Por Eduardo Galeano
El
20 de marzo del año 2003, los aviones de Irak bombardearon los Estados Unidos.
Tras las bombas, las tropas iraquíes
invadieron el territorio norteamericano.
Hubo numerosos daños colaterales. Muchos
civiles estadounidenses, en su mayoría mujeres y niños, perdieron la vida o
fueron mutilados. Se desconoce la cifra exacta, porque la tradición manda
contar las víctimas de las tropas invasoras y prohíbe contar las víctimas de la
población invadida.
La guerra fue inevitable. La seguridad de
Irak, y de la humanidad entera, estaba amenazada por las armas de destrucción
masiva acumuladas en los arsenales de los Estados Unidos.
Ningún fundamento tenían, en cambio, los
rumores insidiosos que atribuían a Irak la intención de quedarse con el
petróleo de Alaska.
Fuente:
Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.
No hay comentarios:
Publicar un comentario