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7/7/23

Millonarios con pobres

Por Marvin Harris

En el gran museo mundial de formas etnográficas exóticas, al menos una sociedad ha realizad un intento ingenioso de crear un sistema de clases lo más abierto posible mediante reglas especiales de matrimonio y filiación. Los natchez del bajo Mississippi estaban organizados en dos clases: gobernantes y plebeyos. Los primeros exploradores franceses llamaron a estos últimos stinkards. Los miembros del grupo dirigente estaban obligados a casarse con plebeyos (pero como había más plebeyos que gobernantes, la mayoría de los plebeyos se casaban con plebeyos). Los hijos de los miembros femeninos de la clase dirigente heredaban la posición de sus madres, pero los hijos de los miembros masculinos de la clase dirigente bajaban un grado con cada matrimonio. Así, un varón sol tenía un hijo varón noble, quien a su vez tenía un hijo varón stinkard. En cambio, los hijos de una sol seguían siendo soles; los hijos de una noble seguían siendo nobles, etc. Este sistema se podría comparar a una costumbre que obligara a todos los millonarios varones a casarse con mujeres pobres; no pondría fin a la distinción entre millonarios y pobres, pero ciertamente reduciría la distancia social entre ellos. La exogamia de la clase dirigente natchez probablemente indica un surgimiento bastante reciente a partir de una forma de organización no estratificada. Sin embargo, bajo otras circunstancias, no hay ninguna razón estructural para esperar que una clase dirigente acepte prescripciones matrimoniales exógamas que dispersan el poder.

Fuente: Harris, M. (1983), Antropología cultural, Alianza Editorial, Madrid.

7/4/22

El indio progresista

Por Marvin Harris

Bajo los auspicios de un programa internacional de desarrollo, expertos australianos intentaron que los campesinos indios de la provincia de Chimborazo, en Ecuador, sustituyeran sus tradicionales y escuálidas razas de ovejas por la raza merina australiana, de alto rendimiento. A pesar de que la oferta era regalárselas si las usaban para criar, nadie quería las ovejas. Por fin un indio «progresista» aceptó la oferta y consiguió criar un rebaño de merinas híbridas que tenían mucha más lana y peso que los rebaños tradicionales indios. Desgraciadamente, los indios de Chimborazo viven en una sociedad estructurada en castas. Los granjeros no indios, que viven en los valles más bajos, se molestaron por la atención prestada a los indios; empezaron a temer que éstos se envalentonaran y presionaran pidiendo beneficios sociales y económicos, lo cual irían en perjuicio de sus propios intereses. Alguien se fijó en las ovejas merinas, las metieron todas en un camión y las robaron. Los ladrones estaban protegidos por la opinión pública, que, en cualquier caso, consideraba a dichos animales «demasiado buenos para los indios». El innovador «progresista» fue el único del pueblo que se quedó sin ovejas. Factores tales como el antagonismo étnico y de clase social, las oportunidades para robar y la subordinación política de los campesinos no tienen nada que ver con la pericia para criar ovejas; sin embargo, tener en cuenta estos factores demostró ser esencial para conseguir sus objetivos.

Fuente: Harris, M. (1983), Antropología cultural, Alianza Editorial, Madrid.

10/3/22

El proyecto Vicos

Por Marvin Harris

Vicos era una hacienda en las tierras montañosas de Perú, habitada por 373 familias de campesinos indios económicamente explotados, deprimidos y semejantes a siervos. La Universidad de Cornell arrendó la hacienda y se la pasó al antropólogo Allen Holmberg con el objetivo de elevar el nivel de vida de los indios y hacerles económicamente independientes. En el momento de comenzar el proyecto, la gente de Vicos era incapaz de cultivar lo suficiente como para autoabastecerse, las tierras de cultivo estaban divididas en miles de pequeñas parcelas dispersas, su cosecha de patatas normalmente fallaba, y carecían de motivación para producir excedentes, ya que estaban continuamente en deuda o a merced de los terratenientes.

Bajo las normas feudales del sistema de la hacienda, se pidió a los campesinos que trabajaran en las tierras del dueño tres días a la semana. Holmberg decidió aprovecharse de esta obligación utilizándola para familiarizar a los campesinos con las variedades mejoradas de patatas, fertilizantes, fungicidas e insecticidas. Después de comprobar el éxito de las nuevas semillas y métodos en su trabajo obligatorio en las parcelas de su nuevo jefe, los campesinos estaban más dispuestos a hacer lo mismo en sus propias parcelas. Esto resultaba más fácil dándoles por adelantado las semillas y otros materiales sobre la base de una cosecha común. Los antropólogos y técnicos supervisaban cuidadosamente el uso de los nuevos métodos para asegurarse el éxito.

Mientras tanto, se llevaban a cabo otras actividades: un programa educacional completo; un programa de comida caliente en la escuela, que introducía frutas y juegos, que anteriormente no formaban parte de la dieta; también se hacían demostraciones prácticas en la huerta para cultivar verduras, así como lecciones de coser a máquina, lo que permitía a las mujeres hacer sus propias ropas. Además, a través de frecuentes discusiones y encuentros comunales, los campesinos empezaron gradualmente a confiar más unos en otros y a buscar soluciones de tipo cooperativo y comunal a sus problemas.

La culminación de todos estos cambios fue la compra de la hacienda por las familias que vivían en ella. Esto ocurrió en 1962, y junto con mayores ingresos, mejor salud y cultura, el suceso fue considerado como una clara evidencia del éxito del proyecto.

La vida de la gente de Vicos mejoró notablemente como resultado de la intervención de Holmberg y otros antropólogos de acción. Sin embargo, se han expresado ciertas críticas cuando se lo considera como un modelo de desarrollo para todo el sector campesino de los Andes peruanos. Las inversiones per cápita del proyecto Cornell-Perú eran bastante modestas en comparación con las de otros proyectos internacionales, a pesar de que se habían ocultado costes de inversión que probablemente no se duplicarían en una escala lo suficientemente amplia como para afectar a una parte importante del campesinado peruano. Estos costes ocultos se referían al capital humano y técnico puesto al servicio de Vicos por expertos altamente especializados, honrados y relativamente desinteresados (incluido Holmberg) que trabajaban activamente para mejorar todo el grupo de campesinos, y cuyos medios de vida no estaban basados en las ganancias o impuestos que se podían sacar de los excedentes producidos por los campesinos. (Estaban pagados por las universidades y fundaciones, y muchos de ellos trabajaban prácticamente por nada, como estudiantes graduados esperando ser compensados al obtener sus doctorados y hacer sus carreras en antropología.) Aunque resulta extremadamente interesante como prueba de lo que pueden llegar a hacer antropólogos en acción, que tenían una considerable capacidad de dirigir a la gente a su cargo, el proyecto Vicos se queda corto a la hora de proporcionar una solución más general al problema del subdesarrollo.

Fuente: Harris, M. (1983), Antropología cultural, Alianza Editorial, Madrid.

12/5/08

El efecto Flynn

Por Marvin Harris
Un sorprendente descubrimiento llamado el efecto Flynn ha venido a poner en entredicho la premisa básica de que los resultados del CI miden un rasgo hereditario fijo e inmutable durante la vida de una persona, que no puede modificarse sustancialmente merced a un entorno culto. Al estudiar los tests de inteligencia practicados en el ejército norteamericano, el psicólogo James R. Flynn advirtió que los reclutas que se encontraban en la media con respecto a sus contemporáneos estaban por encima de la media con respecto a generaciones anteriores de reclutas. Los resultados de diferentes generaciones de reclutas que pasaron exactamente el mismo test habían mejorado en tres puntos por década. En otros veinte países sobre los que se disponía de datos se había registrado idéntica mejora. Si los tests de CI medían realmente el grado general de inteligencia, habría que concluir que los niños nacidos hoy son un 25 por 100 más inteligentes que sus abuelos… Sea como fuere, el efecto Flynn se produce con demasiada rapidez para que pueda justificarse por procesos genéticos que requerirían varias generaciones para imponerse.
Las causas del efecto Flynn no se conocen bien. Parece probable que el entorno social generado por los modos postindustriales (personalmente, prefiero el término “hiperindustriales”) de comunicación y producción ha mejorado la calidad general del entorno social y económico para la enseñanza en ámbitos tecnológicamente avanzados. Los estudiantes están mejor preparados para pasar tests de cualquier tipo al exponerse a pruebas y situaciones similares desde una edad temprana.
Aunque tanto los negros como los blancos experimentan el efecto Flynn, sus resultados han mejorado al mismo ritmo, lo que ha provocado la subsistencia de la diferencia de quince puntos. Pero esta divergencia no tiene por qué ser permanente. Flynn sugiere que si los negros tuvieron en 1995 el mismo resultado que los blancos en 1945, es probable que el entorno medio en el que se desenvolvieron los negros en 1995 equivaliera al entorno medio de los blancos de 1945.
Fuente: Harris, M. (2000), Teorías sobre la cultura en la era posmoderna, Crítica, Barcelona.

4/3/08

Desarrollo del subdesarrollo

Por Marvin Harris
Entre el año 500 y el 1200 d. C., tanto en África occidental como en el este de Europa florecieron reinos feudales, que a grandes rasgos presentaban niveles de complejidad similares. … Europa occidental se desarrolló más rápidamente a partir de entonces desde el punto de vista de la tecnología, el poder militar y el conocimiento científico. … Son la geografía y la ecología las que explican de inmediato esta diferencia en el ritmo de desarrollo. La presencia de la mosca tsé-tsé en las regiones forestales del África subsahariana supuso que el ganado y otros animales domesticados no pudieran usarse para la tracción animal ni el ordeño. Sin animales de tiro, las principales herramienta agrícolas siguieron siendo las azadas, en lugar de los arados. Los caballos, que llegaron a ser los instrumentos bélicos primordiales de la Europa medieval, escaseaban o eran desconocidos en el África tropical.
Mientras las poblaciones que vivían en la cuenca del Mediterráneo realizaban sus intercambios comerciales y guerreaban a bordo de navíos, convirtiéndose en potencias marítimas, a sus homólogos negros al sur del Sáhara les preocupaba sobre todo atravesar el desierto y carecían de motivación para las aventuras marítimas. Los primeros barcos portugueses llegaron a la costa de Guinea en el siglo XV y se hicieron rápidamente con el control de los puertos naturales, sellando el destino de África durante los quinientos años siguientes. El oro fue el primer producto explotado pero, cuando las minas se agotaron, el comercio de esclavos se reveló aún más provechoso. Los europeos recurrían a cazadores de esclavos africanos, a los que pagaban con armas de fuego y ropa. Pronto, grandes porciones del interior pasaron a ser los terrenos de cultivo de una cosecha humana destinada a ser enviada a las plantaciones de azúcar, algodón y tabaco, del otro lado del Atlántico.
            Dicho sea de paso, los afrocentristas alegan que los africanos no conocían la esclavitud hasta la llegada de los europeos; pero allí donde surgieron feudos independientes o estados antiguos hubo una u otra forma de esclavitud: es decir, que era un fenómeno conocido en todos los continentes salvo Australia. Ni los árabes ni los europeos fueron los responsables de la introducción de la esclavitud en África. Lo que hicieron los europeos fue convertir la caza de esclavos en una industria de una magnitud y ferocidad sin precedentes. Sin embargo, no podrían haberlo hecho sin la ayuda de los esclavistas africanos, que se dejaban arrastrar por los mismos demonios de la codicia que impulsaban a los blancos.
Cuando concluyó la trata de esclavos, los europeos recurrieron a nuevos métodos para extraer la riqueza de África que no supusieran el envío de la mano de obra a través del océano. Las leyes laborales coloniales expulsaron a los africanos de su tierra y les empujaron a empleos migratorios mal pagados en las minas y las plantaciones propiedad de los europeos. Mientras tanto, las autoridades coloniales hicieron cuanto estuvo en su mano para mantener subordinada y retrasada a África, alentando las guerras étnicas, ciñendo la educación a escuelas rudimentarias y, por encima de todo, impidiendo que las colonias crearan una infraestructura industrial que les habría permitido competir en el mercado mundial después de alcanzar la independencia política. Independientemente de que Egipto fuera blanco o negro, nada puede alterar el hecho de que fueron los europeos, con sus tecnologías militares y marítimas avanzadas, los que impusieron su dominio sobre África. Señalar los triunfos de un antiguo Egipto negro, incluso en el caso de que hubiera existido, no explica un ápice de lo que ocurrió en África durante el periodo del colonialismo e imperialismo europeos. Sólo sirve para dar crédito a la creencia demasiado extendida de que la raza explica por qué la mayoría de las naciones más pobres y menos industrializadas del mundo se encuentra en el África negra.
Fuente: Harris, M. (2000), Teorías sobre la cultura en la era posmoderna, Crítica, Barcelona.

2/3/08

Falacias sobre la raza

Por Marvin Harris
Entre las principales falacias básicas de que está teñida la perspectiva emics [perspectiva del participante] de la raza está la creencia de que hay un número fijo de razas humanas, sobre el que hay un consenso científico. Nada más lejos de la realidad: los antropólogos físicos han utilizado o propuesto como mínimo catorce tipologías de razas diferentes durante el siglo XX … ; algunas de ellas constaban de sólo cuatro o cinco razas, como australoides, capoides, caucasoides, congoides y mongoloides … ; otras, de hasta treinta y dos … Algunos antropólogos físicos han hablado de «estirpes» raciales, que han dividido en treinta razas distintas, subdividiendo a los caucásicos en bálticos, nórdicos, alpinos, dináricos y mediterráneos. El gran número de tipologías etics [perspectiva del observador] se debe al uso de distintos criterios de clasificación por parte de diferentes investigadores: algunos dan más importancia a los grupos sanguíneos; otros se centran en el color de la piel y los rasgos craneales y del esqueleto; otros atienden al ADN. Dado que todos estos rasgos aparecen de una manera discordante (no van juntos en un solo paquete), las tipologías resultantes pueden considerarse demarcaciones arbitrarias carentes de significado biológico (frente, por ejemplo, al significado biológico de los organismos que pertenecen a diferentes especies).
Otra falacia común es la creencia de que las razas humanas no pueden prestarse a hibridaciones o no es normal que lo hagan. Por el contrario, todas las poblaciones humanas conocidas pueden emparejarse y tener descendencia fértil independientemente de su raza etics. Además, en cada divisoria geográfica o social entre los grandes pueblos, se encuentran muestras de flujo génico en forma de frecuencias génicas intermedias. Durante milenos, las conquistas militares propiciaron la aparición de nuevos patrones genéticos indicativos de un cruce genético generalizado. En tiempos más recientes, las grandes migraciones (voluntarias y forzosas) han dado lugar a nuevos patrones de diversidad genética en todo el hemisferio occidental y en gran parte de África. Además, como consecuencia de la globalización industrial, es de esperar que estas nuevas razas se hagan aún más comunes y se difundan por regiones aún más vastas, imponiéndose a las tendencias aislacionistas.
Y, sin embargo, otra falacia es la creencia popular de que la identidad racial emics de un individuo está determinada por su ascendencia biológica. De hecho, en Estados Unidos y en otras sociedades sensibilizadas sobre la raza, se asigna una identidad racial a los individuos en función de reglas arbitrarias de ascendencia, y no de acuerdo con criterios biológicos. En los Estados Unidos, la norma de que «basta una sola gota de sangre» sigue a la orden del día. Tener un ancestro de una raza emics particular es suficiente para establecer la identidad racial propia. Así, si el padre es negro y la madre blanca, todos los niños que tengan juntos serán negros. Cuando la realidad biológica es que heredamos la mitad de nuestros núcleos celulares genéticos del padre y la otra mitad de la madre.
Por último, señalemos la falacia según la cual cada raza tiene su propia lengua y cultura. Naturalmente, nos retrotrae al error originario del racismo y la radiología, que Boas y sus estudiantes creyeron haber desterrado para siempre. Es obvio que, entre razas que ocupan continentes o subcontinentes, hay por lo menos tantas variaciones culturales y lingüísticas en el interior de cada una como entre todas ellas. Una raza no es una cultura. La raza está hecha de personas; la cultura es una forma de vida. Cada una de las grandes razas continentales no tiene una cultura única, sino cientos de culturas distintas. Y estas culturas cubren toda la gama posible de tipos culturales, desde las bandas y los pueblos hasta los estados y los imperios. Así, las personas que pertenecen a diferentes razas biológicas pueden poseer culturas muy similares, incluso idénticas. En Estados Unidos, millones de hijos y nietos racialmente diferentes de asiáticos y africanos llevan una forma de vida esencialmente similar a la de la mayoría «caucásica». Estos hechos biológicos y antropológicos, sin embargo, a menudo se pasan por alto en la caracterización de las razas sociales.
Fuente: Harris, M. (2000), Teorías sobre la cultura en la era posmoderna, Crítica, Barcelona.

1/3/08

Negros en desventaja

Por Marvin Harris
En un estudio clásico de los psicólogos Sandra Scarr y Richard Weinberg … , se comparaban los resultados en tests de inteligencia de niños negros que habían sido adoptados por padres acaudalados blancos con los de niños blancos adoptados y criados por los mismos padres que los niños negros. En estas familias adineradas, tanto negras como blancas, los niños adoptados a la edad de siete años obtenían una puntuación mayor que el resto de la población. Esto puede considerarse una prueba de que los niños de hogares afortunados parten con ventaja con respecto a los niños de hogares desfavorecidos. Además, los CI [coeficiente intelectual] de estos niños de siete años fueron estadísticamente idénticos en el caso de los negros y los blancos. Cuando se les hizo pasar un nuevo teste diez años más tarde, los resultados de los niños negros disminuyeron hasta el promedio de los negros norteamericanos (es decir, quince puntos por debajo de los blancos).
Es obvio que las condiciones en que se llevó a cabo este estudio no permitirían dar cuenta del conjunto de la experiencia social de negros y blancos. Los niños negros ya estaban en desventaja antes de su adopción al haber sido criados en orfanatos de nivel inferior. También habían vivido en dichos orfanatos más tiempo que los niños blancos antes de ser adoptados. Al llegar a la adolescencia, las ventajas que les reportó ser educados en hogares blancos acaudalados y protectivos se vieron gradualmente difuminadas por la discriminación y el racismo crecientes que encontraban fuera de casa.
Fuente: Harris, M. (1989), Teorías sobre la cultura en la era posmoderna, Crítica, Barcelona.