23/2/24

El Dios universal

Por Eduardo Galeano

1506

Tenochtitlán

…

Moctezuma ha vencido en Teuctepec.

En los adoratorios, arden los fuegos. Resuenan los tambores. Uno tras otro, los prisioneros suben las gradas hacia la piedra redonda del sacrificio. El sacerdote les clava en el pecho el puñal de obsidiana, alza el corazón en el puño y lo muestra al sol que brota de los volcanes azules.

¿A qué dios se ofrece la sangre? El sol la exige, para nacer cada día y viajar de un horizonte al otro. Pero las ostentosas ceremonias de la muerte también sirven a otro dios, que no aparece en los códices ni en las canciones.

Si ese dios no reinara sobre el mundo, no habría esclavos ni amos, ni vasallos, ni colonias. Los mercaderes aztecas no podrían arrancar a los pueblos sometidos un diamante a cambio de un frijol, ni una esmeralda por un grano de maíz, ni oro por golosinas, ni cacao por piedras. Los cargadores no atravesarían la inmensidad del imperio en largas filas, llevando a las espaldas toneladas de tributos. Las gentes del pueblo osarían vestir túnicas de algodón y beberían chocolate y tendrían la audacia de lucir prohibidas plumas de quetzal y pulseras de oro y magnolias y orquídeas reservadas a los nobles. Caerían, entonces, las máscaras que ocultan los rostros de los jefes guerreros, el pico de águila, las fauces de tigre, los penachos de plumas que ondulan y brillan en el aire.

Están manchadas de sangre las escalinatas del templo mayor y los cráneos se acumulan en el centro de la plaza. No solamente para que se mueva el sol, no: también para que ese dios secreto decida en lugar de los hombres. En homenaje al mismo dios, al otro lado de la mar los inquisidores fríen a los herejes en las hogueras o los retuercen en las cámaras de tormento. Es el Dios del Miedo. El Dios del Miedo, que tiene dientes de rata y alas de buitre.

Fuente: Galeano, E. (1984), Memoria del fuego 2: Las caras y las máscaras, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

16/2/24

Éramos pocos

Por Noam Chomsky

Cuando yo era niño había un campo de prisioneros de guerra junto a la secundaria. Continuamente surgían conflictos entre los alumnos sobre la cuestión de molestar a los prisioneros. Los alumnos no podían atacarlos físicamente, porque estaban protegidos por una cerca, pero les arrojaban cosas y los agredían verbalmente. A algunos nos parecía abominable y nos oponíamos, pero éramos pocos.

Fuente: Chomsky, N. (1994), Secretos, mentiras y democracia, Siglo XXI, México, D. F.

9/2/24

Estados Unidos contra Nicaragua

Por Eduardo Galeano

Con diez años de guerra fue castigada Nicaragua, cuando cometió la insolencia de ser Nicaragua. Un ejército reclutado, entrenado, armado y orientado por los Estados Unidos atormentó al país, durante los años ochenta, mientras una campaña de envenenamiento de la opinión pública mundial confundía al proyecto sandinista con una conspiración tramada en los sótanos del Kremlin. Pero no se atacó a Nicaragua porque fuera el satélite de una gran potencia, sino para que volviera a serlo; no se atacó a Nicaragua porque no fuera democrática, sino para que no lo fuera. En plena guerra, la revolución sandinista había alfabetizado a medio millón de personas, había abatido la mortalidad infantil en un tercio y había desatado la energía solidaria y la vocación de justicia de muchísima gente. Ése fue su desafío, y ésa fue su maldición. Al fin, los sandinistas perdieron las elecciones, por el cansancio de la guerra extenuante y devastadora. Y después, como suele ocurrir, algunos dirigentes pecaron contra la esperanza, pegando una voltereta asombrosa contra sus propios dichos y sus propias obras.

Fuente: Galeano, E. (1998), Patas arriba, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

2/2/24

Cambiar las circunstancias

Por Noam Chomsky

Cuando estaba en el college, teníamos que tomar clase de boxeo. Para practicar, peleábamos con un amigo y, al terminar la clase, nos íbamos a casa. Nunca he sido especialmente violento y, sin embargo, me sorprendía que después de empujarnos un buen rato, en realidad queríamos hacernos daño, aunque se tratara de nuestro mejor amigo. Sentíamos cómo surgía la furia y casi queríamos matarnos.

¿Quiere decir que el deseo de matar es innato? Tal vez este deseo surja en ciertas circunstancias, incluso si se trata de nuestro mejor amigo; es decir, habrá circunstancias en las que predomine este aspecto de nuestra personalidad, aunque en otras predominarán otros aspectos. Si pretendemos crear un mundo humano, habrá que cambiar las circunstancias.

Fuente: Chomsky, N (1994), Pocos prósperos, muchos descontentos, Siglo XXI, México, D.F.

26/1/24

No todavía

Por Eduardo Galeano

Yo nací y crecí bajo las estrellas de la Cruz del Sur. Vaya donde vaya, ellas me persiguen. Bajo la cruz del sur, cruz de fulgores, yo voy viviendo las estaciones de mi suerte.

No tengo ningún dios. Si lo tuviera, le pediría que no me deje llegar a la muerte: no todavía. Mucho me falta andar. Hay lunas a las que todavía no ladré y soles en los que todavía no me incendié. Todavía no me sumergí en todos los mares de este mundo, que dicen que son siete, ni en todos los ríos del Paraíso, que dicen que son cuatro.

En Montevideo, hay un niño que explica:

–Yo no quiero morirme nunca, porque quiero jugar siempre.

Fuente: Galeano, E. (1989), El libro de los abrazos, Siglo XXI, Madrid.

19/1/24

Las vueltas de la vida

Por Eduardo Galeano

Abril

27

…

El Partido Conservador gobernaba Nicaragua cuando en este día de 1837 se reconoció a las mujeres el derecho de abortar si su vida corría peligro.

Ciento setenta años después, en ese mismo país, los legisladores que decían ser revolucionarios sandinistas prohibieron el aborto en cualquier circunstancia, y así condenaron a las mujeres pobres a la cárcel o al cementerio.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

12/1/24

El consenso

Por Ian Kershaw

El régimen de Hitler … no fue únicamente (durante la mayor parte de los casi doce años que duró) una tiranía que impuso su voluntad a una gran mayoría hostil de la población. Y hasta que «se desbocó» en la última fase de la guerra, el terror, al menos dentro de Alemania, había estado dirigido específicamente contra unos enemigos políticos y raciales definidos, no arbitrarios, mientras que el nivel de consenso, al menos parcial, en todos los sectores de la sociedad había sido bastante amplio. Las generalizaciones sobre la mentalidad y el comportamiento de millones de alemanes durante el nazismo tienen una aplicación limitada, salvo, tal vez, la generalización de que, metafóricamente hablando, era menos probable encontrar en la gran mayoría de la población los colores blanco y negro puros que una amplia y variada gama de grises. Aun así, sigue siendo cierto que, colectivamente, los miembros de una sociedad sumamente moderna, sofisticada y pluralista que, tras perder una guerra, estaba sufriendo una profunda humillación nacional, la bancarrota económica, una fuerte polarización social, política e ideológica y lo que se percibía en general como un completo fracaso de un sistema político desacreditado, habían estado dispuestos, cada vez más, a depositar su confianza en la visión milenarista de un hombre que se autoproclamaba un salvador político. Como ahora se puede apreciar más claramente, en cuanto se logró una serie de triunfos nacionales relativamente fáciles (aunque, en realidad, extremadamente peligrosos), todavía fueron más quienes estuvieron despuestos a guardarse sus dudas y creer en el destino de su gran líder. Además, esos triunfos, por mucho que la propaganda los atribuyera a los logros de un único hombre, no sólo se habían logrado contando con la aclamación de las masas, sino también con un nivel de apoyo muy alto de casi todos los grupos de elite no nazis (empresarios, industriales, funcionarios y, sobre todo, las fuerzas armadas), que controlaban prácticamente todos los sectores del poder fuera de las altas esferas del propio movimiento nazi. Aunque en muchos sentidos el consenso fuera superficial, y se basara en diferentes niveles de apoyo a los distintos aspectos de la visión ideológica global que Hitler encarnaba, hasta la mitad de la guerra brindó una plataforma extremadamente amplia y potente de apoyo, que Hitler podía manipular y aprovechar.

Fuente: Kershaw, I. (2008), Hitler, Península, Barcelona.

5/1/24

Hitler

Por Ian Kershaw

Las cotas sin precedentes de crueldad que alcanzó el régimen nazi pudieron contar con la amplia complicidad de todos los sectores de la sociedad. Pero el nombre de Hitler representa siempre, justificadamente, el del principal instigador del desmoronamiento más profundo de la civilización en los tiempos modernos. La forma de gobierno extremadamente personalista que se permitió asumir y ejercer a un demagogo de cervecería sin formación, un fanático racista, un narcisista megalómano que se autoproclamó salvador nacional, en un país moderno, económicamente avanzado y culto, famoso por sus filósofos y por sus poetas, fue absolutamente decisiva para el desarrollo de los terribles acontecimientos que se produjeron en aquellos doce fatídicos años.

Hitler fue el principal responsable de una guerra que dejó más de cincuenta millones de muertos y a otros muchos millones de personas llorando a sus seres queridos y tratando de rehacer sus vidas destrozadas. Hitler fue el principal inspirador de un genocidio como nunca antes había conocido el mundo y que en el futuro se verá, justamente, como un episodio definitorio del siglo XX. El Reich cuya gloria había tratado de buscar terminó al final en ruinas, con sus restos divididos entre las potencias victoriosas y ocupantes. El acérrimo enemigo, el bolchevismo, se instaló en la propia capital del Reich y dominó más de media Europa. Incluso el pueblo alemán, cuya supervivencia había dicho que era la razón misma de su lucha política, había llegado a ser algo prescindible.

Al final, el pueblo alemán, que Hitler estaba dispuesto a ver condenado con él, demostró ser capaz de sobrevivir incluso a Hitler. Pero aunque se reconstruyeran las vidas destruidas y los hogares destruidos en ciudades y pueblos destruidos, la profunda impronta moral de Hitler persistiría. No obstante, poco a poco fue surgiendo de las ruinas de la vieja sociedad una sociedad nueva basada, afortunadamente, en nuevos valores. Porque en medio de la vorágine de destrucción, el régimen de Hitler también había demostrado de manera concluyente el absoluto fracaso de las ambiciones de poder mundial hipernacionalistas y racistas (y de las estructuras sociales y políticas que las sustentaban), que habían imperado en Alemania durante el medio siglo anterior y que habían conducido por dos veces a Europa y al resto del mundo a una guerra desastrosa.

La vieja Alemania había desparecido con Hitler. La Alemania que había producido a Hitler y que había visto su futuro en la visión de éste, que se había mostrado tan dispuesta a servirle y que había compartido su hibris, también tenía que compartir su némesis.

Fuente: Kershaw, I. (2008), Hitler, Península, Barcelona.

29/12/23

Hatuey

Por Eduardo Galeano

1511

Yara

…

En estas islas, en estos humilladeros, son muchos los que eligen su muerte, ahorcándose o bebiendo veneno junto a sus hijos. Los invasores no pueden evitar esta venganza, pero saben explicarla: los indios, tan salvajes que piensan que todo es común, dirá Oviedo, son gente de su natural ociosa e viciosa, e de poco trabajo... Muchos dellos por su pasatiempo, se mataron con ponzoña por no trabajar, y otros se ahorcaron con sus propias manos.

Hatuey, jefe indio de la región de la Guahaba, no se ha suicidado. En canoa huyó de Haití, junto a los suyos, y se refugió en las cuevas y los montes del oriente de Cuba.

Allí señaló una cesta llena de oro y dijo:

–Éste es el dios de los cristianos. Por él nos persiguen. Por él han muerto nuestros padres y nuestros hermanos. Bailemos para él. Si nuestra danza lo complace, este dios mandará que no nos maltraten.

Lo atrapan tres meses después.

Lo atan a un palo.

Antes de encender el fuego que lo reducirá a carbón y ceniza, un sacerdote le promete gloria y eterno descanso si acepta bautizarse. Hatuey pregunta:

–En ese cielo, ¿están los cristianos?

–Sí.

Hatuey elige el infierno y la leña empieza a crepitar.

Fuente: Galeano, E. (1982), Memoria del fuego I. Los nacimientos, Siglo XXI, México, D.F.

22/12/23

La verdadera libertad

Por Agustín Pániker

Desde mi óptica … el nirvana sería la realidad y el estado de mente del despierto, que ve las cosas tal-cual-son; es decir, sin la ilusión de un "yo" que experimenta "cosas". Despertar y liberación se refuerzan mutuamente. El nirvana sería la experiencia de este mundo sin apegos; o mejor, sin caer dominado por las pulsiones, las obsesiones y los apegos. En términos psicológicos, correspondería a la plena madurez, superado el egoísmo, cuando se es libre de actuar sin condicionamientos ni apegos. Una vida, en suma, de discernimiento pleno, verdaderamente transpersonal. Aunque existe una persona, ella no es más que una manifestación de la vaciedad, un "yo" carente de "yo"; por tanto, dinámico y activo; que puede disfrutar del mundo pero sin quedarse apegado a él. En términos éticos, es la destrucción del odio, la maldad, la codicia y la ignorancia. En términos místicos, sería la propia naturaleza de la realidad –despierta y autoconsciente– percatándose de sí misma, ya que no hay "despierto" alguno.

El nirvana o la bodhi no serían, pues, ninguna ruptura de las relaciones, sino el descubrimiento de una relación más genuina. Esto es lo que muchos maestros budistas entienden por "felicidad" o han denominado "liberación". Esa sería –entiendo yo– la verdadera libertad.

Fuente: Pániker, A. (2018), Las tres joyas, Kairós, Barcelona.

15/12/23

Profetas del siglo veinte

Por Eduardo Galeano

Carlos Marx y Federico Engels habían escrito el «Manifiesto comunista» a mediados del siglo diecinueve. No lo habían escrito para interpretar el mundo, sino para ayudar a cambiarlo. Un siglo después, un tercio de la humanidad vivía en sociedades inspiradas por este panfleto de apenas veintitrés páginas.

El «Manifiesto» fue una certera profecía. El capitalismo es un brujo incapaz de controlar las fuerzas que desata, dijeron los autores, y en nuestros días puede comprobarlo, a simple vista, cualquiera que tenga ojos en la cara.

Pero a los autores no se les pasó por la cabeza que el brujo pudiera tener más vidas que un gato,

ni que las grandes fábricas pudieran dispersar la mano de obra para reducir sus costos de producción y sus amenazas de sublevación,

ni que las revoluciones sociales pudieran ocurrir en las naciones que eran llamadas bárbaras, más frecuentemente que en las llamadas civilizadas,

ni que la unidad de los proletarios de todos los países pudiera resultar menos frecuente que su división,

ni que la dictadura del proletariado pudiera ser el nombre artístico de la dictadura de la burocracia.

Y así, por lo que sí y por lo que no, el «Manifiesto» confirmó la más profunda certeza de sus autores: la realidad es más poderosa y asombrosa que sus intérpretes. Gris es la teoría y verde el árbol de la vida, había dicho Goethe por boca del Diablo. Y Marx solía advertir que él no era marxista, anticipándose así a quienes iban a convertir el marxismo en ciencia infalible o religión indiscutible.

Fuente: Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.

8/12/23

Aristócratas y demócratas

Por Noam Chomsky

Jefferson murió el 4 de julio de 1826 –exactamente cincuenta años después de la Declaración de Independencia. Casi al final de su vida hablaba de los logros alcanzados con una mezcla de preocupación y esperanza, e instaba a la población a luchar por mantener los triunfos de la democracia.

Jefferson distinguía dos grupos: los aristócratas y los demócratas. Los primeros "temen y desconfían de la gente y desean quitarle todo el poder para depositarlo en la clase alta". Incluso hoy muchos intelectuales respetables consideran válida esta postura, que es muy similar a la doctrina leninista de que el partido de vanguardia o los intelectuales radicales deben tomar el poder y encaminar a las masas hacia un futuro mejor. La mayoría de los liberales es aristócrata en el sentido jeffersoniano, y [el ex secretario de estado] Henry Kissinger es un ejemplo extremo de un aristócrata.

Los demócratas –escribió Jefferson– "se identifican con la gente, le tienen confianza, la valoran y la consideran el guardián más honesto y seguro –aunque no el más sabio– del interés público. En otras palabras, los demócratas creen que la gente debe ejercer el control, tome o no las decisiones acertadas. Existen algunos demócratas hoy en día, pero su participación es cada vez más restringida.

Jefferson advirtió sobre todo que se vigilara a las "instituciones bancarias y sociedades mercantiles" –lo que hoy llamaríamos consorcios– pues afirmaba que, en caso de que crecieran, los aristócratas habrían ganado y la revolución estaría vencida. Los peores temores de Jefferson se cumplieron –aunque no enteramente como él lo supuso.

Fuente: Chomsky, N. (1994), Secretos, mentiras y democracia, Siglo XXI, México, D. F.

1/12/23

Su cachorro de pastor alemán

Por Ian Kershaw

La guerra era lo único que le importaba a Hitler. Sin embargo, aislado en el extraño mundo de la Guarida del Lobo, cada vez estaba más lejos de sus realidades, tanto en el frente como en Alemania. La indiferencia descartaba cualquier rastro de humanidad. Ni siquiera hacia los miembros de su séquito que le habían acompañado durante tantos años sentía nada que se pareciese a un afecto auténtico, y mucho menos a la amistad, el verdadero cariño estaba reservado únicamente para su cachorro de pastor alemán. La vida humana y el sufrimiento carecían de importancia para él. Nunca visitó un hospital de campaña, ni a quienes perdieron sus hogares en los bombardeos. No presenció ninguna matanza, ni se acercó a un campo de concentración, nunca vio un campamento lleno de prisioneros de guerra famélicos. Para él, sus enemigos no eran más que alimañas a las que había que aniquilar. Pero su profundo desprecio por la existencia humana se extendía a su propio pueblo. Tomaba decisiones que costaban la vida a decenas de miles de sus soldados sin tomar en consideración alguna por el sufrimiento humano que pudieran causar, y quizá sólo le fuera posible tomarlas de esa manera. Los cientos de miles de muertos y heridos no eran más que una abstracción y el sufrimiento un sacrificio necesario y justificado en la «lucha heroica» por la supervivencia del pueblo.

Fuente: Kershaw, I. (2008), Hitler, Península, Barcelona.

24/11/23

Espejo

Por Eduardo Galeano

1795

Quito

…

Pasó por la historia cortando y creando.

Escribió las más filadas palabras contra el régimen colonial y sus métodos de educación, una educación de esclavos, y destripó el ampuloso estilo de los retóricos de Quito. Clavó sus diatribas en puertas de iglesias y esquinas principales, para que se multiplicaran después, de boca en boca, porque escribiendo de anónimo podía muy bien quitar la máscara a los falsos sabios y hacer que parecieran en el traje de su verdadera y natural ignorancia.

Predicó el gobierno de América por los nacidos en ella. Propuso que el grito de independencia resonara, a la vez, en todos los virreinatos y audiencias, y que se unieran las colonias, para hacerse patrias, bajo gobiernos democráticos y republicanos.

Era hijo de indio. Recibió al nacer el nombre de Chusig, que significa lechuza. Para tener título de médico, decidió llamarse Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo, nombre que suena a linaje largo, y así pudo practicar y difundir sus descubrimientos contra la viruela y otras pestes.

Fundó, dirigió y escribió de cabo a rabo Primicias de la Cultura, el primer periódico de Quito. Fue director de la biblioteca pública. Jamás le pagaron el sueldo.

Acusado de crímenes contra el rey y contra Dios, Espejo fue encerrado en celda inmunda. Allí murió, de cárcel; y con el último aliento suplicó el perdón de sus acreedores.

La ciudad de Quito no registra en el libro de gentes principales el fin de este precursor de la independencia hispanoamericana, que ha sido el más brillante de sus hijos.

Fuente: Galeano, E. (1984), Memoria del fuego 2: Las caras y las máscaras, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

17/11/23

Stalin según Hitler

Por Ian Kershaw

Hitler creía que el pueblo ruso sólo era apto para el trabajo duro realizado bajo coerción. Su condición natural, y la que prefería, era la desorganización generalizada. «Los ucranianos –comentó en otra ocasión– eran exactamente igual de holgazanes, desorganizados y nihilistamente asiáticos que los habitantes de la gran Rusia». Hablar de cualquier clase de ética del trabajo era absurdo. Lo único que entendían era «el látigo». Admiraba la brutalidad de Stalin. Pensaba que el dictador soviético era «uno de los seres humanos más grandes que había vivos, ya que había conseguido forjar, aunque sólo mediante la coacción más cruel, un Estado a partir de aquella familia de conejos eslavos». Describió al «taimado caucásico» como «uno de los personajes más extraordinarios de la historia», un hombre que rara vez abandonaba su despacho, pero podía gobernar gracias a una burocracia servil.

Fuente: Kershaw, I. (2008), Hitler, Península, Barcelona.

10/11/23

Rosa María Egipcíaca de Vera Cruz

Por Eduardo Galeano

Cuando tenía seis años, en 1725, un navío negrero la trajo del África, y en Río de Janeiro fue vendida.

Cuando tenía catorce, el amo le abrió las piernas y le enseñó un oficio.

Cuando tenía quince, fue comprada por una familia de Ouro Preto, que desde entonces alquiló su cuerpo a los mineros del oro.

Cuando tenía treinta, esa familia la vendió a un sacerdote, que con ella practicaba sus métodos de exorcismo y otros ejercicios nocturnos.

Cuando tenía treinta y dos, uno de los demonios que le habitaban el cuerpo fumó por su pipa y aulló por su boca y la revolcó por los suelos. Y ella fuera por eso condenada a cien azotes en la plaza de la ciudad de Mariana, y el castigo le dejó un brazo paralizado para siempre.

Cuando tenía treinta y cinco, ayunó y rezó y mortificó su carne con cilicio, y la mamá de la Virgen María le enseñó a leer. Según dicen, Rosa María Egipcíaca de Vera Cruz fue la primera negra alfabetizada en Brasil.

Cuando tenía treinta y siete, fundó un asilo para esclavas abandonadas y putas en desuso, que ella financiaba vendiendo bizcochos amasados con su saliva, infalible remedio contra cualquier enfermedad.

Cuando tenía cuarenta, numerosos fieles asistían a sus trances, donde ella bailaba al ritmo de un coro de ángeles, envuelta en humo de tabaco, y el Niño Jesús mamaba de sus pechos.

Cuando tenía cuarenta y dos, fue acusada de brujería y encerrada en la cárcel de Río de Janeiro.

Cuando tenía cuarenta y tres, los teólogos confirmaron que era bruja porque pudo soportar sin una queja, durante largo rato, una vela encendida bajo la lengua.

Cuando tenía cuarenta y cuatro, fue enviada a Lisboa, a la cárcel de la Santa Inquisición. Entró en las cámaras de tormento, para ser interrogada, y nunca más se supo.

Fuente: Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.

3/11/23

Perón

Por Eduardo Galeano

1945

Buenos Aires

…


Imagen tomada de https://shorturl.at/fnyGZ

El general MacArthur se hace cargo de los japoneses y Spruille Braden se ocupa de los argentinos. Para conducir a los argentinos por la buena senda de la Democracia, el embajador norteamericano Braden reúne a todos los partidos, desde el Conservador hasta el Comunista, en un frente único contra Juan Domingo Perón. Según el Departamento de Estado, el coronel Perón, ministro de Trabajo del gobierno, es el jefe de una banda de nazis. La revista «Look» afirma que se trata de un pervertido, que en los cajones de su escritorio guarda fotos de indias desnudas de la Patagonia junto a las imágenes de Hitler y Mussolini.

Volando recorre Perón el camino a la presidencia. Lleva del brazo a Evita, actriz de radioteatro, de ojos febriles y entradora voz; y cuando él se cansa o duda o se asusta, es ella quien lo lleva. Perón reúne más gente que todos los partidos juntos. Cuando lo acusan de agitador, responde que a mucha honra. Los copetudos, los de punta en blanco, corean el nombre del embajador Braden en las esquinas del centro de Buenos Aires, agitando sombreros y pañuelos, pero en los barrios obreros gritan el nombre de Perón las descamisadas multitudes. El pueblo laburante, desterrado en su propia tierra, mudo de tanto callar, encuentra patria y voz en este raro ministro que se pone siempre de su lado.

El prestigio popular de Perón crece y crece a medida que él desempolva olvidadas leyes sociales o crea leyes nuevas. Suyo es el estatuto que obliga a respetar los derechos de quienes se desloman trabajando en estancias y plantaciones. El estatuto no se queda en el papel y así el peón de campo, casi cosa, se hace obrero rural con sindicato y todo.

Fuente: Galeano, E. (1986), Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, Siglo Veintiuno, Madrid.

27/10/23

Pol Pot contra los budistas

Por Agustín Pániker

Entre 1864 y 1953, [Camboya] … fue una colonia francesa, hasta que el rey Sihanouk negoció la independencia. Sihanouk halló en el budismo una vía media entre el comunismo vietnamita y el capitalismo tailandés, pero fue depuesto en 1970 por un golpe militar auspiciado por los Estados Unidos. En 1975 entraron en escena los "jemeres rojos" de Pol Pot. Camboya pasó por una fase nefasta de su historia. Los "jemeres rojos" consideraron que el budismo era extranjero, parasitario y antipatriota, de modo que llevaron a cabo una de las más terroríficas persecuciones que el budismo –o cualquier religión– haya conocido. Unos 60.000 monjes fueron eliminados y muchos miles forzados a exiliarse o llevados a "campos de reeducación". Los templos y monasterios fueron destruidos. Irónicamente, la intervención vietnamita (enemigos tradicionales de los jemeres) supuso un cierto alivio para el Samgha camboyano. Con la salida de los vietnamitas, el gobierno decretó a principios de los 1990s que el budismo sería de nuevo la religión del Estado y volvió a nombrar un sangha-raja (llamado sangh-rash en Camboya). Los monasterios fueron reparados y la estructura monástica reconstruida. Destaca el papel del carismático monje Maha Ghosananda, un sangh-rash clave en la transición posterior al régimen de Pol Pot.

Fuente: Pániker, A. (2018), Las tres joyas, Kairós, Barcelona.

20/10/23

La deuda ajena

Por Eduardo Galeano

Mayo

14

…

En el día de hoy de 1948, nació el estado de Israel.

Pocos meses después, ya había más de ochocientos mil palestinos expulsados, y más de quinientas aldeas demolidas.

Esas aldeas, donde crecían los olivos, las higueras, los almendros y los árboles frutales, yacen sepultadas bajo las autopistas, los centros comerciales y los parques de diversiones. Son muertas sin nombre. El Comité de Nombres de las nuevas autoridades ha rebautizado el mapa.

Ya poca Palestina queda. La implacable devoración del mapa invoca títulos de propiedad, generosamente otorgados por la Biblia, y se justifica por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió.

La cacería de judíos fue, siempre, una costumbre europea; pero los palestinos pagan esa deuda ajena.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

13/10/23

El fundamentalismo islámico

Por Noam Chomsky

Una de las razones por las que Hezbolá se ha hecho tan poderosa es que el gobierno libanés no hizo prácticamente nada por los chiitas más pobres del sur de Beirut y el sur de Líbano. El prestigio de esta organización proviene no sólo de acaudillar la guerrilla que expulsó a Israel de Líbano en 2000, sino de proporcionar servicios sociales: salud, escolarización, ayuda económica, etc. Para muchos libaneses, Hezbolá es el gobierno. Como pasa con otros movimientos fundamentalistas islámicos, ésa es la razón de su enorme éxito popular. No es deseable tener agentes no estatales dentro del estado, y mucho menos militarizados, pero seguirá ocurriendo mientras no se solucionen los problemas fundamentales. Es casi inevitable. De hecho, Estados Unidos e Israel contribuyeron considerablemente al surgimiento del fundamentalismo extremista islámico al destruir el nacionalismo secular. Si eliminas el nacionalismo secular, la gente no va a decir: «Vale, córtame el cuello». Recurrirán a algo. Y ese algo es el fanatismo religioso extremista.

Más aún, a veces se han promovido estos movimientos deliberadamente. Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido el principal impulsor mundial del fundamentalismo islámico extremista. El aliado más antiguo y apreciado de Estados Unidos en el mundo árabe es Arabia Saudí. Comparado con ella, Irán es un paraíso democrático. La amenaza para la tiranía extremista religiosa de Arabia Saudí era el nacionalismo secular, encarnado principalmente por Gamal Abdel Nasser, que se convirtió en enemigo de Estados Unidos porque suponía una amenaza para la base estadounidense del fundamentalismo religiosa extremista, Arabia Saudí, el país que controla el petróleo, la razón de fondo. En 1967, Israel prestó un gran servicio a Estados Unidos, Araba Saudí y las petrolíferas eliminando el nacionalismo árabe secular, que amenazaba con emplear los recursos de la zona para cubrir las necesidades de la población. Intolerable. Son «nuestros» recursos, como dijo George Kennan hace mucho tiempo, y tenemos que «protegerlos».

No es la primera vez que ocurre. Israel creó Hamás cuando destruyó la Organización para la Liberación de Palestina, partidaria de negociar y llegar a un acuerdo. Dado que eso era lo último que Israel y Estados Unidos deseaban, la destruyeron. ¿Qué ocurrió entonces? La población no se desintegró. Se refugió en otra cosa, a saber, en el fundamentalismo religioso.

Fuente: Chomsky, N. (2007), Lo que decimos, se hace, Península, Barcelona.