Lo más leído la última semana

Mostrando entradas con la etiqueta Agustín Pániker. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Agustín Pániker. Mostrar todas las entradas

22/12/23

La verdadera libertad

Por Agustín Pániker

Desde mi óptica … el nirvana sería la realidad y el estado de mente del despierto, que ve las cosas tal-cual-son; es decir, sin la ilusión de un "yo" que experimenta "cosas". Despertar y liberación se refuerzan mutuamente. El nirvana sería la experiencia de este mundo sin apegos; o mejor, sin caer dominado por las pulsiones, las obsesiones y los apegos. En términos psicológicos, correspondería a la plena madurez, superado el egoísmo, cuando se es libre de actuar sin condicionamientos ni apegos. Una vida, en suma, de discernimiento pleno, verdaderamente transpersonal. Aunque existe una persona, ella no es más que una manifestación de la vaciedad, un "yo" carente de "yo"; por tanto, dinámico y activo; que puede disfrutar del mundo pero sin quedarse apegado a él. En términos éticos, es la destrucción del odio, la maldad, la codicia y la ignorancia. En términos místicos, sería la propia naturaleza de la realidad –despierta y autoconsciente– percatándose de sí misma, ya que no hay "despierto" alguno.

El nirvana o la bodhi no serían, pues, ninguna ruptura de las relaciones, sino el descubrimiento de una relación más genuina. Esto es lo que muchos maestros budistas entienden por "felicidad" o han denominado "liberación". Esa sería –entiendo yo– la verdadera libertad.

Fuente: Pániker, A. (2018), Las tres joyas, Kairós, Barcelona.

27/10/23

Pol Pot contra los budistas

Por Agustín Pániker

Entre 1864 y 1953, [Camboya] … fue una colonia francesa, hasta que el rey Sihanouk negoció la independencia. Sihanouk halló en el budismo una vía media entre el comunismo vietnamita y el capitalismo tailandés, pero fue depuesto en 1970 por un golpe militar auspiciado por los Estados Unidos. En 1975 entraron en escena los "jemeres rojos" de Pol Pot. Camboya pasó por una fase nefasta de su historia. Los "jemeres rojos" consideraron que el budismo era extranjero, parasitario y antipatriota, de modo que llevaron a cabo una de las más terroríficas persecuciones que el budismo –o cualquier religión– haya conocido. Unos 60.000 monjes fueron eliminados y muchos miles forzados a exiliarse o llevados a "campos de reeducación". Los templos y monasterios fueron destruidos. Irónicamente, la intervención vietnamita (enemigos tradicionales de los jemeres) supuso un cierto alivio para el Samgha camboyano. Con la salida de los vietnamitas, el gobierno decretó a principios de los 1990s que el budismo sería de nuevo la religión del Estado y volvió a nombrar un sangha-raja (llamado sangh-rash en Camboya). Los monasterios fueron reparados y la estructura monástica reconstruida. Destaca el papel del carismático monje Maha Ghosananda, un sangh-rash clave en la transición posterior al régimen de Pol Pot.

Fuente: Pániker, A. (2018), Las tres joyas, Kairós, Barcelona.

15/9/23

La vida del Buda

Por Agustín Pániker

La vida del Buda contrasta con las de otros sabios o líderes espirituales de la antigüedad, enmarañados en la historia política y con un fuerte componente trágico. Que sepamos, no hay persecución, hégira ni martirio del Buda.

Su vida se asemeja a la de otros despiertos, santos y dioses de la India. Tanto, que parece adecuarse a un modelo prototípico. (Es tan similar a la de Mahavira que los estudiosos occidentales del siglo XIX se hicieron un buen lío entre ambos personajes.) Con mínimas variantes, su leyenda se ajusta a un estereotipo que abarca a los buddhas anteriores y futuros (ya que el modelo para alcanzar la budeidad no permite demasiadas variables). Aun así, nada hay en los trazos principales de su historia que nos haga dudar de su verosimilitud.

Tenemos a un hombre que vivió hace unos 2.500 años; a los 29 renunció al mundo; a los 35 tuvo su experiencia de despertar; luego, predicó y organizó una comunidad durante 45 años; y, finalmente, murió de causas naturales como un anciano a los 80. No fue ningún salvador del mundo ni un profeta ni un mesías, ni un dios... De hecho, al igual que algunos sabios de la China o la Grecia antiguas, el Buda propuso una transformación completa del ser humano sin recurrir a las divinidades y a la parafernalia religiosa. Pero tan grande fue el impacto de la vida y la personalidad del "Despierto" en la sociedad de su época, tan profundas fueron las verdades que aprehendió, tan excelsa fue su exposición del camino que nos libera del sufrimiento, que sus seguidores pronto le dieron nombres como Bhagavant ("Bienaventurado"), Jina ("Vencedor"), Vira ("Héroe"), Shakyamuni ("Sabio de los shakyas"), Anuttara ("Insuperable"), Tathagata ("El que así ha ido y ha venido"; es decir, el que ha ido más allá, al nirvana, y ha regresado para vivir y enseñar una vida acorde), o el más repetido de todos: Buddha ("Despierto"). Con los siglos, se erigiría en una de las figuras que mayor influencia ha dejado en el mundo.

Fuente: Pániker, A. (2018), Las tres joyas, Kairós, Barcelona.

30/12/22

Jainismo y budismo

Por Agustín Pániker

Tanto budismo como jainismo reaccionaron frente al ritualismo brahmánico, rechazaron el carácter revelado del Veda, se opusieron a la ideología de clases socioespirituales, negaron una primera causa inteligente y no persiguieron la prosperidad o la felicidad mundanal, sino lo incondicionado. Los dos colectivos poseen una orden de monjes renunciantes y célibes, adoran a sus santos y maestros y centran su ética en la no-violencia. Ambos sistemas se basan en la perfección alcanzada por sus maestros, nacidos humanos comunes que, tras renunciar a sus reinos y obtener la iluminación, alcanzaron la perfección del nirvāṇa. Por eso a ambos se les llamó indistintamente jina, buddha o śramaṇa. Jainismo y budismo encabezaron, en definitiva, sendas heterodoxias, una palabra que en la India es preferible a la de herejía.

No obstante, aun cuando comparten una posición semejante y sus enseñanzas tienen muchos puntos en común, sus doctrinas también difieren notablemente. Si la vía enseñada por el Buddha fue el Camino Medio, Mahāvīra propugnó un camino mucho más duro y estricto. De hecho, el rechazo del tapas por parte del Buddha acabó por erigirse como la principal diferencia entre los śramaṇas bauddhas y los śramaṇas nirgranthas. La personalidad del Buddha, tal y como aparece en los textos, es la de un hombre afable, casi cándido. El Buddha permitía incluso que se le invitase a comer. Eso era algo impensable para un tapasvin como Mahāvīra; una concesión a la vida-en-el-mundo altamente perniciosa. Indudablemente, el Jina fue un hombre menos proclive que el Buddha a sermonear e interactuar con la gente-del-mundo. Los textos budistas suelen ironizar bastante sobre la insistencia de los nirgranthas en el ascetismo. Por su parte, las referencias jainistas no cesaron de criticar el enfoque excesivamente mentalista y hasta ilusionista de los budistas. Un verso famoso satiriza la vida monástica budista en estos términos:

«Una cama blanda, comida y bebida, apuestas, y al final de todo, la liberación.»

Desde el punto de vista jainista la vía budista es casi la del hedonismo; es decir, la del denostado materialismo (Lokāyata), sinónimo de la ignorancia. Los jainas consideran que el Buddha flaqueó en su empeño y propuso una vía mucho más dulce y fácil, que, con el tiempo, llevaría a una laxitud y relajación de las normas fatal para su orden de monjes.

Además, hablando con propiedad, el budismo se inició con la predicación del Buddha. De ahí que sus discursos estén marcados por un claro rechazo a otras doctrinas. En cambio, Mahāvīra no fue el primero en exponer la doctrina jainista. Él aceptó el dharma que había adquirido por tradición familiar o por simpatía. Si el Buddha tuvo que formar una comunidad, Mahāvīra tuvo que reorganizarla. A nivel filosófico hallamos oposiciones notables. Si los budistas sostenían la irrealidad del espíritu –doctrina del anātman–, los jainistas mantenían su realidad. Como advirtió el profesor Radhakrishnan, las teorías del espíritu y el conocimiento, tan peculiares del jainismo y tan distintas de las de los budistas, no pudieron surgir la una de la otra.

Fuente: Pániker, A. (2000), El jainismo, Kairós, Barcelona.

30/6/22

Peregrinando en el saṃsāra

Por Agustín Pániker

Nosotros, que hemos tenido la inmensa suerte de haber traspasado la horrorosa vida de los infinitos nigodas... que hemos sido millones de veces alguno de los miles de millones de ekendriyas... que hemos pasado tropecientas vidas en una colonia de incontables jīvas de una planta bulbosa... que hemos renacido como un violento carnívoro cuya forma de subsistencia acarreó inevitablemente renacimientos infernales... nosotros que hemos pasado eones en los infiernos... una vez alcanzado el renacimiento adecuado para poner fin a la pesadilla de la eternidad, ¿vamos a ser tan estúpidos de no saber aprovecharlo?, ¿vamos a desperdiciar esta posibilidad prácticamente única? Y aún más; nosotros, que como humanos hemos tenido la suerte de vivir en un tiempo en que el jainismo todavía existe sobre la Tierra, ¿vamos a vivir una vida sin meta que puede devolvernos de un plumazo a cualquiera de las bajas existencias?, ¿vamos a seguir violentando a los seres vivos a sabiendas de que todo en el universo posee un grado de conciencia?, ¿vamos a seguir peregrinando en el saṃsāra sin meta ni fin?

Fuente: Pániker, A. (2000), El jainismo, Kairós, Barcelona.