lugar dentro de veinticinco días; era lo único que faltaba por ver.
Los candidatos de los dos partidos que deciden en esas elecciones, tratan de persuadir a los desconcertados votantes ―muchos de los cuales no se han preocupado nunca por votar― de que ellos, como aspirantes a la Presidencia, son capaces de garantizar el bienestar y el consumismo de lo que califican como un pueblo de capas medias, sin el menor propósito de verdaderos cambios en lo que consideran el más perfecto sistema económico que ha conocido el mundo; un mundo que, por supuesto, en la mentalidad de cada uno de ellos, es menos importante que la felicidad de trescientos y tantos millones de habitantes de una población que no llega al cinco por ciento de los habitantes del planeta. La suerte del otro noventa y cinco por ciento de los seres humanos, la guerra y la paz, la atmósfera respirable o no, dependerá en gran parte de las decisiones del jefe institucional del imperio, si es que ese cargo constitucional tiene o no poder real en la época de las armas nucleares y los escudos espaciales manejados por computadoras en circunstancias tales que los segundos son decisivos y los principios éticos tienen cada vez menos vigencia. No puede, sin embargo, ignorarse el papel más o menos nefasto que corresponde a un presidente de ese país.
En Estados Unidos existe un profundo racismo, y la mente de millones de blancos no se reconcilia con la idea de que una persona negra con la esposa y los niños ocupen la Casa Blanca, que se llama así: Blanca.
De puro milagro el candidato demócrata no ha sufrido la suerte de Martin Luther King, Malcolm X y otros, que albergaron sueños de igualdad y justicia en década recientes. Tiene además el hábito de mirar al adversario con serenidad y reírse de los aprietos dialécticos de un oponente que mira hacia el vacío.
Por otro lado, el candidato republicano, que cultiva su fama de hombre belicoso, fue uno de los peores alumnos de su curso en West Point. No sabía nada de Matemáticas, según confiesa, y es de suponer que mucho menos de las complicadas ciencias económicas. Sin duda, su adversario lo supera en inteligencia y serenidad.
Lo que más abunda en McCain son los años, y su salud no es en lo absoluto segura.
Menciono estos datos para señalar la eventual posibilidad ―si algo ocurriera con la salud del candidato republicano, si lo eligen― de que la señora del rifle e inexperta ex gobernadora de Alaska fuese Presidenta de Estados Unidos. Se observa que no sabe nada de nada.
Meditando sobre la deuda pública actual de Estados Unidos que el presidente Bush descarga sobre las nuevas generaciones en ese país ―diez mil doscientos sesenta y seis millones de millones―, se me ocurrió calcular el tiempo que tardaría un hombre para contar la deuda que aquél prácticamente ha duplicado en ocho años.
Suponiendo ocho horas de trabajo neto diario sin perder un segundo, al ritmo rápido de cien billetes de un dólar por minuto, 300 días de trabajo al año, un hombre tardaría setecientos diez mil millones de años para contar esa suma.
No encontré otra forma gráfica de imaginarme el volumen de esa suma de dinero que se menciona casi diariamente en estos días.
El gobierno de Estados Unidos, para evitar un pánico generalizado, declara que garantizará depósitos de ahorristas que no rebasen los 250 mil dólares; administrará bancos y cifras de dinero que Lenin, con ábacos, no habría imaginado contabilizar.
Podemos preguntarnos ahora qué aporte hará la administración Bush al socialismo. Pero no nos hagamos ilusiones. Cuando el funcionamiento de los bancos se normalice, los imperialistas se las devolverán a las empresas privadas, como hizo algún que otro país en este hemisferio. El pueblo paga siempre las cuentas.
El capitalismo tiende a reproducirse en cualquier sistema social, porque parte del egoísmo y los instintos del hombre.
A la sociedad humana no le queda otra alternativa que superar esa contradicción, porque de otra forma no podría sobrevivir.
En este momento, el mar de dinero que les lanzan a las finanzas mundiales los bancos centrales de los países capitalistas desarrollados está golpeando fuertemente a las bolsas de los países que tratan de superar el subdesarrollo económico y acuden a esas instituciones. Cuba no posee bolsa de valores. Sin duda surgirán formas de financiamiento más racionales, más socialistas.
La crisis actual y las brutales medidas del gobierno de Estados Unidos para salvarse traerán más inflación, más devaluación de las monedas nacionales, más pérdidas dolorosas de los mercados, menores precios para las mercancías de exportación, más intercambio desigual. Pero traerán también a los pueblos más conocimiento de la verdad, más conciencia, más rebeldía y más revoluciones.
Veremos ahora cómo se desarrolla la crisis y qué ocurre en Estados Unidos dentro de veinticinco días.
Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/reflexiones/2008/esp/f111008e.html
El comercio dentro de la sociedad y entre los países es el intercambio de bienes y servicios que producen los seres humanos. Los dueños de los medios de producción se apropian de las ganancias. Ellos dirigen, como clase, el estado capitalista y se ufanan de ser los impulsores del desarrollo y el bienestar social a través del mercado, al cual se rinde culto como dios infalible.
Dentro de cada país es la competencia entre los más fuertes y los más débiles, los de más vigor físico, los que se alimentan mejor, los que aprendieron a leer y escribir, los que fueron a las escuelas, los que acumulan más experiencia, más relaciones sociales, más recursos, y los que carecen de esas ventajas dentro de la sociedad.Entre países, los que tienen mejor clima, más tierra cultivable, más agua, más recursos naturales en el espacio en que les tocó vivir cuando no existen más territorios que conquistar, los que dominan las tecnologías, los que poseen más desarrollo y manejan infinitos recursos mediáticos, y los que, por el contrario, no disfrutan ninguna de estas prerrogativas. Son las diferencias a veces abismales entre las que se califican como naciones ricas o pobres.
Es la ley de la selva.
Las diferencias entre las etnias no existen en cuanto se refiere a las facultades mentales del ser humano. Es algo más que probado científicamente. La sociedad actual no fue la forma natural en que evolucionó la vida humana; ha sido una creación del hombre ya mentalmente desarrollado, sin la cual no se puede concebir su propia existencia. Lo que se plantea es, por tanto, si el ser humano podrá sobrevivir al privilegio de poseer una inteligencia creadora.
El sistema capitalista desarrollado, cuyo máximo exponente es el país de naturaleza privilegiada adonde el hombre blanco europeo llevó sus ideas, sus sueños y sus ambiciones, se encuentra hoy en plena crisis. No es la habitual cada cierto número de años, ni siquiera la traumática de los años treinta, sino la peor de todas desde que el mundo siguió ese modelo de crecimiento y desarrollo.
La actual crisis del sistema capitalista desarrollado se produce cuando el imperio está próximo a cambiar de jefatura en las elecciones que tendrán lugar dentro de veinticinco días; era lo único que faltaba por ver.
Los candidatos de los dos partidos que deciden en esas elecciones, tratan de persuadir a los desconcertados votantes ―muchos de los cuales no se han preocupado nunca por votar― de que ellos, como aspirantes a la Presidencia, son capaces de garantizar el bienestar y el consumismo de lo que califican como un pueblo de capas medias, sin el menor propósito de verdaderos cambios en lo que consideran el más perfecto sistema económico que ha conocido el mundo; un mundo que, por supuesto, en la mentalidad de cada uno de ellos, es menos importante que la felicidad de trescientos y tantos millones de habitantes de una población que no llega al cinco por ciento de los habitantes del planeta. La suerte del otro noventa y cinco por ciento de los seres humanos, la guerra y la paz, la atmósfera respirable o no, dependerá en gran parte de las decisiones del jefe institucional del imperio, si es que ese cargo constitucional tiene o no poder real en la época de las armas nucleares y los escudos espaciales manejados por computadoras en circunstancias tales que los segundos son decisivos y los principios éticos tienen cada vez menos vigencia. No puede, sin embargo, ignorarse el papel más o menos nefasto que corresponde a un presidente de ese país.
En Estados Unidos existe un profundo racismo, y la mente de millones de blancos no se reconcilia con la idea de que una persona negra con la esposa y los niños ocupen la Casa Blanca, que se llama así: Blanca.
De puro milagro el candidato demócrata no ha sufrido la suerte de Martin Luther King, Malcolm X y otros, que albergaron sueños de igualdad y justicia en década recientes. Tiene además el hábito de mirar al adversario con serenidad y reírse de los aprietos dialécticos de un oponente que mira hacia el vacío.
Por otro lado, el candidato republicano, que cultiva su fama de hombre belicoso, fue uno de los peores alumnos de su curso en West Point. No sabía nada de Matemáticas, según confiesa, y es de suponer que mucho menos de las complicadas ciencias económicas. Sin duda, su adversario lo supera en inteligencia y serenidad.
Lo que más abunda en McCain son los años, y su salud no es en lo absoluto segura.
Menciono estos datos para señalar la eventual posibilidad ―si algo ocurriera con la salud del candidato republicano, si lo eligen― de que la señora del rifle e inexperta ex gobernadora de Alaska fuese Presidenta de Estados Unidos. Se observa que no sabe nada de nada.
Meditando sobre la deuda pública actual de Estados Unidos que el presidente Bush descarga sobre las nuevas generaciones en ese país ―diez mil doscientos sesenta y seis millones de millones―, se me ocurrió calcular el tiempo que tardaría un hombre para contar la deuda que aquél prácticamente ha duplicado en ocho años.
Suponiendo ocho horas de trabajo neto diario sin perder un segundo, al ritmo rápido de cien billetes de un dólar por minuto, 300 días de trabajo al año, un hombre tardaría setecientos diez mil millones de años para contar esa suma.
No encontré otra forma gráfica de imaginarme el volumen de esa suma de dinero que se menciona casi diariamente en estos días.
El gobierno de Estados Unidos, para evitar un pánico generalizado, declara que garantizará depósitos de ahorristas que no rebasen los 250 mil dólares; administrará bancos y cifras de dinero que Lenin, con ábacos, no habría imaginado contabilizar.
Podemos preguntarnos ahora qué aporte hará la administración Bush al socialismo. Pero no nos hagamos ilusiones. Cuando el funcionamiento de los bancos se normalice, los imperialistas se las devolverán a las empresas privadas, como hizo algún que otro país en este hemisferio. El pueblo paga siempre las cuentas.
El capitalismo tiende a reproducirse en cualquier sistema social, porque parte del egoísmo y los instintos del hombre.
A la sociedad humana no le queda otra alternativa que superar esa contradicción, porque de otra forma no podría sobrevivir.
En este momento, el mar de dinero que les lanzan a las finanzas mundiales los bancos centrales de los países capitalistas desarrollados está golpeando fuertemente a las bolsas de los países que tratan de superar el subdesarrollo económico y acuden a esas instituciones. Cuba no posee bolsa de valores. Sin duda surgirán formas de financiamiento más racionales, más socialistas.
La crisis actual y las brutales medidas del gobierno de Estados Unidos para salvarse traerán más inflación, más devaluación de las monedas nacionales, más pérdidas dolorosas de los mercados, menores precios para las mercancías de exportación, más intercambio desigual. Pero traerán también a los pueblos más conocimiento de la verdad, más conciencia, más rebeldía y más revoluciones.
Veremos ahora cómo se desarrolla la crisis y qué ocurre en Estados Unidos dentro de veinticinco días.
Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/reflexiones/2008/esp/f111008e.html
11/10/08
La persona más inteligente del mundo
Por Michio Kaku
Edward Witten, del Instituto para Estudio Avanzado en Princeton, New Jersey, domina el mundo de la física teórica. Witten es actualmente el “jefe de la banda”, el más brillante físico de altas energías, que marca las tendencias en la comunidad física al modo en que Picasso marcaba las tendencias en el mundo del arte. Cientos de físicos siguen su trabajo religiosamente para tener noción de sus ideas innovadoras. Un colega de Princeton, Samuel Treiman, dice: “Él nos saca una cabeza a todos los demás. Ha iniciado a grupos enteros de personas en nuevos caminos. Construye demostraciones elegantes y asombrosas que dejan a la gente boquiabierta y admirada”. Treiman concluye: “No deberíamos establecer comparaciones con Einstein con demasiada alegría, pero cuando se trata de Witten …”. …
Witten procede de una familia de físicos. Su padre es Leonard Witten, profesor de física en la Universidad de Cincinnati y una destacada autoridad en la teoría de la relatividad general de Einstein. (Su padre, de hecho, se jacta a veces de que su mayor contribución a la física fue engendrar a su hijo). Su esposa es Chiara Nappi, también física teórica en el instituto.
Witten no es como los demás físicos. La mayoría de ellos comienzan su romance con la física a una edad temprana (cuando están en el instituto de enseñanza media o incluso en la escuela elemental). Witten ha desafiado muchas convenciones, al empezar con un título en historia en la Universidad Brandeis y un fuerte interés en lingüística. Después de licenciarse en 1971, trabajó en la campaña presidencial de George McGovern. McGovern le escribió incluso una carta de recomendación para una facultad universitaria. Witten había publicado artículos en The Nation y New Republic. (Scientific American, en una entrevista con Witten, comentaba: “sí, un hombre que es presumiblemente la persona más inteligente del mundo es un demócrata liberal”.) …
Pero una vez que Witten decidió escoger la física como profesión, aprendió física con pasión. Se licenció en Princeton, enseñó en Harvard, y luego fue catapultado a un puesto de profesor permanente en Princeton a la edad de veintiocho años. También recibió la prestigiosa Beca MacArthur (a veces calificada como el permio “al genio” por la prensa). Los resultados de su trabajo han afectado también profundamente al mundo de las matemáticas. En 1990, fue premiado con la Medalla Fields que, en el mundo de las matemáticas, es tan prestigiosa como el premio Nobel.
La mayor parte del tiempo, sin embargo, Witten permanece sentado y mira por la ventana, manipulando y reordenando grandes conjuntos de ecuaciones en su cabeza. Su mujer señala: “Nunca hace cálculos excepto en su mente. Yo llenaría páginas con cálculos antes de llegar a comprender lo que estoy haciendo. Pero Edward sólo se sienta para calcular un signo menos, o un factor dos”. … Witten dice: “La mayoría de las personas que no han estudiado física probablemente piensan que lo que hacen los físicos es cuestión de cálculos increíblemente complicados, pero eso no es realmente lo esencial. Lo esencial es que la física trata de conceptos, busca comprender los conceptos, los principios mediante los que opera el mundo”.
Fuente: Kaku, Michio, Hiperespacio, España, Crítica, 1994.
Edward Witten, del Instituto para Estudio Avanzado en Princeton, New Jersey, domina el mundo de la física teórica. Witten es actualmente el “jefe de la banda”, el más brillante físico de altas energías, que marca las tendencias en la comunidad física al modo en que Picasso marcaba las tendencias en el mundo del arte. Cientos de físicos siguen su trabajo religiosamente para tener noción de sus ideas innovadoras. Un colega de Princeton, Samuel Treiman, dice: “Él nos saca una cabeza a todos los demás. Ha iniciado a grupos enteros de personas en nuevos caminos. Construye demostraciones elegantes y asombrosas que dejan a la gente boquiabierta y admirada”. Treiman concluye: “No deberíamos establecer comparaciones con Einstein con demasiada alegría, pero cuando se trata de Witten …”. …
Witten procede de una familia de físicos. Su padre es Leonard Witten, profesor de física en la Universidad de Cincinnati y una destacada autoridad en la teoría de la relatividad general de Einstein. (Su padre, de hecho, se jacta a veces de que su mayor contribución a la física fue engendrar a su hijo). Su esposa es Chiara Nappi, también física teórica en el instituto.Witten no es como los demás físicos. La mayoría de ellos comienzan su romance con la física a una edad temprana (cuando están en el instituto de enseñanza media o incluso en la escuela elemental). Witten ha desafiado muchas convenciones, al empezar con un título en historia en la Universidad Brandeis y un fuerte interés en lingüística. Después de licenciarse en 1971, trabajó en la campaña presidencial de George McGovern. McGovern le escribió incluso una carta de recomendación para una facultad universitaria. Witten había publicado artículos en The Nation y New Republic. (Scientific American, en una entrevista con Witten, comentaba: “sí, un hombre que es presumiblemente la persona más inteligente del mundo es un demócrata liberal”.) …
Pero una vez que Witten decidió escoger la física como profesión, aprendió física con pasión. Se licenció en Princeton, enseñó en Harvard, y luego fue catapultado a un puesto de profesor permanente en Princeton a la edad de veintiocho años. También recibió la prestigiosa Beca MacArthur (a veces calificada como el permio “al genio” por la prensa). Los resultados de su trabajo han afectado también profundamente al mundo de las matemáticas. En 1990, fue premiado con la Medalla Fields que, en el mundo de las matemáticas, es tan prestigiosa como el premio Nobel.
La mayor parte del tiempo, sin embargo, Witten permanece sentado y mira por la ventana, manipulando y reordenando grandes conjuntos de ecuaciones en su cabeza. Su mujer señala: “Nunca hace cálculos excepto en su mente. Yo llenaría páginas con cálculos antes de llegar a comprender lo que estoy haciendo. Pero Edward sólo se sienta para calcular un signo menos, o un factor dos”. … Witten dice: “La mayoría de las personas que no han estudiado física probablemente piensan que lo que hacen los físicos es cuestión de cálculos increíblemente complicados, pero eso no es realmente lo esencial. Lo esencial es que la física trata de conceptos, busca comprender los conceptos, los principios mediante los que opera el mundo”.
Fuente: Kaku, Michio, Hiperespacio, España, Crítica, 1994.
9/10/08
Siempre que la moral esté a salvo, la revolución también lo estará
Por Ernesto Che Guevara
Cuando empecé a estudiar medicina la mayoría de los conceptos que tengo como revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideas. Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, soñaba con trabajar infatigablemente para conseguir algo que pudiera estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad, pero en aquel momento era un triunfo personal. Era, como todos somos, un hijo del medio.
…
El cuerpo pide a gritos un colchón, pero la voluntad se opone y continúo la marcha.
…
Yo prefiero ser indio analfabeto a millonario norteamericano.
…
El entusiasmo depende de la salud y de las circunstancias, ambas me fallan.
…
La traición sigue siendo patrimonio del ejército
…
Bueno, he leído bastante a Marx. Es posible que de algún modo lo sea, pero no soy lo que puede llamarse un marxista propiamente dicho. Además no pertenezco a esa clase de hombres que caben dentro del partido comunista, porque mi modo de pensar es diferente a las aberraciones de los dirigentes.
…
Llamar comunistas a todos los que se niegan a someterse, es un viejo truco de los dictadores
…
La resistencia pasiva en América Latina no sirve, la nuestra tiene que ser activa.
…
Cuando el asma me pega duro tengo la costumbre de cavilar.
…
Los únicos privilegiados en Cuba serán los niños.
…
Pregunten lo que quieran, pero después escriban lo que se conteste
…
En los países como Perú el racionamiento se hace diferente, el que tiene dinero compra y el pobre indio se muere de hambre.
…
Contrarrevolucionario es aquel que lucha contra la revolución, pero también es contrarrevolucionario el señor que valido de su influencia consigue una casa, que después consigue dos carros, que después viola el racionamiento, que después tiene todo lo que no tiene el pueblo.
…
Es bueno fijar no solamente los principios sino también las personas que los sostienen.
…
El pueblo está con nosotros, está con nosotros. Está del todo, está un poquito, está casi nada, está en contra, pero está. Nunca no está.
…
Eso de creer que el socialismo se va a hacer sin el sacrificio de nadie, en medio de la reacción capitalista, eso es un cuento; eso es imposible.
…
Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros
…
Hay que violar algo, de vez en cuando
…
Sólo se es revolucionario cuando se está dispuesto a dejar todas las comodidades para ir a otro país a luchar
…
Mis dos debilidades fundamentales estaban satisfechas en el Congo: el tabaco, que me faltó muy poco, y la lectura, que siempre fue abundante.
…
Las malas palabras, hay que acostumbrarse a usarlas donde se pueda
...
Lo que interesan son hechos; las palabras que no concuerden con los hechos no tienen importancia.
…
Siempre que la moral esté a salvo, la revolución también lo estará.
…
Como me gustaría llegar al poder, nada más que para desenmascarar cobardes y lacayos de toda ralea y refregarles en el hocico sus cochinadas.
Fuente: Taibo II, Paco Ignacio, Ernesto Guevara también conocido como el Che, México, Planeta, 2003.
Cuando empecé a estudiar medicina la mayoría de los conceptos que tengo como revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideas. Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, soñaba con trabajar infatigablemente para conseguir algo que pudiera estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad, pero en aquel momento era un triunfo personal. Era, como todos somos, un hijo del medio.
…
El cuerpo pide a gritos un colchón, pero la voluntad se opone y continúo la marcha.
…
Yo prefiero ser indio analfabeto a millonario norteamericano.
…
El entusiasmo depende de la salud y de las circunstancias, ambas me fallan.
…
La traición sigue siendo patrimonio del ejército
…
Bueno, he leído bastante a Marx. Es posible que de algún modo lo sea, pero no soy lo que puede llamarse un marxista propiamente dicho. Además no pertenezco a esa clase de hombres que caben dentro del partido comunista, porque mi modo de pensar es diferente a las aberraciones de los dirigentes.
…
Llamar comunistas a todos los que se niegan a someterse, es un viejo truco de los dictadores
…
La resistencia pasiva en América Latina no sirve, la nuestra tiene que ser activa.…
Cuando el asma me pega duro tengo la costumbre de cavilar.
…
Los únicos privilegiados en Cuba serán los niños.
…
Pregunten lo que quieran, pero después escriban lo que se conteste
…
En los países como Perú el racionamiento se hace diferente, el que tiene dinero compra y el pobre indio se muere de hambre.
…
Contrarrevolucionario es aquel que lucha contra la revolución, pero también es contrarrevolucionario el señor que valido de su influencia consigue una casa, que después consigue dos carros, que después viola el racionamiento, que después tiene todo lo que no tiene el pueblo.
…
Es bueno fijar no solamente los principios sino también las personas que los sostienen.
…
El pueblo está con nosotros, está con nosotros. Está del todo, está un poquito, está casi nada, está en contra, pero está. Nunca no está.
…
Eso de creer que el socialismo se va a hacer sin el sacrificio de nadie, en medio de la reacción capitalista, eso es un cuento; eso es imposible.
…
Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros
…
Hay que violar algo, de vez en cuando
…
Sólo se es revolucionario cuando se está dispuesto a dejar todas las comodidades para ir a otro país a luchar
…
Mis dos debilidades fundamentales estaban satisfechas en el Congo: el tabaco, que me faltó muy poco, y la lectura, que siempre fue abundante.
…
Las malas palabras, hay que acostumbrarse a usarlas donde se pueda
...
Lo que interesan son hechos; las palabras que no concuerden con los hechos no tienen importancia.
…
Siempre que la moral esté a salvo, la revolución también lo estará.
…
Como me gustaría llegar al poder, nada más que para desenmascarar cobardes y lacayos de toda ralea y refregarles en el hocico sus cochinadas.
Fuente: Taibo II, Paco Ignacio, Ernesto Guevara también conocido como el Che, México, Planeta, 2003.
7/10/08
Y en eso llegó Fidel [audio]
Por Carlos Puebla
Aquí pensaban seguir
Ganado el ciento por ciento
Con casas y apartamentos
Y echar el pueblo a sufrir
Y seguir de modo cruel
Contra el pueblo conspirando
Para seguirlo explotando
Y en eso llegó Fidel
Y se acabó la diversión
Llegó el comandante
Y mandó a parar
Aquí pensaban seguir
Tragando y tragando tierra
Sin sospechar que en la Sierra
Se alumbraba el porvenir
Y seguir de modo cruel
La costumbre del delito
Hacer de Cuba un garito
Y en eso llegó Fidel
Aquí pensaban seguir
Diciendo que los cuatreros,
Forajidos, bandoleros
Asolaban al país
Y seguir de modo cruel
Con la infamia por escudo
Difamando a los barbudos
Y en eso llegó Fidel
Aquí pensaban seguir
Jugando a la democracia
Y el pueblo que en su desgracia
Se acabara de morir
Y seguir de modo cruel
Sin cuidarse ni la forma
Con el robo como norma
Y en eso llegó Fidel
Transcrito por Pichón
Aquí pensaban seguir
Ganado el ciento por ciento
Con casas y apartamentos
Y echar el pueblo a sufrir
Y seguir de modo cruel
Contra el pueblo conspirando
Para seguirlo explotando
Y en eso llegó Fidel
Y se acabó la diversión
Llegó el comandante
Y mandó a parar
Aquí pensaban seguir
Tragando y tragando tierra
Sin sospechar que en la Sierra
Se alumbraba el porvenir
Y seguir de modo cruel
La costumbre del delito
Hacer de Cuba un garito
Y en eso llegó Fidel
Aquí pensaban seguir
Diciendo que los cuatreros,
Forajidos, bandoleros
Asolaban al país
Y seguir de modo cruel
Con la infamia por escudo
Difamando a los barbudos
Y en eso llegó Fidel
Aquí pensaban seguir
Jugando a la democracia
Y el pueblo que en su desgracia
Se acabara de morir
Y seguir de modo cruel
Sin cuidarse ni la forma
Con el robo como norma
Y en eso llegó Fidel
Transcrito por Pichón
5/10/08
El colapso del FMI
Por Mark Weisbrot
Hay un consenso generalizado de que Washington ha perdido considerable influencia y prestigio mundial en los últimos años, principalmente debido al rechazo del mundo a su invasión a Irak, pero también debido a otros escándalos internacionales y a los abusos a los derechos humanos (centros secretos de detención como Abu Ghraib, Guantánamo, entrega extraordinaria [de prisioneros] y tortura), así como por una postura generalmente unilateral y de "con nosotros o contra nosotros" que ha sido propugnada por la administración Bush.
Existen otras razones para la decreciente influencia de Estados Unidos, y en ocasiones son factores que contribuyen de mayor manera, pero que han recibido poca atención. La más importante de estas razones es el colapso del Fondo Monetario Internacional (FMI) … Ésta era la avenida más importante para ejercer influencia en los países en desarrollo que Estados Unidos tuvo durante las últimas tres décadas. El FMI se posicionó, mediante un acuerdo informal, a la cabeza de un cártel de acreedores. A los gobiernos que no llegaban a acuerdos con el Fondo sobre diversas políticas, se les negaba en la mayoría de los casos el crédito, no sólo del FMI sino también del Banco Mundial (que es más grande), así como de otros prestamistas multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo, de los gobiernos de los países ricos y en ocasiones, incluso del sector privado. Esto dio a Washington, que ha dominado al FMI desde su creación en 1944, una poderosa palanca para promover toda una serie de reformas económicas en los países en desarrollo.
A lo largo de la última década esta palanca se colapsó virtualmente entre los países de ingresos medios. Aunque algunos países pobres, especialmente en África, siguen sometidos a las condiciones del FMI, la mayoría de los países de ingresos medios ya no lo están. En los últimos cuatro años, la cartera total de créditos del FMI se redujo de 105 mil millones de dólares a menos de 10 mil millones de dólares. Dicha organización opera actualmente con un déficit anual de 400 millones de dólares y ha sido obligada a reducir su tamaño.
El colapso del FMI contribuyó grandemente a la pérdida de influencia de Washington en América Latina. Y ahora la mayoría de los gobiernos de la región son más independientes de Washington que Europa. Esto obedece también al hecho de que en la última década han sido elegidos gobiernos de centro izquierda en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Uruguay, y Venezuela. Una de las causas más importantes de esta revuelta en las urnas ha sido el fracaso de las políticas económicas neoliberales que fueron promovidas activamente por Washington y por las instituciones multilaterales donde ejerce su dominio, como el FMI, el Banco Mundial y el BID. De 1960 a 1980, el ingreso per cápita de la región creció en un 82 por ciento. De 1980 al 2000 creció únicamente 9 por ciento y a pesar de unos cuantos años buenos recientemente, ha acumulado un crecimiento de apenas 14 por ciento en esta década. Aún si se ignora la distribución del ingreso, que es la más desigual en el mundo y que ha empeorado en algunos países, el fracaso en el crecimiento de largo plazo y el desarrollo económico de América Latina en la era neoliberal no tiene precedentes en la historia moderna
Fuente: http://www.cepr.net/documents/publications/us_world_2008_09_spanish.pdf
Existen otras razones para la decreciente influencia de Estados Unidos, y en ocasiones son factores que contribuyen de mayor manera, pero que han recibido poca atención. La más importante de estas razones es el colapso del Fondo Monetario Internacional (FMI) … Ésta era la avenida más importante para ejercer influencia en los países en desarrollo que Estados Unidos tuvo durante las últimas tres décadas. El FMI se posicionó, mediante un acuerdo informal, a la cabeza de un cártel de acreedores. A los gobiernos que no llegaban a acuerdos con el Fondo sobre diversas políticas, se les negaba en la mayoría de los casos el crédito, no sólo del FMI sino también del Banco Mundial (que es más grande), así como de otros prestamistas multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo, de los gobiernos de los países ricos y en ocasiones, incluso del sector privado. Esto dio a Washington, que ha dominado al FMI desde su creación en 1944, una poderosa palanca para promover toda una serie de reformas económicas en los países en desarrollo.A lo largo de la última década esta palanca se colapsó virtualmente entre los países de ingresos medios. Aunque algunos países pobres, especialmente en África, siguen sometidos a las condiciones del FMI, la mayoría de los países de ingresos medios ya no lo están. En los últimos cuatro años, la cartera total de créditos del FMI se redujo de 105 mil millones de dólares a menos de 10 mil millones de dólares. Dicha organización opera actualmente con un déficit anual de 400 millones de dólares y ha sido obligada a reducir su tamaño.
El colapso del FMI contribuyó grandemente a la pérdida de influencia de Washington en América Latina. Y ahora la mayoría de los gobiernos de la región son más independientes de Washington que Europa. Esto obedece también al hecho de que en la última década han sido elegidos gobiernos de centro izquierda en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Uruguay, y Venezuela. Una de las causas más importantes de esta revuelta en las urnas ha sido el fracaso de las políticas económicas neoliberales que fueron promovidas activamente por Washington y por las instituciones multilaterales donde ejerce su dominio, como el FMI, el Banco Mundial y el BID. De 1960 a 1980, el ingreso per cápita de la región creció en un 82 por ciento. De 1980 al 2000 creció únicamente 9 por ciento y a pesar de unos cuantos años buenos recientemente, ha acumulado un crecimiento de apenas 14 por ciento en esta década. Aún si se ignora la distribución del ingreso, que es la más desigual en el mundo y que ha empeorado en algunos países, el fracaso en el crecimiento de largo plazo y el desarrollo económico de América Latina en la era neoliberal no tiene precedentes en la historia moderna
Fuente: http://www.cepr.net/documents/publications/us_world_2008_09_spanish.pdf
3/10/08
Cerebros acosados por demonios
Por Michael Shermer
Hace quinientos años los demonios habitaban nuestro mundo: íncubos y súcubos que atormentaban a sus víctimas mientras dormían; hace dos siglos existían aparecidos: fantasmas y espíritus que las acosaban durante la noche, y en el siglo pasado los extraterrestres hicieron su aparición: seres grises y verdosos que abducen humanos para examinarlos y punzarlos con agujas. Hoy en día la gente habla de experiencias extracorporales, de levitar sobre sus lechos. Pero, ¿qué está pasando?, ¿éstas elusivas criaturas y estos misteriosos fenómenos ocurren en el mundo real, o sólo en nuestra mente? Nuevas evidencias refuerzan la opinión de que en realidad todo es producto de ésta última. El neurólogo Michael Presinger, en su laboratorio de la Laurentian University de Sudbury, Canadá, puede inducir tales percepciones sometiendo los lóbulos temporales de sujetos de estudio a determinados patrones de campos magnéticos.
En el número del 19 de septiembre de 2002 de la revista Nature, se reporta que el neurólogo Olaf Blanks y sus colegas del Hospital de la Universidad de Ginebra, en Suiza, produjeron experiencias extracorporales estimulando eléctricamente la circunvolución angular derecha del lóbulo temporal de una mujer de 43 años que padecía severamente de epilepsia. Una leve estimulación inicial le hizo sentir que “se hundía en la cama”, o que “caía desde una altura”. Cuando se le aplicó una estimulación más intensa, dijo: “me veo a mí misma dese arriba, recostada en la cama, aunque sólo puedo ver mis piernas y la parte inferior de mi tronco”. En otro experimento se le indujo “una instantánea sensación de ‘ligereza’ y de ‘estar flotando’ a dos metros sobre la cama, cerca del techo”.
En el libro publicado en 2001, Why God Won’t Go Away, se cita un estudio afín. En él, Andrew Newberg del Centro Médico de la Universidad de Pensilvania y el difunto Eugene D’Aquili, comentaban que cuando se escanea el cerebro de monjes budistas en meditación y de monjas franciscanas orando, se observa una asombrosa baja de la actividad cerebral en la parte postero-superior del lóbulo parietal, región que los autores han designado como área de orientación y asociación (AOA), la cual ayuda al cuerpo a orientarse en el espacio. Si una persona tiene dañada esta área se le dificulta desplazarse por una casa, pero si funciona bien se establece una clara distinción entre el yo y los demás. Cuando la AOA está en receso, como sucede durante una profunda meditación o al orar, esta división desaparece y la frontera que separa el estar en el cuerpo y fuera de él se desdibuja.
En su número del 15 de septiembre de 2001, la revista Lancet publicó un estudio realizado en los Países Bajos según el cual el 12 por ciento de 344 pacientes cardiacos, que resucitaron de la muerte clínica, mencionaron haber tenido experiencias cercanas a la muerte. Algunos sintieron que estaban fuera de su cuerpo, otros vieron una luz al final de un túnel; hubo incluso quienes manifestaron haber hablado con familiares ya fallecidos. Dado que a diario recibimos estímulos externos, cuando una parte del cerebro produce de manera anómala estas ilusiones, otra los interpreta como hechos ocurridos externamente y, por lo tanto, lo que anormal se interpreta como paranormal.
Estos estudios son los últimos en “romper lanzas” contra la creencia de que la mente y el alma está separadas del cerebro y el cuerpo. En realidad, en toda experiencia media el cerebro, amplias áreas de éste (la corteza, por ejemplo) coordinan los datos provenientes de áreas cerebrales más pequeñas, como los lóbulos temporales, los cuales comparan los incidentes neuronales producidos en módulos cerebrales aún de menor tamaño, como es la circunvolución angular. Desde luego que no somos conscientes del funcionamiento de nuestros sistemas electroquímicos, lo que experimentamos es lo que los filósofos denominan cualidades, o estados subjetivos de pensamiento y sensación producidos por la concatenación de incidentes neuronales.
Lo paranormal y lo sobrenatural están predestinados a quedar incluidos en lo normal y lo natural. De hecho, no existe lo paranormal ni lo sobrenatural; lo único que existe es lo normal, lo natural y los misterios que aguardan explicación. Es tarea de la ciencia, no de la seudociencia, resolver estos enigmas a partir de explicaciones naturales, no sobrenaturales.
Fuente: Shermer, M. (2003), “Cerebros acosados por demonios”, Scientific American México (mayo), p. 22.
Hace quinientos años los demonios habitaban nuestro mundo: íncubos y súcubos que atormentaban a sus víctimas mientras dormían; hace dos siglos existían aparecidos: fantasmas y espíritus que las acosaban durante la noche, y en el siglo pasado los extraterrestres hicieron su aparición: seres grises y verdosos que abducen humanos para examinarlos y punzarlos con agujas. Hoy en día la gente habla de experiencias extracorporales, de levitar sobre sus lechos. Pero, ¿qué está pasando?, ¿éstas elusivas criaturas y estos misteriosos fenómenos ocurren en el mundo real, o sólo en nuestra mente? Nuevas evidencias refuerzan la opinión de que en realidad todo es producto de ésta última. El neurólogo Michael Presinger, en su laboratorio de la Laurentian University de Sudbury, Canadá, puede inducir tales percepciones sometiendo los lóbulos temporales de sujetos de estudio a determinados patrones de campos magnéticos.En el número del 19 de septiembre de 2002 de la revista Nature, se reporta que el neurólogo Olaf Blanks y sus colegas del Hospital de la Universidad de Ginebra, en Suiza, produjeron experiencias extracorporales estimulando eléctricamente la circunvolución angular derecha del lóbulo temporal de una mujer de 43 años que padecía severamente de epilepsia. Una leve estimulación inicial le hizo sentir que “se hundía en la cama”, o que “caía desde una altura”. Cuando se le aplicó una estimulación más intensa, dijo: “me veo a mí misma dese arriba, recostada en la cama, aunque sólo puedo ver mis piernas y la parte inferior de mi tronco”. En otro experimento se le indujo “una instantánea sensación de ‘ligereza’ y de ‘estar flotando’ a dos metros sobre la cama, cerca del techo”.
En el libro publicado en 2001, Why God Won’t Go Away, se cita un estudio afín. En él, Andrew Newberg del Centro Médico de la Universidad de Pensilvania y el difunto Eugene D’Aquili, comentaban que cuando se escanea el cerebro de monjes budistas en meditación y de monjas franciscanas orando, se observa una asombrosa baja de la actividad cerebral en la parte postero-superior del lóbulo parietal, región que los autores han designado como área de orientación y asociación (AOA), la cual ayuda al cuerpo a orientarse en el espacio. Si una persona tiene dañada esta área se le dificulta desplazarse por una casa, pero si funciona bien se establece una clara distinción entre el yo y los demás. Cuando la AOA está en receso, como sucede durante una profunda meditación o al orar, esta división desaparece y la frontera que separa el estar en el cuerpo y fuera de él se desdibuja.
En su número del 15 de septiembre de 2001, la revista Lancet publicó un estudio realizado en los Países Bajos según el cual el 12 por ciento de 344 pacientes cardiacos, que resucitaron de la muerte clínica, mencionaron haber tenido experiencias cercanas a la muerte. Algunos sintieron que estaban fuera de su cuerpo, otros vieron una luz al final de un túnel; hubo incluso quienes manifestaron haber hablado con familiares ya fallecidos. Dado que a diario recibimos estímulos externos, cuando una parte del cerebro produce de manera anómala estas ilusiones, otra los interpreta como hechos ocurridos externamente y, por lo tanto, lo que anormal se interpreta como paranormal.
Estos estudios son los últimos en “romper lanzas” contra la creencia de que la mente y el alma está separadas del cerebro y el cuerpo. En realidad, en toda experiencia media el cerebro, amplias áreas de éste (la corteza, por ejemplo) coordinan los datos provenientes de áreas cerebrales más pequeñas, como los lóbulos temporales, los cuales comparan los incidentes neuronales producidos en módulos cerebrales aún de menor tamaño, como es la circunvolución angular. Desde luego que no somos conscientes del funcionamiento de nuestros sistemas electroquímicos, lo que experimentamos es lo que los filósofos denominan cualidades, o estados subjetivos de pensamiento y sensación producidos por la concatenación de incidentes neuronales.
Lo paranormal y lo sobrenatural están predestinados a quedar incluidos en lo normal y lo natural. De hecho, no existe lo paranormal ni lo sobrenatural; lo único que existe es lo normal, lo natural y los misterios que aguardan explicación. Es tarea de la ciencia, no de la seudociencia, resolver estos enigmas a partir de explicaciones naturales, no sobrenaturales.
Fuente: Shermer, M. (2003), “Cerebros acosados por demonios”, Scientific American México (mayo), p. 22.
1/10/08
La leyenda de la maldición del Che
Por Paco Ignacio Taibo II
En los siguientes quince años, bajo el signo de una serie de sorprendentes casualidades, sin duda atribuibles a que los personajes involucrados vivían en tiempos inciertos y al filo de la navaja, la mayoría de aquellos que tuvieron que ver con la captura, la orden del asesinato y la desaparición del cadáver de Ernesto Guevara, sufrieron extraños accidentes mortales en helicópteros o automóviles, fueron ajusticiados por los herederos de la guerrilla, deportados, se enfermaron misteriosamente, fueron tiroteados, victimados por grupos terroristas de la izquierda fanstasmagórica o de la derecha más cavernícola o asesinados a palos por sus propios ex compañeros.
Como si el fantasma del Che retorna a pedir cuentas a sus asesinos, una sistemática ola de violencia fue tocando uno a uno a casi todos los participantes en los acontecimientos. No es pues sorprendente que este cúmulo de casualidades diera nacimiento a la leyenda de la maldición del Che, que según el rumor o la conseja popular hubiera organizado desde el más allá la coordinación de estos accidentes, atentados y enfermedades; un segundo rumor, sin ninguna prueba que lo apoyara, atribuyó a los servicios secretos cubanos una operación de venganza internacional.
…
Repasemos:
Honorato Rojas se volvió figura pública tras aquella fotografía en que el vicepresidente Siles lo felicitaba por haber delatado a la guerrilla y haber conducido al grupo de Tania y Vilo Acuña a la emboscada en el vado del Yeso, una foto patética, con Honorato vestido de ranger, con una gorra que le quedaba grande y su hija de año y medio en los brazos.
El 14 de julio del 69, un comando del renacido ELN lo ajustició de dos disparos en la cabeza. Vivía a unos kilómetros de Santa Cruz en un ranchito de cinco hectáreas que le había regalado Barrientos.
Y sería el propio general René Barrientos el segundo en caer. Presidente de Bolivia, y el que confirmó la orden de ajusticiamiento del Che, menos de un año más tarde moría carbonizado al desplomarse cerca de la población de Arque el helicóptero en que viajaba el 29 de abril del 69. El accidente nunca ha podido ser explicado. El rumor acusó a su viejo compañero, el general Ovando, de estar detrás del asesinato, en un momento en que Barrientos preparaba un autogolpe de estado para librarse de oposiciones internas y externas. Por cierto que Ovando fue arrojado en 1970 del palacio presidencial, al que había llegado, gracias a un golpe militar contra el sustituto de Barrientos por otro militar, el general Miranda.
El escritor Jorge Gallardo, quien estuvo en estrecho contacto con la cúpula militar que protagonizó el golpe progresista de Torres años después de los sucesos, contaba: “Tres años después de la muerte del Che, la superstición popular presagiaba que desde su tumba se llevaría consigo a los responsables de su muerte”. Y un par de historiadores cubanos que recorrieron el sur de Bolivia en la zona donde operó la guerrilla del Che, registraban: “A partir de estas creencias comenzó a circular entre los militares bolivianos y sus familiares una carta cadena, la cual decía que la muerte de Barrientos era un castigo de dios y que a todos los culpables del asesinato del Che una grave desgracias les esperaba. Para poder salvarse recomendaba rezar tres padres nuestros y tres aves marías. Había que reproducirla en nueve copias y enviarla a igual cantidad de destinatarios”.
O bien las copias de la carta cadena resultaron insuficientes, o bien los actos se sucedían sin ninguna coordinación, el caso es que poco después del “accidente” de Barrientos una nueva muerte colaboró a que el rumor siguiera creciendo: el 10 de octubre de 1970, un día después del tercer aniversario de la muerte del Che, falleció en un accidente de automóvil el teniente Eduardo Huerta, quien había sido el primer oficial que participó en la captura.
La cadena prosiguió con el violento asesinato del coronel Andrés Selich, quien fue uno de los pocos militares de alta graduación que entrevistó al Che en la escuela de La Higuera y trató de vejarlo. Al principio de la década de los 70, bajo el gobierno de Bánzer, de quien había sido ministro del Interior, fue muerto a palos en una sesión de “interrogatorio” realizada por agentes de seguridad militar, cuando lo sorprendieron fraguando uno más de la cadena de golpes de estado que componen la historia de Bolivia.
Poco después el coronel Roberto Quintanilla, quien como jefe de inteligencia del Ministerio del interior presenció la amputación de las manos del cadáver del Che para su posterior identificación y años más tarde fue el asesino material de Inti Peredo, fue ajusticiado en Hamburgo en abril del 71 por una militante del ELN, Mónica Earlt. Presentándose como una ciudadana alemana que requería una visa para Bolivia, Mónica entró en el consulado, solicitó ver al coronel Quintanilla y llevada a su presencia lo mató de dos tiros en el pecho, desapareciendo inmune tras la operación.
La “maldición” del Che no sólo era portada por militantes revolucionarios, a veces cobraba una forma diferente: el agente de la CIA que identificó al Che y luego fotografió su diario, Félix Rodríguez, a su regreso a Miami comenzó a sufrir de asma, a pesar de que el asma suele manifestarse en la infancia y él no tenía antecedentes de haber sufrido nunca esa enfermedad. “Cuando llegué aquí a Miami (…) acabé con un ataque de asma. Me hicieron pruebas de alergia de todo tipo y nada salió positivo. Concluyeron que era o la maldición del Che o algo sicológico, lo mismo me daba en climas secos que húmedos, fríos que calurosos.”
El mayor Juan Ayora, cuyos rangers actuaron en la fase final de la campaña contra el Che e intervinieron en su captura y muerte, fue deportado por el gobierno Bánzer a fines de septiembre del 72.
Juan José Torres, quien era jefe del estado mayor del ejército boliviano durante la campaña del Che y suscribió la orden de ejecución, llegó años más tarde al poder, del que fue expulsado por un golpe militar de signo conservador y el 12 de febrero del 76 cayó asesinado de tres balazos en la cabeza por la ultraderechista Triple A en Buenos Aires.
Dos meses más tarde, en mayo del 76, en el extremo opuesto del espectro político, fue el general Joaquín Zenteno Anaya, quien siendo comandante de la VIII división transmitió la orden de ejecutar al Che, el que fue ajusticiado a balazos en París cuando ejercía las funciones de embajador de Bolivia, por un efímero comando autonombrado Brigada nacionalista Che Guevara que nunca volvió a actuar después de esta operación. Zenteno recibió tres tiros a quemarropa de calibre 7.65 ante la puerta de su oficina. Los investigadores lo relacionaron con que había sido acusado públicamente de proteger a viejos nazis ocultos en Bolivia, como Barbie.
El capitán Vargas, al mando de la emboscada de Vado del Yeso y que después se hizo cargo de ocultar el cadáver del Che y sus compañeros, sufrió trastornos sicológicos porque “los muertos lo perseguían, venían a buscarlo”.
Gary Prado Salomón, el capitán que capturó al Che, sufrió una herida de bala que le perforó los dos pulmones y le lesionó la columna vertebral dejándolo paralítico, cuando se enfrentaba a la ocupación de un campamento petrolero en Santa Cruz por un grupo fascista a principios del 81. Curiosamente, el tiro se le dio accidentalmente uno de sus propios soldados cuyo nombre nunca fue dado a conocer.
Veinte años después de los sucesos, el ex ministro del Interior Antonio Arguedas cumplía ocho años de cárcel en una cárcel boliviana por el secuestro de un comerciante, tras haber sido tiroteado y bombardeado por desconocidos a fines de la década de los 60. En el año 2000, según noticias del general Arana, murió en La Paz a causa de un bombazo.
Poco se sabe sobre el destino del suboficial Mario Terán; aunque se ha dicho en algunos periódicos que vaga alcoholizado por las calles de Cochabamba, perseguido en sus pesadillas por la imagen del Che y que, al igual que el sargento Bernardino Huanca, ha tenido que someterse a frecuentes tratamientos siquiátricos.
Fuente: Taibo II, Paco Ignacio, Ernesto Guevara también conocido como el Che, México, Planeta, 2003.
En los siguientes quince años, bajo el signo de una serie de sorprendentes casualidades, sin duda atribuibles a que los personajes involucrados vivían en tiempos inciertos y al filo de la navaja, la mayoría de aquellos que tuvieron que ver con la captura, la orden del asesinato y la desaparición del cadáver de Ernesto Guevara, sufrieron extraños accidentes mortales en helicópteros o automóviles, fueron ajusticiados por los herederos de la guerrilla, deportados, se enfermaron misteriosamente, fueron tiroteados, victimados por grupos terroristas de la izquierda fanstasmagórica o de la derecha más cavernícola o asesinados a palos por sus propios ex compañeros.
Como si el fantasma del Che retorna a pedir cuentas a sus asesinos, una sistemática ola de violencia fue tocando uno a uno a casi todos los participantes en los acontecimientos. No es pues sorprendente que este cúmulo de casualidades diera nacimiento a la leyenda de la maldición del Che, que según el rumor o la conseja popular hubiera organizado desde el más allá la coordinación de estos accidentes, atentados y enfermedades; un segundo rumor, sin ninguna prueba que lo apoyara, atribuyó a los servicios secretos cubanos una operación de venganza internacional.
…
Repasemos:
Honorato Rojas se volvió figura pública tras aquella fotografía en que el vicepresidente Siles lo felicitaba por haber delatado a la guerrilla y haber conducido al grupo de Tania y Vilo Acuña a la emboscada en el vado del Yeso, una foto patética, con Honorato vestido de ranger, con una gorra que le quedaba grande y su hija de año y medio en los brazos.
El 14 de julio del 69, un comando del renacido ELN lo ajustició de dos disparos en la cabeza. Vivía a unos kilómetros de Santa Cruz en un ranchito de cinco hectáreas que le había regalado Barrientos.
Y sería el propio general René Barrientos el segundo en caer. Presidente de Bolivia, y el que confirmó la orden de ajusticiamiento del Che, menos de un año más tarde moría carbonizado al desplomarse cerca de la población de Arque el helicóptero en que viajaba el 29 de abril del 69. El accidente nunca ha podido ser explicado. El rumor acusó a su viejo compañero, el general Ovando, de estar detrás del asesinato, en un momento en que Barrientos preparaba un autogolpe de estado para librarse de oposiciones internas y externas. Por cierto que Ovando fue arrojado en 1970 del palacio presidencial, al que había llegado, gracias a un golpe militar contra el sustituto de Barrientos por otro militar, el general Miranda.
El escritor Jorge Gallardo, quien estuvo en estrecho contacto con la cúpula militar que protagonizó el golpe progresista de Torres años después de los sucesos, contaba: “Tres años después de la muerte del Che, la superstición popular presagiaba que desde su tumba se llevaría consigo a los responsables de su muerte”. Y un par de historiadores cubanos que recorrieron el sur de Bolivia en la zona donde operó la guerrilla del Che, registraban: “A partir de estas creencias comenzó a circular entre los militares bolivianos y sus familiares una carta cadena, la cual decía que la muerte de Barrientos era un castigo de dios y que a todos los culpables del asesinato del Che una grave desgracias les esperaba. Para poder salvarse recomendaba rezar tres padres nuestros y tres aves marías. Había que reproducirla en nueve copias y enviarla a igual cantidad de destinatarios”.O bien las copias de la carta cadena resultaron insuficientes, o bien los actos se sucedían sin ninguna coordinación, el caso es que poco después del “accidente” de Barrientos una nueva muerte colaboró a que el rumor siguiera creciendo: el 10 de octubre de 1970, un día después del tercer aniversario de la muerte del Che, falleció en un accidente de automóvil el teniente Eduardo Huerta, quien había sido el primer oficial que participó en la captura.
La cadena prosiguió con el violento asesinato del coronel Andrés Selich, quien fue uno de los pocos militares de alta graduación que entrevistó al Che en la escuela de La Higuera y trató de vejarlo. Al principio de la década de los 70, bajo el gobierno de Bánzer, de quien había sido ministro del Interior, fue muerto a palos en una sesión de “interrogatorio” realizada por agentes de seguridad militar, cuando lo sorprendieron fraguando uno más de la cadena de golpes de estado que componen la historia de Bolivia.
Poco después el coronel Roberto Quintanilla, quien como jefe de inteligencia del Ministerio del interior presenció la amputación de las manos del cadáver del Che para su posterior identificación y años más tarde fue el asesino material de Inti Peredo, fue ajusticiado en Hamburgo en abril del 71 por una militante del ELN, Mónica Earlt. Presentándose como una ciudadana alemana que requería una visa para Bolivia, Mónica entró en el consulado, solicitó ver al coronel Quintanilla y llevada a su presencia lo mató de dos tiros en el pecho, desapareciendo inmune tras la operación.
La “maldición” del Che no sólo era portada por militantes revolucionarios, a veces cobraba una forma diferente: el agente de la CIA que identificó al Che y luego fotografió su diario, Félix Rodríguez, a su regreso a Miami comenzó a sufrir de asma, a pesar de que el asma suele manifestarse en la infancia y él no tenía antecedentes de haber sufrido nunca esa enfermedad. “Cuando llegué aquí a Miami (…) acabé con un ataque de asma. Me hicieron pruebas de alergia de todo tipo y nada salió positivo. Concluyeron que era o la maldición del Che o algo sicológico, lo mismo me daba en climas secos que húmedos, fríos que calurosos.”
El mayor Juan Ayora, cuyos rangers actuaron en la fase final de la campaña contra el Che e intervinieron en su captura y muerte, fue deportado por el gobierno Bánzer a fines de septiembre del 72.
Juan José Torres, quien era jefe del estado mayor del ejército boliviano durante la campaña del Che y suscribió la orden de ejecución, llegó años más tarde al poder, del que fue expulsado por un golpe militar de signo conservador y el 12 de febrero del 76 cayó asesinado de tres balazos en la cabeza por la ultraderechista Triple A en Buenos Aires.
Dos meses más tarde, en mayo del 76, en el extremo opuesto del espectro político, fue el general Joaquín Zenteno Anaya, quien siendo comandante de la VIII división transmitió la orden de ejecutar al Che, el que fue ajusticiado a balazos en París cuando ejercía las funciones de embajador de Bolivia, por un efímero comando autonombrado Brigada nacionalista Che Guevara que nunca volvió a actuar después de esta operación. Zenteno recibió tres tiros a quemarropa de calibre 7.65 ante la puerta de su oficina. Los investigadores lo relacionaron con que había sido acusado públicamente de proteger a viejos nazis ocultos en Bolivia, como Barbie.
El capitán Vargas, al mando de la emboscada de Vado del Yeso y que después se hizo cargo de ocultar el cadáver del Che y sus compañeros, sufrió trastornos sicológicos porque “los muertos lo perseguían, venían a buscarlo”.
Gary Prado Salomón, el capitán que capturó al Che, sufrió una herida de bala que le perforó los dos pulmones y le lesionó la columna vertebral dejándolo paralítico, cuando se enfrentaba a la ocupación de un campamento petrolero en Santa Cruz por un grupo fascista a principios del 81. Curiosamente, el tiro se le dio accidentalmente uno de sus propios soldados cuyo nombre nunca fue dado a conocer.
Veinte años después de los sucesos, el ex ministro del Interior Antonio Arguedas cumplía ocho años de cárcel en una cárcel boliviana por el secuestro de un comerciante, tras haber sido tiroteado y bombardeado por desconocidos a fines de la década de los 60. En el año 2000, según noticias del general Arana, murió en La Paz a causa de un bombazo.
Poco se sabe sobre el destino del suboficial Mario Terán; aunque se ha dicho en algunos periódicos que vaga alcoholizado por las calles de Cochabamba, perseguido en sus pesadillas por la imagen del Che y que, al igual que el sargento Bernardino Huanca, ha tenido que someterse a frecuentes tratamientos siquiátricos.
Fuente: Taibo II, Paco Ignacio, Ernesto Guevara también conocido como el Che, México, Planeta, 2003.
29/09/08
El Necio [audio]
Por Silvio Rodríguez
Para no hacer de mi ícono pedazos
Para salvarme entre únicos e impares
Para ceder mi lugar en su parnaso
Para darme un rinconcito en sus altares
Me vienen a convidar arrepentirme
Me vienen a convidar a que no pierda
Me vienen a convidar a indefinirme
Me vienen a convidar a tanta mierda
Yo no sé lo que es el destino
Caminando fui lo que fui
Allá dios que será divino
Yo me muero como viví
Yo quiero seguir jugando a lo perdido
Yo quiero ser a la zurda más que diestro
Yo quiero hacer un congreso del unido
Yo quiero rezar a fondo un hijo nuestro
Dirán que paso de moda la locura
Dirán que la gente es mala y no merece
Mas yo partiré soñando travesuras
Acaso multiplicar panes y peces
Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
Cuando la revolución se venga abajo
Que machacarán mis manos y mi boca
Que me arrancarán los ojos y el badajo
Será que la necedad parió conmigo
La necedad de lo que hoy resulta necio
La necedad de asumir al enemigo
La necedad de vivir sin tener precio
Transcrito por Pichón
Para no hacer de mi ícono pedazos
Para salvarme entre únicos e impares
Para ceder mi lugar en su parnaso
Para darme un rinconcito en sus altares
Me vienen a convidar arrepentirme
Me vienen a convidar a que no pierda
Me vienen a convidar a indefinirme
Me vienen a convidar a tanta mierda
Yo no sé lo que es el destino
Caminando fui lo que fui
Allá dios que será divino
Yo me muero como viví
Yo quiero seguir jugando a lo perdido
Yo quiero ser a la zurda más que diestro
Yo quiero hacer un congreso del unido
Yo quiero rezar a fondo un hijo nuestro
Dirán que paso de moda la locura
Dirán que la gente es mala y no merece
Mas yo partiré soñando travesuras
Acaso multiplicar panes y peces
Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
Cuando la revolución se venga abajo
Que machacarán mis manos y mi boca
Que me arrancarán los ojos y el badajo
Será que la necedad parió conmigo
La necedad de lo que hoy resulta necio
La necedad de asumir al enemigo
La necedad de vivir sin tener precio
Transcrito por Pichón
27/09/08
Puedo escribir los versos más tristes
Por Pablo Neruda
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
So voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me cause,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Fuente: Neruda, Pablo, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Buenos Aires, Sol 90, 2003.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
So voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me cause,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Fuente: Neruda, Pablo, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Buenos Aires, Sol 90, 2003.
24/09/08
La mente más poderosa
Por José Manuel Sánchez Ron
Pretender saber algo de ciencia e ignorar quién fue Isaac Newton, es tanto como tener sed y no beber agua. Newton fue el grande entre los grandes, la mente más poderosa –científica, sin duda, pero acaso también desde cualquier punto de vista– que ha conocido la historia. Físico, matemático, químico/alquimista, teólogo, historiador; apasionado y genial perseguidor de los arcanos del conocimiento.
Tendemos a contemplar a Newton como el paradigma del científico en el sentido moderno, como el estudioso de los fenómenos naturales, y aunque esta caracterización de aquel inglés irascible y poco dado a compartir sus conocimientos no deja de ser cierta, también se encuentra fundamentalmente desenfocada. En uno de los ensayos más vibrantes y apasionados que he leído a lo largo de mi vida, el economista John Maynard Keynes (1883-1946) le caracterizó –y algo de razón tenía– como el “último de los magos, el último de los babilonios y de los sumerios, la última de las grandes mentes que contempló el mundo visible e intelectual con los mismo ojos que de aquellos que empezaron a construir nuestra heredad intelectual, hace casi diez mil años”.
Es evidente, sin embargo, que semejante caracterización contiene elementos inaceptables. Newton introdujo en el análisis de los fenómenos naturales –de los físicos especialmente– un método radicalmente nuevo; un método que si ya lo distinguía de sus predecesores más cercanos (como Galileo, Descartes [1596-1650] o Kepler [1571-1630]), más le separaba aún de todos aquellos que habían empezado, milenios antes, a “construir nuestra heredad intelectual”. El delicado equilibrio e interrelación entre observación experimental y representación teórico-matemática, la prodigiosa habilidad para reducir los problemas físicos a cuestiones matemáticas, para tratarlos como tales y aplicar luego los resultados así obtenidos a la investigación empírica, todo esto –la esencia del método científico moderno y contemporáneo–, es algo que nadie de sus contemporáneos o precursores logró.
En este sentido, ciertamente no contempló el mundo físico de la misma manera que los antiguos. Y, no obstante, a pesar de tales diferencias las frases de Keynes –que llegó a reunir una de las colecciones más importantes de manuscritos “no científicos” newtonianos– contienen algo de verdad, tocando la esencia del pensamiento del catedrático lucasiano de la Universidad de Cambridge. Este elemento de verdad se aprecia con mayor claridad cuando, más adelante en su ensayo, Keynes explica los calificativos que había aplicado a Newton:
¿Por qué lo llamo mago? Porque contemplaba el universo y todo lo que en él se contiene como un enigma, como un secreto que podía leerse aplicando el pensamiento puro a cierta evidencia, a ciertos indicios místicos que Dios había diseminado por el mundo para permitir una especie de búsqueda del tesoro filosófico a la hermandad esotérica. Creía que una parte de dichos indicios debía encontrarse en la evidencia de los cielos y en la constitución de los elementos (y esto es lo que erróneamente sugiere que fuera un filósofo experimental natural); y la otra, en cierto escritos y tradiciones transmitidos por los miembros de una hermandad, en una cadena ininterrumpida desde la original revelación críptica, en Babilonia. Consideraba al Universo como un criptograma trazado por el Todopoderoso.
Basta, en efecto, pasar revista a los manuscritos que dejó para comprender dónde residían, efectivamente, sus intereses. Hasta el punto que no sería totalmente descabellado formularse la pregunta de por qué uno de los mayores teólogos antitrinitarios del siglo XVII utilizó parte de su tiempo para escribir trabajos sobre ciencia natural, como Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (1687).
La ambición intelectual de Newton fue tal que no podía conformarse –aunque aparentemente lo hiciera (de ahí su engañosa frase “Hipotheses non fingo” [“No hago hipótesis”])– con otra cosa que no fuese la causa última, la explicación definitiva de todo lo que vemos ocurre en la Naturaleza. Y él situaba a Dios en ese lugar. De ahí su profundo y sostenido interés por los temas teológicos e histórico-religiosos, que aflora sólo muy ocasionalmente en alguno de sus tratados científicos … como en el “Escolio General” que añadió a la segunda edición de los Principia, o los últimos párrafos de la “Cuestión 31” de la Óptica (1704), el libro en el que desveló numerosas propiedades de la luz –que él creía formada por pequeños corpúsculos– hasta entonces ignoradas (como el que la luz blanca está compuesta en realidad por colores “simples” o “elementales”).
Aunque sin duda es sorprendente que el maestro de la racionalidad matemático-experimental buscase los secretos de la naturaleza fuera de ésta, lo cierto es que Newton creía que el mensaje divino que había estado alguna vez en las Sagradas Escrituras (eso sí, en las versiones no corrompidas) contenía también la explicación del funcionamiento de la naturaleza. Por ello, buscó las creencias religiosas de los antiguos, y escribió miles de páginas en las que pugnaba por reconstruir la verdadera religión, páginas que incluyen también libros, como Observations upon the Prophecies of Holy Writ particularly the Prophecies of Daniel and the Apocalypse of St. John, que sólo vería la luz pública en 1733, seis años después de que hubiese muerto.
Pero … no es del Newton teólogo e historiador del que hay que hablar, por mucho, insisto, que sólo existiera un Newton, al que prejuicios falsamente científicos, han dividido en parcelas aparentemente inconexas, convirtiendo sus intereses teológico-históricos en algo así como las inevitables –y si es posible inconfesables– extravagancias de un genio. Hay que referirse a aquel del que Voltaire (1694-1778) –un ferviente newtoniano– escribió (en su Diccionario filosófico): “Inventó el cálculo que se llama del infinito; descubrió y demostró el principio nuevo que hace mover toda la naturaleza. No se conoció la luz antes de que él la estudiara, sólo se tenía de ella ideas confusas y falsas. Inventó los telescopios de reflexión.”
Entre las joyas científicas newtonianas, hay una que sobresale entre todas: el ya citado Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (Principios matemáticos de la filosofía natural), el libro científico más importante jamás escrito. Los Principia contienen la esencia de la dinámica (la rama de la física que se ocupa del movimiento de los cuerpos), tal y como sería aceptada hasta 1905, cuando Albert Einstein desarrolló una teoría –la relatividad especial– que hacía de la formulación newtoniana un caso particular (para velocidades pequeñas comparadas con la de la luz). Para la mayoría de los fenómenos físicos que observamos seguimos utilizando todavía las tres leyes clásicas de la mecánica newtoniana, aquellas que nos dicen que: 1) en ausencia de fuerzas, todos los cuerpos continúan en su estado de reposo o de movimiento uniforme en línea recta; 2) masa por aceleración (variación de la velocidad con respecto al tiempo) es igual a fuerza; y 3) que a toda acción se le opone una reacción de igual magnitud. El Libro Tercero de los Principia, titulado nada menos que “El sistema del mundo”, aplicaba estas leyes al movimiento de los cuerpos celestes. Hasta entonces, la humanidad había considerado como fenómenos diferentes la caída de objetos en nuestro entorno y los movimientos de los planetas y demás cuerpos celestes. Newton eliminó tal diferencia: la Tierra atraía a una manzana, igual que atraía a la Luna, a Marte o al Sol, y éstos, a su vez, la atraían a ella. Y todo con el mismo tipo de fuerza: directamente proporcional al producto de las masas de los dos cuerpos en cuestión e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. El movimiento cósmico era el producto, la situación de equilibrio dinámico, de todas esas fuerzas.
Con este instrumental conceptual y analítico, auxiliado por nuevas técnicas matemáticas (el cálculo de fluxiones, una versión geométrica y menos poderosa que la formulación desarrollada más o menos simultánea e independientemente por Leibniz) que él mismo inventó, Newton fue capaz de explicar y predecir con precisión las trayectorias de los planetas, incluso –él, que parece que nuca vio el mar– intentó dar cuenta de las mareas, tan importantes para su país, que en su teoría surgirían como meras consecuencias de la atracción que la Luna ejerce sobre la Tierra. Ansioso de disponer del mayor número posible de datos relativos al movimiento lunar, Newton utilizó todos los recursos, en modo alguno escasos, de que disponía (su puesto de presidente de la Royal Society, por ejemplo) para acceder a los datos penosa y lentamente acumulados por el astrónomo real, John Flamsteed (1646-1719). Hay quienes asocian a la genialidad un desarrollo anormalmente grande del individualismo, del, sería más adecuado expresarlo así, egoísmo. Isaac Newton proporciona, desde luego, argumentos a los que piensan de esta manera.
Una de las características más llamativas de la física newtoniana es que las fuerzas a las que recurre son del tipo de “acción a distancia” … La fuerza de esta clase –repito lo que ya señalé– que relaciona a dos cuerpos no necesita de ningún sustrato que la transporte: ejerce su capacidad de influencia de una manera aparentemente milagrosa, inexplicable mecánicamente. Además, en el caso newtoniano, instantáneamente. La mayoría de los contemporáneos de Newton encontraron repugnante este tipo de interacción. Era mucho más satisfactoria conceptualmente la imagen que Descartes defendía, en la cual el universo estaba lleno de unos vórtices de materia sutil, que arrastraban a lo largo de sus torbellinos a los cuerpos celestes.
El propio Newton no creía en las acciones a distancia, pero fue los suficientemente buen físico como para elevarse por encima de sus expectativas. En una carta que escribió a Richard Bentley (1662-1742) (el 25 de febrero de 1963) se pronunció sobre estos puntos: “Es inconcebible que la materia bruta inanimada opere y afecte (sin la mediación de otra cosa que no sea material) sobre otra materia sin contacto mutuo, como debería ser si la gravitación en el sentido de Epicuro es esencial e inherente a ella. Y ésta es la razón por la que deseo que no me asocie con la gravedad innata. Que la gravedad sea innata, inherente y esencial a la materia de forma que un cuerpo pueda actuar a distancia a través de un vacío sin la mediación de otra cosa con la cual su acción o fuerza puede ser transmitida de [un lugar] a otro, es para mí algo tan absurdo que no creo que pueda caer en ella ninguna persona con facultades competentes de pensamiento en asuntos filosóficos. La gravedad debe ser producida por un agente que actúe constantemente según ciertas leyes, pero si este agente es material o inmaterial es una cuestión que he dejado a la consideración de mis lectores.”
No creía, filosóficamente, en la acción a distancia, pero como científico la utilizaba y, en este sentido, aceptaba. En este punto –como en otros– sí que fue el primero de los modernos y no el último de los antiguos.
En la historia del pensamiento no faltan los casos de grandes creadores que vivieron y murieron sin alcanzar ningún tipo de reconocimiento público o profesional. Isaac Newton no perteneció a esta categoría. Inglaterra y el mundo civilizado le honraron con generosidad y prontitud. En Inglaterra llegó a alcanzar una posición oficial tan notable (y rentable) como la dirección de la Casa de la Moneda. La influencia de los Principia, que marcó el punto culminante de la Revolución Científica, no se vio confinada a la física matemática y mecánica celeste, sino que se extendió, como modelo a imitar, a todas las ciencias. La filosofía de la naturaleza newtoniana afectó profundamente al pensamiento político y social, a ideas relativas a la religión, e incluso al arte. Montesquieu (1698-1755) escribió sobre la gravedad universal newtoniana o “poder de gravitación” en la exposición del “Principio de Monarquía” de su Esprit des Lois, y John Adams (1735-1826) invocó la tercera ley del movimiento de Newton al defender la nueva Constitución de Estados Unidos. John T. Desaguliers (1683-1744) escribió un tratado político titulado El sistema newtoniano del mundo, el mejor modelo de gobierno.
A pesar de que otras construcciones físicas han superado, en la mecánica, la gravitación y, sobre todo, la luz, sus conceptos y teorías, la manera newtoniana de aproximarnos a la realidad no nos ha abandonado completamente. Pasarán aún generaciones antes de que logremos mirar a la naturaleza en términos más acordes con los conceptos relativistas o cuánticos, que, por el momento al menos, consideramos más “verdaderos”, y que sólo incluyen a los newtonianos como límites en situaciones muy concretas.
Aquellos que se acerquen a su tumba, en la abadía de Westminster, en Londres, podrán leer en la lápida que cubre sus restos, unas palabras que hacen justicia a tanta inteligencia, energía y pasión como desplegó Newton a lo largo de su vida: “Sibi gratulentur Mortales, tale tantumgue extitisse Humani generis decus” (“Alégrense los mortales de que haya existido tal y tan gran ornamento de la raza humana”).
Fuente: Sánchez Ron, José Manuel, Diccionario de la ciencia, España, Crítica, 2006.
Pretender saber algo de ciencia e ignorar quién fue Isaac Newton, es tanto como tener sed y no beber agua. Newton fue el grande entre los grandes, la mente más poderosa –científica, sin duda, pero acaso también desde cualquier punto de vista– que ha conocido la historia. Físico, matemático, químico/alquimista, teólogo, historiador; apasionado y genial perseguidor de los arcanos del conocimiento.
Tendemos a contemplar a Newton como el paradigma del científico en el sentido moderno, como el estudioso de los fenómenos naturales, y aunque esta caracterización de aquel inglés irascible y poco dado a compartir sus conocimientos no deja de ser cierta, también se encuentra fundamentalmente desenfocada. En uno de los ensayos más vibrantes y apasionados que he leído a lo largo de mi vida, el economista John Maynard Keynes (1883-1946) le caracterizó –y algo de razón tenía– como el “último de los magos, el último de los babilonios y de los sumerios, la última de las grandes mentes que contempló el mundo visible e intelectual con los mismo ojos que de aquellos que empezaron a construir nuestra heredad intelectual, hace casi diez mil años”.
Es evidente, sin embargo, que semejante caracterización contiene elementos inaceptables. Newton introdujo en el análisis de los fenómenos naturales –de los físicos especialmente– un método radicalmente nuevo; un método que si ya lo distinguía de sus predecesores más cercanos (como Galileo, Descartes [1596-1650] o Kepler [1571-1630]), más le separaba aún de todos aquellos que habían empezado, milenios antes, a “construir nuestra heredad intelectual”. El delicado equilibrio e interrelación entre observación experimental y representación teórico-matemática, la prodigiosa habilidad para reducir los problemas físicos a cuestiones matemáticas, para tratarlos como tales y aplicar luego los resultados así obtenidos a la investigación empírica, todo esto –la esencia del método científico moderno y contemporáneo–, es algo que nadie de sus contemporáneos o precursores logró.En este sentido, ciertamente no contempló el mundo físico de la misma manera que los antiguos. Y, no obstante, a pesar de tales diferencias las frases de Keynes –que llegó a reunir una de las colecciones más importantes de manuscritos “no científicos” newtonianos– contienen algo de verdad, tocando la esencia del pensamiento del catedrático lucasiano de la Universidad de Cambridge. Este elemento de verdad se aprecia con mayor claridad cuando, más adelante en su ensayo, Keynes explica los calificativos que había aplicado a Newton:
¿Por qué lo llamo mago? Porque contemplaba el universo y todo lo que en él se contiene como un enigma, como un secreto que podía leerse aplicando el pensamiento puro a cierta evidencia, a ciertos indicios místicos que Dios había diseminado por el mundo para permitir una especie de búsqueda del tesoro filosófico a la hermandad esotérica. Creía que una parte de dichos indicios debía encontrarse en la evidencia de los cielos y en la constitución de los elementos (y esto es lo que erróneamente sugiere que fuera un filósofo experimental natural); y la otra, en cierto escritos y tradiciones transmitidos por los miembros de una hermandad, en una cadena ininterrumpida desde la original revelación críptica, en Babilonia. Consideraba al Universo como un criptograma trazado por el Todopoderoso.
Basta, en efecto, pasar revista a los manuscritos que dejó para comprender dónde residían, efectivamente, sus intereses. Hasta el punto que no sería totalmente descabellado formularse la pregunta de por qué uno de los mayores teólogos antitrinitarios del siglo XVII utilizó parte de su tiempo para escribir trabajos sobre ciencia natural, como Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (1687).
La ambición intelectual de Newton fue tal que no podía conformarse –aunque aparentemente lo hiciera (de ahí su engañosa frase “Hipotheses non fingo” [“No hago hipótesis”])– con otra cosa que no fuese la causa última, la explicación definitiva de todo lo que vemos ocurre en la Naturaleza. Y él situaba a Dios en ese lugar. De ahí su profundo y sostenido interés por los temas teológicos e histórico-religiosos, que aflora sólo muy ocasionalmente en alguno de sus tratados científicos … como en el “Escolio General” que añadió a la segunda edición de los Principia, o los últimos párrafos de la “Cuestión 31” de la Óptica (1704), el libro en el que desveló numerosas propiedades de la luz –que él creía formada por pequeños corpúsculos– hasta entonces ignoradas (como el que la luz blanca está compuesta en realidad por colores “simples” o “elementales”).
Aunque sin duda es sorprendente que el maestro de la racionalidad matemático-experimental buscase los secretos de la naturaleza fuera de ésta, lo cierto es que Newton creía que el mensaje divino que había estado alguna vez en las Sagradas Escrituras (eso sí, en las versiones no corrompidas) contenía también la explicación del funcionamiento de la naturaleza. Por ello, buscó las creencias religiosas de los antiguos, y escribió miles de páginas en las que pugnaba por reconstruir la verdadera religión, páginas que incluyen también libros, como Observations upon the Prophecies of Holy Writ particularly the Prophecies of Daniel and the Apocalypse of St. John, que sólo vería la luz pública en 1733, seis años después de que hubiese muerto.
Pero … no es del Newton teólogo e historiador del que hay que hablar, por mucho, insisto, que sólo existiera un Newton, al que prejuicios falsamente científicos, han dividido en parcelas aparentemente inconexas, convirtiendo sus intereses teológico-históricos en algo así como las inevitables –y si es posible inconfesables– extravagancias de un genio. Hay que referirse a aquel del que Voltaire (1694-1778) –un ferviente newtoniano– escribió (en su Diccionario filosófico): “Inventó el cálculo que se llama del infinito; descubrió y demostró el principio nuevo que hace mover toda la naturaleza. No se conoció la luz antes de que él la estudiara, sólo se tenía de ella ideas confusas y falsas. Inventó los telescopios de reflexión.”
Entre las joyas científicas newtonianas, hay una que sobresale entre todas: el ya citado Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (Principios matemáticos de la filosofía natural), el libro científico más importante jamás escrito. Los Principia contienen la esencia de la dinámica (la rama de la física que se ocupa del movimiento de los cuerpos), tal y como sería aceptada hasta 1905, cuando Albert Einstein desarrolló una teoría –la relatividad especial– que hacía de la formulación newtoniana un caso particular (para velocidades pequeñas comparadas con la de la luz). Para la mayoría de los fenómenos físicos que observamos seguimos utilizando todavía las tres leyes clásicas de la mecánica newtoniana, aquellas que nos dicen que: 1) en ausencia de fuerzas, todos los cuerpos continúan en su estado de reposo o de movimiento uniforme en línea recta; 2) masa por aceleración (variación de la velocidad con respecto al tiempo) es igual a fuerza; y 3) que a toda acción se le opone una reacción de igual magnitud. El Libro Tercero de los Principia, titulado nada menos que “El sistema del mundo”, aplicaba estas leyes al movimiento de los cuerpos celestes. Hasta entonces, la humanidad había considerado como fenómenos diferentes la caída de objetos en nuestro entorno y los movimientos de los planetas y demás cuerpos celestes. Newton eliminó tal diferencia: la Tierra atraía a una manzana, igual que atraía a la Luna, a Marte o al Sol, y éstos, a su vez, la atraían a ella. Y todo con el mismo tipo de fuerza: directamente proporcional al producto de las masas de los dos cuerpos en cuestión e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. El movimiento cósmico era el producto, la situación de equilibrio dinámico, de todas esas fuerzas.
Con este instrumental conceptual y analítico, auxiliado por nuevas técnicas matemáticas (el cálculo de fluxiones, una versión geométrica y menos poderosa que la formulación desarrollada más o menos simultánea e independientemente por Leibniz) que él mismo inventó, Newton fue capaz de explicar y predecir con precisión las trayectorias de los planetas, incluso –él, que parece que nuca vio el mar– intentó dar cuenta de las mareas, tan importantes para su país, que en su teoría surgirían como meras consecuencias de la atracción que la Luna ejerce sobre la Tierra. Ansioso de disponer del mayor número posible de datos relativos al movimiento lunar, Newton utilizó todos los recursos, en modo alguno escasos, de que disponía (su puesto de presidente de la Royal Society, por ejemplo) para acceder a los datos penosa y lentamente acumulados por el astrónomo real, John Flamsteed (1646-1719). Hay quienes asocian a la genialidad un desarrollo anormalmente grande del individualismo, del, sería más adecuado expresarlo así, egoísmo. Isaac Newton proporciona, desde luego, argumentos a los que piensan de esta manera.
Una de las características más llamativas de la física newtoniana es que las fuerzas a las que recurre son del tipo de “acción a distancia” … La fuerza de esta clase –repito lo que ya señalé– que relaciona a dos cuerpos no necesita de ningún sustrato que la transporte: ejerce su capacidad de influencia de una manera aparentemente milagrosa, inexplicable mecánicamente. Además, en el caso newtoniano, instantáneamente. La mayoría de los contemporáneos de Newton encontraron repugnante este tipo de interacción. Era mucho más satisfactoria conceptualmente la imagen que Descartes defendía, en la cual el universo estaba lleno de unos vórtices de materia sutil, que arrastraban a lo largo de sus torbellinos a los cuerpos celestes.
El propio Newton no creía en las acciones a distancia, pero fue los suficientemente buen físico como para elevarse por encima de sus expectativas. En una carta que escribió a Richard Bentley (1662-1742) (el 25 de febrero de 1963) se pronunció sobre estos puntos: “Es inconcebible que la materia bruta inanimada opere y afecte (sin la mediación de otra cosa que no sea material) sobre otra materia sin contacto mutuo, como debería ser si la gravitación en el sentido de Epicuro es esencial e inherente a ella. Y ésta es la razón por la que deseo que no me asocie con la gravedad innata. Que la gravedad sea innata, inherente y esencial a la materia de forma que un cuerpo pueda actuar a distancia a través de un vacío sin la mediación de otra cosa con la cual su acción o fuerza puede ser transmitida de [un lugar] a otro, es para mí algo tan absurdo que no creo que pueda caer en ella ninguna persona con facultades competentes de pensamiento en asuntos filosóficos. La gravedad debe ser producida por un agente que actúe constantemente según ciertas leyes, pero si este agente es material o inmaterial es una cuestión que he dejado a la consideración de mis lectores.”
No creía, filosóficamente, en la acción a distancia, pero como científico la utilizaba y, en este sentido, aceptaba. En este punto –como en otros– sí que fue el primero de los modernos y no el último de los antiguos.
En la historia del pensamiento no faltan los casos de grandes creadores que vivieron y murieron sin alcanzar ningún tipo de reconocimiento público o profesional. Isaac Newton no perteneció a esta categoría. Inglaterra y el mundo civilizado le honraron con generosidad y prontitud. En Inglaterra llegó a alcanzar una posición oficial tan notable (y rentable) como la dirección de la Casa de la Moneda. La influencia de los Principia, que marcó el punto culminante de la Revolución Científica, no se vio confinada a la física matemática y mecánica celeste, sino que se extendió, como modelo a imitar, a todas las ciencias. La filosofía de la naturaleza newtoniana afectó profundamente al pensamiento político y social, a ideas relativas a la religión, e incluso al arte. Montesquieu (1698-1755) escribió sobre la gravedad universal newtoniana o “poder de gravitación” en la exposición del “Principio de Monarquía” de su Esprit des Lois, y John Adams (1735-1826) invocó la tercera ley del movimiento de Newton al defender la nueva Constitución de Estados Unidos. John T. Desaguliers (1683-1744) escribió un tratado político titulado El sistema newtoniano del mundo, el mejor modelo de gobierno.
A pesar de que otras construcciones físicas han superado, en la mecánica, la gravitación y, sobre todo, la luz, sus conceptos y teorías, la manera newtoniana de aproximarnos a la realidad no nos ha abandonado completamente. Pasarán aún generaciones antes de que logremos mirar a la naturaleza en términos más acordes con los conceptos relativistas o cuánticos, que, por el momento al menos, consideramos más “verdaderos”, y que sólo incluyen a los newtonianos como límites en situaciones muy concretas.
Aquellos que se acerquen a su tumba, en la abadía de Westminster, en Londres, podrán leer en la lápida que cubre sus restos, unas palabras que hacen justicia a tanta inteligencia, energía y pasión como desplegó Newton a lo largo de su vida: “Sibi gratulentur Mortales, tale tantumgue extitisse Humani generis decus” (“Alégrense los mortales de que haya existido tal y tan gran ornamento de la raza humana”).
Fuente: Sánchez Ron, José Manuel, Diccionario de la ciencia, España, Crítica, 2006.
22/09/08
Miren cómo sonríen [audio]
Por Violeta Parra
Miren cómo sonríen los presidentes
Cuando le hacen promesas al inocente
Miren cómo le ofrecen al sindicato
Este mundo y el otro los candidatos
Miren cómo redoblan los juramentos
Pero después del voto doble tormento
Miren el hervidero de vigilantes
Para rociarle flores al estudiante
Miren cómo relumbran carabineros
Para ofrecerle premios a los obreros
Miren cómo se viste cabo y sargento
Para teñir de rojo los pavimentos
Miren cómo profanan la sacristía
Con pieles y sombreros de hipocresía
Miren cómo blanquearon mes de María
Y al pobre negreguiaron la luz del día
Miren cómo le muestran una escopeta
Para quitarle al pobre su marraqueta
Miren cómo se empolvan los funcionarios
Para contar las hojas del calendario
Miren cómo gestionan los secretarios
Las páginas amables de cada diario
Miren cómo sonríen angelicales
Miren cómo se olvidan que son mortales
Transcrito por Pichón
Miren cómo sonríen los presidentes
Cuando le hacen promesas al inocente
Miren cómo le ofrecen al sindicato
Este mundo y el otro los candidatos
Miren cómo redoblan los juramentos
Pero después del voto doble tormento
Miren el hervidero de vigilantes
Para rociarle flores al estudiante
Miren cómo relumbran carabineros
Para ofrecerle premios a los obreros
Miren cómo se viste cabo y sargento
Para teñir de rojo los pavimentos
Miren cómo profanan la sacristía
Con pieles y sombreros de hipocresía
Miren cómo blanquearon mes de María
Y al pobre negreguiaron la luz del día
Miren cómo le muestran una escopeta
Para quitarle al pobre su marraqueta
Miren cómo se empolvan los funcionarios
Para contar las hojas del calendario
Miren cómo gestionan los secretarios
Las páginas amables de cada diario
Miren cómo sonríen angelicales
Miren cómo se olvidan que son mortales
Transcrito por Pichón
19/09/08
Juana
Por Eduardo Galeano
1655
San Miguel de Nepantla
Juana a los cuatro
Anda Juana charla que te charla con el alma, que es su compañera de adentro, mientras camina por la orilla de la acequia. Se siente de lo más feliz porque está con hipo y Juana crece cuando tiene hipo. Se detiene y se mira la sombra, que crece con ella, y con una rama la va midiendo después de cada saltito que le pega la barriga. También los volcanes crecían con el hipo, antes, cuando estaban vivos, antes de que los quemara su propio fuego. Dos de los volcanes humean todavía, pero ya no tienen hipo. Ya no crecen. Juana tiene hipo y crece. Crece.
Llorar, en cambio, encoge. Por eso tienen tamaño de cucarachas las viejitas y las lloronas de los entierros. Esto no lo dicen los libros del abuelo, que Juana lee, pero ella sabe. Son cosas que sabe de tanto platicar con el alma. También con las nubes conversa Juana. Para charlar con las nubes, hay que trepar a los cerros o a las ramas más altas de los árboles.
–Yo soy nube. Las nubes tenemos caras y manos. Pies, no.
…
1658
San Miguel de Nepantla
Juana a los siete
Por el espejo ve entrar a la madre y suelta la espada, que se derrumba con estrépito de cañón, y pega Juana tal respingo que le queda toda la cara metida bajo el aludo sombrero.
–No estoy jugando –se enoja, ante la risa de su madre. Se libera del sombrero y asoman los bigotazos de tizne. Mal navegan las piernitas de Juana en las enormes botas de cuero; trastabilla y cae al suelo y patalea, humillada, furiosa; la madre no para de reír.
–¡No estoy jugando! –protesta Juana, con agua en los ojos–. ¡Yo soy hombre! ¡Yo iré a la universidad, porque soy hombre!
La madre le acaricia la cabeza.
–Mi hija loca, mi bella Juana. Debería azotarte por estas indecencias.
Se sienta a su lado y dulcemente dice: “Más te valía haber nacido tonta, mi pobre hija sabihonda”, y la acaricia mientras Juana empapa de lágrimas la vasta capa del abuelo.
…
Un sueño de Juana
Ella deambula por el mercado de sueños. Las vendedoras han desplegado sueños sobre grandes paños en el suelo.
Llega al mercado el abuelo de Juana, muy triste porque hace mucho tiempo que no sueña. Juana lo lleva de la mano y lo ayuda a elegir sueños, sueños de mazapán o de algodón, alas para volar durmiendo, y se marcharan los dos tan cargados de sueños que no habrá noche que alcance.
…
1667
Ciudad de México
Juana a los dieciséis
En los navíos, la campana señala los cuartos de la vela marinera. En los socavones y en los cañaverales, empuja al trabajo a los siervos indios y a los esclavos negros. En las iglesias da las horas y anuncia misas, muertes y fiestas.
Pero en la torre del reloj, sobre el palacio del virrey de México, hay una campana muda. Según se dice, los inquisidores la descolgaron del campanario de una vieja aldea española, le arrancaron el badajo y la desterraron a las Indias, hace no se sabe cuántos años. Desde que el maese Rodrigo la creó en 1530, esta campana había sido siempre clara y obediente. Tenía, dicen, trescientas voces, según el toque que dictara el campanero, y todo el pueblo estaba orgulloso de ella. Hasta que una noche su largo y violento repique hizo saltar a todo el mundo de las camas. Tocaba a rebato la campana, desatada por la alarma o la alegría o quién sabe qué, y por primera vez nadie la entendió. Un gentío se juntó en el atrio mientras la campana sonaba sin cesar, enloquecida, y el alcalde y el cura subieron a la torre y comprobaron, helados de espanto, que allí no había nadie. Ninguna mano humana la movía. Las autoridades acudieron a la Inquisición. El tribunal del Santo Oficio declaró nulo y sin valor alguno el repique de la campana, que fue enmudecida por siempre jamás y expulsada al exilio en México.
Juana Inés de Asbaje abandona el palacio de su protector, el virrey Mancera, y atraviesa la plaza mayor seguida por dos indios que cargan sus baúles. Al llegar a la esquina, se detiene y vuelve la mirada hacia la torre, como llamada por la campana sin voz. Ella le conoce la historia. Sabe que fue castigada por cantar por su cuenta.
Juana marcha rumbo al convento de Santa Teresa la Antigua. Ya no será dama de corte. En la serena luz del claustro y la soledad de la celda, buscará lo que no pueda encontrar afuera. Hubiera querido estudiar en la universidad los misterios del mundo, pero nacen las mujeres condenadas al bastidor de bordar y al marido que les eligen. Juana Inés de Asbaje se hará carmelita descalza, se llamará sor Juana Inés de la Cruz.
…
1681
Ciudad de México
Juana a los treinta
Después de rezar los maitines y los laudes, pone a bailar un trompo en la harina y estudia los círculos que el trompo dibuja. Investiga el agua y la luz, el aire y las cosas. ¿Por qué el huevo se une en el aceite hirviente y se despedaza en el almíbar? En triángulos de alfileres, busca el anillo de Salomón. Con un ojo pegado al telescopio, caza estrellas.
La han amenazado con la Inquisición y le han prohibido abrir los libros, pero sor Juana Inés de la Cruz estudia en las cosas que Dios crió, sirviéndome ellas de letras y de libro toda esta máquina universal.
Entre el amor divino y el amor humano, entre los quince misterios del rosario que le cuelga del cuello y los enigmas del mundo, se debate sor Juana; y muchas noches pasa en blanco, orando, escribiendo, cuando recomienza en sus adentros la guerra inacabable entre la pasión y la razón. Al cabo de cada batalla, la primera luz del día entra en su celda del convento de las jerónimas y a sor Juana le ayuda recordar lo que dijo Lupercio Leonardo, aquello de que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Ella crea poemas en la mesa y en la cocina hojaldres; letras y delicias para regalar, música del arpa de David sanando a Saúl y sanando también a David, alegrías del alma y de la boca condenadas por los abogados del dolor.
–Sólo el sufrimiento te hará digna de Dios –le dice el confesor, y le ordena quemar lo que escribe, ignorar lo que sabe y no ver lo que mira.
…
1691
Ciudad de México
Juana a los cuarenta
Un chorro de luz blanca, luz de cal, acribilla a sor Juana Inés de la Cruz, arrodillada en el centro del escenario. Ella está de espaldas y mira hacia lo alto. Allá arriba un enorme Cristo sangra, abiertos los brazos, sobre la empinada tarima, forrada de terciopelo negro y erizada de cruces, espadas y estandartes. Desde la tarima, dos fiscales acusan.
Todo el mundo es negro, y negras son las capuchas que enmascaran a los fiscales. Sin embargo, uno lleva hábito de monja y bajo la capucha asoman los rojizos rulos de la peluca: es el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, en el papel de sor Filotea. El otro, Antonio Núñez de Miranda, confesor de sor Juana, se representa a sí mismo. Su nariz aguileña, que abulta la capucha, se mueve como si quisiera soltarse del dueño.
SOR FILOTEA (Bordando en un bastidor).–Misterioso es el Señor. ¿Para qué, me pregunto, habrá puesto cabeza de hombre en el cuerpo de sor Juana? ¿Para que se ocupe de las rastreras noticias de la tierra? A los Libros Sagrados, ni se digna asomarse.
EL CONFESOR (Apuntando a sor Juana con una cruz de madera).–¡Ingrata!
SOR JUANA (Clavados los ojos en Cristo, por encima de los fiscales).–Mal correspondo a la generosidad de Dios, en verdad. Yo sólo estudio por ver si con estudiar, ignoro menos, y a las cumbres de la Sagrada Teología dirijo mis pasos; pero muchas cosas he estudiado y nada, o casi nada, he aprendido. Lejos de mí las divinas verdades, siempre lejos… ¡Tan cercanas las siento a veces, y tan lejanas las sé! Desde que era muy niña… A los cinco o seis años buscaba en los libros de mi abuelo esas llaves, esas claves… Leía, leía. Me castigaban y leía, a escondidas, buscando…
EL CONFESOR (A Sor Filotea).–Jamás aceptó la voluntad de Dios. Ahora, hasta letra de hombre tiene. ¡Yo he visto sus versos manuscritos!
SOR JUANA.–Buscando… Muy temprano supe que las universidades no son para mujeres, y que se tiene por deshonesta a la que sabe más que el Padrenuestro. Tuve por maestros libros mudos, y por todo condiscípulo, un tintero. Cuando me prohibieron los libros, como más de una vez ocurrió en este convento, me puse a estudiar en las cosas del mundo. Hasta guisando se pueden descubrir secretos de la naturaleza.
SOR FILOTEA.–¡La Real y Pontifica Universidad de la Fritanga! ¡Por sede, una sartén!
SOR JUANA.–¿Qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? Pero si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito. Os causa risa, ¿verdad? Pues reíd, si os complace. Muy sabios se sienten los hombres, sólo por ser hombres. También a Cristo lo coronaron de espinas por rey de burlas.
EL CONFESOR (Se le borra la sonrisa; golpea la mesa con el puño).–¡Habráse visto! ¡La pedante monjita! Como sabe hacer villancicos, se compara con el Mesías.
SOR JUANA.–También Cristo sufrió esta ingrata ley. ¿Por signo? ¡Pues muera! ¿Señalado? ¡Pues padezca!
EL CONFESOR.–¡Vaya humildad!
SOR FILOTEA.–Vamos, hija, que escandaliza a Dios tan vocinglero orgullo…
SOR JUANA.–¿Mi orgullo? (Sonríe, triste.) Tiempo ha que se ha gastado.
EL CONFESOR.–Como celebra el vulgo sus versos, se cree una elegida. Versos que avergüenzan a esta cada de Dios, exaltación de la carne… (Tose.) Malas artes de macho…
SOR JUANA.–¡Mis pobres versos! Polvo, sombra, nada. La vana gloria, los aplausos… ¿Acaso los he solicitado? ¿Qué revelación divina prohíbe a las mujeres escribir? Por gracia o maldición, ha sido el Cielo quien me hizo poeta.
EL CONFESOR (Mira al techo y alza las manos, suplicando).–Ella ensucia la pureza de la fe y la culpa la tiene el Cielo!
SOR FILOTEA (Hace a un lado el bastidor de bordar y entrelaza los dedos sobre el vientre).–Mucho canta sor Juana a lo humano, y poco, poco a lo divino.
SOR JUANA.–¿No nos enseñan los Evangelios que en lo terrenal se expresa lo celestial? Una fuerza poderosa me empuja la mano…
EL CONFESOR (Agitando la cruz de madera, como para golpear a sor Juana desde lejos).–¿Fuerza de Dios o fuerza del rey de los soberbios?
SOR JUANA.–… y escribiendo seguiré, me temo, mientras me dé sombra el cuerpo. Huía de mí cuando tomé los hábitos, pero, ¡miserable de mí!, trájeme a mí conmigo.
SOR FILOTEA.–Se baña desnuda. Hay pruebas.
SOR JUANA.–¡Apaga, Señor, la luz de mi entendimiento! ¡Deja sólo la que baste para guardar Tu Ley! ¿No sobra lo demás en una mujer?
EL CONFESOR (Chillando, ronco, voz de cuervo).–¡Avergüénzate! ¡Mortifica tu corazón, ingrata!
SOR JUANA.–Apágame. ¡Apágame Dios mío!
La obra continúa, con diálogos semejantes, hasta 1693.
…
1693
Ciudad de México
Juana a los cuarenta y dos
Lágrima de toda la vida, brotadas del tiempo y de la pena, le empapan la cara. En lo hondo, en lo triste, ve nublado el mundo: derrotada, le dice adiós.
Varios días le ha llevado la confesión de los pecados de toda su existencia ante el impasible, implacable padre Antonio Núñez de Miranda, y todo el resto será penitencia. Con tinta de su sangre escribe una carta al Tribunal Divino, pidiendo perdón.
Ya no navegarán sus velas leves y sus quillas graves por la mar de la poesía. Sor Juana Inés de la Cruz abandona los estudios humanos y renuncia a las letras. Pide a Dios que le regale olvido y elige el silencio, o lo acepta, y así pierde América a su mejor poeta.
Poco sobrevivirá el cuerpo a este suicidio del alma. Que se avergüenza la vida de durarme tanto…
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego I. Los nacimientos, México, siglo veintiuno, 1982.
1655
San Miguel de Nepantla
Juana a los cuatro
Anda Juana charla que te charla con el alma, que es su compañera de adentro, mientras camina por la orilla de la acequia. Se siente de lo más feliz porque está con hipo y Juana crece cuando tiene hipo. Se detiene y se mira la sombra, que crece con ella, y con una rama la va midiendo después de cada saltito que le pega la barriga. También los volcanes crecían con el hipo, antes, cuando estaban vivos, antes de que los quemara su propio fuego. Dos de los volcanes humean todavía, pero ya no tienen hipo. Ya no crecen. Juana tiene hipo y crece. Crece.
Llorar, en cambio, encoge. Por eso tienen tamaño de cucarachas las viejitas y las lloronas de los entierros. Esto no lo dicen los libros del abuelo, que Juana lee, pero ella sabe. Son cosas que sabe de tanto platicar con el alma. También con las nubes conversa Juana. Para charlar con las nubes, hay que trepar a los cerros o a las ramas más altas de los árboles.
–Yo soy nube. Las nubes tenemos caras y manos. Pies, no.
…
1658
San Miguel de Nepantla
Juana a los siete
Por el espejo ve entrar a la madre y suelta la espada, que se derrumba con estrépito de cañón, y pega Juana tal respingo que le queda toda la cara metida bajo el aludo sombrero.
–No estoy jugando –se enoja, ante la risa de su madre. Se libera del sombrero y asoman los bigotazos de tizne. Mal navegan las piernitas de Juana en las enormes botas de cuero; trastabilla y cae al suelo y patalea, humillada, furiosa; la madre no para de reír.
–¡No estoy jugando! –protesta Juana, con agua en los ojos–. ¡Yo soy hombre! ¡Yo iré a la universidad, porque soy hombre!
La madre le acaricia la cabeza.
–Mi hija loca, mi bella Juana. Debería azotarte por estas indecencias.
Se sienta a su lado y dulcemente dice: “Más te valía haber nacido tonta, mi pobre hija sabihonda”, y la acaricia mientras Juana empapa de lágrimas la vasta capa del abuelo.
…
Un sueño de JuanaElla deambula por el mercado de sueños. Las vendedoras han desplegado sueños sobre grandes paños en el suelo.
Llega al mercado el abuelo de Juana, muy triste porque hace mucho tiempo que no sueña. Juana lo lleva de la mano y lo ayuda a elegir sueños, sueños de mazapán o de algodón, alas para volar durmiendo, y se marcharan los dos tan cargados de sueños que no habrá noche que alcance.
…
1667
Ciudad de México
Juana a los dieciséis
En los navíos, la campana señala los cuartos de la vela marinera. En los socavones y en los cañaverales, empuja al trabajo a los siervos indios y a los esclavos negros. En las iglesias da las horas y anuncia misas, muertes y fiestas.
Pero en la torre del reloj, sobre el palacio del virrey de México, hay una campana muda. Según se dice, los inquisidores la descolgaron del campanario de una vieja aldea española, le arrancaron el badajo y la desterraron a las Indias, hace no se sabe cuántos años. Desde que el maese Rodrigo la creó en 1530, esta campana había sido siempre clara y obediente. Tenía, dicen, trescientas voces, según el toque que dictara el campanero, y todo el pueblo estaba orgulloso de ella. Hasta que una noche su largo y violento repique hizo saltar a todo el mundo de las camas. Tocaba a rebato la campana, desatada por la alarma o la alegría o quién sabe qué, y por primera vez nadie la entendió. Un gentío se juntó en el atrio mientras la campana sonaba sin cesar, enloquecida, y el alcalde y el cura subieron a la torre y comprobaron, helados de espanto, que allí no había nadie. Ninguna mano humana la movía. Las autoridades acudieron a la Inquisición. El tribunal del Santo Oficio declaró nulo y sin valor alguno el repique de la campana, que fue enmudecida por siempre jamás y expulsada al exilio en México.
Juana Inés de Asbaje abandona el palacio de su protector, el virrey Mancera, y atraviesa la plaza mayor seguida por dos indios que cargan sus baúles. Al llegar a la esquina, se detiene y vuelve la mirada hacia la torre, como llamada por la campana sin voz. Ella le conoce la historia. Sabe que fue castigada por cantar por su cuenta.
Juana marcha rumbo al convento de Santa Teresa la Antigua. Ya no será dama de corte. En la serena luz del claustro y la soledad de la celda, buscará lo que no pueda encontrar afuera. Hubiera querido estudiar en la universidad los misterios del mundo, pero nacen las mujeres condenadas al bastidor de bordar y al marido que les eligen. Juana Inés de Asbaje se hará carmelita descalza, se llamará sor Juana Inés de la Cruz.
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1681
Ciudad de México
Juana a los treinta
Después de rezar los maitines y los laudes, pone a bailar un trompo en la harina y estudia los círculos que el trompo dibuja. Investiga el agua y la luz, el aire y las cosas. ¿Por qué el huevo se une en el aceite hirviente y se despedaza en el almíbar? En triángulos de alfileres, busca el anillo de Salomón. Con un ojo pegado al telescopio, caza estrellas.
La han amenazado con la Inquisición y le han prohibido abrir los libros, pero sor Juana Inés de la Cruz estudia en las cosas que Dios crió, sirviéndome ellas de letras y de libro toda esta máquina universal.
Entre el amor divino y el amor humano, entre los quince misterios del rosario que le cuelga del cuello y los enigmas del mundo, se debate sor Juana; y muchas noches pasa en blanco, orando, escribiendo, cuando recomienza en sus adentros la guerra inacabable entre la pasión y la razón. Al cabo de cada batalla, la primera luz del día entra en su celda del convento de las jerónimas y a sor Juana le ayuda recordar lo que dijo Lupercio Leonardo, aquello de que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Ella crea poemas en la mesa y en la cocina hojaldres; letras y delicias para regalar, música del arpa de David sanando a Saúl y sanando también a David, alegrías del alma y de la boca condenadas por los abogados del dolor.
–Sólo el sufrimiento te hará digna de Dios –le dice el confesor, y le ordena quemar lo que escribe, ignorar lo que sabe y no ver lo que mira.
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1691
Ciudad de México
Juana a los cuarenta
Un chorro de luz blanca, luz de cal, acribilla a sor Juana Inés de la Cruz, arrodillada en el centro del escenario. Ella está de espaldas y mira hacia lo alto. Allá arriba un enorme Cristo sangra, abiertos los brazos, sobre la empinada tarima, forrada de terciopelo negro y erizada de cruces, espadas y estandartes. Desde la tarima, dos fiscales acusan.
Todo el mundo es negro, y negras son las capuchas que enmascaran a los fiscales. Sin embargo, uno lleva hábito de monja y bajo la capucha asoman los rojizos rulos de la peluca: es el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, en el papel de sor Filotea. El otro, Antonio Núñez de Miranda, confesor de sor Juana, se representa a sí mismo. Su nariz aguileña, que abulta la capucha, se mueve como si quisiera soltarse del dueño.
SOR FILOTEA (Bordando en un bastidor).–Misterioso es el Señor. ¿Para qué, me pregunto, habrá puesto cabeza de hombre en el cuerpo de sor Juana? ¿Para que se ocupe de las rastreras noticias de la tierra? A los Libros Sagrados, ni se digna asomarse.
EL CONFESOR (Apuntando a sor Juana con una cruz de madera).–¡Ingrata!
SOR JUANA (Clavados los ojos en Cristo, por encima de los fiscales).–Mal correspondo a la generosidad de Dios, en verdad. Yo sólo estudio por ver si con estudiar, ignoro menos, y a las cumbres de la Sagrada Teología dirijo mis pasos; pero muchas cosas he estudiado y nada, o casi nada, he aprendido. Lejos de mí las divinas verdades, siempre lejos… ¡Tan cercanas las siento a veces, y tan lejanas las sé! Desde que era muy niña… A los cinco o seis años buscaba en los libros de mi abuelo esas llaves, esas claves… Leía, leía. Me castigaban y leía, a escondidas, buscando…
EL CONFESOR (A Sor Filotea).–Jamás aceptó la voluntad de Dios. Ahora, hasta letra de hombre tiene. ¡Yo he visto sus versos manuscritos!
SOR JUANA.–Buscando… Muy temprano supe que las universidades no son para mujeres, y que se tiene por deshonesta a la que sabe más que el Padrenuestro. Tuve por maestros libros mudos, y por todo condiscípulo, un tintero. Cuando me prohibieron los libros, como más de una vez ocurrió en este convento, me puse a estudiar en las cosas del mundo. Hasta guisando se pueden descubrir secretos de la naturaleza.
SOR FILOTEA.–¡La Real y Pontifica Universidad de la Fritanga! ¡Por sede, una sartén!
SOR JUANA.–¿Qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? Pero si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito. Os causa risa, ¿verdad? Pues reíd, si os complace. Muy sabios se sienten los hombres, sólo por ser hombres. También a Cristo lo coronaron de espinas por rey de burlas.
EL CONFESOR (Se le borra la sonrisa; golpea la mesa con el puño).–¡Habráse visto! ¡La pedante monjita! Como sabe hacer villancicos, se compara con el Mesías.
SOR JUANA.–También Cristo sufrió esta ingrata ley. ¿Por signo? ¡Pues muera! ¿Señalado? ¡Pues padezca!
EL CONFESOR.–¡Vaya humildad!
SOR FILOTEA.–Vamos, hija, que escandaliza a Dios tan vocinglero orgullo…
SOR JUANA.–¿Mi orgullo? (Sonríe, triste.) Tiempo ha que se ha gastado.
EL CONFESOR.–Como celebra el vulgo sus versos, se cree una elegida. Versos que avergüenzan a esta cada de Dios, exaltación de la carne… (Tose.) Malas artes de macho…
SOR JUANA.–¡Mis pobres versos! Polvo, sombra, nada. La vana gloria, los aplausos… ¿Acaso los he solicitado? ¿Qué revelación divina prohíbe a las mujeres escribir? Por gracia o maldición, ha sido el Cielo quien me hizo poeta.
EL CONFESOR (Mira al techo y alza las manos, suplicando).–Ella ensucia la pureza de la fe y la culpa la tiene el Cielo!
SOR FILOTEA (Hace a un lado el bastidor de bordar y entrelaza los dedos sobre el vientre).–Mucho canta sor Juana a lo humano, y poco, poco a lo divino.
SOR JUANA.–¿No nos enseñan los Evangelios que en lo terrenal se expresa lo celestial? Una fuerza poderosa me empuja la mano…
EL CONFESOR (Agitando la cruz de madera, como para golpear a sor Juana desde lejos).–¿Fuerza de Dios o fuerza del rey de los soberbios?
SOR JUANA.–… y escribiendo seguiré, me temo, mientras me dé sombra el cuerpo. Huía de mí cuando tomé los hábitos, pero, ¡miserable de mí!, trájeme a mí conmigo.
SOR FILOTEA.–Se baña desnuda. Hay pruebas.
SOR JUANA.–¡Apaga, Señor, la luz de mi entendimiento! ¡Deja sólo la que baste para guardar Tu Ley! ¿No sobra lo demás en una mujer?
EL CONFESOR (Chillando, ronco, voz de cuervo).–¡Avergüénzate! ¡Mortifica tu corazón, ingrata!
SOR JUANA.–Apágame. ¡Apágame Dios mío!
La obra continúa, con diálogos semejantes, hasta 1693.
…
1693
Ciudad de México
Juana a los cuarenta y dos
Lágrima de toda la vida, brotadas del tiempo y de la pena, le empapan la cara. En lo hondo, en lo triste, ve nublado el mundo: derrotada, le dice adiós.
Varios días le ha llevado la confesión de los pecados de toda su existencia ante el impasible, implacable padre Antonio Núñez de Miranda, y todo el resto será penitencia. Con tinta de su sangre escribe una carta al Tribunal Divino, pidiendo perdón.
Ya no navegarán sus velas leves y sus quillas graves por la mar de la poesía. Sor Juana Inés de la Cruz abandona los estudios humanos y renuncia a las letras. Pide a Dios que le regale olvido y elige el silencio, o lo acepta, y así pierde América a su mejor poeta.
Poco sobrevivirá el cuerpo a este suicidio del alma. Que se avergüenza la vida de durarme tanto…
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego I. Los nacimientos, México, siglo veintiuno, 1982.
17/09/08
Me gustas cuando callas
Por Pablo Neruda
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes dese lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa se sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Fuente: Neruda, Pablo, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Buenos Aires, Sol 90, 2003.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes dese lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa se sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Fuente: Neruda, Pablo, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Buenos Aires, Sol 90, 2003.
15/09/08
Un ejemplo
Por José Manuel Sánchez Ron
Seguramente son muchas las personas a lo largo y ancho del mundo que con dificultad pueden mencionar un nombre de un científico vivo (y acaso también muerto) que no sea el del físico inglés Stephen W. Hawking (Oxford, 1942). … En mi opinión, ni es ni ha sido uno de los físicos más importantes del siglo XX o comienzos del XXI. No es, desde luego, como a veces se ha dicho y escrito (especialmente en los textos publicitarios de las contraportadas de sus libros de divulgación), “el sucesor de Einstein”. Es cierto que se ha dedicado a uno de los campos de investigación que éste creó, el de la relatividad general, y también que ha realizado contribuciones notables a él, pero de eso a considerarle de la talla de Einstein va un mundo.
Efectivamente Hawking ha sido –ya lo es menos– un magnífico físico. Sus trabajos de mediados de la década de 1960 (algunos en colaboración con Roger Penrose) sobre singularidades –como pueden ser el big bang o los agujeros negros– en el espacio-tiempo de la relatividad general fueron no sólo importantes en sí mismas, sino también para dar impulso, incluso para “crear”, a un campo de investigación que no ha hecho sino crecer desde entonces.
Otros trabajos de Hawking que es obligado recordar son los que dedicó a lo que se conoce como “evaporación de agujeros negros”. Durante un simposio dedicado a la “Gravedad cuántica” que se celebró en Oxford en 1974, Hawking sorprendió al mundo de los relativistas presentando la demostración de que los agujeros negros, que previamente se habían contemplado como incapaces de emitir nada, sólo de absorber, podían radiar debido a un mecanismo mecánico-cuántico, en el que se producían parejas de partícula-antipartícula, y que permitía hablar de la “temperatura” del agujero negro. Y temperatura está asociada a “calor”, y éste a “emisión térmica”. Semejante emisión térmica conduce a una lenta disminución de la masa de un agujero negro. Si la disminución es continua, es evidente que el agujero negro puede terminar desapareciendo. Sin embargo, para agujeros negros “normales”, cuya masa es varias veces la masa del Sol, esto no ocurre. En el caso, por ejemplo, de un agujero negro de una masa solar, su temperatura es menor que 3 grados kelvin, la temperatura, aproximada, del fondo de microondas, la radiación “fósil” o, mejor, “residual” del big bang. Esto quiere decir que agujeros negros de ese tamaño absorberán radiación más rápidamente de la que emitirán, lo que significa que continuarán aumentando de masa. Sin embargo, Hawking argumentó que además de los agujeros negros formados en un colapso gravitacional de grandes cantidades de materia, cabe suponer que se formarían otros, mucho más pequeños, en los primeros instantes del universo, debido a las fluctuaciones de densidad de materia-energía que se produjeron entonces. Estos mini-agujeros negros tendrían una temperatura mucho mayor y radiarían más energía de la que absorberían. Perderían masa, lo que les haría todavía más calientes, y acabarían estallando en una gran explosión de energía. Su vida sería tal, que podríamos observar esas explosiones ahora. No obstante, aún no han sido detectadas.
Fue el gran momento de Hawking como científico, aunque no, en modo alguno, su final. Sin embargo, por entonces apenas era conocido fuera del mundo científico. Todo cambió con la publicación de su libro de carácter popular, o de divulgación: A Brief History of Time (1988), traducido al español no como Una breve historia del tiempo, sino como Historia del tiempo. De él se han vendido más de diez millones de ejemplares (se mantuvo durante cuatro años en la lista de superventas del London Sunday Times), y probablemente ha sido traducido a todas las lenguas del mundo con un mínimo de hablantes. Es un buen libro, imaginativo y muy especulativo, y está escrito con un gran sentido del humor, y también de la oportunidad. Del humor me quedo con unas frases que aparecen en los “Agradecimientos”: “Alguien me dijo que cada ecuación que incluyera en el libro reduciría las ventas en la mitad. Al final, sin embargo, sí que incluí una ecuación, la famosa ecuación de Einstein, E = mc^2. Espero que esto no asuste a la mitad de mis potenciales lectores”. Me encuentro a menudo con personas que me dicen que no lo han entendido, algo que, por otra parte, no parece disminuir su entusiasmo y admiración por libro y autor. Dejando aparte el sentido del humor que he mencionado, y también el que el universo tiene para nosotros un atractivo especial, acaso atávico, y que la Historia del tiempo trata de eso, Hawking atrae la atención del público por la situación física en que se encuentra desde hace mucho.
En 1963, poco después de graduarse en Oxford y trasladarse a Cambridge, con el propósito de hacer una tesis doctoral en cosmología, desarrolló una gravísima enfermedad: la esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, un mal que destruye lentamente los nervios que controlan los músculos del cuerpo y que deja que éstos se consuman uno tras otro hasta quedar paralizados. Normalmente, este tipo de enfermedad conduce con cierta rapidez a la muerte, y Hawking pensó que eso le ocurriría a él, por lo que perdió durante algún tiempo interés por la ciencia. No obstante, hacia el invierno de 1964-1965 se hizo patente que la suya era una variante más lenta, y recuperó las ilusiones (de hecho se casó en 1965 y tuvo dos hijos y una hija; bastantes años más tarde, ya célebre y mucho más incapacitado, se divorció y volvió a casarse). Cuando yo vivía en Oxford, entre 1975 y 1978, recuerdo haberlo escuchado –y entendido lo que decía– en algún seminario suyo en el Instituto de Matemáticas. Hoy no sólo no puede hablar, sino que lo único que le conecta al mundo es un dedo, un mero dedo, con el que maneja un ordenador que produce una fría voz sintética, metálica.
No creo que sea irreverente o exagerado decir que la presencia física de Hawking, sentado, desmañado, incapaz de sujetarse, en una silla de ruedas, con cada vez más dificultades para hacerse entender, ha sido muy, muy importante en la atracción que el público ha sentido y siente por él y, subsiguientemente, por sus libros (después de Historia del tiempo llegaron otros, como el magnífico El universo en una cáscara de nuez publicado en 2001). Con justicia, la sociedad, el mundo, ha apreciado, admirado y se ha conmovido con el esfuerzo de un científico severamente incapacitado, que puede realizar complicados cálculos en su mente, sin un papel que le ayude, y que a pesar de todo no ha perdido el sentido del humor, que en él es casi legendario, ni la ilusión de vivir (viaja, por ejemplo, muy a menudo). Es, por todo ello, un ejemplo. El ejemplo de un ser humano que quiere vivir, que ama la ciencia, y el agrandarla y transmitirla a otros. Por eso es justa su fama, aunque no sea “el sucesor de Einstein”, y también que ocupe en Cambridge la cátedra (“Lucasiana”) universitaria que una vez fue de Isaac Newton.
Fuente: Sánchez Ron, José Manuel, Diccionario de la ciencia, España, Crítica, 2006.
Seguramente son muchas las personas a lo largo y ancho del mundo que con dificultad pueden mencionar un nombre de un científico vivo (y acaso también muerto) que no sea el del físico inglés Stephen W. Hawking (Oxford, 1942). … En mi opinión, ni es ni ha sido uno de los físicos más importantes del siglo XX o comienzos del XXI. No es, desde luego, como a veces se ha dicho y escrito (especialmente en los textos publicitarios de las contraportadas de sus libros de divulgación), “el sucesor de Einstein”. Es cierto que se ha dedicado a uno de los campos de investigación que éste creó, el de la relatividad general, y también que ha realizado contribuciones notables a él, pero de eso a considerarle de la talla de Einstein va un mundo.
Efectivamente Hawking ha sido –ya lo es menos– un magnífico físico. Sus trabajos de mediados de la década de 1960 (algunos en colaboración con Roger Penrose) sobre singularidades –como pueden ser el big bang o los agujeros negros– en el espacio-tiempo de la relatividad general fueron no sólo importantes en sí mismas, sino también para dar impulso, incluso para “crear”, a un campo de investigación que no ha hecho sino crecer desde entonces.
Otros trabajos de Hawking que es obligado recordar son los que dedicó a lo que se conoce como “evaporación de agujeros negros”. Durante un simposio dedicado a la “Gravedad cuántica” que se celebró en Oxford en 1974, Hawking sorprendió al mundo de los relativistas presentando la demostración de que los agujeros negros, que previamente se habían contemplado como incapaces de emitir nada, sólo de absorber, podían radiar debido a un mecanismo mecánico-cuántico, en el que se producían parejas de partícula-antipartícula, y que permitía hablar de la “temperatura” del agujero negro. Y temperatura está asociada a “calor”, y éste a “emisión térmica”. Semejante emisión térmica conduce a una lenta disminución de la masa de un agujero negro. Si la disminución es continua, es evidente que el agujero negro puede terminar desapareciendo. Sin embargo, para agujeros negros “normales”, cuya masa es varias veces la masa del Sol, esto no ocurre. En el caso, por ejemplo, de un agujero negro de una masa solar, su temperatura es menor que 3 grados kelvin, la temperatura, aproximada, del fondo de microondas, la radiación “fósil” o, mejor, “residual” del big bang. Esto quiere decir que agujeros negros de ese tamaño absorberán radiación más rápidamente de la que emitirán, lo que significa que continuarán aumentando de masa. Sin embargo, Hawking argumentó que además de los agujeros negros formados en un colapso gravitacional de grandes cantidades de materia, cabe suponer que se formarían otros, mucho más pequeños, en los primeros instantes del universo, debido a las fluctuaciones de densidad de materia-energía que se produjeron entonces. Estos mini-agujeros negros tendrían una temperatura mucho mayor y radiarían más energía de la que absorberían. Perderían masa, lo que les haría todavía más calientes, y acabarían estallando en una gran explosión de energía. Su vida sería tal, que podríamos observar esas explosiones ahora. No obstante, aún no han sido detectadas.
Fue el gran momento de Hawking como científico, aunque no, en modo alguno, su final. Sin embargo, por entonces apenas era conocido fuera del mundo científico. Todo cambió con la publicación de su libro de carácter popular, o de divulgación: A Brief History of Time (1988), traducido al español no como Una breve historia del tiempo, sino como Historia del tiempo. De él se han vendido más de diez millones de ejemplares (se mantuvo durante cuatro años en la lista de superventas del London Sunday Times), y probablemente ha sido traducido a todas las lenguas del mundo con un mínimo de hablantes. Es un buen libro, imaginativo y muy especulativo, y está escrito con un gran sentido del humor, y también de la oportunidad. Del humor me quedo con unas frases que aparecen en los “Agradecimientos”: “Alguien me dijo que cada ecuación que incluyera en el libro reduciría las ventas en la mitad. Al final, sin embargo, sí que incluí una ecuación, la famosa ecuación de Einstein, E = mc^2. Espero que esto no asuste a la mitad de mis potenciales lectores”. Me encuentro a menudo con personas que me dicen que no lo han entendido, algo que, por otra parte, no parece disminuir su entusiasmo y admiración por libro y autor. Dejando aparte el sentido del humor que he mencionado, y también el que el universo tiene para nosotros un atractivo especial, acaso atávico, y que la Historia del tiempo trata de eso, Hawking atrae la atención del público por la situación física en que se encuentra desde hace mucho.
En 1963, poco después de graduarse en Oxford y trasladarse a Cambridge, con el propósito de hacer una tesis doctoral en cosmología, desarrolló una gravísima enfermedad: la esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, un mal que destruye lentamente los nervios que controlan los músculos del cuerpo y que deja que éstos se consuman uno tras otro hasta quedar paralizados. Normalmente, este tipo de enfermedad conduce con cierta rapidez a la muerte, y Hawking pensó que eso le ocurriría a él, por lo que perdió durante algún tiempo interés por la ciencia. No obstante, hacia el invierno de 1964-1965 se hizo patente que la suya era una variante más lenta, y recuperó las ilusiones (de hecho se casó en 1965 y tuvo dos hijos y una hija; bastantes años más tarde, ya célebre y mucho más incapacitado, se divorció y volvió a casarse). Cuando yo vivía en Oxford, entre 1975 y 1978, recuerdo haberlo escuchado –y entendido lo que decía– en algún seminario suyo en el Instituto de Matemáticas. Hoy no sólo no puede hablar, sino que lo único que le conecta al mundo es un dedo, un mero dedo, con el que maneja un ordenador que produce una fría voz sintética, metálica.
No creo que sea irreverente o exagerado decir que la presencia física de Hawking, sentado, desmañado, incapaz de sujetarse, en una silla de ruedas, con cada vez más dificultades para hacerse entender, ha sido muy, muy importante en la atracción que el público ha sentido y siente por él y, subsiguientemente, por sus libros (después de Historia del tiempo llegaron otros, como el magnífico El universo en una cáscara de nuez publicado en 2001). Con justicia, la sociedad, el mundo, ha apreciado, admirado y se ha conmovido con el esfuerzo de un científico severamente incapacitado, que puede realizar complicados cálculos en su mente, sin un papel que le ayude, y que a pesar de todo no ha perdido el sentido del humor, que en él es casi legendario, ni la ilusión de vivir (viaja, por ejemplo, muy a menudo). Es, por todo ello, un ejemplo. El ejemplo de un ser humano que quiere vivir, que ama la ciencia, y el agrandarla y transmitirla a otros. Por eso es justa su fama, aunque no sea “el sucesor de Einstein”, y también que ocupe en Cambridge la cátedra (“Lucasiana”) universitaria que una vez fue de Isaac Newton.
Fuente: Sánchez Ron, José Manuel, Diccionario de la ciencia, España, Crítica, 2006.
12/09/08
Bichos en el cerebro
Por Robert Sapolsky
Al igual que la mayoría de los científicos, de vez en cuando asisto a reuniones de mi profesión. La reunión anual de la Sociedad para las Neurociencias conjunta a unos 28,000 investigadores, 14,000 ponencias y sus respectivos carteles. En medio de toda esta abrumadora cantidad de información, está latente la convicción de que, no obstante que la mayoría de nosotros “trabaja como negro” en el tema, aún estamos “en pañales” en cuanto a los que sabemos del funcionamiento del cerebro.
Intimidado por tanta información e invadido por una sensación generalizada de ignorancia tenía el ánimo de lo más bajo. Lo que motivó mis desmoralizantes reflexiones fue una reciente y extraordinaria ponencia sobre la manera en que ciertos parásitos controlan el cerebro de su huésped.
La mayoría sabemos que los virus, bacterias y protozoarios disponen de sorprendentes y sofisticadas maneras de utilizar el cuerpo de los animales para su provecho. Se apropian de nuestras células, energía y estilo de vida para prosperar ellos mismos, e incluso han llegado a desarrollar la habilidad de modificar la conducta de su huésped para sus propios fines. Ejemplos comunes de ello son los ectoparásitos, microorganismos que colonizan la superficie de su huésped. Por ejemplo, ciertos ácaros se adhieren a la espalda de las hormigas y, al perforar su cabeza, producen un reflejo que las hace vomitar alimentos que el ácaro se come. Algunos oxiuros depositan sus huevecillos en la piel de los roedores. Los huevecillos secretan una sustancia que provoca comezón; cuando el roedor se rasca con los dientes ingiere los huevos que, una vez dentro de él, se incuban plácidamente.
Los intrusos molestan a su huésped con el fin de provocar cambios en su conducta que les sean favorables. Pero algunos parásitos incluso alteran la función del sistema nerviosos mismo. A veces lo logran de forma indirecta mediante la manipulación de las hormonas que influyen en él. En Australia hay percebes (Sacculina granifera, una variedad de crustáceo) que se adhieren a los cangrejos machos y secretan una hormona feminizante que induce en éstos una conducta maternal. Actuando como zombi, el cangrejo cava agujeros en la arena para los huevos. Por supuesto, el cangrejo no los depositará, pero sí el percebes. Si éste infecta a un cangrejo hembra, induce la misma conducta maternal después de atrofiar sus ovarios, práctica conocida como castración parasitaria.
Por raros que parezcan estos casos, al menos en ellos los organismos permanecen fuera del cerebro. Pero hay casos en que los parásitos se las arreglan para penetrar el cerebro. Son microscópicos, en su mayoría virus, y no gigantescas criaturas como los ácaros, oxiuros y percebes. Una vez dentro del cerebro, estos diminutos parásitos están relativamente a salvo de los ataques inmunológicos y pueden concentrar sus esfuerzos en distraer la maquinaria neurológica para su provecho.
El virus de la rabia es uno de estos parásitos. Si bien desde hace siglos se conocen las reacciones que produce, nadie –hasta donde yo sé– las ha abordado desde el punto de vista neurobiológico, justo lo que me propongo hacer. Son muchos los mecanismos que el virus podría utilizar para pasar de un huésped a otro. Para ello no necesita llegar al cerebro. Podría haber recurrido a un truco similar al de los agentes que provocan el catarro, es decir, irritar las terminaciones nerviosas de la cavidad nasal para provocar estornudos que dispersen réplicas virales por todas partes. De esta manera, el virus puede trasladarse fácilmente del huésped a la persona que está sentada delante en el cine. O bien, el virus podría inducir un deseo insaciable de lamer a una persona o a un animal, con lo que lograría que la transmisión fuera a través de la saliva. Pero no: como todos sabemos, lo que hace es volver agresivo a su huésped, lo que le permite pasar a otro organismo a través de la saliva que penetra en las heridas.
Muchos neurobiólogos están dedicados a estudiar las bases neuronales de la agresión: los mecanismos cerebrales y neurotransmisores involucrados, las interacciones entre los genes y el ambiente, la modulación hormonal, etcétera. La agresión ha sido el tema central de conferencias, tesis doctorales, quisquillosas riñas académicas, desagradables disputas de autoría y demás. Sin embargo, aunque el virus de la rabia siempre ha “sabido” qué neuronas debe infectar para que alguien se vuelva rabioso, hasta donde sé, ningún neurólogo se ha dedicado específicamente a estudiar la rabia para conocer la neurobiología de la agresión.
Por extraordinarios que nos parezcan los efectos virales descritos, pueden serlo aún más gracias a la inespecificidad del parásito. Suponga que usted es un animal rabioso y muerde a alguna criatura en la cual el virus de la rabia no se reproduce bien, como los conejos. Por muy notables que fueran los efectos conductuales causados por la infección en el cerebro, si el impacto del parásito se diversificara demasiado, esté podría ir a dar a un huésped que no le ofreciera ninguna oportunidad.
Esto nos lleva a un caso de control cerebral maravillosamente específico y al tema de la ponencia de Manuel Berdoy y sus colegas de la Universidad de Oxford. Berdoy y sus compañeros estudiaron un parásito denominado Toxoplasma gondii. En una utopía toxoplásmica, la vida consiste en una secuencia de dos huéspedes: roedores y gatos. El roedor ingiere al protozoario y éste provoca que aparezcan quistes en todo su cuerpo, especialmente en el cerebro. El gato se come al roedor, después de lo cual, el toxoplasma se reproduce en su cuerpo. Los parásitos desarrollados se albergan en las heces fecales del gato, las cuales son mordisqueadas por los roedores y el ciclo vital del intruso inicia nuevamente. Esta trama gira en torno a la especificidad: los gatos son la única especie en la que el toxoplasma se puede reproducir y esparcir. Al toxoplasma no le convendría que a su roedor huésped lo devorara un halcón, o que las heces del gato fuesen ingeridas por un escarabajo pelotero. De hecho, este parásito puede infectar todo tipo de especies, y para reproducirse, lo único que necesita es ir a dar a un gato.
Debido al potencial del toxoplasma para infectar a otras especies, en los libros sobre qué hacer durante el embarazo se recomienda evitar tener gatos y su caja de arena dentro de la casa, y que las embarazadas eviten trabajar en el jardín si hay gatos alrededor. Si el toxoplasma que se encuentra en las heces de un gato logra trasladarse a una mujer embarazada, también puede introducirse en el feto y causarle daño cerebral. Las mujeres embarazadas que están bien informadas se ponen inquietas ante la presencia de gatos, pero los roedores infectados de toxoplasma reaccionan de manera contraria. El extraordinario truco de este parásito consiste en lograr que los roedores dejen de ponerse inquietos.
Todos los buenos roedores evitan a los gatos, una conducta que los etólogos denominan patrón de reacción fijo; el roedor no genera una aversión por ensayo y error (no tienen muchas oportunidades para aprender de sus errores con los gatos). Los roedores llevan en las entrañas la fobia a los felinos y la advertencia les llega por el olfato mediante las feromonas, señales químicas odoríficas que producen los animales. Instintivamente, los roedores huyen ante el olor a gato, incluso aquéllos que nunca han visto un gato en toda su vida, como los descendientes de cientos de generaciones de animales de laboratorio. La excepción de lo anterior son los que están infectados con toxoplasma. Berdoy y su equipo han demostrado que estos roedores pierden selectivamente su aversión y temor ante las feromonas de los gatos.
Ahora bien, el anterior no es un caso general de un parásito que se mete en la cabeza de un huésped intermedio, lo atolondra y lo vuelve vulnerable. En los roedores todo lo demás queda intacto. El comportamiento social del animal no se modifica; sigue interesado en aparearse y, por lo mismo, en los feromonas del sexo opuesto. Los roedores infectados pueden distinguir otros olores; simplemente no rehúyen los de feromonas de gato. Esto es como para dejarnos sin habla; es como si un parásito infectara el cerebro de alguien, sin que ello afectara sus pensamientos, emociones, calificaciones y preferencias de programas de televisión, pero para completar su siclo vital, produjera en su huésped un impulso irresistible de ir al zoológico, trepar una valla y tratar de dar un beso apasionado al oso polar con pinta de ser el más enojón de todos. Citando el título del artículo del equipo de Berdoy, se trata realmente de una atracción fatal inducida por un parásito.
Es obvio que todavía falta mucho por investigar. Y menciono esto no sólo porque así suelen concluir los artículos científicos, sino porque este descubrimiento es algo extraordinario que alguien tiene que estudiar cabalmente. Y también porque –permítanme asumir una actitud de Stephen Jay Gould– nos aporta más pruebas de que la evolución es algo asombroso. Muchos de nosotros sostenemos la idea profundamente arraigada de que la evolución lleva un rumbo y es progresiva: los invertebrados son más primitivos que los vertebrados, los mamíferos son los vertebrados más evolucionados, los primates son genéticamente lo más selecto de los mamíferos, etcétera. Algunos de mis mejores estudiantes constantemente se tragan todas estas ideas, no obstante todo lo que les reitero en mis conferencias. Si uno adopta gustosamente esta idea, no sólo estará equivocado, sino tampoco muy lejos de una filosofía que considera que la evolución de los humanos ha seguido una dirección, siendo los más evolucionados los europeos del norte que gusta de las chuletas y de marchar a paso de ganso.
Recuerden, existen criaturas capaces de controlar nuestro cerebro. Organismos microscópicos y otros mayores, con más poder que el Gran Hermano y, desde luego, que los neurólogos. Mi reflexión sobre un charco de la acera me llevó a una conclusión opuesta a lo que Narciso pensaba mientras contemplaba su reflejo. Tenemos que ser humildes desde el punto de vista filogenético. Sin lugar a dudas no somos la más evolucionada de las especies, ni la menos vulnerable y tampoco la más inteligente.
Fuente: Sapolsky, R. (2003), “Bichos en el cerebro”, Scientific American México (mayo), pp. 68-71.
Al igual que la mayoría de los científicos, de vez en cuando asisto a reuniones de mi profesión. La reunión anual de la Sociedad para las Neurociencias conjunta a unos 28,000 investigadores, 14,000 ponencias y sus respectivos carteles. En medio de toda esta abrumadora cantidad de información, está latente la convicción de que, no obstante que la mayoría de nosotros “trabaja como negro” en el tema, aún estamos “en pañales” en cuanto a los que sabemos del funcionamiento del cerebro.
Intimidado por tanta información e invadido por una sensación generalizada de ignorancia tenía el ánimo de lo más bajo. Lo que motivó mis desmoralizantes reflexiones fue una reciente y extraordinaria ponencia sobre la manera en que ciertos parásitos controlan el cerebro de su huésped.La mayoría sabemos que los virus, bacterias y protozoarios disponen de sorprendentes y sofisticadas maneras de utilizar el cuerpo de los animales para su provecho. Se apropian de nuestras células, energía y estilo de vida para prosperar ellos mismos, e incluso han llegado a desarrollar la habilidad de modificar la conducta de su huésped para sus propios fines. Ejemplos comunes de ello son los ectoparásitos, microorganismos que colonizan la superficie de su huésped. Por ejemplo, ciertos ácaros se adhieren a la espalda de las hormigas y, al perforar su cabeza, producen un reflejo que las hace vomitar alimentos que el ácaro se come. Algunos oxiuros depositan sus huevecillos en la piel de los roedores. Los huevecillos secretan una sustancia que provoca comezón; cuando el roedor se rasca con los dientes ingiere los huevos que, una vez dentro de él, se incuban plácidamente.
Los intrusos molestan a su huésped con el fin de provocar cambios en su conducta que les sean favorables. Pero algunos parásitos incluso alteran la función del sistema nerviosos mismo. A veces lo logran de forma indirecta mediante la manipulación de las hormonas que influyen en él. En Australia hay percebes (Sacculina granifera, una variedad de crustáceo) que se adhieren a los cangrejos machos y secretan una hormona feminizante que induce en éstos una conducta maternal. Actuando como zombi, el cangrejo cava agujeros en la arena para los huevos. Por supuesto, el cangrejo no los depositará, pero sí el percebes. Si éste infecta a un cangrejo hembra, induce la misma conducta maternal después de atrofiar sus ovarios, práctica conocida como castración parasitaria.
Por raros que parezcan estos casos, al menos en ellos los organismos permanecen fuera del cerebro. Pero hay casos en que los parásitos se las arreglan para penetrar el cerebro. Son microscópicos, en su mayoría virus, y no gigantescas criaturas como los ácaros, oxiuros y percebes. Una vez dentro del cerebro, estos diminutos parásitos están relativamente a salvo de los ataques inmunológicos y pueden concentrar sus esfuerzos en distraer la maquinaria neurológica para su provecho.
El virus de la rabia es uno de estos parásitos. Si bien desde hace siglos se conocen las reacciones que produce, nadie –hasta donde yo sé– las ha abordado desde el punto de vista neurobiológico, justo lo que me propongo hacer. Son muchos los mecanismos que el virus podría utilizar para pasar de un huésped a otro. Para ello no necesita llegar al cerebro. Podría haber recurrido a un truco similar al de los agentes que provocan el catarro, es decir, irritar las terminaciones nerviosas de la cavidad nasal para provocar estornudos que dispersen réplicas virales por todas partes. De esta manera, el virus puede trasladarse fácilmente del huésped a la persona que está sentada delante en el cine. O bien, el virus podría inducir un deseo insaciable de lamer a una persona o a un animal, con lo que lograría que la transmisión fuera a través de la saliva. Pero no: como todos sabemos, lo que hace es volver agresivo a su huésped, lo que le permite pasar a otro organismo a través de la saliva que penetra en las heridas.
Muchos neurobiólogos están dedicados a estudiar las bases neuronales de la agresión: los mecanismos cerebrales y neurotransmisores involucrados, las interacciones entre los genes y el ambiente, la modulación hormonal, etcétera. La agresión ha sido el tema central de conferencias, tesis doctorales, quisquillosas riñas académicas, desagradables disputas de autoría y demás. Sin embargo, aunque el virus de la rabia siempre ha “sabido” qué neuronas debe infectar para que alguien se vuelva rabioso, hasta donde sé, ningún neurólogo se ha dedicado específicamente a estudiar la rabia para conocer la neurobiología de la agresión.
Por extraordinarios que nos parezcan los efectos virales descritos, pueden serlo aún más gracias a la inespecificidad del parásito. Suponga que usted es un animal rabioso y muerde a alguna criatura en la cual el virus de la rabia no se reproduce bien, como los conejos. Por muy notables que fueran los efectos conductuales causados por la infección en el cerebro, si el impacto del parásito se diversificara demasiado, esté podría ir a dar a un huésped que no le ofreciera ninguna oportunidad.
Esto nos lleva a un caso de control cerebral maravillosamente específico y al tema de la ponencia de Manuel Berdoy y sus colegas de la Universidad de Oxford. Berdoy y sus compañeros estudiaron un parásito denominado Toxoplasma gondii. En una utopía toxoplásmica, la vida consiste en una secuencia de dos huéspedes: roedores y gatos. El roedor ingiere al protozoario y éste provoca que aparezcan quistes en todo su cuerpo, especialmente en el cerebro. El gato se come al roedor, después de lo cual, el toxoplasma se reproduce en su cuerpo. Los parásitos desarrollados se albergan en las heces fecales del gato, las cuales son mordisqueadas por los roedores y el ciclo vital del intruso inicia nuevamente. Esta trama gira en torno a la especificidad: los gatos son la única especie en la que el toxoplasma se puede reproducir y esparcir. Al toxoplasma no le convendría que a su roedor huésped lo devorara un halcón, o que las heces del gato fuesen ingeridas por un escarabajo pelotero. De hecho, este parásito puede infectar todo tipo de especies, y para reproducirse, lo único que necesita es ir a dar a un gato.
Debido al potencial del toxoplasma para infectar a otras especies, en los libros sobre qué hacer durante el embarazo se recomienda evitar tener gatos y su caja de arena dentro de la casa, y que las embarazadas eviten trabajar en el jardín si hay gatos alrededor. Si el toxoplasma que se encuentra en las heces de un gato logra trasladarse a una mujer embarazada, también puede introducirse en el feto y causarle daño cerebral. Las mujeres embarazadas que están bien informadas se ponen inquietas ante la presencia de gatos, pero los roedores infectados de toxoplasma reaccionan de manera contraria. El extraordinario truco de este parásito consiste en lograr que los roedores dejen de ponerse inquietos.
Todos los buenos roedores evitan a los gatos, una conducta que los etólogos denominan patrón de reacción fijo; el roedor no genera una aversión por ensayo y error (no tienen muchas oportunidades para aprender de sus errores con los gatos). Los roedores llevan en las entrañas la fobia a los felinos y la advertencia les llega por el olfato mediante las feromonas, señales químicas odoríficas que producen los animales. Instintivamente, los roedores huyen ante el olor a gato, incluso aquéllos que nunca han visto un gato en toda su vida, como los descendientes de cientos de generaciones de animales de laboratorio. La excepción de lo anterior son los que están infectados con toxoplasma. Berdoy y su equipo han demostrado que estos roedores pierden selectivamente su aversión y temor ante las feromonas de los gatos.
Ahora bien, el anterior no es un caso general de un parásito que se mete en la cabeza de un huésped intermedio, lo atolondra y lo vuelve vulnerable. En los roedores todo lo demás queda intacto. El comportamiento social del animal no se modifica; sigue interesado en aparearse y, por lo mismo, en los feromonas del sexo opuesto. Los roedores infectados pueden distinguir otros olores; simplemente no rehúyen los de feromonas de gato. Esto es como para dejarnos sin habla; es como si un parásito infectara el cerebro de alguien, sin que ello afectara sus pensamientos, emociones, calificaciones y preferencias de programas de televisión, pero para completar su siclo vital, produjera en su huésped un impulso irresistible de ir al zoológico, trepar una valla y tratar de dar un beso apasionado al oso polar con pinta de ser el más enojón de todos. Citando el título del artículo del equipo de Berdoy, se trata realmente de una atracción fatal inducida por un parásito.
Es obvio que todavía falta mucho por investigar. Y menciono esto no sólo porque así suelen concluir los artículos científicos, sino porque este descubrimiento es algo extraordinario que alguien tiene que estudiar cabalmente. Y también porque –permítanme asumir una actitud de Stephen Jay Gould– nos aporta más pruebas de que la evolución es algo asombroso. Muchos de nosotros sostenemos la idea profundamente arraigada de que la evolución lleva un rumbo y es progresiva: los invertebrados son más primitivos que los vertebrados, los mamíferos son los vertebrados más evolucionados, los primates son genéticamente lo más selecto de los mamíferos, etcétera. Algunos de mis mejores estudiantes constantemente se tragan todas estas ideas, no obstante todo lo que les reitero en mis conferencias. Si uno adopta gustosamente esta idea, no sólo estará equivocado, sino tampoco muy lejos de una filosofía que considera que la evolución de los humanos ha seguido una dirección, siendo los más evolucionados los europeos del norte que gusta de las chuletas y de marchar a paso de ganso.
Recuerden, existen criaturas capaces de controlar nuestro cerebro. Organismos microscópicos y otros mayores, con más poder que el Gran Hermano y, desde luego, que los neurólogos. Mi reflexión sobre un charco de la acera me llevó a una conclusión opuesta a lo que Narciso pensaba mientras contemplaba su reflejo. Tenemos que ser humildes desde el punto de vista filogenético. Sin lugar a dudas no somos la más evolucionada de las especies, ni la menos vulnerable y tampoco la más inteligente.
Fuente: Sapolsky, R. (2003), “Bichos en el cerebro”, Scientific American México (mayo), pp. 68-71.
10/09/08
Vasija de barro [audio]
Por Atahualpa Yupanqui
Yo quiero que a mí me entierren
Como a mis antepasados
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro
Cuando la vida se cubre
Tras una cortina de años
Vivirán a flor de tiempo
Amores y desengaños
Arcilla cocida y dura
Alma de verdes collados
Sangre y sueño de mis hombres
Sol de mis antepasados
De ti nací y a ti vuelvo
Arcilla vaso de barro
Con mi muerte yazgo en ti
Y en tu polvo enamorado
Yo quiero que a mí me entierren
Como a mis antepasados
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro
Vasija de barro
Transcrito por Pichón
Yo quiero que a mí me entierren
Como a mis antepasados
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro
Cuando la vida se cubre
Tras una cortina de años
Vivirán a flor de tiempo
Amores y desengaños
Arcilla cocida y dura
Alma de verdes collados
Sangre y sueño de mis hombres
Sol de mis antepasados
De ti nací y a ti vuelvo
Arcilla vaso de barro
Con mi muerte yazgo en ti
Y en tu polvo enamorado
Yo quiero que a mí me entierren
Como a mis antepasados
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro
Vasija de barro
Transcrito por Pichón
8/09/08
Coplas
Por Eduardo Galeano (compilador)
Coplas del mujeriego, del cancionero español
Como los moros gastan
siete mujeres,
también los españoles
gastarlas quieren.
¡Ay, qué alegría,
que ya se ha vuelto España
la morería!
Querer una no es ninguna,
querer dos es falsedad,
querer tres y engañar cuatro,
¡eso es gloria que Dios da!
…
Coplas españolas de cantar y bailar
Yo he visto a un hombre vivir
con más de cien puñaladas
y luego lo vi morir
por una sola mirada.
En lo profundo del mar
suspiraba una ballena
y en los suspiros decía:
“Quien tiene amor, tiene pena.”
Quiero cantar ahora
que tengo ganas,
por si acaso me toca
llorar mañana.
…
Coplas del que fue a la Indias, cantadas en España
A Ronda se va por peros,
a Argonales por manzanas,
a las Indias por dinero
y a la sierra por serranas.
Mi marido fue a las Indias
para aumentar su caudal:
trajo mucho que decir,
pero poco que contar.
Mi marido fue a las Indias
y me trajo una navaja
con un letrero que dice:
“Si quieres comer, trabaja.”
A las Indias van los hombres,
a las Indias, por ganar.
¡Las Indias aquí las tienen,
si quisieran trabajar!
…
Coplas populares del que ama callando
Quiero decir y no digo
y estoy sin decir diciendo.
Quiero y no quiero querer
y estoy sin querer queriendo.
Tengo un dolor no sé dónde,
nacido de no sé qué.
Sanaré yo no sé cuando
si me cura quien yo sé.
Cada vez que me miras
y yo te miro,
con los ojos te digo
lo que no digo.
Como te hallo
te miro y callo.
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego I. Los nacimientos, México, siglo veintiuno, 1982.
Coplas del mujeriego, del cancionero español
Como los moros gastan
siete mujeres,
también los españoles
gastarlas quieren.
¡Ay, qué alegría,
que ya se ha vuelto España
la morería!
Querer una no es ninguna,
querer dos es falsedad,
querer tres y engañar cuatro,
¡eso es gloria que Dios da!
…
Coplas españolas de cantar y bailar
Yo he visto a un hombre vivir
con más de cien puñaladas
y luego lo vi morir
por una sola mirada.
En lo profundo del mar
suspiraba una ballena
y en los suspiros decía:
“Quien tiene amor, tiene pena.”
Quiero cantar ahora
que tengo ganas,
por si acaso me toca
llorar mañana.
…
Coplas del que fue a la Indias, cantadas en España
A Ronda se va por peros,
a Argonales por manzanas,
a las Indias por dinero
y a la sierra por serranas.
Mi marido fue a las Indias
para aumentar su caudal:
trajo mucho que decir,
pero poco que contar.
Mi marido fue a las Indias
y me trajo una navaja
con un letrero que dice:
“Si quieres comer, trabaja.”
A las Indias van los hombres,
a las Indias, por ganar.
¡Las Indias aquí las tienen,
si quisieran trabajar!
…
Coplas populares del que ama callando
Quiero decir y no digo
y estoy sin decir diciendo.
Quiero y no quiero querer
y estoy sin querer queriendo.
Tengo un dolor no sé dónde,
nacido de no sé qué.
Sanaré yo no sé cuando
si me cura quien yo sé.
Cada vez que me miras
y yo te miro,
con los ojos te digo
lo que no digo.
Como te hallo
te miro y callo.
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego I. Los nacimientos, México, siglo veintiuno, 1982.
6/09/08
La hipnosis y la memoria
Por Michael R. Nash
Puede que en ninguna otra cuestión haya generado la hipnosis más controversia que en la de la "recuperación" de la memoria. La psicología tiene establecido que los seres humanos son bastante capaces de discernir si un suceso ha ocurrido realmente o si sólo se lo han imaginado. Pero en algunas circunstancias nos falla tal discernimiento: podemos llegar a creer (o ser inducidos a creer) que nos ha ocurrido algo, sin que en realidad haya sido así. Uno de los indicios clave al que los seres humanos parecen recurrir para hacer la distinción entre lo real y lo imaginado es el de la experiencia del esfuerzo. Parece como si, al codificar un recuerdo, una ‘etiqueta’ nos indicase la cantidad de esfuerzo empleado: si el evento es etiquetado como habiendo supuesto por nuestra parte una buena proporción de esfuerzo mental, tendemos a interpretarlo como fruto de nuestra imaginación; si es etiquetado como habiendo requerido relativamente poco esfuerzo mental, tendemos a interpretarlo como algo que nos ocurrió en realidad. Dado que un importante distintivo de la hipnosis es precisamente la sensación de falta de esfuerzo, compréndese que los hipnotizados puedan confundir tan fácilmente un imaginado suceso pretérito con algo en verdad sucedido hace mucho. Y también así es posible que algo meramente imaginado pueda llegar a introducirse como un episodio en la historia de nuestra vida.
Este efecto ha sido comprobado en numerosos estudios. Por ejemplo, a sujetos a los que se ha hipnotizado con facilidad se les suele poder inducir a que refieran con toda suerte de detalles acontecimientos de los primeros meses de su vida, aun cuando en realidad tales eventos nunca ocurrieran y por más que, sencillamente, los adultos no tengan ninguna posibilidad de recordar la primera infancia. Cuando se les propone regresar a la infancia, los sujetos muy hipnotizables se comportan de una manera más o menos infantil, son con frecuencia muy emotivos y pueden después insistir en que han estado reviviendo de veras su infancia. Pero las investigaciones confirman que esas respuestas no son en modo alguno auténticamente infantiles. No lo son siquiera la pronunciación, los gestos, la emoción, la percepción, el vocabulario, las formas de pensar. Esas actuaciones tienen tan poco de infantiles como las de los adultos cuando juegan a remedar a los niños. Resumiendo, en la hipnosis no hay nada que capacite al sujeto para superar la naturaleza y las limitaciones básicas de la memoria humana; a nadie le permite exhumar recuerdos que tengan decenios de antigüedad ni recorrer hacia el pasado, desandándolo, el desarrollo de su existencia.
Fuente: http://www.investigacionyciencia.es/solo_articulo.asp?indice=0
Puede que en ninguna otra cuestión haya generado la hipnosis más controversia que en la de la "recuperación" de la memoria. La psicología tiene establecido que los seres humanos son bastante capaces de discernir si un suceso ha ocurrido realmente o si sólo se lo han imaginado. Pero en algunas circunstancias nos falla tal discernimiento: podemos llegar a creer (o ser inducidos a creer) que nos ha ocurrido algo, sin que en realidad haya sido así. Uno de los indicios clave al que los seres humanos parecen recurrir para hacer la distinción entre lo real y lo imaginado es el de la experiencia del esfuerzo. Parece como si, al codificar un recuerdo, una ‘etiqueta’ nos indicase la cantidad de esfuerzo empleado: si el evento es etiquetado como habiendo supuesto por nuestra parte una buena proporción de esfuerzo mental, tendemos a interpretarlo como fruto de nuestra imaginación; si es etiquetado como habiendo requerido relativamente poco esfuerzo mental, tendemos a interpretarlo como algo que nos ocurrió en realidad. Dado que un importante distintivo de la hipnosis es precisamente la sensación de falta de esfuerzo, compréndese que los hipnotizados puedan confundir tan fácilmente un imaginado suceso pretérito con algo en verdad sucedido hace mucho. Y también así es posible que algo meramente imaginado pueda llegar a introducirse como un episodio en la historia de nuestra vida.
Este efecto ha sido comprobado en numerosos estudios. Por ejemplo, a sujetos a los que se ha hipnotizado con facilidad se les suele poder inducir a que refieran con toda suerte de detalles acontecimientos de los primeros meses de su vida, aun cuando en realidad tales eventos nunca ocurrieran y por más que, sencillamente, los adultos no tengan ninguna posibilidad de recordar la primera infancia. Cuando se les propone regresar a la infancia, los sujetos muy hipnotizables se comportan de una manera más o menos infantil, son con frecuencia muy emotivos y pueden después insistir en que han estado reviviendo de veras su infancia. Pero las investigaciones confirman que esas respuestas no son en modo alguno auténticamente infantiles. No lo son siquiera la pronunciación, los gestos, la emoción, la percepción, el vocabulario, las formas de pensar. Esas actuaciones tienen tan poco de infantiles como las de los adultos cuando juegan a remedar a los niños. Resumiendo, en la hipnosis no hay nada que capacite al sujeto para superar la naturaleza y las limitaciones básicas de la memoria humana; a nadie le permite exhumar recuerdos que tengan decenios de antigüedad ni recorrer hacia el pasado, desandándolo, el desarrollo de su existencia.Fuente: http://www.investigacionyciencia.es/solo_articulo.asp?indice=0
4/09/08
La carta [audio]
Por Violeta Parra
Me mandaron una carta
Por el correo temprano
En esa carta me dicen
Que cayó preso mi hermano
Y si lastima con grillo
Por la calle lo arrastraron, sí
La carta dice el motivo
Que ha cometido Roberto
Haber apoyado el paro
Que ya se había resuelto
Si acaso este es un motivo
Presa también voy sargento, sí
Yo que me encuentro tan lejos
Esperando una noticia
Me viene a decir la carta
Que en mi patria no hay justicia
Los hambrientos piden pan
Plomo le da la milicia, sí
De esta manera pomposa
Quieren conservar su asiento
Los de abanico y de frac
Sin tener merecimiento
Van y vienen de la iglesia
Y olvidan los mandamientos, sí
Habrase visto insolencia
Barbarie y alevosía
De presentar el trabuco
Y matar a sangre fría
A quien defensa no tiene
Con las dos manos vacías, sí
La carta que he recibido
Me pide contestación
Yo pido que se propale
Por toda la población
Que el león es un sanguinario
En toda generación, sí
Por suerte tengo guitarra
Para llorar mi dolor
También tengo nueve hermanos
Fuera del que se engrilló
Los nueve son comunistas
Con el favor de mi dios, sí
Transcrito por Pichón
Me mandaron una carta
Por el correo temprano
En esa carta me dicen
Que cayó preso mi hermano
Y si lastima con grillo
Por la calle lo arrastraron, sí
La carta dice el motivo
Que ha cometido Roberto
Haber apoyado el paro
Que ya se había resuelto
Si acaso este es un motivo
Presa también voy sargento, sí
Yo que me encuentro tan lejos
Esperando una noticia
Me viene a decir la carta
Que en mi patria no hay justicia
Los hambrientos piden pan
Plomo le da la milicia, sí
De esta manera pomposa
Quieren conservar su asiento
Los de abanico y de frac
Sin tener merecimiento
Van y vienen de la iglesia
Y olvidan los mandamientos, sí
Habrase visto insolencia
Barbarie y alevosía
De presentar el trabuco
Y matar a sangre fría
A quien defensa no tiene
Con las dos manos vacías, sí
La carta que he recibido
Me pide contestación
Yo pido que se propale
Por toda la población
Que el león es un sanguinario
En toda generación, sí
Por suerte tengo guitarra
Para llorar mi dolor
También tengo nueve hermanos
Fuera del que se engrilló
Los nueve son comunistas
Con el favor de mi dios, sí
Transcrito por Pichón
2/09/08
Espiritismo
Por Carl Sagan
En 1848 vivían en el estado de Nueva York dos muchachitas, Margaret y Kate Fox, de las que se contaban maravillosas historias. En presencia de las hermanas Fox podían oírse misteriosos ruidos acompasados que, con más atención, resultaban ser mensajes codificados procedentes del mundo de los espíritus; pregúntesele algo al espíritu: un golpe significa no, tres golpes significan sí. Las hermanas Fox causaron sensación, emprendieron giras por toda la nación organizadas por su hermana mayor y se convirtieron en centro de atención de una serie de intelectuales y literatos europeos, como por ejemplo Elizabeth Barrett Browning. Las “exhibiciones” de las hermanas Fox constituyen la fuente del espiritismo moderno, según el cual, gracias a un especial esfuerzo de la voluntad, unos pocos individuos atesoran el don de comunicarse con los espíritus de personas ya fallecidas...
Cuarenta años después de las primeras “exhibiciones”, desasosegada consigo misma, Margaret Fox redactó una confesión firmada. Los golpes se producían, mientras permanecían de pie sin esfuerzo ni movimiento aparentes, chasqueando las articulaciones de los dedos de los pies o de los tobillos, de modo muy similar a como se produce un crujido con los nudillos. “Y así fue como empezamos. Primero, como un simple truco para asustar a nuestra madre, pero luego, cuando empezó a visitarnos mucha gente, fuimos nosotras mismas las atemorizadas, y nos vimos forzadas a continuar con el engaño para protegernos. Nadie podía pensar en un truco ya que éramos demasiado niñas para que se nos ocurriese tal cosa. Actuamos como lo hicimos bajo el estímulo intencionado de nuestra hermana mayor y el inconsciente de nuestra madre.” La hermana mayor, encargada de organizar las giras, parece haber sido siempre plenamente consciente del fraude. Su motivación para mantenerlo, el dinero.
El aspecto más instructivo del caso Fox no es que se consiguiera embaucar a tanta gente, sino que tras confesar el engaño, después de que Margaret Fox hiciera una demostración pública en el escenario de un teatro neoyorquino de su “preternatural dedo gordo del pie”, muchos fueron los engañados que se negaron a admitir la existencia de fraude. Sostenían que Margaret se había visto forzada a confesar bajo la presión de alguna Inquisición de sesgo racionalista. La gente raramente agradece que se le demuestre abiertamente su credulidad.
Fuente: Sagan, Carl, El cerebro de Broca, Barcelona, Crítica, 1974.
En 1848 vivían en el estado de Nueva York dos muchachitas, Margaret y Kate Fox, de las que se contaban maravillosas historias. En presencia de las hermanas Fox podían oírse misteriosos ruidos acompasados que, con más atención, resultaban ser mensajes codificados procedentes del mundo de los espíritus; pregúntesele algo al espíritu: un golpe significa no, tres golpes significan sí. Las hermanas Fox causaron sensación, emprendieron giras por toda la nación organizadas por su hermana mayor y se convirtieron en centro de atención de una serie de intelectuales y literatos europeos, como por ejemplo Elizabeth Barrett Browning. Las “exhibiciones” de las hermanas Fox constituyen la fuente del espiritismo moderno, según el cual, gracias a un especial esfuerzo de la voluntad, unos pocos individuos atesoran el don de comunicarse con los espíritus de personas ya fallecidas...
Cuarenta años después de las primeras “exhibiciones”, desasosegada consigo misma, Margaret Fox redactó una confesión firmada. Los golpes se producían, mientras permanecían de pie sin esfuerzo ni movimiento aparentes, chasqueando las articulaciones de los dedos de los pies o de los tobillos, de modo muy similar a como se produce un crujido con los nudillos. “Y así fue como empezamos. Primero, como un simple truco para asustar a nuestra madre, pero luego, cuando empezó a visitarnos mucha gente, fuimos nosotras mismas las atemorizadas, y nos vimos forzadas a continuar con el engaño para protegernos. Nadie podía pensar en un truco ya que éramos demasiado niñas para que se nos ocurriese tal cosa. Actuamos como lo hicimos bajo el estímulo intencionado de nuestra hermana mayor y el inconsciente de nuestra madre.” La hermana mayor, encargada de organizar las giras, parece haber sido siempre plenamente consciente del fraude. Su motivación para mantenerlo, el dinero.El aspecto más instructivo del caso Fox no es que se consiguiera embaucar a tanta gente, sino que tras confesar el engaño, después de que Margaret Fox hiciera una demostración pública en el escenario de un teatro neoyorquino de su “preternatural dedo gordo del pie”, muchos fueron los engañados que se negaron a admitir la existencia de fraude. Sostenían que Margaret se había visto forzada a confesar bajo la presión de alguna Inquisición de sesgo racionalista. La gente raramente agradece que se le demuestre abiertamente su credulidad.
Fuente: Sagan, Carl, El cerebro de Broca, Barcelona, Crítica, 1974.
31/08/08
Cara de ratona traviesa
Por Eduardo Galeano
1935
Buenos Aires
Alfonsina
A la mujer que piensa se le secan los ovarios. Nace la mujer para producir leche y lágrimas, no ideas; y no para vivir la vida sino para espiarla desde las ventanas a medio cerrar. Mil veces se lo han explicado y Alfonsina Storni nunca lo creyó. Sus versos más difundidos protestan contra el macho enjaulador.
Cuando hace años llegó a Buenos Aires desde provincias, Alfonsina traía unos viejos zapatos de tacones torcidos y en el vientre un hijo sin padre legal. En esta ciudad trabajó en lo que hubiera; y robaba formularios del telégrafo para escribir sus tristezas. Mientras pulía las palabras, verso a verso, noche a noche, cruzaba los dedos y besaba las barajas que anunciaban viajes y herencias y amores.
El tiempo ha pasado, casi un cuarto de siglo; y nada le regaló la suerte. Pero peleando a brazo partido Alfonsina ha sido capaz de abrirse paso en el masculino mundo. Su cara de ratona traviesa nunca falta en las fotos que congregan a los escritores argentinos más ilustres.
Este año, en el verano, supo que tenía cáncer. Desde entonces escribe poemas que hablan del abrazo de la mar y de la casa que la espera allá en el fondo, en la avenida de las madréporas.
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego III. El siglo del viento, España, siglo veintiuno, 1986.
1935
Buenos Aires
AlfonsinaA la mujer que piensa se le secan los ovarios. Nace la mujer para producir leche y lágrimas, no ideas; y no para vivir la vida sino para espiarla desde las ventanas a medio cerrar. Mil veces se lo han explicado y Alfonsina Storni nunca lo creyó. Sus versos más difundidos protestan contra el macho enjaulador.
Cuando hace años llegó a Buenos Aires desde provincias, Alfonsina traía unos viejos zapatos de tacones torcidos y en el vientre un hijo sin padre legal. En esta ciudad trabajó en lo que hubiera; y robaba formularios del telégrafo para escribir sus tristezas. Mientras pulía las palabras, verso a verso, noche a noche, cruzaba los dedos y besaba las barajas que anunciaban viajes y herencias y amores.
El tiempo ha pasado, casi un cuarto de siglo; y nada le regaló la suerte. Pero peleando a brazo partido Alfonsina ha sido capaz de abrirse paso en el masculino mundo. Su cara de ratona traviesa nunca falta en las fotos que congregan a los escritores argentinos más ilustres.
Este año, en el verano, supo que tenía cáncer. Desde entonces escribe poemas que hablan del abrazo de la mar y de la casa que la espera allá en el fondo, en la avenida de las madréporas.
Fuente: Galeano, Eduardo, Memoria del fuego III. El siglo del viento, España, siglo veintiuno, 1986.
29/08/08
Telescopio de la imaginación
Por Jacob Bronowski
El hombre es un animal débil, lento, torpe, inerme; tuvo que inventar una piedra, un pedernal, un cuchillo, una lanza. Pero, ¿por qué a estos inventos científicos, que le eran esenciales para sobrevivir, añadió el hombre desde un principio las artes que hoy nos asombran: los decorados con formas animales? Y, sobre todo, ¿por qué llegaba a cuevas como esta, vivía en ella, y después realizaba pinturas de animales no donde vivía sino en lugares oscuros, secretos, remotos, ocultos, inaccesibles?
Es obvio decir que en esos lugares el animal era mágico. Sin duda eso es cierto; pero magia es sólo una palabra, no una respuesta. En sí, magia es una palabra que no explica nada. Indica que el hombre creía tener poder, pero, ¿qué poder? Todavía queremos saber qué tipo de poder creían los cazadores haber obtenido de las pinturas.
Aquí, sólo puedo ofrecerle mi punto de vista personal. Creo que el poder que vemos expresado aquí por primera vez es el poder de anticipación: la imaginación proyectada hacia adelante. En estas pinturas el cazador se familiarizaba con peligros que sabía tendría que afrontar, pero que todavía no había arrostrado. Cuando el cazador era traído a este sitio en medio de la oscuridad y de pronto se proyectaba una luz sobre las pinturas, veía al bisonte como lo tendría que ver frente a sí, veía al rápido venado, veía al esquivo jabalí. Y se sentía solo frente a ellos como se sentiría en la cacería. Se le hacía patente el momento del miedo; su brazo armado se flexionaba frente a una experiencia por venir y ante la cual no debería sentir miedo. El pintor había congelado el momento del miedo y el cazador pasaba por él a través de la pintura como a través de aire comprimido.
Para nosotros, las pinturas rupestres recrean el estilo de vida del cazador como un vislumbre de historia; vemos el pasado a través de ellas. Mas para el cazador, sugiero, constituían una mirilla hacia el futuro; miraba hacia adelante. En cualquier dirección las pinturas rupestres actúan como una especie de telescopio de la imaginación: dirigen la mente desde lo que se puede ver hasta lo que se puede inferir o conjeturar.
Fuente: Bronowski, J. (1973), El ascenso del hombre, Sistemas Técnicos de Edición, México.
El hombre es un animal débil, lento, torpe, inerme; tuvo que inventar una piedra, un pedernal, un cuchillo, una lanza. Pero, ¿por qué a estos inventos científicos, que le eran esenciales para sobrevivir, añadió el hombre desde un principio las artes que hoy nos asombran: los decorados con formas animales? Y, sobre todo, ¿por qué llegaba a cuevas como esta, vivía en ella, y después realizaba pinturas de animales no donde vivía sino en lugares oscuros, secretos, remotos, ocultos, inaccesibles?
Es obvio decir que en esos lugares el animal era mágico. Sin duda eso es cierto; pero magia es sólo una palabra, no una respuesta. En sí, magia es una palabra que no explica nada. Indica que el hombre creía tener poder, pero, ¿qué poder? Todavía queremos saber qué tipo de poder creían los cazadores haber obtenido de las pinturas.Aquí, sólo puedo ofrecerle mi punto de vista personal. Creo que el poder que vemos expresado aquí por primera vez es el poder de anticipación: la imaginación proyectada hacia adelante. En estas pinturas el cazador se familiarizaba con peligros que sabía tendría que afrontar, pero que todavía no había arrostrado. Cuando el cazador era traído a este sitio en medio de la oscuridad y de pronto se proyectaba una luz sobre las pinturas, veía al bisonte como lo tendría que ver frente a sí, veía al rápido venado, veía al esquivo jabalí. Y se sentía solo frente a ellos como se sentiría en la cacería. Se le hacía patente el momento del miedo; su brazo armado se flexionaba frente a una experiencia por venir y ante la cual no debería sentir miedo. El pintor había congelado el momento del miedo y el cazador pasaba por él a través de la pintura como a través de aire comprimido.
Para nosotros, las pinturas rupestres recrean el estilo de vida del cazador como un vislumbre de historia; vemos el pasado a través de ellas. Mas para el cazador, sugiero, constituían una mirilla hacia el futuro; miraba hacia adelante. En cualquier dirección las pinturas rupestres actúan como una especie de telescopio de la imaginación: dirigen la mente desde lo que se puede ver hasta lo que se puede inferir o conjeturar.
Fuente: Bronowski, J. (1973), El ascenso del hombre, Sistemas Técnicos de Edición, México.
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