Por
Amnistía Internacional
El
genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza
continuó durante todo 2025 con la persistente negación del acceso a una
asistencia humanitaria adecuada, en medio de continuos desplazamientos forzados
de casi toda la población, bombardeos militares devastadores y una enorme
destrucción de bienes e infraestructuras civiles.
En marzo, Israel puso fin unilateralmente
a una tregua acordada el 19 de enero e intensificó de inmediato los ataques
militares en Gaza. Un alto el fuego alcanzado en octubre supuso la liberación
de los 20 rehenes vivos retenidos aún por grupos armados palestinos y de casi
2.000 personas palestinas que Israel mantenía presas o detenidas. No obstante,
los ataques militares israelíes continuaron, provocando la muerte de 415
palestinos y palestinas más desde el alto el fuego hasta el final del año.
Durante 2025, Israel mató a 26.791
gazatíes e hirió a 64.065 más; el 60% eran niños y niñas, mujeres y personas de
edad avanzada. Además, siguió atacando espacios civiles abarrotados de gente,
entre otros, cafeterías, concurridos mercados y escuelas donde se refugiaban
personas que se habían visto forzadas a abandonar sus hogares a causa de las
operaciones militares.
Una jornada especialmente mortífera fue la
del 18 de marzo, cuando los ataques aéreos israelíes sobre la Franja causaron
la muerte de al menos 414 gazatíes, incluidos 174 niños y niñas. El 23 de
marzo, las fuerzas israelíes atacaron varios vehículos con distintivos de
servicios humanitarios, entre ellos cinco ambulancias, matando a 15
cooperantes, incluido personal médico de la Media Luna Roja. El 30 de junio
bombardearon de forma indiscriminada la cafetería Al Baqa, popular
establecimiento donde mataron a 32 personas, la mayoría civiles.
El desplazamiento masivo provocado por las
órdenes de evacuación o la destrucción israelíes de barrios enteros causó un
enorme daño físico y mental. En mayo, Israel destruyó deliberadamente Juzaa,
localidad de 11.000 habitantes situada en el sur, sin que hubiera una necesidad
militar imperiosa que lo justificara. El 5 de septiembre, lanzó una campaña de
demolición de edificios residenciales y comerciales de gran altura en toda la
ciudad de Gaza en la que se derribaron al menos 16 bloques de viviendas en 10
días y se arrasaron los campamentos improvisados de los alrededores, lo que
provocó un nuevo desplazamiento de miles de familias.
El genocidio de Israel incluyó también la
orquestación deliberada de una crisis humanitaria en Gaza. A mediados de
agosto, había en la Franja más de medio millón de personas en situación de
hambruna/catástrofe humanitaria, la fase más grave de inseguridad alimentaria,
y 1,4 millones más en la segunda y tercera fases de gravedad. Según la Oficina
de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), sólo en
julio hubo casi 13.000 nuevos ingresos hospitalarios de niños y niñas con
desnutrición aguda. Por tercer año consecutivo y a pesar de las peticiones
presentadas ante los tribunales, las autoridades israelíes prohibieron por
completo las evacuaciones médicas de Gaza a Cisjordania e Israel y
restringieron drásticamente las realizadas al extranjero, provocando con ello
muertes evitables.
Entre el 2 de marzo y el 19 de mayo,
Israel impuso un asedio total en Gaza. Pese a su alivio temporal a partir del
19 de mayo, siguió sin permitir la entrada de determinados suministros
esenciales, como combustible y gas para cocinar. El 9 de marzo, las autoridades
israelíes cortaron el suministro de electricidad a la última planta
desalinizadora que quedaba en la Franja. Sin combustible, los generadores
eléctricos no podían suministrar energía a los equipos hospitalarios. Por otra
parte, entre finales de mayo y agosto, al menos 859 palestinos y palestinas
murieron a manos de las fuerzas israelíes y su personal de seguridad privada
cuando, desesperados, acudieron a los puntos militarizados de distribución de
ayuda gestionados por la Fundación Humanitaria de Gaza.
Israel causó una destrucción enorme de
infraestructuras culturales, religiosas, médicas y educativas palestinas. Su
ejército destruyo todas las universidades y colegios universitarios de Gaza,
cientos de mezquitas y tres iglesias. La mayoría de las escuelas se
transformaron en refugios para personas desplazadas y fueron posteriormente
blanco de los bombardeos aéreos y los robots de demolición no tripulados de
Israel. Las fuerzas israelíes destruyeron centros de atención de la salud para
mujeres y bloquearon la ayuda destinada a la atención reproductiva.
Al terminar 2025, las fuerzas israelíes
seguían totalmente desplegadas en más del 58% de la Franja de Gaza. Poco antes,
Amnistía Internacional había advertido: “El alto el fuego [de octubre] corre el
riesgo de crear el peligroso espejismo de que la vida en Gaza está volviendo a
la normalidad [...] el mundo no debe dejarse engañar. El genocidio de Israel no
ha terminado”.
Fuente: Amnistía Internacional (2026), La situación de los derechos humanos en el mundo, EDAI, Madrid.
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