Por Eduardo Galeano
En
su jardín de Atenas, Epicuro hablaba contra los miedos. Contra el miedo a los
dioses, a la muerte, al dolor y al fracaso.
Es pura vanidad, decía, creer que los
dioses se ocupan de nosotros. Desde su inmortalidad, desde su perfección, ellos
no nos otorgan premios ni castigos. Los dioses no son temibles porque nosotros,
efímeros, mal hechos, no merecemos nada más que su indiferencia.
Tampoco la muerte es temible, decía.
Mientras nosotros somos, ella no es; y cuando ella es, nosotros dejamos de ser.
¿Miedo al dolor? Es el miedo al dolor el
que más duele, pero nada hay más placentero que el placer cuando el dolor se
va.
¿Y el miedo al fracaso? ¿Qué fracaso? Nada
es suficiente para quien lo suficiente es poco, pero ¿qué gloria podría
compararse al goce de charlar con los amigos en una tarde de sol? ¿Qué poder
puede tanto como la necesidad que nos empuja a amar, a comer, a beber?
Hagamos dichosa, proponía Epicuro, la
inevitable mortalidad de la vida.
Fuente:
Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.