Por Eduardo Galeano
En
1889, París festejó, con una gran exposición internacional, los cien años de la
revolución francesa.
Argentina envió una variada muestra de
frutos del país. Entre otros, mandó una familia de indios de la Tierra del
Fuego. Eran once indios onas, ejemplares raros, una especie en extinción: los
últimos onas estaban siendo aniquilados, en esos años, a tiros de winchester.
De los once onas enviados, dos murieron en
el viaje. Los sobrevivientes fueron exhibidos en una jaula de hierro. Antropófagos
sudamericanos, advertía un cartel. Durante los primeros días, no les dieron
nada de comer. Los indios aullaban de hambre. Entonces, empezaron a arrojarles
algunos pedacitos de carne cruda. Era carne de vaca; pero nadie quería perderse
aquel espectáculo horripilante. El público, que había pagado entrada, se
agolpaba en torno a la jaula donde los salvajes caníbales disputaban a zarpazos
la comida.
Así fueron celebrados los primeros cien
años de la Declaración de los Derechos del Hombre.
Fuente:
Galeano, E. (2004), Bocas del tiempo, Siglo XXI, México, D.F.
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