31/7/26

Una victoria de la Civilización

Por Eduardo Galeano

Febrero

10

Ocurrió al norte del río Uruguay. Siete misiones de los sacerdotes jesuitas fueron regaladas por el rey de España a su suegro, el rey de Portugal. La ofrenda incluía a los treinta mil indios guaraníes que allí vivían.

Los guaraníes se negaron a obedecer, y los jesuitas, acusados de complicidad con los indios, fueron devueltos a Europa.

En el día de hoy de 1756, en las colinas de Caiboaté, fue derrotada la resistencia indígena.

Triunfó el ejército de España y Portugal, más de cuatro mil soldados acompañados por caballos, cañones y numerosos ladrones de tierras y cazadores de esclavos.

Saldo final, según los datos oficiales:

Muertos indígenas, 1723.

Muertos españoles, 3.

Muertos portugueses, 1.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

24/7/26

El santo Consumismo contra el dragón del Comunismo

Por Eduardo Galeano

1973

Miami

El baño de sangre de Chile provoca bronca y asco en el mundo entero, pero en Miami no: una jubilosa manifestación de cubanos exiliados celebra el asesinato de Allende y de todos los demás.

Miami se ha convertido en la ciudad cubana más populosa después de La Habana. La calle Ocho es la Cuba que fue. En Miami ya se han apagado las ilusiones de derribar a Fidel, pero circulando por la calle Ocho cualquiera regresa a los buenos tiempos perdidos.

Allí mandan banqueros y mafiosos, todo el que piensa es loco o peligroso comunista y los negros no se han salido de su lugar. Hasta el silencio es estridente. Se fabrican almas de plástico y automóviles de carne y hueso. En los supermercados, las cosas compran a la gente.

Fuente: Galeano, E. (1986), Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, Siglo Veintiuno, Madrid.

17/7/26

Maldita sea la imaginación creadora

Por Eduardo Galeano

1826

Chuquisaca

Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, ha regresado a América. Un cuarto de siglo anduvo don Simón al otro lado de la mar: allá fue amigo de los socialistas de París y Londres y Ginebra; trabajó con los tipógrafos de Roma y los químicos de Viena y hasta enseñó primeras letras en un pueblito de la estepa rusa.

Tras el largo abrazo de la bienvenida, Bolívar lo nombra director de educación en el país recién fundado.

Con una escuela modelo en Chuquisaca, Simón Rodríguez inicia su tarea contra las mentiras y los miedos consagrados por la tradición. Chillan las beatas, graznan los doctores, aúllan los perros del escándalo: horror: el loco Rodríguez se propone mezclar a los niños de mejor cuna con los cholitos que hasta anoche dormían en la calle. ¿Qué pretende? ¿Quiere que los huérfanos lo lleven al cielo? ¿O los corrompe para que lo acompañen al infierno? En las aulas no se escucha catecismo, ni latines de sacristía, ni reglas de gramática, sino un estrépito de sierras y martillos insoportable a los oídos de frailes y leguleyos educados en el asco al trabajo manual. ¡Una escuela de putas y ladrones! Quienes creen que el cuerpo es una culpa y la mujer un adorno, ponen el grito en el cielo: en la escuela de don Simón, niños y niñas se sientan juntos, todos pegoteados; y para colmo, estudian jugando.

El prefecto de Chuquisaca encabeza la campaña contra el sátiro que ha venido a corromper la moral de la juventud. Al poco tiempo, el mariscal Sucre, presidente de Bolivia, exige a Simón Rodríguez la renuncia, porque no ha presentado sus cuentas con la debida prolijidad.

Fuente: Galeano, E. (1984), Memoria del fuego 2: Las caras y las máscaras, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

10/7/26

La gran comilona

Por Eduardo Galeano

La reina Victoria era la más entusiasta admiradora, y la única lectora, de los versos de lord Lytton, su virrey en la India.

Movido por la gratitud literaria o por el fervor patrio, el poeta virrey ofreció un gigantesco banquete en su honor. Cuando Victoria se proclamó emperatriz, lord Lytton recibió en su palacio de Delhi a setenta mil invitados, durante siete días y siete noches.

Según alardeó el diario «The Times», ésta fue la más cara y colosal comida de toda la historia universal.

En plena sequía, mientras el sol freía los campos y la noche los congelaba, el virrey leyó en el banquete el alentador mensaje de la emperatriz Victoria, que auguraba a sus súbditos hindúes felicidad, prosperidad y bienestar.

El periodista inglés William Digby, que andaba por allí, calculó que unos cien mil hindúes habían muerto de hambre durante los siete días y las siete noches de la gran comilona.

Fuente: Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.

3/7/26

Llueven gatos

Por Eduardo Galeano

Julio

26

En la gran isla de Borneo, los gatos comían a las lagartijas, que comían a las cucarachas, y las cucarachas comían a las avispas, que comían a los mosquitos.

El DDT no figuraba en el menú.

A mediados del siglo veinte, la Organización Mundial de la Salud bombardeó la isla con descargas masivas de DDT, para combatir la malaria, y aniquiló los mosquitos y todo lo demás.

Cuando las ratas se enteraron de que también los gatos habían muerto envenenados, invadieron la isla, devoraron los frutos de los campos y propagaron el tifus y otras calamidades.

Ante el imprevisto ataque de las ratas, los expertos de la Organización Mundial de la Salud reunieron su comité de crisis y resolvieron enviar gatos en paracaídas.

En estos días de julio de 1960, decenas de felinos atravesaron el cielo de Borneo.

Los gatos aterrizaron suavemente, ovacionados por los humanos que habían sobrevivido a la ayuda internacional.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.