30/6/22

Peregrinando en el saṃsāra

Por Agustín Pániker

Nosotros, que hemos tenido la inmensa suerte de haber traspasado la horrorosa vida de los infinitos nigodas... que hemos sido millones de veces alguno de los miles de millones de ekendriyas... que hemos pasado tropecientas vidas en una colonia de incontables jīvas de una planta bulbosa... que hemos renacido como un violento carnívoro cuya forma de subsistencia acarreó inevitablemente renacimientos infernales... nosotros que hemos pasado eones en los infiernos... una vez alcanzado el renacimiento adecuado para poner fin a la pesadilla de la eternidad, ¿vamos a ser tan estúpidos de no saber aprovecharlo?, ¿vamos a desperdiciar esta posibilidad prácticamente única? Y aún más; nosotros, que como humanos hemos tenido la suerte de vivir en un tiempo en que el jainismo todavía existe sobre la Tierra, ¿vamos a vivir una vida sin meta que puede devolvernos de un plumazo a cualquiera de las bajas existencias?, ¿vamos a seguir violentando a los seres vivos a sabiendas de que todo en el universo posee un grado de conciencia?, ¿vamos a seguir peregrinando en el saṃsāra sin meta ni fin?

Fuente: Pániker, A. (2000), El jainismo, Kairós, Barcelona.

23/6/22

Andresito Guacurarí

Por Eduardo Galeano

José Artigas, autor de la primera reforma agraria en las Américas, se negó a aceptar que la independencia fuera una emboscada contra los hijos más pobres de estas tierras. Y escandalizó a la sociedad colonial cuando nombró gobernador y comandante al indio Andresito Guacurarí.

Antes de ser vencido por dos imperios esclavistas y tres puertos traidores, Artigas recibió la noticia de la muerte de Andresito, que había caído peleando.

Nada nunca le dolió tanto. Andresito, su hijo elegido, era el más valiente y el más silencioso de sus soldados. Indio callado, hablaba por sus actos.

Fuente: Galeano, E. (2016), El cazador de historias, Siglo XXI, Ciudad de México.

16/6/22

¿Dónde están?

Por Carl Sagan

Si pensamos en los fundadores de Estados Unidos –Jefferson, Washington, Samuel y John Adams, Madison y Monroe, Benjamin Franklin, Tom Paine y muchos otros–, nos encontramos con una lista de al menos diez y puede que incluso docenas de grandes líderes políticos. Eran cultos. Siendo productos de la Ilustración europea, eran estudiosos de la historia. Conocían la falibilidad, debilidad y corrupción humanas. Hablaban el inglés con fluidez. Escribían sus propios discursos. Eran realistas y prácticos y, al mismo tiempo, estaban motivados por altos principios. No tenían que comprobar las encuestas para saber qué pensar aquella semana. Sabían qué pensar. Se sentían cómodos pensando a largo plazo, planificando incluso más allá de la siguiente elección. Eran autosuficientes, no necesitaban una carrera de políticos ni formar grupos de presión para ganarse la vida. Eran capaces de sacar lo mejor que había en nosotros. Les interesaba la ciencia y, al menos dos de ellos, la dominaban. Intentaron trazar un camino para Estados Unidos hasta un futuro lejano, no tanto estableciendo leyes como fijando los límites del tipo de leyes que se podían aprobar.

La Constitución y su Declaración de Derechos han resultado francamente buenas y, a pesar de la debilidad humana, han constituido una máquina capaz, casi siempre, de corregir su propia trayectoria.

En aquella época había sólo dos millones y medio de ciudadanos de Estados Unidos. Hoy somos unas cien veces más. Es decir, si entonces había diez personas del calibre de Thomas Jefferson, ahora debería haber 10 x 100 = 1 000 Thomas Jefferson.

¿Dónde están?

Fuente: Sagan, C. (1995), El mundo y sus demonios, Planeta, Bogotá.

9/6/22

Los herederos del liberalismo clásico

Por Noam Chomsky

Para los libertarios del siglo XVIII, los principales enemigos de la libertad eran el sistema feudal, la esclavitud y dos poderosas instituciones: la Iglesia y el Estado. Concebían un orden social en el cual los individuos (más exactamente, los hombres blancos con propiedades) serían más o menos iguales y libres, una vez que esas barreras hacia la libertad hubiesen sido eliminadas. No podían prever la centralización del poder efectivo en el sistema industrial y financiero del capitalismo corporativo. Para aplicar sus ideales libertarios al mundo moderno, hay que ir más allá de la preocupación por el papel coercitivo de la Iglesia y del Estado. Los verdaderos herederos del liberalismo clásico, en mi opinión, son los socialistas libertarios y los anarquistas, quienes se oponen a las estructuras jerárquicas y a las instituciones autoritarias en un ámbito mucho más amplio.

Fuente: Chomsky, N. (1988), Sobre el poder y la ideología, A. Machado Libros, Madrid.

2/6/22

Cuántas veces

Por Eduardo Galeano

¿Cuántas veces he sido un dictador? ¿Cuántas veces un inquisidor, un censor, un carcelero? ¿Cuántas veces he prohibido, a quienes más quería, la libertad y la palabra? ¿De cuántas personas me he sentido dueño? ¿A cuántas he condenado porque cometieron el delito de no ser yo? ¿No es la propiedad privada de las personas más repugnante que la propiedad de las cosas? ¿A cuánta gente usé, yo que me creía tan al margen de la sociedad de consumo? ¿No he deseado o celebrado, secretamente, la derrota de otros, yo que en voz alta me cagaba en el valor del éxito? ¿Quién no reproduce, dentro de sí, al mundo que lo genera? ¿Quién está a salvo de confundir a su hermano con un rival y a la mujer que ama con la propia sombra?

Fuente: Galeano, E. (1978), Días y noches de amor y de guerra, Alianza Editorial, Madrid.

26/5/22

La derecha política

Por Mario Bunge

La derecha del espectro político no es menos diversa que el centro o la izquierda. Sin embargo, todas las ideologías de derechas, ya sean liberales o autoritarias, laicas o religiosas, comparten dos características: su preferencia por los ricos y los correlativos odio a la igualdad y desconfianza por el disenso. Tal como se ha dicho, saben distinguir la derecha de la izquierda, pero no lo bueno de lo malo. No solo ignoran los lamentos de los pobres, quienes, casualmente, constituyen la enorme mayoría de la población: los neoliberales libran una guerra inmisericorde contra aquellos, sean estos personas o naciones, al oponerse a toda redistribución de la riqueza.

La rama liberal de la derecha se llama neoliberalismo o neoconservadurismo. Se trata de una suerte de anarquismo de derechas, ya que combina el liberalismo político con el culto al mercado. De hecho, propone volver al capitalismo victoriano (o crudo). En efecto, los neoliberales procuran reducir el Estado a la sola protección de la persona y la propiedad, y dejan que los indigentes se las arreglen por sí mismos («iniciativa privada»). De hecho, el neoliberalismo o fundamentalismo mercantil se compone de: desregulación y globalización económica, reducción radical de los servicios sociales, debilitamiento de los sindicatos, «flexibilización» del mercado laboral y democracia política en casa, pero tolerancia o apoyo de las dictaduras extranjeras amistosas. No tienen nada constructivo que decir acerca de la degradación ambiental, la guerra, el desempleo crónico, la desigualdad en los ingresos, la discriminación de género, el despotismo, la salud pública, el analfabetismo, el abismo Norte-Sur u otras calamidades sociales. El neoliberalismo es elitista, puesto que procura asegurar el dominio de unos pocos sobre la mayoría.

Los neoliberales ven todas las cuestiones sociales a través del prisma más estrecho posible. Practican tanto el individualismo como el economicismo. Sus lemas son La sociedad no existe: solo existen los individuos (Margaret Thatcher) y El mercado lo da y el mercado lo quita. Toda amenaza al imperio del mercado se encuentra con el autoritarismo. Esta es la razón de que los Gobiernos republicanos de Estados Unidos hayan entablado relaciones amistosas con todos los Gobiernos autoritarios de derechas en todo el mundo. La extremada estrechez conceptual y práctica del neoliberalismo ilustra el principio praxiológico de que siempre se persigue un único objetivo, tal como la libertad o la igualdad, todos los demás objetivos quedan amenazados.

Las consecuencias prácticas de las políticas neoliberales (el llamado Consenso de Washington) diseñadas e impuestas por el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio se hicieron sentir en América Latina después de que fueran adoptadas en forma masiva, durante la década de 1990. Los resultados fueron decepcionantes, en el mejor de los casos: la pobreza, la desigualdad y el analfabetismo no disminuyeron, la productividad no aumentó y la opinión pública fue silenciada.

La reacción popular llegó en nuestro siglo. Numerosos partidos con tendencia a la izquierda y hasta rudimentarios movimientos populistas, tales como el de Hugo Chávez en Venezuela, llegaron al poder o cerca de él en numerosas naciones de la región. Este es un contraejemplo más a la «ley» de Tocqueville de que el pueblo no se levanta cuando está más oprimido, sino cuando la situación comienza a mejorar y el Estado se debilita. (Excepciones anteriores fueron la revolución rusa, china e indochina.)

A continuación, en el espectro ideológico, viene el tradicionalismo, el cual une el fundamentalismo religioso a la defensa del statu quo. Un ejemplo es el de la actual teocracia iraní, en la que la política y la cultura cotidianas estás sometidas a una estricta censura religiosa. Se llevan a cabo elecciones regularmente, pero los candidatos deben ser examinados por un consejo que no es elegido por votación. Dicho sea de paso, esto no es excepcional: aun en las naciones más democráticas, solo la élite del partido selecciona a los candidatos o precandidatos.

Por último, encontramos el fascismo en sus muy diversas formas, cada una adaptada a las condiciones y tradiciones particulares de un país dado. Sean de base laica, sean de base religiosa, todos los regímenes fascistas se han caracterizado por ser partidarios de la desigualdad radical, así como por la intolerancia, la identificación del Gobierno con el partido y el uso de la violencia extrema en defensa de los ricos. Todos los regímenes fascistas se han beneficiado de la complicidad, explícita o tácita, de la iglesia católica, así como de la protestante.

Fuente: Bunge, M. (2009), Filosofía política, Gedisa, Barcelona.

19/5/22

La sombra de Popper

Por Jesús Mosterín

Los antiguos griegos habían contrapuesto la ciencia (epistéme), que constituiría un saber seguro y definitivo, a la mera opinión conjetural (dóxa). Aristóteles había descrito el método científico como la deducción rigurosa a partir de verdades necesarias. Descartes había creído encontrar el camino de la certeza, basado en la evidencia indudable. Kant había pretendido garantizar para siempre la verdad de la física newtoniana, considerando sus teoremas como juicios sintéticos a priori, necesariamente válidos en cualquier experiencia posible. Francis Bacon y John Stuart Mill veían en la inducción el método infalible de la ciencia empírica. Pero Popper nos ha enseñado que no hay método infalible ni ciencia segura. No hay epistéme, solo dóxa; no hay saber definitivo, solo conjeturas provisionales. Esta postura radical ha acabado por calar tan hondo que ya no nos parece radical, sino algo obvio y compartido. Cuando oíamos las cautelas y dudas con que en 1994 se anunciaba el descubrimiento del quark top en el Fermilab y la consiguiente confirmación (provisional) del modelo estándar de la física de partículas, parecía como si la sombra de Popper se cerniese sobre los propios descubridores. Y lo mismo volvió a ocurrir en 2012 con la detección del bosón de Higgs en el CERN.

Fuente: Mosterín, J. (2013), Ciencia, filosofía y racionalidad, Gedisa, Barcelona.

12/5/22

Los últimos fueron los primeros

Por Eduardo Galeano

En 1821, la American Colonization Society compró un pedazo del África.

En Washington bautizaron al nuevo país, lo llamaron Liberia, y llamaron Monrovia a la capital en homenaje a James Monroe, que por entonces era presidente de los Estados Unidos. Y en Washington también diseñaron la bandera, igualita a la propia pero con una sola estrella, y eligieron las autoridades. En Harvard elaboraron la Constitución.

Los ciudadanos de la recién nacida nación eran esclavos liberados, o más bien expulsados, de las plantaciones del sur de los Estados Unidos.

Los que habían sido esclavos se convirtieron en amos no bien desembarcaron en tierra africana. La población nativa, negros salvajes de la selva, debía obediencia a estos recién llegados que venían de ser los últimos y pasaban a ser los primeros.

Al amparo de las cañoneras, ellos se apoderaron de las mejores tierras y se adjudicaron, en exclusiva, el derecho de voto.

Después, con el paso de los años, concedieron el caucho a las empresas Firestone y Goodrich y obsequiaron el petróleo, el hierro y los diamantes a otras empresas norteamericanas.

Sus herederos, cinco por ciento de la población total, siguen administrando esta base militar extranjera en África. Cada tanto, cuando el pobrerío entra en turbulencia, llaman a los marines para poner orden.

Fuente: Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.

5/5/22

Lo que cambió con el peronismo

Por Mario Bunge

En mis tiempos, los únicos nobles o aristócratas que conocíamos eran terratenientes o estancieros. Eran considerados aristócratas aunque descendieran de pobres inmigrantes españoles, y aunque se hubieran arruinado por desidia o derroche. En cambio, los descendientes de inmigrantes italianos, rusos o libaneses no tenían la menor posibilidad de ser considerados caballeros o damas, por cuantiosas que fueran sus fortunas. Sólo contaban los apellidos llamados tradicionales, todos ellos de prosapia española. Se olvidaba convenientemente que había habido próceres de origen italiano, como Manuel Belgrano, o irlandés, como el almirante Brown.

Cuando se pedía un favor para un inútil de apellido se aclaraba que, aunque carecía de oficio y no tenía dónde caerse muerto, era "todo un caballero". O sea, alternaba sólo entre iguales, se vestía bien aunque fuera con ropas deshilachadas, tenía buenos modales y hablaba sin italianismos ni dequeísmos. Si acaso había estafado, sólo lo había hecho a algún proveedor "ruso" (judío) o "turco" (sirio o libanes). Tenía como atenuante un precedente famoso: la estafa del Cid Campeador al prestamista judío que había financiado sus mesnadas. (En mi colegio, se comentaba este caso como una broma propia de gran talento).

Si el "caballero" hacía política, posiblemente se complicaba con lo que el presidente de la nación general Agustín P. Justo llamara "fraude patriótico". Este se perpetraba para asegurar la continuidad del gobierno conservador. Si para cometer fraude había que negociar la complicidad de delincuentes notorios, como el famoso Alberto Barceló, paciencia; no se puede engañar a la chusma sin el concurso de canallas. Todo sea por la Patria.

Todo eso cambió con el peronismo. Los aristócratas con olor a bosta, como los había llamado Sarmiento, perdieron el poder político, aunque no sus privilegios económicos, de la noche a la mañana. Por primera vez en la historia del país hubo parlamentarios de apellidos árabes o judíos. Por primera vez valió más la astucia que el abolengo (pero no era la astucia del self-made man, sino del protegido por las fuerzas armadas). La nueva clase política era muchísimo menos culta que la vieja, pero estaba más cerca del pueblo, aunque lo traicionara con igual intensidad y frecuencia. Así como el conservadurismo fue sustituido por el populismo, el fraude electoral fue reemplazado por el fraude ideológico.

Fuente: Bunge, M. (2006), 100 ideas, Laetoli, Pamplona.

28/4/22

Las creencias irracionales

Por Noam Chomsky

D.B.[David Barsamian]: ¿Reconoce usted la existencia de una vida espiritual? ¿Es un factor en su propia vida?

Por «vida espiritual» ¿quiere usted decir la vida del pensamiento y la reflexión y la literatura o la vida religiosa? Son cosas distintas.

D.B.: La dimensión espiritual en el sentido religioso. ¿Es un factor?

Para mí, no lo es. Yo soy un hijo de la Ilustración. Creo que las creencias irracionales son un fenómeno peligroso e intento evitar conscientemente toda creencia irracional. Por otro lado, reconozco, claro está, que se trata de un fenómeno muy importante para mucha gente; y no es difícil saber por qué. Parece ser que proporciona seguridad personal, junto con vínculos asociativos y solidarios, y constituye una manera de expresar componentes de la propia personalidad que pueden ser muy válidos. A muchas personas les proporciona esto. En mi opinión, no hay nada malo en ello. Podría estar equivocado, por supuesto, pero mi postura es que no deberíamos sucumbir a las creencias irracionales.

Fuente: Chomsky, N. (1993), Crónicas de la discrepancia, Visor, Madrid.

21/4/22

Los mejores y los peores gobiernos

Por Mario Bunge

Una rápida mirada a los Gobiernos existentes muestra que pueden ser agrupados en los siguientes tipos, de izquierda a derecha: socialdemócratas (por ejemplo, el sueco), liberal demócratas (como los de la India, Francia y Canadá), conservadores (como el estadounidense) y dictatoriales (como el chino y el iraní). Sin embargo, esta agrupación, aun si fuera correcta, no dice mucho acerca del buen gobierno ni del bienestar de los gobernados. Por ejemplo, si bien todos los Gobiernos japoneses han sido conservadores, la japonesa es una de las más igualitarias de las sociedades desarrolladas en lo referente a la distribución de los ingresos, aunque no en lo concerniente a estatus y rango. En cambio, la sociedad británica está casi tan rígidamente estratificada como siempre lo ha estado, muy por debajo de Japón y Suecia y solo un paso por delante de España en lo que toca a desarrollo humano.

Sostengo la obviedad de que un buen Gobierno es aquel que ayuda a mejorar el nivel de desarrollo de su pueblo, medido según indicadores económicos, culturales y políticos. Un mal Gobierno es aquel que crea o aumenta algunos déficits, ya sean económicos (fiscal y comercial), sociales (en el estándar de vida, la salud pública y la educación) o políticos (participación ciudadana y cooperación internacional). De acuerdo con estas medidas objetivas, los Estados de bienestar son los mejores y los autoritarios, así como los neoliberales, los peores.

Fuente: Bunge, M. (2009), Filosofía política, Gedisa, Barcelona.

14/4/22

El único talento

Por Noam Chomsky

Que yo sepa, sólo poseo un talento. No intento ser modesto, creo saber en qué soy bueno y en qué no. El único talento que poseo y que sé que otros amigos no poseen es que tengo un cerebro algo peculiar, que funciona como si tuviera memorias separadas, como los ordenadores. Si utilizas un ordenador, sabes que puedes colocar cosas en lugares distintos donde se guardan y donde puedes consultarlos siempre que desees, porque sabes que están allí. Yo puedo, de alguna forma, hacer lo mismo. Puedo escribir un artículo muy técnico por etapas: un pedazo mientras viajo en avión, otro tres semanas después y retomarlo seis meses más tarde allí donde lo dejé. Por algún motivo no tengo ningún problema para saltar de una cosa a otra muy rápidamente. Tengo algunos amigos que funcionan igual. Uno de ello es un conocido lógico israelí, muy amigo mío. Solemos vernos cada cinco o seis años y siempre podemos retomar nuestra última conversación allí donde la dejamos, sin ningún corte, casi sin darnos cuenta. Nunca nos dimos cuenta de ello hasta que a las demás personas les resultó algo extraño.

Fuente: Chomsky, N. (1996), Lucha de clases, Crítica, Barcelona.

7/4/22

El indio progresista

Por Marvin Harris

Bajo los auspicios de un programa internacional de desarrollo, expertos australianos intentaron que los campesinos indios de la provincia de Chimborazo, en Ecuador, sustituyeran sus tradicionales y escuálidas razas de ovejas por la raza merina australiana, de alto rendimiento. A pesar de que la oferta era regalárselas si las usaban para criar, nadie quería las ovejas. Por fin un indio «progresista» aceptó la oferta y consiguió criar un rebaño de merinas híbridas que tenían mucha más lana y peso que los rebaños tradicionales indios. Desgraciadamente, los indios de Chimborazo viven en una sociedad estructurada en castas. Los granjeros no indios, que viven en los valles más bajos, se molestaron por la atención prestada a los indios; empezaron a temer que éstos se envalentonaran y presionaran pidiendo beneficios sociales y económicos, lo cual irían en perjuicio de sus propios intereses. Alguien se fijó en las ovejas merinas, las metieron todas en un camión y las robaron. Los ladrones estaban protegidos por la opinión pública, que, en cualquier caso, consideraba a dichos animales «demasiado buenos para los indios». El innovador «progresista» fue el único del pueblo que se quedó sin ovejas. Factores tales como el antagonismo étnico y de clase social, las oportunidades para robar y la subordinación política de los campesinos no tienen nada que ver con la pericia para criar ovejas; sin embargo, tener en cuenta estos factores demostró ser esencial para conseguir sus objetivos.

Fuente: Harris, M. (1983), Antropología cultural, Alianza Editorial, Madrid.

31/3/22

Diez millones de muertes

Por Noam Chomsky

Las "realidades del capitalismo moderno" tal como se evidencian en las regiones sujetas desde hace tiempo al dominio de Washington han calado en gran parte de Europa del Este, con la "latinoamericanización" de sus economías. Se discuten las causas, pero no los hechos esenciales del colapso económico y social. Las consecuencias demográficas, aunque inciertas en cuanto a sus dimensiones, ofrecen un índice. El Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas calcula en diez millones las muertes masculinas excedentes en la década de 1990, aproximadamente el número de víctimas mortales de las purgas de Stalin sesenta años antes, si las cifras son de fiar. "Rusia parecer ser el primer país que experimenta una reducción tan brusca de los nacimientos versus las muertes por causas diferentes a la guerra, el hambre o las enfermedades", escribe David Powell. La crisis demográfica se atribuye en parte al derrumbe del sistema de salud ruso tras las reformas de mercado. El colapso general ha sido de una severidad tal, que hasta el monstruoso Stalin es recordado con cierto grado de aprecio: más de la mitad de los rusos "cree que el papel de Stalin en la historia de Rusia fue positivo, mientras que sólo la tercera parte no está de acuerdo", decían las encuestas a principios de 2003. Los proyectos de los supervisores norteamericanos para Iraq se asemejan bastante a los ejecutados en Rusia y a los que en otras partes han producido deprimentes resultados en forma sistemática.

Fuente: Chomsky, N. (2003), Hegemonía y supervivencia, Norma, Bogotá. 

24/3/22

La igualdad es buena para todos

Por Mario Bunge

Hasta el momento, el igualitarismo, sea radical, sea matizado, solo se podía defender con argumentos morales. Ahora también hay argumentos científicos a favor de él: biopsicológicos y sociopolíticos. Echémosles un vistazo. El argumento biopsicológico contra la jerarquía social despótica es que estresa tanto como al jefe como al subordinado por lo que, desde el punto de vista médico, es peligroso para ambos. En efecto, a partir de los trabajos pioneros de Hans Seyle, en la década de 1950, se ha sabido que el estrés de cualquier clase causa todo tipo de enfermedades –cardiovasculares, respiratorias, reumáticas y psiquiátricas– e incrementa la mortalidad debida a todas las causas. En pocas palabras, las diferencias sociales extremas perjudican a todos, incluso a los pocos que obtienen beneficios económicos de estar en la cima. Es interesante señalar que esto vale para las jerarquías despóticas, pero no para las jerarquías naturales derivadas de diferencias aceptadas de capacidades o experiencia.

El argumento sociopolítico contra los abruptos gradientes socioeconómicos y políticos es que generan resentimiento, odio y pereza a nivel personal, así como violencia (tanto desde arriba como desde abajo) a nivel social. Esto, a su vez, produce o intensifica la represión social, a menos que la gente esté tan anquilosada e intimidada por la cosmovisión dominante que la idea misma de una revuelta ni siquiera les quepa en la cabeza, lo cual constituye el motivo de que no hubiera lucha de clases en las civilizaciones antiguas. Pero la resignación, al final, lleva al estancamiento. El progreso necesita de la participación y del inconformismo constructivo. En resumen, la ciencia muestra que la desigualdad injustificada (o jerarquía despótica) es mala tanto para el individuo como para la sociedad. En otras palabras, el igualitarismo tiene fundamento tanto científico como moral.

Fuente: Bunge, M. (2009), Filosofía política, Gedisa, Barcelona.

17/3/22

Los nadies

Por Eduardo Galeano

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Fuente: Galeano, E. (1989), El libro de los abrazos, Siglo XXI, Madrid.

10/3/22

El proyecto Vicos

Por Marvin Harris

Vicos era una hacienda en las tierras montañosas de Perú, habitada por 373 familias de campesinos indios económicamente explotados, deprimidos y semejantes a siervos. La Universidad de Cornell arrendó la hacienda y se la pasó al antropólogo Allen Holmberg con el objetivo de elevar el nivel de vida de los indios y hacerles económicamente independientes. En el momento de comenzar el proyecto, la gente de Vicos era incapaz de cultivar lo suficiente como para autoabastecerse, las tierras de cultivo estaban divididas en miles de pequeñas parcelas dispersas, su cosecha de patatas normalmente fallaba, y carecían de motivación para producir excedentes, ya que estaban continuamente en deuda o a merced de los terratenientes.

Bajo las normas feudales del sistema de la hacienda, se pidió a los campesinos que trabajaran en las tierras del dueño tres días a la semana. Holmberg decidió aprovecharse de esta obligación utilizándola para familiarizar a los campesinos con las variedades mejoradas de patatas, fertilizantes, fungicidas e insecticidas. Después de comprobar el éxito de las nuevas semillas y métodos en su trabajo obligatorio en las parcelas de su nuevo jefe, los campesinos estaban más dispuestos a hacer lo mismo en sus propias parcelas. Esto resultaba más fácil dándoles por adelantado las semillas y otros materiales sobre la base de una cosecha común. Los antropólogos y técnicos supervisaban cuidadosamente el uso de los nuevos métodos para asegurarse el éxito.

Mientras tanto, se llevaban a cabo otras actividades: un programa educacional completo; un programa de comida caliente en la escuela, que introducía frutas y juegos, que anteriormente no formaban parte de la dieta; también se hacían demostraciones prácticas en la huerta para cultivar verduras, así como lecciones de coser a máquina, lo que permitía a las mujeres hacer sus propias ropas. Además, a través de frecuentes discusiones y encuentros comunales, los campesinos empezaron gradualmente a confiar más unos en otros y a buscar soluciones de tipo cooperativo y comunal a sus problemas.

La culminación de todos estos cambios fue la compra de la hacienda por las familias que vivían en ella. Esto ocurrió en 1962, y junto con mayores ingresos, mejor salud y cultura, el suceso fue considerado como una clara evidencia del éxito del proyecto.

La vida de la gente de Vicos mejoró notablemente como resultado de la intervención de Holmberg y otros antropólogos de acción. Sin embargo, se han expresado ciertas críticas cuando se lo considera como un modelo de desarrollo para todo el sector campesino de los Andes peruanos. Las inversiones per cápita del proyecto Cornell-Perú eran bastante modestas en comparación con las de otros proyectos internacionales, a pesar de que se habían ocultado costes de inversión que probablemente no se duplicarían en una escala lo suficientemente amplia como para afectar a una parte importante del campesinado peruano. Estos costes ocultos se referían al capital humano y técnico puesto al servicio de Vicos por expertos altamente especializados, honrados y relativamente desinteresados (incluido Holmberg) que trabajaban activamente para mejorar todo el grupo de campesinos, y cuyos medios de vida no estaban basados en las ganancias o impuestos que se podían sacar de los excedentes producidos por los campesinos. (Estaban pagados por las universidades y fundaciones, y muchos de ellos trabajaban prácticamente por nada, como estudiantes graduados esperando ser compensados al obtener sus doctorados y hacer sus carreras en antropología.) Aunque resulta extremadamente interesante como prueba de lo que pueden llegar a hacer antropólogos en acción, que tenían una considerable capacidad de dirigir a la gente a su cargo, el proyecto Vicos se queda corto a la hora de proporcionar una solución más general al problema del subdesarrollo.

Fuente: Harris, M. (1983), Antropología cultural, Alianza Editorial, Madrid.

3/3/22

El aborto libre reduce la criminalidad

Por Mario Bunge

Es bien sabido que los fundamentalistas religiosos y la gente de derechas se oponen al aborto, y también es notable que la mayoría de ellos son varones. Su principal argumento es que, puesto que la vida humana se inicia con la concepción (verdadero) y puesto que toda vida humana es sagrada (dogma) el aborto es un asesinato, aunque matar abortistas, desde luego, no lo es. Sin embargo, la premisa menor de este argumento es cuestión de creencia (religiosa), por lo cual el argumento no debería ser tenido en cuenta en una sociedad laica. Un biólogo podría argüir que un apéndice, una amígdala y el recorte de una uña son tan humanos como un embrión de ser humano y que, a pesar de ello, ninguna religión conocida les rinde culto. (Corrección: solía haber una Congregación del Santo Prepucio.) El biólogo podría argüir, también, que el todo es más valioso que cualquier parte de él. Y un psicólogo podría argumentar que un embrión o aun un feto no es una persona, vale decir un ser humano dotado de capacidades mentales. Más aún, el índice de criminalidad de Estados Unidos disminuyó después de que el aborto fuera despenalizado en 1973. La causa, se presume, es el descenso del número de niños no deseados, quienes con frecuencia son rechazados y pueden, en consecuencia, elegir el delito como profesión.

Fuente: Bunge, M. (2009), Filosofía política, Gedisa, Barcelona.

24/2/22

Juan Gerardi

Por Eduardo Galeano

Imagen tomada de https://bit.ly/3hbaJ8F

El obispo Juan Gerardi presidió el grupo de trabajo que rescató la historia reciente del terror en Guatemala. Miles de voces, testimonios recogidos en todo el país, fueron juntando los pedacitos de cuarenta años de memoria del dolor: 150 mil guatemaltecos muertos, cincuenta mil desaparecidos, un millón de exiliados y refugiados, doscientos mil huérfanos, cuarenta mil viudas. Nueve de cada diez víctimas eran civiles desarmados, en su mayoría indígenas; y en nueve de cada diez casos, la responsabilidad era del ejército o de sus bandas paramilitares.

La Iglesia hizo público el informe un jueves de abril del 98. Dos días después, el obispo Gerardi apareció muerto, con el cráneo partido a golpes de piedra.

Fuente: Galeano, E. (1998), Patas arriba, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

17/2/22

Los dos primeros gobiernos peronistas

Por Mario Bunge

Para que un gobierno sea legítimo, debe cumplir dos condiciones: debe gozar de amplio apoyo popular y debe comportarse moralmente, o sea, trabajar al servicio del pueblo en lugar de servirse de él. Por ejemplo, los gobiernos peronistas gozaron de legitimidad política porque fueron libremente elegidos por grandes mayorías. Pero su legitimidad moral es dudosa, ya que hicieron tanto o más mal que bien. Por ejemplo, los dos primeros gobiernos peronistas ampliaron la legislación laboral, pero sometieron al movimiento obrero; dieron el voto a la mujer, pero la engañaron; construyeron edificios escolares, pero transformaron las escuelas en centros de adoctrinamiento partidario; abrieron nuevos mercados internacionales, pero inauguraron la inflación; aseguraron el libre sufragio, pero no la libertad de asociación ni de expresión. Para colmo, minaron la débil cultura superior.

Fuente: Bunge, M. (2006), 100 ideas, Laetoli, Pamplona.