28/2/25

Un saludo

Por Jesús Mosterín

Somos sistemas físicos, partes del Universo, pero no partes cualesquiera: somos (o podemos llegar a ser) partes conscientes del Universo y, por tanto, partes de la conciencia cósmica. La conciencia cósmica es la conciencia distribuida del Universo (la «conciencia divina», si se quiere hablar metafóricamente). Cuando nuestro cerebro piensa, decimos que nosotros pensamos. Nuestro cerebro es parte nuestra, pero nosotros somos partes del Universo y, por tanto, nuestro cerebro es parte del Universo. Cuando pensamos en el Universo con nuestro cerebro, el Universo se piensa a sí mismo en nuestro cerebro. Nuestros pensamientos son chipas «divinas», chispas de la conciencia cósmica. Es posible que otras criaturas inteligentes piensen también en el Universo en algún otro lugar en la vasta inmensidad del espaciotiempo, pero no lo sabemos. Si existen, ellos son también partes de la conciencia cósmica distribuida, participantes, como nosotros, en la autoconciencia universal. No sabemos si existen. Por si acaso, desde aquí les envío un saludo.

Fuente: Mosterín, J. (2013), Ciencia, filosofía y racionalidad, Gedisa, Barcelona.

21/2/25

José María Arguedas

Por Eduardo Galeano

1969

Lima

 

Imagen tomada de https://shorturl.at/b7sKB

Arguedas se parte el cráneo de un balazo. Su historia es la historia del Perú; y enfermo de Perú se mata.

Hijo de blancos, José María Arguedas había sido criado por los indios. Habló quechua durante toda su infancia. A los diecisiete años fue arrancado de la sierra y arrojado a la costa; salió de los pueblitos comuneros para entrar en las ciudades propietarias.

Aprendió la lengua de los vencedores y en ella habló y escribió. Nunca escribió sobre los vencidos, sino desde ellos. Supo decirlos; pero su hazaña fue su maldición. Sentía que todo lo suyo era traición o fracaso, desgarramiento inútil. No podía ser indio, no quería ser blanco, no soportaba ser a la vez el desprecio y el despreciado.

Caminó el solitario caminante al borde de ese abismo, entre los dos mundos enemigos que le dividían el alma. Muchas avalanchas de angustia le cayeron encima, peores que cualquier alud de lodo y piedras; hasta que fue derribado.

Fuente: Galeano, E. (1986), Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, Siglo Veintiuno, Madrid.

14/2/25

Aramco

Por Amnistía Internacional

En 2023, la empresa estatal saudí Aramco produjo de media más de 12 millones de barriles de petróleo al día. Su objetivo era aumentar esta producción en cerca de un millón de barriles diarios para 2027 y aumentar su producción de gas natural en un 50% para 2030. Se calculaba que el petróleo y el gas producidos por Aramco habían sido responsables de más del 4% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero desde 1965 y, según un estudio, en 2018 representaron alrededor del 4,8% de todas las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, la mayor proporción de todas las empresas de petróleo y gas.

Fuente: Amnistía Internacional (2024), La situación de los derechos humanos en el mundo, EDAI, Madrid.

7/2/25

Los gamines

Por Eduardo Galeano

1969

Bogotá

…

Tienen la calle por casa. Son gatos en el salto y en el manotazo, gorriones en el vuelo, gallitos en la pelea. Vagan en bandadas, en galladas; duermen en racimos, pegados por la helada del amanecer. Comen lo que roban o las sobras que mendigan o la basura que encuentran; apagan el hambre y el miedo aspirando gasolina o pegamento. Tienen dientes grises y caras quemadas por el frío.

Arturo Dueñas, de la gallada de la calle Veintidós, se va de su banda. Está harto de dar el culo y recibir palizas por ser el más pequeño, el chinche, el chichigua; y decide que más vale largarse solo.

Una noche de éstas, noche como cualquier otra noche, Arturo se desliza bajo una mesa de restorán, manotea una pata de pollo y alzándola como estandarte huye por las callejuelas. Cuando encuentra algún oscuro recoveco, se sienta a cenar. Un perrito lo mira y se relame. Varias veces Arturo lo echa y el perrito vuelve. Se miran: son igualitos los dos, hijos de nadie, apaleados, puro hueso y mugre. Arturo se resigna y convida.

Desde entonces andan juntos, patialegres, compartiendo el peligro y el botín y las pulgas. Arturo, que nunca habló con nadie, cuenta sus cosas. El perrito duerme acurrucado a sus pies.

Y una maldita tarde los policías atrapan a Arturo robando buñuelos, lo arrastran a la Estación Quinta y allí le pegan tremenda pateadura. Al tiempo Arturo vuelve a la calle, todo maltrecho. El perrito no aparece. Arturo corre y recorre, busca y rebusca, y no aparece. Mucho pregunta y nada. Mucho lo llama y nada. Nadie en el mundo está tan solo como este niño de siete años que está solo en las calles de la ciudad de Bogotá, ronco de tanto gritar.

Fuente: Galeano, E. (1986), Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, Siglo Veintiuno, Madrid.

31/1/25

La impunidad de los violadores

Por Amnistía Internacional

[En la República Centroafricana] a fines de 2002 y principios de 2003, los combatientes violaron sistemáticamente a centenares de mujeres. Al parecer, muchas de ellas, incluso ancianas y niñas, fueron violadas por combatientes del MLC [grupo político armado de la República Democrática del Congo], entre los que había niños soldados, mientras que otras fueron violadas por fuerzas leales a François Bozizé. Según informes, a algunas las mataron al oponer resistencia a la violación, o murieron como consecuencia de las lesiones sufridas. Algunas de las sobrevivientes se infectaron de VIH o contrajeron otras enfermedades, a raíz de lo cual sus compañeros las abandonaron. Otras se quedaron embarazadas. En la mayoría de los casos, el gobierno del presidente Patassé no tomó ninguna medida contra los violadores del MLC, ni tampoco se tomaron medidas contra los pertenecientes a las fuerzas dirigidas por François Bozizé ni antes ni después de su acceso al poder en marzo.

Fuente: Amnistía Internacional (2004), Informe 2004, EDAI, Madrid.

24/1/25

Leonardo

Por Eduardo Galeano

A los veintipocos años, los vigilantes de la moral pública, los Oficiales de la Noche, arrancaron a Leonardo del taller del maestro Verrocchio y lo arrojaron a una celda. Dos meses estuvo allí, sin dormir, sin respirar, aterrorizado por la amenaza de la hoguera. La homosexualidad se pagaba con fuego, y una denuncia anónima lo había acusado de cometer sodomía en la persona de Jacopo Saltrelli.

Fue absuelto, por falta de pruebas, y volvió a la vida.

Y pintó obras maestras, casi todas inconclusas, que en la historia del arte inauguraron el esfumado y el claroscuro;

escribió fábulas, leyendas y recetas de cocina;

dibujó a la perfección, por primera vez, los órganos humanos, estudiando anatomía en los cadáveres;

confirmó que el mundo giraba;

inventó el helicóptero, el avión, la bicicleta, el submarino, el paracaídas, la ametralladora, la granada, el mortero, el tanque, la grúa móvil, la excavadora flotante, la máquina de hacer espaguetis, el rallador de pan...

y los domingos compraba pájaros en el mercado y les abría las jaulas.

Quienes lo conocieron dijeron que jamás abrazó a una mujer, pero de su mano nació el retrato más famoso de todos los tiempos. Y fue un retrato de mujer.

Fuente: Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.

17/1/25

Campanadas por él

Por Eduardo Galeano

1967

Higueras

…

¿Ha muerto en 1967, en Bolivia, porque se equivocó de hora y de lugar, de ritmo y de manera? ¿O ha muerto nunca, en ninguna parte, porque no se equivocó en lo que de veras vale para todas las horas y lugares y ritmos y maneras?

Creía que hay que defenderse de las trampas de la codicia, sin bajar jamás la guardia. Cuando era presidente del Banco Nacional de Cuba, firmaba Che los billetes, para burlarse del dinero. Por amor a la gente, despreciaba las cosas. Enfermo está el mundo, creía, donde tener y ser significan lo mismo. No guardó nunca nada para sí, ni pidió nada nunca.

Vivir es darse, creía; y se dio.

Fuente: Galeano, E. (1986), Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, Siglo Veintiuno, Madrid.

10/1/25

China y Roma

Por Jesús Mosterín

El Imperio Han del Este fue contemporáneo del Imperio Romano. Entre ambos imperios se aprecian semejanzas, aparte de las cronológicas. El Imperio Romano siempre estaba amenazado por los pueblos bárbaros germánicos del norte. El Imperio Han tenía sus fronteras septentrionales igualmente amenazadas por los nómadas de la estepa del norte, como los yuezhi y los xiongnu. Para protegerse de esa amenaza, los chinos construyeron y reconstruyeron la Gran Muralla China. Los romanos fortificaron el limes, sobre todo en el Rin y el Danubio. También había notables diferencias. Toda la cultura china tenía un sabor «de tierra adentro», frente al marítimo del mundo mediterráneo greco-romano clásico. El emperador chino –fuera de las audiencias solmenes y las ceremonias– vivía aislado del mundo, en su palacio, rodeado de sus mujeres y concubinas y de los eunucos. La importancia de los eunucos en la corte china contrasta con su ausencia en la romana. Los emperadores romanos tenían un carácter más militar; los chinos, más civil. En China nunca existió el concepto de la ciudad-estado o pólis; tampoco el de pueblo (populus). China desconocía la elección de los altos cargos que practicaba Roma. Y Roma ignoraba lo que era una burocracia profesional concienzudamente preparada y seleccionada mediante exámenes, como la china.

Mosterín, J. (2007), China, Alianza Editorial, Madrid.

3/1/25

Cada vez

Por Jorge Luis Borges

No paso ante la Recoleta sin recordar que están sepultados ahí mi padre, mis abuelos y trasabuelos, como yo lo estaré; luego recuerdo ya haber recordado lo mismo, ya innumerables veces; no puedo caminar por los arrabales en la soledad de la noche, sin pensar que ésta nos agrada porque suprime los ociosos detalles, como el recuerdo; no puedo lamentar la perdición de un amor o de una amistad sin meditar que sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido; cada vez que atravieso una de las esquinas del Sur, pienso en usted, Helena; cada vez que el aire me trae un olor de eucaliptos, pienso en Adrogué, en mi niñez; cada vez que recuerdo el fragmento 91 de Heráclito: "No bajarás dos veces al mismo río", admiro su destreza dialéctica, pues la facilidad con que aceptamos el primer sentido ("El río es otro") nos impone clandestinamente el segundo ("Soy otro") y nos concede la ilusión de haberlo inventado; cada vez que oigo a un germanófilo vituperar el yiddish, reflexiono que el yiddish es, ante todo, un dialecto alemán, apenas maculado por el idioma del Espíritu Santo.

Borges, J. L. (1952), Inquisiciones / Otras inquisiciones, Random House Mondadori, Barcelona.

27/12/24

Uno de los beneficiados

Por Jacques Gernet

China comercia con el mundo entero –Japón, Asia del sureste, Europa y América vía Manila– y este comercio, que se desarrolla tras la suspensión de las restricciones impuestas al tráfico con el extranjero después de la conquista de Taiwan en 1683, es beneficios para China. Estimula la agricultura y la artesanía, y canaliza hacia allí la moneda de plata. Se ha podido calcular que de los 400 millones de dólares de plata importados de América del Sur y de México hacia Europa entre 1571 y 1821, la mitad sirvió para que los países occidentales compraran productos chinos. Si la estimación es exacta tendería a demostrar que China, que debe al Nuevo Mundo unas plantas cuya difusión provocó una especie de revolución agrícola, fue uno de los países que más se benefició del descubrimiento de América.

Fuente: Gernet, J. (1999), El mundo chino, Crítica, Barcelona.

20/12/24

Las clases instruidas

Por Noam Chomsky

La educación es una forma de adoctrinamiento y, por tanto, lo normal es que, en cualquier sociedad, las clases instruidas estén más adoctrinadas. Son quienes se ven sujetos al constante flujo de propaganda que, en su mayor parte, va dirigido a ellos porque, al ser más importantes, tienen que estar más controlados. Además, las clases instruidas se convierten en instrumentos de propaganda. Su función en la sociedad consiste en divulgar y desarrollar los principios ideológicos. Por consiguiente, los interiorizan; si no lo hacen, se les aparta a un lado y dejan de pertenecer a la elite de los privilegiados. No es nada raro descubrir que, en cualquier sociedad, las clases instruidas son las menos críticas con los principios básicos del sistema ideológico y que es en aquéllas donde más enraizados están éstos.

Fuente: Chomsky, N. (1993), Crónicas de la discrepancia, Visor, Madrid.

13/12/24

¡Éste no soy yo!

Por Philip Roth

Penetrar en el interior del prójimo era una habilidad o capacidad que el Sueco no poseía. No tenía la combinación de esa cerradura. A quien presentaba los signos de la bondad lo tomaba por bueno; a quien presentaba los de la lealtad lo tomaba por leal; a quien presenta los de la inteligencia lo tomaba por inteligente. Y por eso no había logrado ver el interior de su hija, de su esposa, de la única amante que había tenido, y probablemente ni siquiera había empezado a ver su propio interior. ¿Qué era él, despojado de todas las señales que emitía? La gente estaba en pie por todas partes, gritando: «¡Éste soy yo! ¡Éste soy yo!». Cada vez que uno les miraba, se levantaban y le decían quién era, y a decir verdad no tenían más idea que él de qué o quiénes eran. También creían en las señales que emitían. Deberían estar en pie y gritar: «¡Éste no soy yo! ¡Éste no soy yo!». Lo harían así si fuesen honestos. «¡Éste no soy yo!» Entonces uno podría conocer la manera de avanzar a través de las centelleantes tonterías de este mundo.

Fuente: Roth, P. (1997), Pastoral americana, Random House Mondadori, México, D.F.

6/12/24

Queremos otro tiempo

Por Eduardo Galeano

Julio

29

…

A lo largo de tres días, en 1830, seis mil barricadas convirtieron la ciudad de París en campo de batalla, y derrotaron a los soldados del rey.

Y cuando este día fue noche, la multitud acribilló, a pedradas y a balazos, los relojes: los grandes relojes de las iglesias y otros templos del poder.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

29/11/24

Potosí

Por Eduardo Galeano

En la época colonial, el Cerro Rico de Potosí produjo mucha plata y muchas viudas.

Durante más de dos siglos, Europa celebró, en estas heladas alturas de América, una ceremonia occidental y cristiana: día tras día, noche tras noche, daba de comer carne humana a la montaña, a cambio de la plata que le arrancaba.

De cada diez indios que entraban a la boca de los socavones, siete no salían. El exterminio ocurrió en Bolivia, que todavía no se llamaba así, para que en Europa fuera posible el desarrollo del capitalismo, que tampoco se llamaba así todavía.

En nuestros días, el Cerro Rico es una montaña hueca. Toda su plata se ha marchado lejos, sin decir adiós.

En lengua indígena, Potosí, Potojsi, significa: truena, hace explosión, porque dice la tradición que en tiempos lejanos el cerro tronaba cuando lo lastimaban. Ahora, vaciado, calla.

Fuente: Galeano, E. (2004), Bocas del tiempo, Siglo XXI, México, D.F.

22/11/24

El gobierno de Attlee

Por Ian Kershaw

Decisivos en las elecciones de 1945 fueron los recuerdos de la Depresión que habían hecho mella en la conciencia pública de Gran Bretaña. Quizá no hubiera una vuelta a aquellos años desoladores. Las demandas de grandes reformas sociales y económicas para impedir la vuelta a una miseria semejante habían supuesto la caída de Winston Churchill y habían catapultado al poder a los laboristas en las lecciones de julio de 1945 con más del 60% de los escaños del parlamento. El nuevo gobierno presidido por Clement Attlee, el nuevo primer ministro carente por completo de carisma, pero sumamente eficaz, estaba dispuesto a construir Jerusalén aquí y ahora «en la tierra verde y plácida de Inglaterra» (como decía el poema de William Blake escrito a comienzos del siglo XIX). Attlee contó con el apoyo de varios ministros sumamente experimentados y competentes. Entre los más destacados cabría citar a Ernest Bevin, que durante el período de entreguerras había sido el principal líder sindical de Gran Bretaña. Bevin fue una presencia importantísima como ministro de Trabajo en el Gobierno de Concentración Nacional durante la guerra, y ahora, en una de las jugadas maestras de Attlee, fue nombrado secretario del Foreign Office. Otra personalidad fundamental fue su casi homónimo Aneurin Bevan. Antiguo minero y orador vigoroso, Bevan estaba profundamente marcado por las privaciones y la miseria sufridas por las comunidades mineras de Gales, y con Attlee se convirtió en ministro de Sanidad. El ascético sir Stafford Cripps, antiguo rebelde de izquierdas del partido, cuyo entusiasmo inicial por Stalin se había atenuado mucho durante su estancia en Moscú a lo largo de la guerra como embajador de Inglaterra y había dado paso a una nueva simpatía por la buena gestión, la eficiencia y la planificación al estilo del New Deal en una economía mixta, resultó particularmente influyente en la dirección de la economía de la Inglaterra de posguerra.

El objetivo del nuevo gobierno laborista era ni más ni menos que una revolución social y económica por medios democráticos. Las minas de carbón, los ferrocarriles, el servicio de gas y electricidad, y el Banco de Inglaterra fueron nacionalizados. En virtud de la Ley de Educación introducida en 1944 por el gobierno de coalición de los años de la guerra se hizo posible la ampliación del acceso a los centros de enseñanza secundaria. Se mejoraron los derechos de los trabajadores. Se emprendió un amplísimo programa de vivienda. Pero, sobre todo, se estableció el «estado del bienestar», expresión que fue acertadamente calificada como «el talismán de una Gran Bretaña mejor de posguerra» y como el máximo logro del gobierno de Attlee. Las ayudas familiares, pagadas directamente a las madres, se convirtieron en un subsidio universal, y una amplia variedad de leyes de asistencia social (que venían a poner en práctica buena parte del proyecto de seguridad social de lord Beveridge elaborado en 1942) empezaron a reducir lo peor de las carencias existentes antes de la guerra. El mayor logro, a ojos de la gente, entonces y durante las décadas posteriores, fue la creación en 1948 de un Servicio Nacional de Salud, fundamentalmente obra del hombre que lo inspiró, Aneurin Bevan (y que chocó con la vehemente oposición de la profesión médica), que proporcionaba tratamiento sin que el paciente tuviera que pagar directamente nada (aparte, por supuesto, de la aportación efectuada a través de los impuestos). El resultado fue una mejora sustancial de las prestaciones sanitarias a los sectores más pobres de la sociedad y una reducción del número de muertes por neumonía, difteria y tuberculosis. Fueron avances muy importantes y duraderos. 

Fuente: Kershaw, I. (2015), Descenso a los infiernos, Crítica, Barcelona.

15/11/24

El sueño desvanecido

Por Ian Kershaw

Las ilusiones acerca de la Unión Soviética mantuvieron a muchos intelectuales esclavizados mucho después incluso de que se conocieran los horrores del estalinismo y se demostrara su realidad como algo irrefutable. Unos perdieron sencillamente cualquier espíritu crítico, cegados por la propaganda soviética en torno a la gloriosa nueva sociedad que estaba en proceso de creación. Dos de las lumbreras más notables del partido laborista inglés, Sidney y Beatrice Webb, publicaron en 1935 un embarazoso himno de alabanza al estalinismo titulado Soviet Russia: A New Civilisation? Estaban tan seguros de sus opiniones que cuando el libro fue reeditado dos años después, en el momento álgido de las purgas, fue eliminado del título el signo de interrogación. Otros, como el gran dramaturgo alemán Bertold Brecht, se limitaron a cerrar los ojos permanentemente a la realidad inhumana de la dictadura comunista al tiempo que se aferraban a la visión humanizada de la sociedad comunista utópica. A menudo los intelectuales sencillamente no quisieron reconocer la realidad de la Unión Soviética. No podían permitir que el sueño se desvaneciera. Con frecuencia fueron incapaces de abandonar su fe en el comunismo como una esperanza de la capacidad humana de crear un mundo mejor, incluso cuando se tuvieron pruebas evidentes de que el estalinismo desafiaba cualquier parodia que pudiera hacerse de esa fe.

Fuente: Kershaw, I. (2015), Descenso a los infiernos, Crítica, Barcelona.

8/11/24

Elvis

Por Eduardo Galeano

1977

Graceland

…

Su manera de sacudir la pierna izquierda arrancaba alaridos a las multitudes. Sus labios, sus ojos y sus patillas eran órganos sexuales.

Elvis Presley, destronado rey del rock'n roll, es ahora un blando globo que yace en cama, con la mirada flotando ante seis pantallas de televisión. Los televisores, suspendidos del techo, están encendidos todos a la vez, en canales diferentes. Entre sueño y sueño, siempre más dormido que despierto, Elvis juega a disparar pistolas descargadas, clic, clic, contra las imágenes que no le gustan. La bola de grasa de su cuerpo recubre un alma hecha de codeína, morfina, valium, seconal, placidyl, quaalude, nembutal, valmid, demerol, elavil, eventyl, carbrital, sinutab y amytal.

Fuente: Galeano, E. (1986), Memoria del fuego 3 EL SIGLO DEL VIENTO, Siglo Veintiuno, Madrid.

1/11/24

Ante Pavelić

Por Ian Kershaw

Imagen tomada de https://shorturl.at/1UloQ

En Croacia, estado recién creado (con la incorporación de Bosnia y Herzegovina) tras la invasión de Yugoslavia por los alemanes en abril de 1941, los nazis encontraron a terceros que se encargaron de hacer por ellos el trabajo sucio. El gobierno que instalaron al mando de Ante Pavelić, el líder de los ústache fascistas, fomentó un régimen de terror prácticamente indecible. Era un movimiento fanático que probablemente no tuviera más de unos 5.000 partidarios antes de hacerse con el poder, pero que estaba decidido a llevar a cabo la «limpieza» del país de todos los no croatas, casi la mitad de la totalidad de sus habitantes, unos 6,3 millones de personas. El objetivo de Pavelić era resolver el «problema serbio» convirtiendo al catolicismo a una tercera parte de los casi 2 millones de serbios de Croacia, expulsando a otra tercera parte y matando a la tercera parte restante. Se trataba de una locura letal.

Tal vez pueda discutirse si Pavelić estaba o no completamente en su juicio (se cuenta que guardaba una cesta llena de ojos humanos en un cajón de su escritorio a modo de souvenir). No cabe duda, eso sí, de la cordura de la mayoría de sus secuaces. Pero las atrocidades perpetradas por sus escuadrones de la muerte, que a veces llegaron a masacrar a aldeas enteras, y cuyos principales objetivos eran los serbios, los judíos y los gitanos, con el fin de eliminar toda influencia no croata, alcanzarían los abismos más profundos del horror y el sadismo. En cierta ocasión mataron a tiros a 500 hombres, mujeres y niños serbios de una pequeña localidad situada no lejos de Zagreb. Cuando las 250 personas de las aldeas vecinas se reunieron dispuestas a convertirse al catolicismo con tal de evitar ser asesinadas, seis ústache las encerraron dentro de la iglesia ortodoxa serbia y las asesinaron una tras otra golpeándolas en la cabeza con mazas erizadas de clavos. Otras orgías de muerte comportaron niveles absolutamente obscenos de humillación y tortura. Incluso en una región en la que la violencia política llevaba largo tiempo siendo endémica, nunca hasta entonces se había vivido ni de lejos una catástrofe humana de tal calibre. En 1943 los ústache habían asesinado a cerca de 400.000 personas.

Fuente: Kershaw, I. (2015), Descenso a los infiernos, Crítica, Barcelona.

25/10/24

¿Habría podido ganar la República?

Por Ian Kershaw

¿Habría podido ganar la guerra la República? Una vez que se produjo el alzamiento, que Mola se negó a aceptar los términos de una tregua, que Franco trasladó al ejército de África de Marruecos a la Península y que los nacionales consolidaron sus primeras ganancias territoriales importantes, la victoria de la República resultaría cada vez más improbable y a mediados de 1937 era prácticamente imposible. Las divisiones y conflictos de la izquierda no beneficiaron en nada a la República. Sin embargo, no causaron su derrota. Aunque nunca con absoluta eficacia, las fuerzas gubernamentales fueron capaces gradualmente de combatir en una guerra defensiva larga. Pero en ningún momento dio la impresión de que pudieran conseguir una victoria definitiva. Quizá hubieran podido conseguirla si el carácter desigual de la intervención internacional en un conflicto que rápidamente adquiriría los perfiles de un sucedáneo de confrontación ideológica entre las fuerzas internacionales del fascismo y el comunismo, no hubiera dado una clara ventaja a los nacionales. En realidad, mientras que la ayuda soviética permitió a las fuerzas republicanas prolongar su lucha, pero poco más, las armas proporcionadas a las fuerzas nacionales rebeldes por la Italia fascista y la Alemania nazi fueron trascendentales para asegurar su éxito militar. Decisiva fue la política de no intervención de las democracias occidentales –y la determinación por parte de Estados Unidos de observar la más estricta neutralidad–, que significó que, aparte de la ayuda soviética, los republicanos tuvieran que alimentarse de migajas, mientras que los nacionales recibían regularmente suministros de armas procedentes de las potencias fascistas. Semejante desequilibrio excluiría en la práctica la victoria de los republicanos y aseguraría prácticamente el triunfo final de Franco.

Fuente: Kershaw, I. (2015), Descenso a los infiernos, Crítica, Barcelona.

18/10/24

El terror

Por Ian Kershaw

[La de Stalin] no fue una dictadura popular. Había muchos individuos comprometidos con el régimen, idealistas y zelotes ideológicos, sí. Pero la población en general, más allá de los adoradores reales o fingidos de la figura de Stalin y de los entusiastas del régimen, fue intimidada y obligada a adoptar una actitud de truculenta calma. No se produjeron grandes turbulencias ni manifestaciones de descontento. Y, por lo que se sabe, nunca se dio ningún intento de asesinar a Stalin. El dictador era querido por muchos, pero temido por muchos más. El terror había cumplido su cometido. El terror fue el rasgo definitorio del régimen de Stalin. Nunca antes había habido un gobierno que aterrorizara a tantos de sus propios ciudadanos de una forma tan depravada y cruel.

Fuente: Kershaw, I. (2015), Descenso a los infiernos, Crítica, Barcelona.