Por Eduardo Galeano
1882
Nueva York
...
En el principio hice la luz con farol de queroseno. Y las tinieblas, que se burlaban de las velas de sebo o de esperma, retrocedieron. Y amaneció y atardeció el día primero.
Y el día segundo Dios me puso a prueba y
permitió que el demonio me tentara ofreciéndome amigos y amantes y otros
despilfarros.
Y dije: «Dejad que el petróleo venga hacia
mí.» Y fundé la Standard Oil. Y vi que estaba bien y amaneció y atardeció el
día tercero.
Y el día cuarto seguí el ejemplo de Dios.
Como Él, amenacé y maldije a quien me negara obediencia; y como Él apliqué la
extorsión y el castigo. Como Dios ha aplastado a sus competidores, así yo
pulvericé sin piedad a mis rivales de Pittsburgh y Filadelfia. Y a los
arrepentidos prometí perdón y paz eterna.
Y puse fin al desorden del Universo. Y
donde había caos, hice organización. Y en escala jamás conocida calculé costos,
impuse precios y conquisté mercados. Y distribuí la fuerza de millones de
brazos para que nunca más se derrochara tiempo, ni energía, ni materia. Y
desterré la casualidad y la suerte de la historia de los hombres. Y en el
espacio por mí creado no reservé lugar alguno a los débiles ni a los
ineficaces. Y amaneció y atardeció el día quinto.
Y por dar nombre a mi obra inauguré la
palabra trust. Y vi que estaba bien. Y comprobé que giraba el mundo
alrededor de mis ojos vigilantes, mientras amanecía y atardecía el día sexto.
Y el día séptimo hice caridad. Sumé el
dinero que Dios me había dado por haber continuado Su obra perfecta y doné a
los pobres veinticinco centavos. Y entonces descansé.
Fuente:
Galeano, E. (1984), Memoria del fuego 2: Las caras y las máscaras, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.
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