18/9/26

Manos callosas

Por Eduardo Galeano

Los príncipes, al servicio de la corona británica, vivían angustiados por la escasez de tigres en la selva y las crisis de celos que perturbaban el harén.

En pleno siglo veinte, se consolaban como podían:

el marajá de Bharatpur compró todos los Rolls-Royce disponibles en Londres y los destinó a la recolección de la basura en sus dominios;

el de Junagadh tenía muchos perros con habitación propia, teléfono y sirviente;

el de Alwar incendió el hipódromo cuando su pony perdió una carrera;

el de Kapurthala construyó una copia exacta del palacio de Versalles;

el de Mysore construyó una copia exacta del palacio de Windsor;

el de Gwalior compró un trencito de oro y plata que recorría el comedor del palacio llevando sal y especias a sus invitados;

los cañones del marajá de Baroda eran de oro macizo

y el de Hyderabad usaba de pisapapeles un diamante de ciento ochenta y cuatro quilates.

Fuente: Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.

No hay comentarios: