3/10/08

Cerebros acosados por demonios

Por Michael Shermer

Hace quinientos años los demonios habitaban nuestro mundo: íncubos y súcubos que atormentaban a sus víctimas mientras dormían; hace dos siglos existían aparecidos: fantasmas y espíritus que las acosaban durante la noche, y en el siglo pasado los extraterrestres hicieron su aparición: seres grises y verdosos que abducen humanos para examinarlos y punzarlos con agujas. Hoy en día la gente habla de experiencias extracorporales, de levitar sobre sus lechos. Pero, ¿qué está pasando?, ¿éstas elusivas criaturas y estos misteriosos fenómenos ocurren en el mundo real, o sólo en nuestra mente? Nuevas evidencias refuerzan la opinión de que en realidad todo es producto de ésta última. El neurólogo Michael Presinger, en su laboratorio de la Laurentian University de Sudbury, Canadá, puede inducir tales percepciones sometiendo los lóbulos temporales de sujetos de estudio a determinados patrones de campos magnéticos.

En el número del 19 de septiembre de 2002 de la revista Nature, se reporta que el neurólogo Olaf Blanks y sus colegas del Hospital de la Universidad de Ginebra, en Suiza, produjeron experiencias extracorporales estimulando eléctricamente la circunvolución angular derecha del lóbulo temporal de una mujer de 43 años que padecía severamente de epilepsia. Una leve estimulación inicial le hizo sentir que “se hundía en la cama”, o que “caía desde una altura”. Cuando se le aplicó una estimulación más intensa, dijo: “me veo a mí misma dese arriba, recostada en la cama, aunque sólo puedo ver mis piernas y la parte inferior de mi tronco”. En otro experimento se le indujo “una instantánea sensación de ‘ligereza’ y de ‘estar flotando’ a dos metros sobre la cama, cerca del techo”.

En el libro publicado en 2001, Why God Won’t Go Away, se cita un estudio afín. En él, Andrew Newberg del Centro Médico de la Universidad de Pensilvania y el difunto Eugene D’Aquili, comentaban que cuando se escanea el cerebro de monjes budistas en meditación y de monjas franciscanas orando, se observa una asombrosa baja de la actividad cerebral en la parte postero-superior del lóbulo parietal, región que los autores han designado como área de orientación y asociación (AOA), la cual ayuda al cuerpo a orientarse en el espacio. Si una persona tiene dañada esta área se le dificulta desplazarse por una casa, pero si funciona bien se establece una clara distinción entre el yo y los demás. Cuando la AOA está en receso, como sucede durante una profunda meditación o al orar, esta división desaparece y la frontera que separa el estar en el cuerpo y fuera de él se desdibuja.

En su número del 15 de septiembre de 2001, la revista Lancet publicó un estudio realizado en los Países Bajos según el cual el 12 por ciento de 344 pacientes cardiacos, que resucitaron de la muerte clínica, mencionaron haber tenido experiencias cercanas a la muerte. Algunos sintieron que estaban fuera de su cuerpo, otros vieron una luz al final de un túnel; hubo incluso quienes manifestaron haber hablado con familiares ya fallecidos. Dado que a diario recibimos estímulos externos, cuando una parte del cerebro produce de manera anómala estas ilusiones, otra los interpreta como hechos ocurridos externamente y, por lo tanto, lo que anormal se interpreta como paranormal.

Estos estudios son los últimos en “romper lanzas” contra la creencia de que la mente y el alma está separadas del cerebro y el cuerpo. En realidad, en toda experiencia media el cerebro, amplias áreas de éste (la corteza, por ejemplo) coordinan los datos provenientes de áreas cerebrales más pequeñas, como los lóbulos temporales, los cuales comparan los incidentes neuronales producidos en módulos cerebrales aún de menor tamaño, como es la circunvolución angular. Desde luego que no somos conscientes del funcionamiento de nuestros sistemas electroquímicos, lo que experimentamos es lo que los filósofos denominan cualidades, o estados subjetivos de pensamiento y sensación producidos por la concatenación de incidentes neuronales.
Lo paranormal y lo sobrenatural están predestinados a quedar incluidos en lo normal y lo natural. De hecho, no existe lo paranormal ni lo sobrenatural; lo único que existe es lo normal, lo natural y los misterios que aguardan explicación. Es tarea de la ciencia, no de la seudociencia, resolver estos enigmas a partir de explicaciones naturales, no sobrenaturales.

Fuente: Shermer, M. (2003), “Cerebros acosados por demonios”, Scientific American México (mayo), p. 22.

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