Por Eduardo Galeano
En
1791, otro amo de tierras y esclavos envió una carta desde Haití:
–Los negros son muy obedientes, y
siempre lo serán –decía.
La carta estaba navegando hacia París
cuando ocurrió lo imposible: en la noche del 22 al 23 de agosto, noche de
tormenta, la mayor insurrección de esclavos de toda la historia de la humanidad
estalló desde las profundidades de la selva haitiana. Y esos negros muy
obedientes humillaron al ejército de Napoleón Bonaparte, que había invadido
Europa desde Madrid hasta Moscú.
Fuente:
Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.
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