Por Eduardo Galeano
1615
Lima
…
A
los setenta años, se inclina sobre la mesa, moja la pluma en el tintero de
cuerno y escribe y dibuja desafiando.
Es hombre de prosa atropellada y rota.
Maldice al invasor en la lengua del invasor, que no es la suya, y la hace
estallar. La lengua de Castilla dos por tres tropieza con palabras quechuas y
aymaras, pero al fin y al cabo Castilla es Castilla por los indios, y sin
los indios Vuestra Magestad no vale cosa.
Hoy Guamán Poma de Ayala termina su carta
al rey de España. Al principio estaba dirigida a Felipe II, que se murió
mientras Guamán la hacía. Ahora quiere entregarla en mano propia a Felipe III.
El peregrino ha deambulado de aldea en aldea, caminando el autor por la
siera con mucha neve, comiendo si podía y llevando siempre a cuestas su
creciente manuscrito de dibujos y palabras. Del mundo buelbe el autor...
Andubo en el mundo llorando en todo el camino y por fin ha llegado a Lima.
Desde aquí se propone viajar a España. Cómo hará, no sabe. ¿Qué importa? Nadie
conoce a Guamán, nadie lo escucha, y el monarca está muy lejos y muy alto; pero
Guamán, pluma en mano, lo trata de igual a igual, lo tutea y le explica qué
debe hacer.
Desterrado de su provincia, desnudo,
ninguneado, Guamán no vacila en proclamarse heredero de las reales dinastías de
los yarovilcas y los incas y se autodesigna Consejero del Rey, Primer Indio
Cronista, Príncipe del Reino y Segundo de Mando. Ha escrito esta larga carta
desde el orgullo: su linaje proviene de los antiguos señores de Huánuco y en el
nombre que se puso ha recogido al halcón y al puma del escudo de armas de sus
antepasados, que mandaban las tierras del norte del Perú desde antes de los
incas y los españoles.
Escribir esta carta es llorar.
Palabras, imágenes, lágrimas de la rabia. Los yndios son propietarios
naturales deste rreyno y los españoles naturales de españa acá en este rreyno
son estrangeros. Santiago Apóstol, de uniforme militar, pisotea a un nativo
caído. En los banquetes, los platos están llenos de minúsculas mujeres. El
arriero lleva una canasta repleta de hijos mestizos del cura. También es
castigo de dios murir muchos yndios minas de azogue y de plata. En todo el
Perú, adonde había cien no hay diez. «¿Comes este oro?», pregunta el
Inca, y el conquistador responde: «Este oro comemos.»
Hoy Guamán termina su carta. Ha vivido
para ella. Medio siglo le ha llevado escribirla y dibujarla. Son casi mil
doscientas páginas. Hoy Guamán termina su carta y muere.
Ni Felipe III ni rey alguno la conocerá
jamás. Durante tres siglos andará perdida por el mundo.
Fuente:
Galeano, E. (1982), Memoria del fuego I. Los nacimientos, Siglo
XXI, México, D.F.
No hay comentarios:
Publicar un comentario