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23/10/26

Quintín Lame

Por Eduardo Galeano

Octubre

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Poco valía, en Colombia, la vida de un hombre. La de un campesino, casi nada. Nada valía la vida de un indio; y la vida de un indio rebelde, menos que nada.

Sin embargo, inexplicablemente, Quintín Lame murió de viejo, en 1967.

Había nacido en este día de 1880, y había vivido sus muchos años preso o peleando.

En el Tolima, uno de los escenarios de sus malandanzas, fue encarcelado ciento ocho veces.

En las fotos policiales aparecía siempre con los ojos en compota, por los saludos de entrada, y la cabeza rapada, para quitarle fuerza.

Los dueños de la tierra temblaban al escuchar su nombre, y está visto que también la muerte le tenía terror. Hombre de hablar suavecito y gestos delicados, Quintín caminaba Colombia alzando a los pueblos indios:

–Nosotros no hemos venido, como puercos sin horqueta, a meternos en sembrado ajeno. Esta tierra es nuestra tierra –decía Quintín, y sus arengas eran clases de historia. Él contaba el pasado de aquel presente, el porqué y el cuándo de tanta desdicha: desde el antes, se podía ir inventando otro después.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

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