17/10/08

Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros

Por Seattle

Habéis de saber que cada partícula es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada niebla en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y en la experiencia de mi pueblo… Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos… El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.



Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga. Trata a su madre, la tierra, y a su padre, el cielo, como cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fueran corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras de sí sólo un desierto. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios.

Fuente: Seattle, según se cita en Leonidas Proaño, Monseñor Leonidas Proaño (Editorial Ecuador, Quito, 1988), p. 151 y p. 154.

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