9/11/08

El ascenso del hombre

Por Jacob Bronowski

Mas la guerra, la guerra organizada, no es un instinto humano. Es una forma de robo altamente planificada y coordinada.



El estímulo más poderoso en el ascenso del hombre es el placer que le proporciona su propia habilidad. Disfruta con hacer lo que puede hacer bien y, al haberlo hecho bien, disfruta haciéndolo mejor.



Los españoles saquearon el Perú por su oro, que había sido coleccionado por la aristocracia inca como quien colecciona sellos de correos, con el toque de Midas. Oro para la codicia, oro para el esplendor, oro para la ornamentación, oro para el culto, oro para el poder, oro para los sacrificios, oro para dar vida, oro para la ternura, oro bárbaro, oro voluptuoso…



Pero el ascenso del hombre no es realizado por personas encantadoras. Es realizado por gente dotada de dos cualidades: una integridad enorme y, cuando menos, un poco de genio.



Euclides pertenecía a la tradición pitagórica. Cuando un oyente le preguntó cuál era el uso práctico de algún teorema, se dice que Euclides dijo desdeñosamente a su esclavo: “El quiere lucrarse del conocimiento, dale una moneda”. La reprobación estaba quizás inspirada en el proverbio de la hermandad pitagórica, que traducido se aproxima a: “Un diagrama y un paso; no un diagrama y una moneda”, siendo “un paso” un paso en el conocimiento, o lo que yo he denominado el ascenso del hombre.



En el transcurso de su vida, Einstein unió la luz al tiempo y el tiempo al espacio; la energía a la materia, la materia al espacio y el espacio a la gravitación.



Las revoluciones no son producto del destino sino de los hombres.



Uno de los propósitos de las ciencias físicas ha sido el de proporcionar una imagen exacta del mundo material. Uno de los logros de la física del siglo XX ha sido el de probar que tal meta es inasequible.



Por lo general, los físicos han realizado lo mejor de su trabajo antes de cumplir los treinta años (los matemáticos aún antes y los biólogos quizás un poco después).



Los emperadores se van, más los imperios permanecen.



El amor espiritual y el amor carnal son inseparables.



Un animal puede ser social o solitario. Sólo el hombre aspira a ser ambos, un solitario social.



El compromiso personal del hombre con su destreza, el compromiso intelectual y el compromiso emocional amalgamados en uno solo, han realizado el ascenso del hombre.

Fuente: Bronowski, Jacob, El ascenso del hombre, México, Sistemas Técnicos de Edición, 1987.

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