2/3/08

Falacias sobre la raza

Por Marvin Harris

Entre las principales falacias básicas de que está teñida la perspectiva emics [perspectiva del participante] de la raza está la creencia de que hay un número fijo de razas humanas, sobre el que hay un consenso científico. Nada más lejos de la realidad: los antropólogos físicos han utilizado o propuesto como mínimo catorce tipologías de razas diferentes durante el siglo XX…; algunas de ellas constaban de sólo cuatro o cinco razas, como australoides, capoides, caucasoides, congoides y mongoloides…; otras, de hasta treinta y dos… Algunos antropólogos físicos han hablado de “estirpes” raciales, que han dividido en treinta razas distintas, subdividiendo a los caucásicos en bálticos, nórdicos, alpinos, dináricos y mediterráneos. El gran número de tipologías etics [perspectiva del observador] se debe al uso de distintos criterios de clasificación por parte de diferentes investigadores: algunos dan más importancia a los grupos sanguíneos; otros se centran en el color de la piel y los rasgos craneales y del esqueleto; otros atienden al ADN. Dado que todos estos rasgos aparecen de una manera discordante (no van juntos en un solo paquete), las tipologías resultantes pueden considerarse demarcaciones arbitrarias carentes de significado biológico (frente, por ejemplo, al significado biológico de los organismos que pertenecen a diferentes especies).

Otra falacia común es la creencia de que las razas humanas no pueden prestarse a hibridaciones o no es normal que lo hagan. Por el contrario, todas las poblaciones humanas conocidas pueden emparejarse y tener descendencia fértil independientemente de su raza etics. Además, en cada divisoria geográfica o social entre los grandes pueblos, se encuentran muestras de flujo génico en forma de frecuencias génicas intermedias. Durante milenos, las conquistas militares propiciaron la aparición de nuevos patrones genéticos indicativos de un cruce genético generalizado. En tiempos más recientes, las grandes migraciones (voluntarias y forzosas) han dado lugar a nuevos patrones de diversidad genética en todo el hemisferio occidental y en gran parte de África. Además, como consecuencia de la globalización industrial, es de esperar que estas nuevas razas se hagan aún más comunes y se difundan por regiones aún más vastas, imponiéndose a las tendencias aislacionistas.

Y, sin embargo, otra falacia es la creencia popular de que la identidad racial emics de un individuo está determinada por su ascendencia biológica. De hecho, en Estados Unidos y en otras sociedades sensibilizadas sobre la raza, se asigna una identidad racial a los individuos en función de reglas arbitrarias de ascendencia, y no de acuerdo con criterios biológicos. En los Estados Unidos, la norma de que “basta una sola gota de sangre” sigue a la orden del día. Tener un ancestro de una raza emics particular es suficiente para establecer la identidad racial propia. Así, si el padre es negro y la madre blanca, todos los niños que tengan juntos serán negros. Cuando la realidad biológica es que heredamos la mitad de nuestros núcleos celulares genéticos del padre y la otra mitad de la madre.

Por último, señalemos la falacia según la cual cada raza tiene su propia lengua y cultura. Naturalmente, nos retrotrae al error originario del racismo y la radiología, que Boas y sus estudiantes creyeron haber desterrado para siempre. Es obvio que, entre razas que ocupan continentes o subcontinentes, hay por lo menos tantas variaciones culturales y lingüísticas en el interior de cada una como entre todas ellas. Una raza no es una cultura. La raza está hecha de personas; la cultura es una forma de vida. Cada una de las grandes razas continentales no tiene una cultura única, sino cientos de culturas distintas. Y estas culturas cubren toda la gama posible de tipos culturales, desde las bandas y los pueblos hasta los estados y los imperios. Así, las personas que pertenecen a diferentes razas biológicas pueden poseer culturas muy similares, incluso idénticas. En Estados Unidos, millones de hijos y nietos racialmente diferentes de asiáticos y africanos llevan una forma de vida esencialmente similar a la de la mayoría “caucásica”. Estos hechos biológicos y antropológicos, sin embargo, a menudo se pasan por alto en la caracterización de las razas sociales.

Fuente: Harris, Teorías sobre la cultura en la era posmoderna, Crítica, España, 2000.

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