Por Eduardo Galeano
En
los años cincuenta el terror era negro, se llamaba Mau-mau y acechaba en las
negruras de la selva de Kenia.
La opinión pública mundial creía que los
Mau-mau danzaban degollando ingleses, los hacían picadillo y en satánicas
ceremonias bebían su sangre.
En 1964, el jefe de estos salvajes, Jomo
Kenyatta, recién salido de la cárcel, fue el primer presidente de su país
libre.
Después, se supo: en los años de la guerra
de la independencia, menos de doscientos británicos habían caído, sumando
militares y civiles. Los nativos ahorcados, fusilados o muertos en los campos
de concentración sumaban quinientas veces más.
Fuente:
Galeano, E. (2008), Espejos, Siglo XXI, Buenos Aires.
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