24/4/26

El genocidio no ha terminado

Por Amnistía Internacional

El genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza continuó durante todo 2025 con la persistente negación del acceso a una asistencia humanitaria adecuada, en medio de continuos desplazamientos forzados de casi toda la población, bombardeos militares devastadores y una enorme destrucción de bienes e infraestructuras civiles.

En marzo, Israel puso fin unilateralmente a una tregua acordada el 19 de enero e intensificó de inmediato los ataques militares en Gaza. Un alto el fuego alcanzado en octubre supuso la liberación de los 20 rehenes vivos retenidos aún por grupos armados palestinos y de casi 2.000 personas palestinas que Israel mantenía presas o detenidas. No obstante, los ataques militares israelíes continuaron, provocando la muerte de 415 palestinos y palestinas más desde el alto el fuego hasta el final del año.

Durante 2025, Israel mató a 26.791 gazatíes e hirió a 64.065 más; el 60% eran niños y niñas, mujeres y personas de edad avanzada. Además, siguió atacando espacios civiles abarrotados de gente, entre otros, cafeterías, concurridos mercados y escuelas donde se refugiaban personas que se habían visto forzadas a abandonar sus hogares a causa de las operaciones militares.

Una jornada especialmente mortífera fue la del 18 de marzo, cuando los ataques aéreos israelíes sobre la Franja causaron la muerte de al menos 414 gazatíes, incluidos 174 niños y niñas. El 23 de marzo, las fuerzas israelíes atacaron varios vehículos con distintivos de servicios humanitarios, entre ellos cinco ambulancias, matando a 15 cooperantes, incluido personal médico de la Media Luna Roja. El 30 de junio bombardearon de forma indiscriminada la cafetería Al Baqa, popular establecimiento donde mataron a 32 personas, la mayoría civiles.

El desplazamiento masivo provocado por las órdenes de evacuación o la destrucción israelíes de barrios enteros causó un enorme daño físico y mental. En mayo, Israel destruyó deliberadamente Juzaa, localidad de 11.000 habitantes situada en el sur, sin que hubiera una necesidad militar imperiosa que lo justificara. El 5 de septiembre, lanzó una campaña de demolición de edificios residenciales y comerciales de gran altura en toda la ciudad de Gaza en la que se derribaron al menos 16 bloques de viviendas en 10 días y se arrasaron los campamentos improvisados de los alrededores, lo que provocó un nuevo desplazamiento de miles de familias.

El genocidio de Israel incluyó también la orquestación deliberada de una crisis humanitaria en Gaza. A mediados de agosto, había en la Franja más de medio millón de personas en situación de hambruna/catástrofe humanitaria, la fase más grave de inseguridad alimentaria, y 1,4 millones más en la segunda y tercera fases de gravedad. Según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), sólo en julio hubo casi 13.000 nuevos ingresos hospitalarios de niños y niñas con desnutrición aguda. Por tercer año consecutivo y a pesar de las peticiones presentadas ante los tribunales, las autoridades israelíes prohibieron por completo las evacuaciones médicas de Gaza a Cisjordania e Israel y restringieron drásticamente las realizadas al extranjero, provocando con ello muertes evitables.

Entre el 2 de marzo y el 19 de mayo, Israel impuso un asedio total en Gaza. Pese a su alivio temporal a partir del 19 de mayo, siguió sin permitir la entrada de determinados suministros esenciales, como combustible y gas para cocinar. El 9 de marzo, las autoridades israelíes cortaron el suministro de electricidad a la última planta desalinizadora que quedaba en la Franja. Sin combustible, los generadores eléctricos no podían suministrar energía a los equipos hospitalarios. Por otra parte, entre finales de mayo y agosto, al menos 859 palestinos y palestinas murieron a manos de las fuerzas israelíes y su personal de seguridad privada cuando, desesperados, acudieron a los puntos militarizados de distribución de ayuda gestionados por la Fundación Humanitaria de Gaza.

Israel causó una destrucción enorme de infraestructuras culturales, religiosas, médicas y educativas palestinas. Su ejército destruyo todas las universidades y colegios universitarios de Gaza, cientos de mezquitas y tres iglesias. La mayoría de las escuelas se transformaron en refugios para personas desplazadas y fueron posteriormente blanco de los bombardeos aéreos y los robots de demolición no tripulados de Israel. Las fuerzas israelíes destruyeron centros de atención de la salud para mujeres y bloquearon la ayuda destinada a la atención reproductiva.

Al terminar 2025, las fuerzas israelíes seguían totalmente desplegadas en más del 58% de la Franja de Gaza. Poco antes, Amnistía Internacional había advertido: “El alto el fuego [de octubre] corre el riesgo de crear el peligroso espejismo de que la vida en Gaza está volviendo a la normalidad [...] el mundo no debe dejarse engañar. El genocidio de Israel no ha terminado”.

Fuente: Amnistía Internacional (2026), La situación de los derechos humanos en el mundo, EDAI, Madrid. 

17/4/26

Los hijos de las nubes

Por Eduardo Galeano

Abril

19

En 1987, el reino de Marruecos culminó la construcción del muro que atraviesa el desierto del Sahara, de norte a sur, en tierras que no le pertenecen.

Éste es el muro más extenso del mundo, sólo superado por la antigua muralla china. Todo a lo largo, miles de soldados marroquíes cierran el paso de los saharauis hacia su patria usurpada.

Varias veces, vanas veces, las Naciones Unidas han confirmado el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, y han apoyado un plebiscito: que la población del Sahara occidental decida su destino.

Pero el reino de Marruecos se ha negado y se sigue negando. Esa negativa equivale a una confesión. Negando el derecho de voto, Marruecos confiesa que ha robado un país.

Desde hace cuarenta años, los saharauis esperan. Están condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua nostalgia.

Ellos se llaman hijos de las nubes, porque desde siempre persiguen la lluvia. También persiguen la justicia, más esquiva que el agua en el desierto.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

10/4/26

Amílcar Cabral

Por Eduardo Galeano

Setiembre

12

En este día de 1921, nació Amílcar Cabral en la colonia portuguesa de Guinea-Bissau, en el oeste del África.

Él encabezó la guerra de independencia de Guinea-Bissau y las islas de Cabo Verde.

Palabras suyas:

 

Cuidado con el militarismo. Somos militantes armados, no somos militares. La alegría de vivir está por encima de todo.

Las ideas no viven solamente en la cabeza. Ellas viven también en el alma y el corazón y el estómago y todo lo demás.

Hay que escuchar a la gente, aprender de la gente. No escondan nada ante el pueblo. No digan mentiras: denúncienlas. No pongan máscaras a las dificultades, los errores, las caídas. No canten fáciles victorias.

 

En 1973, Amílcar Cabral fue asesinado.

No pudo celebrar la independencia de los nuevos países que tanto había ayudado a nacer.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

3/4/26

No supimos verte

Por Eduardo Galeano

En el año 2009, en el atrio del convento de Maní de Yucatán, cuarenta y dos frailes franciscanos cumplieron una ceremonia de desagravio a la cultura indígena:

Pedimos perdón al pueblo maya, por no haber entendido su cosmovisión, su religión, por negar sus divinidades; por no haber respetado su cultura, por haberle impuesto durante muchos siglos una religión que no entendían, por haber satanizado sus prácticas religiosas y por haber dicho y escrito que eran obra del Demonio y que sus ídolos eran el mismo Satanás materializado.

Cuatro siglos y medio antes, en ese mismo lugar, otro fraile franciscano, Diego de Landa, había quemado los libros mayas, que guardaban ocho siglos de memoria colectiva.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.