Por Robert Service
El
Estado que Lenin creó sobrevivió intacto durante más de siete décadas. El
edificio se elevó con rapidez extraordinaria pese a haber sido mínima la
planificación arquitectónica. En 1917-19, bajo la dirección de Lenin, la obra
principal estaba hecha. Se habían excavado los cimientos, se habían erigido las
paredes de carga y se había colocado el techo. La política estaba monopolizada
y centralizada. Los órganos de coerción se hallaban bajo el firme control del
partido. La economía estaba penetrada por la propiedad pública y la regulación
del Estado. Ser perseguía sistemáticamente a la religión. Se trataban con mucha
desconfianza las aspiraciones nacionalistas. Se sometió a rigurosa vigilancia
la alta cultura intelectual y artística. La enseñanza pasó a ser exclusivamente
pública. Se introdujeron y derogaron leyes a capricho de la jefatura comunista
y se mezclaron deliberadamente las funciones legislativa, ejecutiva y judicial
del Estado. Los gobernantes trataron a la sociedad como un recurso al que había
que adoctrinar y movilizar. Se emprendió el asalto de todas las organizaciones
intermedias que disponían de alguna independencia del Kremlin.
Pero Lenin era un dirigente y un teórico
complejo. Hubo que añadir inevitablemente sectores del edificio mucho después
de que se iniciase la obra; hubo mucha improvisación y, por supuesto, no fue
Lenin el único arquitecto: hubo otros miembros de su partido que influyeron en
el proceso de edificación. Los planes de los máximos dirigentes bolcheviques
estuvieron sometidos a constantes cambios. No se redujo a la clandestinidad a
los últimos partidos supervivientes hasta 1921, y siguieron existiendo
facciones en el Partido Comunista hasta que se impuso el despotismo de Stalin
después de la muerte de Lenin. Hasta mediados de 1922 no llegó a completarse la
panoplia oficial de órganos censores. Y en cuanto a las medidas políticas
relacionadas con las nacionalidades, que Lenin consideró que permitirían fundir
a las diversas naciones de la URSS en una conciencia soviética supranacional,
fueron inicialmente muy favorables a la autoexpresión nacional y étnica de los
no rusos. Además, el periodo de la guerra civil y de la Nueva Política
Económica se caracterizó por una inmensa cuantía de caos. El desarrollo de las
comunicaciones, la administración, la vigilancia y la coerción se produjo mucho
más al azar que en años posteriores. La doctrina y la política eran una cosa, su
aplicación solía ser otra muy distinta.
Pero el edificio estaba in situ
años antes del fallecimiento de Lenin. Lo modificó drásticamente Stalin, que lo
convirtió en un despotismo personal y redujo la autoridad del partido dentro
del Estado soviético. Stalin practicó también la matanza no sólo de enemigos
militares y adversarios religiosos, políticos y de clase del comunismo sino
también de funcionarios de su propio gobierno y de su propio partido. Pero no
cabe duda de que el núcleo del edificio se mantuvo intacto... y Stalin, pese a
ser un maniático de la reconstrucción, emprendió modificaciones que aportaron
mayor estabilidad hasta 1953 en que murió. Nikita Kruschev modificó, sin
embargo, las modificaciones cuando introdujo la desestalinización y se produjo
otro aluvión reconstructor. El experimento estaba adquiriendo mayor impulso en
1964 en que fue depuesto de su cargo. Su sucesor Leónidas Brézhnev sentía
debilidad por la trayectoria de Stalin, pero se contentó con deshacer las
modificaciones más extravagantes introducidas por Kruschev.
Sin embargo, pese a esas vicisitudes,
estaba justificado que los dirigentes soviéticos afirmaran que estaban
gobernando dentro de la tradición leninista y en un Estado leninista. Desde
1917-1919 hasta finales de la década de 1980 el edificio era identificable como
una creación de Lenin. La Revolución de Octubre, el marxismo-leninismo y la
URSS debieron su existencia a él más que a ningún otro. Lo que había construido
Lenin en las circunstancias peculiares de la época de guerra, la Rusia
revolucionaria, era una invención que se podía reproducir. Lenin quería
exportar sus planes de edificación y estableció que los partidos miembros de la
Internacional Comunista deberían ajustarse a los principios ideológicos y
organizativos desarrollados en Moscú. Si se hubiese presentado la oportunidad,
Lenin habría aplicado su plantilla a los Estados comunistas revolucionarios.
Pero esa tarea le correspondió a su sucesor, a Stalin. Además, la plantilla
leninista demostró ser útil para los marxistas revolucionarios de China,
Vietnam del Norte y Cuba. No importaba mucho la clase de país que se estuviese
comunistizando. Sucumbieron igual de Checoslovaquia industrial, ilustrada y
católica que el Vietnam del Norte agrario, iletrado y budista. Los métodos de
introducción abarcaron desde la invasión a la agitación política comunista
local. Pero el resultado fue el mismo en el fondo. Lenin tenía, de igual modo,
mucho de lo que responder.
En la década de 1920 hubo ya una reacción
fuerte fuera de la Rusia soviética contra el edificio de Lenin. La invención
del fascismo no es posterior al comunismo; Mussolini estaba ya avanzando hacia
sus doctrinas políticas de extrema derecha al asumir el poder en Italia en
1922. Pero es indudable que el nazismo de Hitler se alimentó de una hostilidad
visceral a la Internacional Comunista, al marxismo-leninismo y a la URSS. La
historia de la Europa de entreguerras fue, en una medida considerable, una
lucha determinada por las consecuencias del 25 de octubre de 1917. Esa situación
no desapareció después de la II Guerra Mundial. La rivalidad entre las
superpotencias, los Estados Unidos y la URSS, fue una lucha de dos sistemas
enfrentados en la política, la economía, la ideología y la capacidad militar...
y el sistema soviético fue primordialmente el que Lenin le legó a Stalin y
Stalin a sus sucesores.
Es por consiguiente una paradoja inmensa
que el hombre que hizo más por echar abajo el edificio leninista fuese un
sincero seguidor de Lenin. Mijaíl Gorbachov llegó al cargo de secretario
general del partido con la intención de restaurar la URSS acercándola más las
doctrinas y prácticas de su ídolo. Improvisó, tanto como Lenin, sin remitirse a
un plano detallado. Amplió su perspectiva de la reforma sobre la marcha. Lo que
no entendieron él y sus camaradas comunistas reformadores fue que el edificio
del comunismo era una obra arquitectónica estrechamente interrelacionada. La
concepción leninista original condicionaba notoriamente la administración, la
política, la economía, el sistema jurídico, la ideología, la seguridad social e
incluso el tratamiento del medio natural. La eliminación de una pared
cualquiera o un techo o una entrada del edificio traía consigo el peligro de
que se desplomase toda la estructura. Gorbachov menospreció los riesgos (no se
dio cuenta de ellos en realidad). Abolió el monopolio político del Partido
Comunista. Descentralizó la administración. Alivió el peso de la censura,
permitió la libre expresión religiosa y nacionalista. Redujo el control público
de la economía. Criticó la arbitrariedad del gobierno del Partido Comunista, e
hizo todo esto convencido de que estaba restaurando el espíritu de Lenin en la
URSS. Cada una de estas reformas habría puesto en peligro por sí sola la
estabilidad del Estado. El hecho de que las introdujese todas en unos pocos
años condenó a la extinción la Revolución de Octubre, el marxismo-leninismo y
la URSS.
Fuente:
Service, R. (2000), Lenin Una biografía, Siglo XXI, Madrid.
No hay comentarios:
Publicar un comentario