28/3/25

Dominus vobiscum

Por Eduardo Galeano

1774

San Andrés Itzapan

Los indios están obligados a escupir cada vez que nombran a cualquiera de sus dioses.

Están obligados a bailar danzas nuevas, el Baile de la Conquista y el Baile de Moros y Cristianos, que celebran la invasión de América y la humillación de los infieles.

Están obligados a cubrir sus cuerpos, porque la lucha contra la idolatría es también una lucha contra la desnudez, la peligrosa desnudez que produce en quien la contempla, según el arzobispo de Guatemala, mucha lesión en el cerebro.

Están obligados a repetir de memoria el Alabado, el Avemaría y el Padrenuestro.

¿Se han hecho cristianos los indios de Guatemala?

El fraile doctrinero de San Andrés Itzapan no está muy seguro. Dice que ha explicado el misterio de la Santísima Trinidad doblando un paño y mostrándolo a los indios: Mirad: un solo paño en tres dobleces. Así también Dios es uno en tres. Y dice que los indios quedaron convencidos de que Dios es de paño.

Los indios pasean a la Virgen en andas de plumas, y llamándola Abuela de la Luz le piden cada noche que mañana traiga el sol; pero con mayor devoción veneran a la serpiente que ella aplasta bajo el pie. Ofrecen incienso a la serpiente, viejo dios que da buen maíz y buen venado y ayuda a matar enemigos. Más que a san Jorge celebran al dragón, cubriéndolo de flores; y las flores al pie del jinete Santiago rinden homenaje al caballo, no al apóstol. Se reconocen en Jesús, que fue condenado sin pruebas, como ellos; pero no adoran la cruz por ser símbolo de su inmolación, sino porque la cruz tiene la forma del fecundo encuentro entre la lluvia y la tierra.

Fuente: Galeano, E. (1984), Memoria del fuego 2: Las caras y las máscaras, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

21/3/25

Nixon y Kissinger

Por Noam Chomsky

El 27 de mayo [de 2004] el New York Times publicó un artículo sobre las conversaciones entre Henry Kissinger y Richard Nixon, en el que figuraba una de las frases más alucinantes que he leído en mi vida. Kissinger luchó contra viento y marea para que los tribunales impidiesen que saliesen a la luz aquellas transcripciones, pero al final los jueces lo permitieron. Vas leyéndolas y de repente te encuentras con que en un momento dado Nixon informó a Kissinger de su intención de asaltar Camboya con el pretexto de que hacían falta suministros aerotransportados. Nixon le dijo: «Quiero que no dejen títere con cabeza». Y Kissinger transmitió al Pentágono la orden de llevar a cabo una «campaña intensa de bombardeos sobre Camboya. Que disparen contra todo lo que se mueva». Este es el llamamiento más explícito a lo que denominamos genocidio, cuando lo cometen otros, que yo haya visto en los anales de la historia.

En estos momentos [2004] se está juzgando a Slobodan Milošević, el ex presidente de Yugoslavia. Los fiscales se están enfrentando a ciertos obstáculos porque no consiguen encontrar órdenes directas que relacionen a Milošević con las atrocidades cometidas en territorio bosnio. Supón que encuentran una frase de Milošević que diga: «Que no dejen títere con cabeza. Que disparen contra todo lo que se mueva». Con eso se acabaría el juicio y se condenaría a Milošević a varias cadenas perpetuas. Sin embargo, no consiguen encontrar ningún documento de esta naturaleza.

¿Hubo alguna reacción a la publicación de las transcripciones de las conversaciones entre Nixon y Kissinger? ¿Alguien se fijó? Yo he traído el asunto a colación en varias charlas y me he dado cuenta de que la gente no parece entenderlo. Es posible que lo entiendan en cuanto me lo oyen decir, pero no al cabo de cinco minutos, porque resulta demasiado intolerable. No puede ser que hagamos llamamientos abiertos y públicos al genocidio y que lo cometamos a continuación. Eso no puede ser. Por tanto, jamás ha sucedido nada así. Y, por tanto, ni siquiera hay que borrarlo de la historia, porque en la historia nunca entrará nada así.

Chomsky, N. (2005), Ambiciones imperiales, Península, Barcelona.

14/3/25

El embarque

Por Eduardo Galeano

1618

Luanda

Han sido atrapados por las redes de los cazadores y marchan hacia la costa, atados unos a otros por el cuello, mientras resuenan los tambores del dolor en las aldeas.

En la costa africana, un esclavo vale cuarenta collares de vidrio o un pito con cadena o un par de pistolas o un puñado de balas. Los mosquetes y los machetes, el aguardiente, las sedas de China y los percales de la India se pagan con carne humana.

Un fraile recorre las filas de cautivos en la plaza principal del puerto de Luanda. Cada esclavo recibe una pizca de sal en la lengua, una salpicadura de agua bendita en la cabeza y un nombre cristiano. Los intérpretes traducen el sermón: Ahora sois hijos de Dios... El sacerdote les manda no pensar en las tierras que abandonan y no comer carne de perro, rata ni caballo. Les recuerda la epístola de San Pablo a los efesios (Siervos, ¡servid a vuestros amos!) y la maldición de Noé contra los hijos de Cam, que quedaron negros por los siglos de los siglos.

Ven el mar por primera vez y los aterroriza esa enorme bestia que ruge. Creen que los blancos se los llevan a un lejano matadero, para comérselos y hacer aceite y grasa de ellos. Los látigos de piel de hipopótamo los empujan a las enormes canoas que atraviesan las rompientes. En las naves, los amenazan los cañones de popa y proa, con las mechas encendidas. Los grillos y las cadenas impiden que se arrojen a la mar.

Muchos morirán en la travesía. Los sobrevivientes serán vendidos en los mercados de América y otra vez señalados con el hierro candente.

Nunca olvidarán a sus dioses. Oxalá, a la vez hombre y mujer, se disfrazará de san Jerónimo y santa Bárbara. Obatalá será Jesucristo; y Oshún, espíritu de la sensualidad y las aguas frescas, se convertirá en la Virgen de la Candelaria, la Concepción, la Caridad o los Placeres, y será santa Ana en la isla de Trinidad. Por detrás de san Jorge, san Antonio o san Miguel, asomarán los hierros de Ogum, dios de la guerra; y dentro de san Lázaro cantará Babalú. Los truenos y los fuegos del temible Shangó transfigurarán a san Juan Bautista y a santa Bárbara. En Cuba Elegguá seguirá teniendo dos caras, la vida y la muerte, y al sur del Brasil Exú tendrá dos cabezas, Dios y el Diablo, para ofrecer a sus fieles consuelo y venganza.

Fuente: Galeano, E. (1982), Memoria del fuego I. Los nacimientos, Siglo XXI, México, D.F.

7/3/25

La democracia griega

Por Eduardo Galeano

La democracia griega amaba la libertad, pero vivía de sus prisioneros. Los esclavos y las esclavas labraban tierras,

abrían caminos,

excavaban montañas en busca de plata y de piedras,

alzaban casas,

tejían ropas,

cosían calzados,

cocinaban,

lavaban,

barrían,

forjaban lanzas y corazas, azadas y martillos,

daban placer en las fiestas y en los burdeles

y criaban a los hijos de sus amos.

Un esclavo era más barato que una mula. La esclavitud, tema despreciable, rara vez aparecía en la poesía, en el teatro o en las pinturas que decoraban las vasijas y los muros. Los filósofos la ignoraban, como no fuera para confirmar que ése era el destino natural de los seres inferiores, y para encender la alarma. Cuidado con ellos, advertía Platón. Los esclavos, decía, tienen una inevitable tendencia a odiar a sus amos y sólo una constante vigilancia podrá impedir que nos asesinen a todos.

Y Aristóteles sostenía que el entrenamiento militar de los ciudadanos era imprescindible, por la inseguridad reinante.

Fuente: Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.