27/3/26

Un precedente peligroso

Por Eduardo Galeano

Setiembre

29

En 1948, Seretse Khama, el príncipe negro de Botswana, se casó con Ruth Williams, que era inglesa y blanca.

A nadie le cayó bien la noticia. Y la corona británica, dueña y señora de buena parte del África negra, nombró una comisión de expertos para estudiar el asunto. La boda entre dos razas sienta un precedente peligroso, dictaminó la comisión del reino británico, y la pareja fue condenada al exilio.

Khama encabezó, desde el destierro, la lucha por la independencia de Botswana. En 1966, se convirtió en el primer presidente, elegido por amplia mayoría, en votación indudable.

Entonces recibió, en Londres, el título de sir.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

20/3/26

El enfoque keynesiano

Por Ian Kershaw

El enfoque keynesiano de promover el crecimiento estimulando la demanda había sido la base de casi todo el pensamiento económico de la posguerra y había demostrado ser la forma probada de salir de los apuros económicos, el estancamiento y el desempleo masivo. Sin embargo, este remedio no se ajustaba a las condiciones de principios de los años setenta [en Europa]. Tras dos décadas de elevado crecimiento, había pleno empleo; el problema era el aumento de la inflación. La inyección de fondos en la economía solo era una garantía de que aumentarían las presiones inflacionarias y el estímulo de la demanda solo provocaba la reclamación de subidas salariales. Sin un aumento de la productividad, esto solo alimentaba la inflación. Buena parte de los trabajadores (que seguía aumentando), y en particular en el sector público en expansión, pertenecía a sindicatos; en 1970, unas dos terceras partes de ellos en Suecia, la mitad en Gran Bretaña y una tercera parte en Alemania Occidental, aunque poco más de una quinta parte en Francia. Los sindicatos podían aprovechar el pleno empleo y la escasez de mano de obra para conseguir aumentos salariales a veces espectaculares (un 19% en la industria italiana en 1969) sin los correspondientes aumentos de la productividad. A los gobiernos les resultaba cada vez más difícil hacer frente a los niveles de gasto público, sobre todo en materia de asistencia social, que a principios de los años setenta representaba entre el 40% y el 50% del gasto de los países occidentales, desde el final de la guerra se había multiplicado por una media de cuatro en Europa occidental y aumentaba con especial rapidez en Italia y Francia. En estas circunstancias, la teoría keynesiana no ofrecía soluciones.

Fuente: Kershaw, I. (2018), Ascenso y crisis, Crítica, Barcelona.

13/3/26

El demonio de Tasmania

Por Eduardo Galeano

Mayo

8

Es famoso en el mundo este monstruo diabólico, de fauces abiertas y dientes rompehuesos.

Pero el verdadero demonio de Tasmania no vino del Infierno: fue el imperio británico quien exterminó a la población de esta isla, vecina de Australia, con el noble propósito de civilizarla.

La última víctima de la guerra inglesa de conquista se llamaba Truganini. Esta reina despojada de su reino murió en el día de hoy de 1876, y con ella murieron la lengua y la memoria de su gente.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.

6/3/26

La bomba de Dios

Por Eduardo Galeano

Agosto

6

En 1945, mientras este día nacía, murió Hiroshima. En el estreno mundial de la bomba atómica, la ciudad y su gente se hicieron carbón en un instante.

Los pocos sobrevivientes deambulaban, mutilados, sonámbulos, entre las ruinas humeantes. Iban desnudos, y en sus cuerpos las quemaduras habían estampado las ropas que vestían cuando la explosión. En los restos de las paredes, el fogonazo de la bomba atómica había dejado impresas las sombras de lo que hubo: una mujer con los brazos alzados, un hombre, un caballo atado…

Tres días después, el presidente Harry Truman habló por radio.

Dijo:

Agradecemos a Dios que haya puesto la bomba atómica en nuestras manos, y no en manos de nuestros enemigos; y le rogamos que nos guíe en su uso de acuerdo con sus caminos y sus propósitos.

Fuente: Galeano, E. (2012), Los hijos de los días, Siglo Veintiuno, Buenos Aires.