13/11/08

Descubrir la verdad

Por Carl Sagan

La sociedad puede llegar a corromper al mejor de los hombres.



La primera persona que localizó desde perspectivas neuroanatómicas la inteligencia humana en la cabeza fue Herófilo de Calcedonia, médico griego cuya actividad alcanza su cenit alrededor del 300 a.C.



Si alguien gasta parte de su tiempo proponiendo hipótesis, comprobando si tienen sentido y si concuerdan con cuanto ya conocemos, pensando en pruebas experimentales que den validez o se la nieguen a nuestras hipótesis, este alguien está haciendo ciencia.



Einstein … sostenía que era deshonesto ganar dinero enseñando física.



Albert Einstein se convirtió en científico, no gracias, sino a pesar de su escolarización



El prejuicio es resultado de una postura emocional, jamás del racionamiento cuidadoso.



El mejor antídoto para la pseudociencia es la ciencia



Este aspecto del método científico, la capacidad que posee para plantearse interrogantes y corregir sus propios errores, constituye su propiedad más sobresaliente, al tiempo que diferencia a la ciencia de la mayor parte de las demás actividades humanas, donde la credulidad se erige como norma.



No interesan nada las razones que impulsan a alguien a lanzar sus ideas ni las que abrigan sus detractores para criticarlas; lo único que interesa es determinar si las ideas son ciertas o erróneas, prometedoras o regresivas.



Son muy pocos los argumentos sobre la existencia de Dios susceptibles de ser comprendidos por todo el mundo.



La predisposición al cambio y la búsqueda reflexiva de futuros alternativos son la clave para la supervivencia de la civilización y tal vez de la especie humana.



El hecho de que las religiones sean tan descaradamente deshonestas, tan despreciativas de la inteligencia de sus adeptos y de que todavía florezcan no dice nada bueno a favor del vigor mental de sus creyentes.



Vemos un universo que no excluye al dios tradicional de Oriente u Occidente, pero que tampoco requiere uno.



Los seres humanos, y nuestros antepasados y parientes colaterales, como los hombres de Neanderthal, posiblemente sean los primeros organismos de este planeta que han tenido clara conciencia de la inevitabilidad de nuestro propio final.



Un ateo es aquel que tiene la seguridad de que Dios no existe, alguien que dispone de pruebas convincentes en contra de la existencia de Dios.



Sólo aquellos que se formulan preguntas pueden descubrir la verdad.

Fuente: Sagan, Carl, El cerebro de Broca, España, Crítica, 1994.

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