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30/10/26

Guamán Poma

Por Eduardo Galeano

1615

Lima

…

A los setenta años, se inclina sobre la mesa, moja la pluma en el tintero de cuerno y escribe y dibuja desafiando.

Es hombre de prosa atropellada y rota. Maldice al invasor en la lengua del invasor, que no es la suya, y la hace estallar. La lengua de Castilla dos por tres tropieza con palabras quechuas y aymaras, pero al fin y al cabo Castilla es Castilla por los indios, y sin los indios Vuestra Magestad no vale cosa.

Hoy Guamán Poma de Ayala termina su carta al rey de España. Al principio estaba dirigida a Felipe II, que se murió mientras Guamán la hacía. Ahora quiere entregarla en mano propia a Felipe III. El peregrino ha deambulado de aldea en aldea, caminando el autor por la siera con mucha neve, comiendo si podía y llevando siempre a cuestas su creciente manuscrito de dibujos y palabras. Del mundo buelbe el autor... Andubo en el mundo llorando en todo el camino y por fin ha llegado a Lima. Desde aquí se propone viajar a España. Cómo hará, no sabe. ¿Qué importa? Nadie conoce a Guamán, nadie lo escucha, y el monarca está muy lejos y muy alto; pero Guamán, pluma en mano, lo trata de igual a igual, lo tutea y le explica qué debe hacer.

Desterrado de su provincia, desnudo, ninguneado, Guamán no vacila en proclamarse heredero de las reales dinastías de los yarovilcas y los incas y se autodesigna Consejero del Rey, Primer Indio Cronista, Príncipe del Reino y Segundo de Mando. Ha escrito esta larga carta desde el orgullo: su linaje proviene de los antiguos señores de Huánuco y en el nombre que se puso ha recogido al halcón y al puma del escudo de armas de sus antepasados, que mandaban las tierras del norte del Perú desde antes de los incas y los españoles.

Escribir esta carta es llorar. Palabras, imágenes, lágrimas de la rabia. Los yndios son propietarios naturales deste rreyno y los españoles naturales de españa acá en este rreyno son estrangeros. Santiago Apóstol, de uniforme militar, pisotea a un nativo caído. En los banquetes, los platos están llenos de minúsculas mujeres. El arriero lleva una canasta repleta de hijos mestizos del cura. También es castigo de dios murir muchos yndios minas de azogue y de plata. En todo el Perú, adonde había cien no hay diez. «¿Comes este oro?», pregunta el Inca, y el conquistador responde: «Este oro comemos.»

Hoy Guamán termina su carta. Ha vivido para ella. Medio siglo le ha llevado escribirla y dibujarla. Son casi mil doscientas páginas. Hoy Guamán termina su carta y muere.

Ni Felipe III ni rey alguno la conocerá jamás. Durante tres siglos andará perdida por el mundo.

Fuente: Galeano, E. (1982), Memoria del fuego I. Los nacimientos, Siglo XXI, México, D.F.

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