17/8/08

La libertad, cuando no hay oportunidades, es un regalo envenenado

Por Noam Chomsky

En principio, cuanto más necesario resulte hablar sobre los ideales de la democracia, menos democrático será el sistema.



La escuela impide la difusión de verdades esenciales. Es la responsabilidad intelectual de los maestros -o de cualquier otra persona que se mueva en ese ámbito- intentar decir la verdad. Eso me parece indiscutible. Es un imperativo moral: averiguar la verdad sobre las cuestiones más importantes, y difundirla lo mejor que uno pueda, y siempre al auditorio más adecuado. Porque ponerse a decirle la verdad al poder es malgastar el tiempo, literalmente, y ese intento puede ser, con frecuencia, una forma de cubrirse las espaldas.



Para triunfar, hay que servir a los intereses del sistema doctrinal. Hay que estarse callado e instilar en los alumnos las creencias y los dogmas más útiles para los intereses de los que están de verdad en el poder.



Los hechos se transforman en su contrario cuando se reflejan en el espejo deformador de los medios.



La libertad, cuando no hay oportunidades, es un regalo envenenado; y negarse a proporcionar estas oportunidades es un acto criminal.



“Empresa libre” significa que el público pague los gastos y asuma los riesgos, por si las cosas van mal (y así se han cubierto, por ejemplo, quiebras bancarias y corporativas que han costado a los contribuyentes, en los últimos años, centenares de miles de millones de dólares).

Fuente: Chomsky, N. (2000), La (des)educación, Crítica, Barcelona.

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