26/12/25

Una serie innumerable de yoes

Por José Saramago

Ricardo Reis no salió a cenar. Tomó té y pastas secas en la mesa del comedor, acompañado por siete sillas vacías, bajo una lámpara de cinco brazos con dos bombillas fundidas, de las pastas comió tres, quedó una en el plato, recapituló y vio que le faltaban dos números, el cuatro y el seis, rápidamente supo encontrar el primero, estaba en las esquinas del comedor rectangular, pero para descubrir el seis tuvo que levantarse, buscar aquí y allá, en esa busca dio con el ocho, las sillas vacías, al fin decidió que sería él el seis, podía ser cualquier número, si realmente era, como parecía demostrado, una serie innumerable de yoes.

Fuente: Saramago, J. (1984), El año de la muerte de Ricardo Reis, Penguin Random House, Barcelona.

19/12/25

Hokusai

Por Eduardo Galeano

Hokusai, el más famoso artista de toda la historia del Japón, decía que su país era tierra flotante. Con lacónica elegancia, él supo verla y ofrecerla.

Había nacido llamándose Kawamura Tokitaro y murió llamándose Fujiwara Iitsu. En el camino, cambió de nombre y apellido treinta veces, por sus treinta renacimientos en el arte o en la vida, y noventa y tres veces se mudó de casa.

Nunca salió de pobre, aunque trabajando desde el amanecer hasta la noche creó nada menos que treinta mil pinturas y grabados.

Sobre su obra, escribió:

De todo lo que dibujé antes de mis setenta años, no hay nada que valga la pena. A la edad de setenta y dos, finalmente he aprendido algo sobre la verdadera calidad de los pájaros, animales, insectos y peces, y sobre la vital naturaleza de las hierbas y los árboles. Cuando tenga cien años, seré maravilloso.

De los noventa no pasó.

Fuente: Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.

12/12/25

A plena luz

Por Eduardo Galeano

1542

Río Iguazú

Echando humo bajo su traje de hierro, atormentado por las picaduras y las llagas, Álvar Núñez Cabeza de Vaca se baja del caballo y ve a Dios por primera vez.

Las mariposas gigantes aletean alrededor. Cabeza de Vaca se arrodilla ante las cataratas del Iguazú. Los torrentes, estrepitosos, espumosos, se vuelcan desde el cielo para lavar la sangre de todos los caídos y redimir a todos los desiertos, raudales que desatan vapores y arcoiris y arrancan selvas del fondo de la tierra seca: aguas que braman, eyaculación de Dios fecundando la tierra, eterno primer día de la Creación.

Para descubrir esta lluvia de Dios ha caminado Cabeza de Vaca la mitad del mundo y ha navegado la otra mitad. Para conocerla ha sufrido naufragios y penares; para verla ha nacido con ojos en la cara. Lo que le quede de vida será de regalo.

Fuente: Galeano, E. (1982), Memoria del fuego I. Los nacimientos, Siglo XXI, México, D.F.

5/12/25

Li Po

Por Eduardo Galeano

Junio

25

El poeta chino Li Po murió en el año 762, en una noche como ésta.

Murió ahogado.

Se cayó de la barca cuando se le ocurrió abrazar a la luna, reflejada en las aguas del rio Yangtsé.

Li Po ya había buscado a la luna, en otras noches:

 

Bebo solo.

Ningún amigo está cerca.

Alzo mi copa,

invito a la luna

y a mi sombra.

Ahora somos tres.

Pero la luna no sabe beber

y mi sombra sólo sabe imitarme.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.