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27/2/26

Lacan

Por Noam Chomsky

P: ¿Existe alguna conexión entre el lenguaje y la sexualidad, como ha preconizado Jacques Lacan en su teoría de la subjetividad?

CH: Conocí y traté personalmente a Lacan y jamás entendí una sola palabra de todo lo que decía, de modo que no puedo responder a la pregunta. De hecho, tengo más bien la intensa sensación de que Lacan gastaba bromas a diestro y siniestro, de que trataba de calibrar hasta dónde llegaba su propia locura, a pesar de lo cual conseguía –y deseaba– que se le tomara muy en serio. No puedo demostrar la veracidad de lo que digo, pero sigue siendo mi sospecha. Nos llevábamos muy bien, hablábamos de toca clase de temas, pero nunca abordábamos estas cuestiones.

Chomsky, N. (2000), La arquitectura del lenguaje, Kairós, Barcelona.

11/7/25

La Guerra Fría

Por Noam Chomsky

Creo que la Guerra Fría ha sido mal interpretada por la izquierda y por la derecha desde el principio. Si repasas lo sucedido realmente durante la Guerra Fría, descubres, en mi opinión, una especie de acuerdo tácito entre la Unión Soviética y los Estados Unidos para repartirse el gobierno del mundo. La doctrina oficial no es completamente falsa, y merece la pena analizarla, pero la Guerra Fría fue, en buena medida, un mecanismo por medio del cual los Estados Unidos pudieron luchar contra el Tercer Mundo y controlar a sus aliados en Europa y la Unión Soviética pudo mantener su poder en su propio imperio y en sus estados satélite, apelando ambos a que el otro suponía una amenaza. Para esto sirvió, en buena medida, la Guerra Fría. Sirvió para otras cosas, pero ésta fue su principal función. Desde este punto de vista, la mitad de la Guerra Fría continúa. De hecho, se ha intensificado. Los Estados Unidos todavía están jugando este partido. La otra mitad del partido se ha suspendido, lo cual supone todo un cambio. Pero éste no es el final de la Guerra Fría. Lo que hay es que un equipo se ha retirado del campo, mientras que el otro sigue jugando como siempre.

Fuente: Chomsky, N. (1993), Crónicas de la discrepancia, Visor, Madrid. 

27/6/25

El experimento más grotesco

Por Noam Chomsky

Nadie ha investigado demasiado sobre Nagasaki, de manera que sólo puedo teorizar, pero tengo la impresión de que la bomba lanzada sobre esta ciudad fue básicamente un experimento. No estoy seguro y alguien debería comprobarlo, pero creo que básicamente pretendían descubrir si un mecanismo distinto podía funcionar y utilizaron, ignoro la razón, una ciudad, ¿por qué no? Si esta hipótesis resulta ser cierta, incluso en un 5 por 100, nos encontramos, probablemente, ante el suceso más grotesco de la historia. El experimento científico más grotesco de la historia, seguramente.

Fuente: Chomsky, N. (1996), Lucha de clases, Crítica, Barcelona.

20/6/25

La única estrategia

Por Noam Chomsky

No sabemos nada sobre la naturaleza humana. Si somos racionales, nos damos cuenta de que existe; y de que sin duda existen restricciones biológicas muy importantes sobre nuestra manera de pensar, de actuar y de conceptualizar el mundo, sobre lo que podemos imaginar y sobre nuestros temores y nuestras esperanzas, etc. Pero, sobre su contenido real, nos dice más una novela que la ciencia. Lo que te mueve es la esperanza. Creo que nadie lo ha formulado mejor que Gramsci en su famosa frase: «debería haber un pesimismo del intelecto y un optimismo de la voluntad». Ésa es la única estrategia razonable.

Fuente: Chomsky, N. (1993), Crónicas de la discrepancia, Visor, Madrid. 

18/4/25

Los auténticos criminales

Por Noam Chomsky

[En la guerra de Vietnam], los criminales no fueron un puñado de soldados [estadounidenses] rasos enloquecidos a los que les llovían disparos por todas partes en el campo de batalla, unos soldados que no sabían si iban a estar vivos segundos después. Lo que hicieron fue horrible, pero ellos no son los auténticos criminales. … Los auténticos criminales son los tipos que planeaban en sus confortables oficinas los ataques de los B-52 sobre las aldeas, los tipos de Washington que diseñaron la genial estrategia para masacrar a los habitantes de Vietnam del Sur. Pero los medios de comunicación y todo el establishment liberal apuntaron en otra dirección. Se metieron con el soldado raso, con el débil, con el indefenso. No se puede perdonar lo que hicieron: fue horrible. Pero se les puede comprender. A los que no se puede comprender es a los mandos militares, a los generales y a los altos cargos civiles que estaban por encima de ellos; ésa es la parte que no se puede perdonar en absoluto.

Fuente: Chomsky, N. (1993), Crónicas de la discrepancia, Visor, Madrid. 

21/3/25

Nixon y Kissinger

Por Noam Chomsky

El 27 de mayo [de 2004] el New York Times publicó un artículo sobre las conversaciones entre Henry Kissinger y Richard Nixon, en el que figuraba una de las frases más alucinantes que he leído en mi vida. Kissinger luchó contra viento y marea para que los tribunales impidiesen que saliesen a la luz aquellas transcripciones, pero al final los jueces lo permitieron. Vas leyéndolas y de repente te encuentras con que en un momento dado Nixon informó a Kissinger de su intención de asaltar Camboya con el pretexto de que hacían falta suministros aerotransportados. Nixon le dijo: «Quiero que no dejen títere con cabeza». Y Kissinger transmitió al Pentágono la orden de llevar a cabo una «campaña intensa de bombardeos sobre Camboya. Que disparen contra todo lo que se mueva». Este es el llamamiento más explícito a lo que denominamos genocidio, cuando lo cometen otros, que yo haya visto en los anales de la historia.

En estos momentos [2004] se está juzgando a Slobodan Milošević, el ex presidente de Yugoslavia. Los fiscales se están enfrentando a ciertos obstáculos porque no consiguen encontrar órdenes directas que relacionen a Milošević con las atrocidades cometidas en territorio bosnio. Supón que encuentran una frase de Milošević que diga: «Que no dejen títere con cabeza. Que disparen contra todo lo que se mueva». Con eso se acabaría el juicio y se condenaría a Milošević a varias cadenas perpetuas. Sin embargo, no consiguen encontrar ningún documento de esta naturaleza.

¿Hubo alguna reacción a la publicación de las transcripciones de las conversaciones entre Nixon y Kissinger? ¿Alguien se fijó? Yo he traído el asunto a colación en varias charlas y me he dado cuenta de que la gente no parece entenderlo. Es posible que lo entiendan en cuanto me lo oyen decir, pero no al cabo de cinco minutos, porque resulta demasiado intolerable. No puede ser que hagamos llamamientos abiertos y públicos al genocidio y que lo cometamos a continuación. Eso no puede ser. Por tanto, jamás ha sucedido nada así. Y, por tanto, ni siquiera hay que borrarlo de la historia, porque en la historia nunca entrará nada así.

Chomsky, N. (2005), Ambiciones imperiales, Península, Barcelona.

20/12/24

Las clases instruidas

Por Noam Chomsky

La educación es una forma de adoctrinamiento y, por tanto, lo normal es que, en cualquier sociedad, las clases instruidas estén más adoctrinadas. Son quienes se ven sujetos al constante flujo de propaganda que, en su mayor parte, va dirigido a ellos porque, al ser más importantes, tienen que estar más controlados. Además, las clases instruidas se convierten en instrumentos de propaganda. Su función en la sociedad consiste en divulgar y desarrollar los principios ideológicos. Por consiguiente, los interiorizan; si no lo hacen, se les aparta a un lado y dejan de pertenecer a la elite de los privilegiados. No es nada raro descubrir que, en cualquier sociedad, las clases instruidas son las menos críticas con los principios básicos del sistema ideológico y que es en aquéllas donde más enraizados están éstos.

Fuente: Chomsky, N. (1993), Crónicas de la discrepancia, Visor, Madrid.

11/10/24

Emerson y Hawthorne

Por Noam Chomsky

Cuando estalló la guerra de Secesión, Emerson, que era el principal filósofo del momento, se entusiasmó con ella porque pensaba que quebraría las estructuras sociales y llevaría a una sociedad más libre. No es que estuviera a favor del Norte; estaba en contra de todas las apelaciones al patriotismo. Las criticaba y las denunciaba. Pero tenía la esperanza de que la guerra socavara las estructuras sociales represivas. En poco tiempo se convirtió en un gran entusiasta de la guerra. Escribió famosos poemas acerca de cómo los jóvenes de Harvard se dirigían a morir para cumplir su deber y su servicio con la Unión.

La mayoría de los intelectuales de Concord (Massachusetts), el principal centro intelectual del momento, se alinearon con Emerson; estaban muy a favor de la guerra. Hawthorne fue uno de los pocos que no lo hizo. En general, no dijo nada, pero hizo algo muy interesante: emprendió un viaje por el Sur en los últimos días de la guerra. Estaba claro que la Unión derrotaría al Sur. Visitó Washington. Escribió sobre Abraham Lincoln. No lo divinizó del modo que se consideraba adecuado en aquel momento; redactó un comentario algo crítico y algo favorable. Fue a campos de prisioneros en los que se retenía a los soldados sudistas. Habló con ellos. Escribió un gran artículo para el Atlantic Monthly, la principal revista intelectual de la época.

En el artículo decía, y estoy parafraseando, que estos jóvenes en los campos de prisioneros de sureños son solo gente corriente que fueron llamados a la batalla en una causa que creían que era justa. Tenemos que tratarlos con dignidad, como seres humanos honorables. En general, ofreció una imagen muy comedida de la victoria. No reclamaba ninguna proclamación entusiasta y triunfalista por nuestra gran victoria y nuestros magníficos líderes. Fue crítico y circunspecto, taciturno.

El Atlantic aceptó publicar el artículo. Pero si lo lees, está interpolado con comentarios de los editores criticando a Hawthorne por lo que dice. No alababa a Lincoln lo suficiente y era demasiado favorable a esos soldados sureños prisioneros.

Es un artículo humano y decente, y Hawthorne recibió duros ataques por él. De hecho murió poco después. No sabemos cuáles fueron las repercusiones, pero la diferencia entre él y Emerson es muy evidente.

Fuente: Chomsky, N. (2022), Resistencia, Pasado y Presente, Barcelona.

27/9/24

La objetividad

Por Noam Chomsky

¿Qué podemos decir de la objetividad? Es una noción curiosa. En primer lugar, no deberíamos pretender que somos observadores neutrales y ya está. Cada ser humano tiene un punto de vista; si no tienes una opinión de las cosas, no eres humano, no tienes un cerebro activo. Si eres un periodista o académico serio, lo que haces es presentar con claridad tu punto de vista, de modo que tus lectores puedan entenderlo y compensarlo, y luego tienes que procurar ser lo más preciso que puedas acerca de lo que sucede.

Si para ti lo importante son los derechos de los poderosos, muy bien, dilo claramente y escribe a partir de esta perspectiva. Si tu punto de vista es que lo importante son los derechos de los que sufren y los oprimidos, exprésalo claramente y luego describe la situación con la máxima precisión que puedas, sin recortar nada.

La objetividad pura no es más que una noción sin sentido en las ciencias. Ningún físico nuclear aborda cada artículo que lee con una objetividad pura, como si no tuviera ciertas convicciones sobre el tema. Vaya, es que es ridículo. Hace poco leí una discusión entre un grupo de científicos de renombre sobre lo que es una partícula, el concepto más crítico de la física. Tienes muchas opiniones diferentes y la gente discute acerca de ellas. De cualquier forma que observen un experimento, estarán influidos por su punto de vista. Es física fundamental.

Supón que observamos la guerra de Siria. Está claro que tendrás tu propia opinión, pero esto no significa que no puedas ser un buen periodista objetivo, tal como era Robert Fisk, o como Patrick Cockburn, Charles Glass, Jonathan Steele y muchos otros. Todos tienen sus respectivos puntos de vista.

Fuente: Chomsky, N. (2022), Resistencia, Pasado y Presente, Barcelona.

30/8/24

Intuitivamente evidente

Por Noam Chomsky

El anarquismo me parece indiscutible. ¿Por qué deben existir estructuras de autoridad? Toda estructura de autoridad, jerarquía o dominio tiene la obligación de probarse; tiene que demostrar que es legítima. Quizá pueda; de lo contrario, debe desmantelarse. Es de una obviedad irrefutable. Y éste es el tema esencial del anarquismo: identificar estructuras de poder y dominio, desde una familia patriarcal hasta un sistema imperial y todo lo que haya entre medio, y exigir que se justifiquen. Si no pueden, que es lo habitual, hay que desmantelarlos a favor de un sistema más libre, cooperativo y participativo. Me parece intuitivamente evidente.

Fuente: Chomsky, N. (2017), Malestar global, Sexto Piso, Madrid.

8/3/24

Estados Unidos contra Grecia

Por Noam Chomsky

En Grecia las tropas británicas entraron después de reiterarse los nazis. Impusieron un régimen corrupto que provocó una renovada resistencia, e Inglaterra, en su declive de posguerra, no fue capaz de mantener control. En 1947, Estados Unidos entró en apoyo de una guerra asesina que cobró cerca de 160 mil muertes.

Esta guerra se completó con tortura, exilio político para decenas de millares de griegos, lo que llamamos "campamentos de reeducación" para decenas de millares de otros, y la destrucción de sindicatos y de cualquier posibilidad de política independiente.

Colocó a Grecia firmemente en las manos de los inversionistas estadounidenses y de empresarios locales, mientras gran parte de la población tuvo que emigrar para sobrevivir. Entre los beneficiarios estaban los colaboradores nazis, mientras las víctimas primarias fueron los trabajadores y campesinos de la resistencia antinazi, dirigida por comunistas.

Nuestra victoriosa defensa de Grecia contra su propia población fue el modelo para la guerra de Vietnam –como Adlai Stevenson explicó a las Naciones Unidas en 1964. Los consejeros de Reagan usaron exactamente el mismo modelo al hablar de Centroamérica, y el patrón fue seguido en muchos otros lugares.

Fuente: Chomsky, N (1994), Lo que realmente quiere el tío sam, Siglo XXI, México, D.F.

16/2/24

Éramos pocos

Por Noam Chomsky

Cuando yo era niño había un campo de prisioneros de guerra junto a la secundaria. Continuamente surgían conflictos entre los alumnos sobre la cuestión de molestar a los prisioneros. Los alumnos no podían atacarlos físicamente, porque estaban protegidos por una cerca, pero les arrojaban cosas y los agredían verbalmente. A algunos nos parecía abominable y nos oponíamos, pero éramos pocos.

Fuente: Chomsky, N. (1994), Secretos, mentiras y democracia, Siglo XXI, México, D. F.

2/2/24

Cambiar las circunstancias

Por Noam Chomsky

Cuando estaba en el college, teníamos que tomar clase de boxeo. Para practicar, peleábamos con un amigo y, al terminar la clase, nos íbamos a casa. Nunca he sido especialmente violento y, sin embargo, me sorprendía que después de empujarnos un buen rato, en realidad queríamos hacernos daño, aunque se tratara de nuestro mejor amigo. Sentíamos cómo surgía la furia y casi queríamos matarnos.

¿Quiere decir que el deseo de matar es innato? Tal vez este deseo surja en ciertas circunstancias, incluso si se trata de nuestro mejor amigo; es decir, habrá circunstancias en las que predomine este aspecto de nuestra personalidad, aunque en otras predominarán otros aspectos. Si pretendemos crear un mundo humano, habrá que cambiar las circunstancias.

Fuente: Chomsky, N (1994), Pocos prósperos, muchos descontentos, Siglo XXI, México, D.F.

8/12/23

Aristócratas y demócratas

Por Noam Chomsky

Jefferson murió el 4 de julio de 1826 –exactamente cincuenta años después de la Declaración de Independencia. Casi al final de su vida hablaba de los logros alcanzados con una mezcla de preocupación y esperanza, e instaba a la población a luchar por mantener los triunfos de la democracia.

Jefferson distinguía dos grupos: los aristócratas y los demócratas. Los primeros "temen y desconfían de la gente y desean quitarle todo el poder para depositarlo en la clase alta". Incluso hoy muchos intelectuales respetables consideran válida esta postura, que es muy similar a la doctrina leninista de que el partido de vanguardia o los intelectuales radicales deben tomar el poder y encaminar a las masas hacia un futuro mejor. La mayoría de los liberales es aristócrata en el sentido jeffersoniano, y [el ex secretario de estado] Henry Kissinger es un ejemplo extremo de un aristócrata.

Los demócratas –escribió Jefferson– "se identifican con la gente, le tienen confianza, la valoran y la consideran el guardián más honesto y seguro –aunque no el más sabio– del interés público. En otras palabras, los demócratas creen que la gente debe ejercer el control, tome o no las decisiones acertadas. Existen algunos demócratas hoy en día, pero su participación es cada vez más restringida.

Jefferson advirtió sobre todo que se vigilara a las "instituciones bancarias y sociedades mercantiles" –lo que hoy llamaríamos consorcios– pues afirmaba que, en caso de que crecieran, los aristócratas habrían ganado y la revolución estaría vencida. Los peores temores de Jefferson se cumplieron –aunque no enteramente como él lo supuso.

Fuente: Chomsky, N. (1994), Secretos, mentiras y democracia, Siglo XXI, México, D. F.

13/10/23

El fundamentalismo islámico

Por Noam Chomsky

Una de las razones por las que Hezbolá se ha hecho tan poderosa es que el gobierno libanés no hizo prácticamente nada por los chiitas más pobres del sur de Beirut y el sur de Líbano. El prestigio de esta organización proviene no sólo de acaudillar la guerrilla que expulsó a Israel de Líbano en 2000, sino de proporcionar servicios sociales: salud, escolarización, ayuda económica, etc. Para muchos libaneses, Hezbolá es el gobierno. Como pasa con otros movimientos fundamentalistas islámicos, ésa es la razón de su enorme éxito popular. No es deseable tener agentes no estatales dentro del estado, y mucho menos militarizados, pero seguirá ocurriendo mientras no se solucionen los problemas fundamentales. Es casi inevitable. De hecho, Estados Unidos e Israel contribuyeron considerablemente al surgimiento del fundamentalismo extremista islámico al destruir el nacionalismo secular. Si eliminas el nacionalismo secular, la gente no va a decir: «Vale, córtame el cuello». Recurrirán a algo. Y ese algo es el fanatismo religioso extremista.

Más aún, a veces se han promovido estos movimientos deliberadamente. Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido el principal impulsor mundial del fundamentalismo islámico extremista. El aliado más antiguo y apreciado de Estados Unidos en el mundo árabe es Arabia Saudí. Comparado con ella, Irán es un paraíso democrático. La amenaza para la tiranía extremista religiosa de Arabia Saudí era el nacionalismo secular, encarnado principalmente por Gamal Abdel Nasser, que se convirtió en enemigo de Estados Unidos porque suponía una amenaza para la base estadounidense del fundamentalismo religiosa extremista, Arabia Saudí, el país que controla el petróleo, la razón de fondo. En 1967, Israel prestó un gran servicio a Estados Unidos, Araba Saudí y las petrolíferas eliminando el nacionalismo árabe secular, que amenazaba con emplear los recursos de la zona para cubrir las necesidades de la población. Intolerable. Son «nuestros» recursos, como dijo George Kennan hace mucho tiempo, y tenemos que «protegerlos».

No es la primera vez que ocurre. Israel creó Hamás cuando destruyó la Organización para la Liberación de Palestina, partidaria de negociar y llegar a un acuerdo. Dado que eso era lo último que Israel y Estados Unidos deseaban, la destruyeron. ¿Qué ocurrió entonces? La población no se desintegró. Se refugió en otra cosa, a saber, en el fundamentalismo religioso.

Fuente: Chomsky, N. (2007), Lo que decimos, se hace, Península, Barcelona.

22/9/23

Una sociedad mejor

Por Noam Chomsky

No soy lo suficientemente inteligente –ni creo que nadie lo sea– para describir cómo sería una sociedad ideal, pero creo que podemos hablar de cómo sería una sociedad mejor. A mi entender, sería una sociedad en que las decisiones estuviesen en manos de una población informada y comprometida. Es un prerrequisito para tomar decisiones razonables y racionales. En cuanto a las instituciones, implicaría que los trabajadores poseerían y gestionarían las fábricas, que las comunidades estarían controladas por la propia comunidad y que el control popular gestionaría otras instituciones. Las relaciones entre asociaciones de voluntarios conducirían a una toma de decisiones de base más amplia por parte de representantes que estarían sometidos al control directo de abajo y sujetos a una retirada inmediata.

También se propiciaría la disolución de las fronteras nacionales, algo que sin duda es concebible, pues hasta cierto punto ya ha tenido lugar en Europa. En términos generales implicaría un sistema cada vez más global basado en la ayuda y el apoyo mutuos, una producción destinada al uso más que a los beneficios y la preocupación por la supervivencia de la especie. Creo que todas esas medidas conducirían a una sociedad mejor. Y todas son viables.

Chomsky, N. (2017), Malestar global, Sexto Piso, Madrid.

8/9/23

El colapso económico de Venezuela

Por Noam Chomsky

Lo que ha ocurrido en Venezuela … es un caso extremo de lo que sucede en toda Latinoamérica, y es muy trágico. El propio Chávez intentó promover cambios importantes y positivos, pero el modo en que los llevó a cabo tenía defectos esenciales. Para empezar, se hizo de arriba abajo, no provenía de la base. Se intentó organizar un activismo popular, pero es muy difícil averiguar –al menos yo no lo he logrado– hasta qué punto lo consiguieron.

También existía un importante grado de corrupción e incompetencia que minó gravemente sus esfuerzos. No sabemos cuán alto llegaba. Por último, no se produjeron cambios en cuanto a la dependencia económica de un único recurso, el petróleo. En realidad, probablemente Venezuela se volvió más dependiente si cabe. Aunque el país podría contar con una rica economía agrícola y una productiva economía industrial, depende abrumadoramente de sus exportaciones de petróleo.

Creo que el mismo Chávez era consciente de ello. Durante una importante charla ante las Naciones Unidas, señaló que Venezuela es un exportador de combustible fósil, pero dijo que productores y consumidores debían unirse para encontrar la forma de librar al mundo de los combustibles fósiles porque eran muy destructivos. Es una postura muy poco habitual en alguien cuya economía depende de la producción de petróleo. Ridiculizaron a Chávez por llamar a George W. Bush «el diablo» en esa reunión, pero no vi que nadie se hiciese eco de sus comentarios sobre los combustibles fósiles.

La combinación de iniciativas creadas desde arriba, el fracaso en avanzar hacia la diversificación, la corrupción, la incompetencia…, la unión de todos esos factores ha llevado al colapso económico de Venezuela.

Chomsky, N. (2017), Malestar global, Sexto Piso, Madrid. (Hice ligeros cambios en el texto para mejorar la traducción)

30/6/23

Ser honesto

Por Noam Chomsky

[David Barsamian:] En octubre de 1998, justo seis meses antes de su muerte en Islamabad Eqbal Ahmad dio una charla en el MIT sobre el papel de los intelectuales. Dijo: «Tenéis que estar dispuestos a asumir riesgos». Se refería a los intelectuales. La otra cosa que dijo es: «Amar a la gente es primordial».

Eqbal era íntimo amigo mío, pero no estoy completamente de acuerdo con lo que dice. En primer lugar, no corremos grandes peligros por adoptar posturas disidentes, ni siquiera por participar en actividades de resistencia. Es verdad que hay riesgos, pero son insignificantes en comparación con los que corre la mayoría de la población mundial. Te critican, te ridiculizan, te difaman. Quizá no puedas ir a las cenas y fiestas apropiadas. Pero, ¿son eso riesgos? Piensa en cómo vive la mayoría del planeta. A los intelectuales se los llama así porque son privilegiados, no porque sean muy listos ni sepan mucho. Hay mucha gente que sabe más y es más lista, pero no es intelectual porque no tiene ese privilegio. Los que reciben el nombre de intelectuales son privilegiados. Disponen de recursos y oportunidades, y se ha conseguido suficiente libertad como para que el Estado no tenga una capacidad ilimitada de coacción. Es cierto que tiene cierta capacidad de coacción, pero no demasiada, mucho menos de lo que la gente dice. A veces ocurren cosas inadmisibles–a alguno lo echan del trabajo–, pero, en general, los peligros que corren los privilegiados son mínimos. Por tanto, no creo que se trate de asumir riesgos. Se trata de ser honesto.

¿Amar a la gente? Sí, por supuesto, o, al menos, comprometerse con ella y con sus necesidades.

Fuente: Chomsky, N. (2007), Lo que decimos, se hace, Península, Barcelona.

7/10/22

La sociedad del futuro

Por Noam Chomsky

Tengo mis propias ideas sobre cómo tendría que ser la sociedad del futuro. Desde una perspectiva muy general, deberíamos desvelar las diferentes manifestaciones de la autoridad y la dominación y poner en tela de juicio su legitimidad. A veces son legítimas. Digamos que se necesitan para sobrevivir. Durante la Segunda Guerra Mundial, teníamos una sociedad totalitaria; y es posible que estuviera en parte justificada dado que vivíamos en tiempo de guerra. Las relaciones entre padres e hijos, por ejemplo, requieren un cierto grado de coerción. A veces está justificada. Pero todo mecanismo de control y coerción debe estar justificado; y, en la mayoría de los casos, no existe justificación alguna. En diferentes estadios de la civilización humana ha sido posible cuestionar algunos de ellos, pero no otros. Otros están demasiado enraizados, o no se perciben, o lo que sea. Por tanto, en cualquier campo concreto, lo que tienes que hacer es detectar las diferentes manifestaciones de la autoridad y la dominación, manifestaciones que cambian con el tiempo y no tienen legitimidad alguna y que, de hecho, a menudo atentan contra los derechos humanos fundamentales y contra tu propia concepción de los derechos fundamentales y de la naturaleza humana. En mi opinión, en vista de la situación actual, la sociedad del futuro que a mí me gustaría sería aquella en la que estuviéramos continuamente haciendo esto, una sociedad en la que estuviéramos aumentando continuamente las cuotas de libertad y justicia, una sociedad en la que no existieran controles externos y hubiera una mayor participación de la población.

¿Cuáles son las cuestiones centrales hoy día? Se está intentando resolver algunas de ellas. Hay quien participa en el movimiento feminista. Hay gente metida en el movimiento en defensa de los derechos civiles. Pero una cuestión fundamental pendiente es la crítica a los fundamentos del sistema de dominación: el control privado de la producción y la distribución de los recursos. Las revoluciones del siglo XVIII no han sido consumadas. Hasta los textos del liberalismo clásico hablaban de que las personas quedaban condenadas a trabajar para otros, en lugar de trabajar para sí mismas, y a no controlar el proceso de producción. Ésta es una parte fundamental del liberalismo clásico. Nadie se acuerda de ello. Pero habría que plantearlo de nuevo. Se trata de una posibilidad real, una posibilidad que supondría un ataque contra las estructuras básicas del capitalismo de estado. Creo que es algo que hay que hacer. Y no en un futuro lejano. En realidad, ni siquiera necesitamos ideas originales. Buena parte de las ideas las encontramos en el siglo XVIII incluso en los textos liberales clásicos y, más tarde, en los textos de la tradición libertaria del movimiento socialista y en los del movimiento anarquista. Creo que se trata de una cuestión muy actual que debería plantearse de nuevo. La sociedad del futuro, desde este punto de vista, sería aquella en la que la producción, las decisiones sobres las inversiones, etc. estuvieran sometidas a control democrático. Es decir, a un control ejercido desde las comunidades, desde los lugares de trabajo, desde los consejos de trabajadores de las fábricas o las universidades, desde todo tipo de organizaciones, con unas estructuras federales que integraran a sectores organizados de muy diverso signo.

Es posible conseguirlo, especialmente en el caso de las sociedades industriales avanzadas. El ambiente cultural necesario sólo existe en pequeño grado, pero podría crearse. He aquí un retrato de una parte de la sociedad del futuro.

Fuente: Chomsky, N. (1993), Crónicas de la discrepancia, Visor, Madrid.

18/8/22

Asia oriental versus América Latina

Por Noam Chomsky

La comparación entre Asia oriental y América Latina es impresionante. América Latina tiene una de las peores marcas del mundo en desigualdad, el este de Asia una de las mejores. Lo mismo puede decirse de la enseñanza, la sanidad y los servicios sociales en general. Las importaciones de América Latina se decantan señaladamente hacia el consumo de los ricos; en Asia oriental, hacia la inversión productiva. La fuga de capitales latinoamericanos se ha acercado a las dimensiones de la aplastante deuda; en Asia oriental se ha controlado firmemente hasta hace muy poco. En América Latina los acaudalados suelen estar exentos de obligaciones sociales, incluidos los impuestos. El problema de América Latina no es el «populismo», señala el economista brasileño Bresser Pereira, sino «el sometimiento del estado a los ricos». Asia oriental es tajantemente distinta.

Fuente: Chomsky, N (1999), El beneficio es lo que cuenta, Crítica, Barcelona.