28/3/08

Perder a Dios

Por Eduardo Galeano

Humor negro de Buenos Aires: “Los argentinos –dicen-, nos dividimos en: aterrados, encerrados, enterrados y desterrados”.

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Hacía pocos años que yo había perdido a Dios. Se me había roto el espejo. Dios tenía los rasgos que yo le ponía y decía las palabras que yo esperaba. Mientras fui niño, me puso a salvo de la duda y de la muerte. Había perdido a Dios y no me reconocía en los demás.

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Para escribir tenía que mojarme la oreja. Yo sabía. Desafiarme, provocarme, decirme: “No podés, a que no”. Y también sabía que para que nacieran las palabras yo tenía que cerrar los ojos y pensar intensamente en una mujer.

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Estar vivo es un peligro; pensar, un pecado; comer, un milagro.

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Me llamó puta porque yo no lloraba.

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Los criminales tienen las llaves de las cárceles.

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¿Quién conoce una riqueza que sea inocente?

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Si son enfermos los torturadores, ¿qué decir del sistema que los hace necesarios?

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Entrenados para la mentira, ciertos periodistas no pudieron entender el coraje de la verdad.

Fuente: Galeano, Días y noches de amor y de guerra, Alianza Editorial, España, 1978.

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