26/6/26

El edificio

Por Robert Service

El Estado que Lenin creó sobrevivió intacto durante más de siete décadas. El edificio se elevó con rapidez extraordinaria pese a haber sido mínima la planificación arquitectónica. En 1917-19, bajo la dirección de Lenin, la obra principal estaba hecha. Se habían excavado los cimientos, se habían erigido las paredes de carga y se había colocado el techo. La política estaba monopolizada y centralizada. Los órganos de coerción se hallaban bajo el firme control del partido. La economía estaba penetrada por la propiedad pública y la regulación del Estado. Ser perseguía sistemáticamente a la religión. Se trataban con mucha desconfianza las aspiraciones nacionalistas. Se sometió a rigurosa vigilancia la alta cultura intelectual y artística. La enseñanza pasó a ser exclusivamente pública. Se introdujeron y derogaron leyes a capricho de la jefatura comunista y se mezclaron deliberadamente las funciones legislativa, ejecutiva y judicial del Estado. Los gobernantes trataron a la sociedad como un recurso al que había que adoctrinar y movilizar. Se emprendió el asalto de todas las organizaciones intermedias que disponían de alguna independencia del Kremlin.

Pero Lenin era un dirigente y un teórico complejo. Hubo que añadir inevitablemente sectores del edificio mucho después de que se iniciase la obra; hubo mucha improvisación y, por supuesto, no fue Lenin el único arquitecto: hubo otros miembros de su partido que influyeron en el proceso de edificación. Los planes de los máximos dirigentes bolcheviques estuvieron sometidos a constantes cambios. No se redujo a la clandestinidad a los últimos partidos supervivientes hasta 1921, y siguieron existiendo facciones en el Partido Comunista hasta que se impuso el despotismo de Stalin después de la muerte de Lenin. Hasta mediados de 1922 no llegó a completarse la panoplia oficial de órganos censores. Y en cuanto a las medidas políticas relacionadas con las nacionalidades, que Lenin consideró que permitirían fundir a las diversas naciones de la URSS en una conciencia soviética supranacional, fueron inicialmente muy favorables a la autoexpresión nacional y étnica de los no rusos. Además, el periodo de la guerra civil y de la Nueva Política Económica se caracterizó por una inmensa cuantía de caos. El desarrollo de las comunicaciones, la administración, la vigilancia y la coerción se produjo mucho más al azar que en años posteriores. La doctrina y la política eran una cosa, su aplicación solía ser otra muy distinta.

Pero el edificio estaba in situ años antes del fallecimiento de Lenin. Lo modificó drásticamente Stalin, que lo convirtió en un despotismo personal y redujo la autoridad del partido dentro del Estado soviético. Stalin practicó también la matanza no sólo de enemigos militares y adversarios religiosos, políticos y de clase del comunismo sino también de funcionarios de su propio gobierno y de su propio partido. Pero no cabe duda de que el núcleo del edificio se mantuvo intacto... y Stalin, pese a ser un maniático de la reconstrucción, emprendió modificaciones que aportaron mayor estabilidad hasta 1953 en que murió. Nikita Kruschev modificó, sin embargo, las modificaciones cuando introdujo la desestalinización y se produjo otro aluvión reconstructor. El experimento estaba adquiriendo mayor impulso en 1964 en que fue depuesto de su cargo. Su sucesor Leónidas Brézhnev sentía debilidad por la trayectoria de Stalin, pero se contentó con deshacer las modificaciones más extravagantes introducidas por Kruschev.

Sin embargo, pese a esas vicisitudes, estaba justificado que los dirigentes soviéticos afirmaran que estaban gobernando dentro de la tradición leninista y en un Estado leninista. Desde 1917-1919 hasta finales de la década de 1980 el edificio era identificable como una creación de Lenin. La Revolución de Octubre, el marxismo-leninismo y la URSS debieron su existencia a él más que a ningún otro. Lo que había construido Lenin en las circunstancias peculiares de la época de guerra, la Rusia revolucionaria, era una invención que se podía reproducir. Lenin quería exportar sus planes de edificación y estableció que los partidos miembros de la Internacional Comunista deberían ajustarse a los principios ideológicos y organizativos desarrollados en Moscú. Si se hubiese presentado la oportunidad, Lenin habría aplicado su plantilla a los Estados comunistas revolucionarios. Pero esa tarea le correspondió a su sucesor, a Stalin. Además, la plantilla leninista demostró ser útil para los marxistas revolucionarios de China, Vietnam del Norte y Cuba. No importaba mucho la clase de país que se estuviese comunistizando. Sucumbieron igual de Checoslovaquia industrial, ilustrada y católica que el Vietnam del Norte agrario, iletrado y budista. Los métodos de introducción abarcaron desde la invasión a la agitación política comunista local. Pero el resultado fue el mismo en el fondo. Lenin tenía, de igual modo, mucho de lo que responder.

En la década de 1920 hubo ya una reacción fuerte fuera de la Rusia soviética contra el edificio de Lenin. La invención del fascismo no es posterior al comunismo; Mussolini estaba ya avanzando hacia sus doctrinas políticas de extrema derecha al asumir el poder en Italia en 1922. Pero es indudable que el nazismo de Hitler se alimentó de una hostilidad visceral a la Internacional Comunista, al marxismo-leninismo y a la URSS. La historia de la Europa de entreguerras fue, en una medida considerable, una lucha determinada por las consecuencias del 25 de octubre de 1917. Esa situación no desapareció después de la II Guerra Mundial. La rivalidad entre las superpotencias, los Estados Unidos y la URSS, fue una lucha de dos sistemas enfrentados en la política, la economía, la ideología y la capacidad militar... y el sistema soviético fue primordialmente el que Lenin le legó a Stalin y Stalin a sus sucesores.

Es por consiguiente una paradoja inmensa que el hombre que hizo más por echar abajo el edificio leninista fuese un sincero seguidor de Lenin. Mijaíl Gorbachov llegó al cargo de secretario general del partido con la intención de restaurar la URSS acercándola más las doctrinas y prácticas de su ídolo. Improvisó, tanto como Lenin, sin remitirse a un plano detallado. Amplió su perspectiva de la reforma sobre la marcha. Lo que no entendieron él y sus camaradas comunistas reformadores fue que el edificio del comunismo era una obra arquitectónica estrechamente interrelacionada. La concepción leninista original condicionaba notoriamente la administración, la política, la economía, el sistema jurídico, la ideología, la seguridad social e incluso el tratamiento del medio natural. La eliminación de una pared cualquiera o un techo o una entrada del edificio traía consigo el peligro de que se desplomase toda la estructura. Gorbachov menospreció los riesgos (no se dio cuenta de ellos en realidad). Abolió el monopolio político del Partido Comunista. Descentralizó la administración. Alivió el peso de la censura, permitió la libre expresión religiosa y nacionalista. Redujo el control público de la economía. Criticó la arbitrariedad del gobierno del Partido Comunista, e hizo todo esto convencido de que estaba restaurando el espíritu de Lenin en la URSS. Cada una de estas reformas habría puesto en peligro por sí sola la estabilidad del Estado. El hecho de que las introdujese todas en unos pocos años condenó a la extinción la Revolución de Octubre, el marxismo-leninismo y la URSS.

Fuente: Service, R. (2000), Lenin Una biografía, Siglo XXI, Madrid.

19/6/26

La Creación según John D. Rockefeller

Por Eduardo Galeano

1882

Nueva York

...

En el principio hice la luz con farol de queroseno. Y las tinieblas, que se burlaban de las velas de sebo o de esperma, retrocedieron. Y amaneció y atardeció el día primero.

Y el día segundo Dios me puso a prueba y permitió que el demonio me tentara ofreciéndome amigos y amantes y otros despilfarros.

Y dije: «Dejad que el petróleo venga hacia mí.» Y fundé la Standard Oil. Y vi que estaba bien y amaneció y atardeció el día tercero.

Y el día cuarto seguí el ejemplo de Dios. Como Él, amenacé y maldije a quien me negara obediencia; y como Él apliqué la extorsión y el castigo. Como Dios ha aplastado a sus competidores, así yo pulvericé sin piedad a mis rivales de Pittsburgh y Filadelfia. Y a los arrepentidos prometí perdón y paz eterna.

Y puse fin al desorden del Universo. Y donde había caos, hice organización. Y en escala jamás conocida calculé costos, impuse precios y conquisté mercados. Y distribuí la fuerza de millones de brazos para que nunca más se derrochara tiempo, ni energía, ni materia. Y desterré la casualidad y la suerte de la historia de los hombres. Y en el espacio por mí creado no reservé lugar alguno a los débiles ni a los ineficaces. Y amaneció y atardeció el día quinto.

Y por dar nombre a mi obra inauguré la palabra trust. Y vi que estaba bien. Y comprobé que giraba el mundo alrededor de mis ojos vigilantes, mientras amanecía y atardecía el día sexto.

Y el día séptimo hice caridad. Sumé el dinero que Dios me había dado por haber continuado Su obra perfecta y doné a los pobres veinticinco centavos. Y entonces descansé.

Fuente: Galeano, E. (1984), Memoria del fuego 2: Las caras y las máscaras, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

12/6/26

Receta para difundir la peste

Por Eduardo Galeano

En el siglo catorce, los fanáticos custodios de la fe católica declararon la guerra contra los gatos en las ciudades europeas.

Los gatos, animales diabólicos, instrumentos de Satanás, fueron crucificados, empalados, desollados vivos o arrojados a las llamas.

Entonces las ratas, liberadas de sus peores enemigos, se hicieron dueñas de las ciudades. Y la peste negra, por las ratas trasmitida, mató a treinta millones de europeos.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

5/6/26

Exorcismo

Por Eduardo Galeano

Ocurrió en 1950. Contra todo pronóstico, contra toda evidencia, Brasil fue derrotado por Uruguay y perdió su campeonato mundial de fútbol.

Después del pitazo final, mientras caía el sol, el público siguió sentado en las gradas del recién inaugurado estadio de Maracaná. Un pueblo tallado en piedra, inmenso monumento a la derrota: la mayor multitud jamás reunida en la historia del fútbol no podía hablar, ni podía moverse. Allí se quedaron los dolientes, hasta bien entrada la noche.

Y allí estaba Isaías Ambrosio. Le habían regalado una entrada, por haber sido uno de los albañiles que habían construido aquel estadio.

Medio siglo después, Isaías seguía estando allí.

Sentado en el mismo lugar, ante las gradas vacías del gigante de cemento, repetía su inútil ceremonia. Cada atardecer, a la hora fatal, Isaías trasmitía la jugada que había sellado la derrota, pegada la boca a un micrófono invisible, para la audiencia de una radio imaginaria. La trasmitía paso a paso, sin olvidar ningún doloroso detalle, y con voz de locutor profesional gritaba el gol, o más bien lo lloraba, y volvía a llorarlo, como en la tarde anterior y en la tarde siguiente y en todas las partes.

Fuente: Galeano, E. (2004), Bocas del tiempo, Siglo XXI, México, D.F.