31/3/08

No importa demasiado quién es el presidente de los Estados Unidos

Por Eric J. Hobsbawm

El hecho obvio de que los Estados Unidos sigan siendo la máxima potencia, no significa per se que el siglo XXI vaya a ser un siglo “americano”. Pero lo que me interesa señalar es que no va a ser el siglo de nadie. Porque hay algo que cada vez me parece más evidente: el mundo se ha hecho demasiado grande y complicado para ser dominado por un solo estado.

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La economía capitalista produce una tendencia a la acumulación de capitales.

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Las leyes del desarrollo capitalista son sencillas: maximizar el crecimiento, el beneficio, el incremento del capital.

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Incluso en los regímenes de mercado libre más radical, la sanidad, los servicios públicos o las pensiones los proporciona en su mayor parte el estado. Estas me parecen las tres mayores demandas sociales a las que todo gobierno debe dar respuesta, por lo menos en parte, sin un sistema organizado por los gobiernos.

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Este es un rasgo característico del siglo XX que hay que tener presente cuando se hacen balances: ha sido, a la vez, el peor y el mejor de los siglos. Ha matado a más gente que ningún otro, pero al mismo tiempo, ahora que termina, hay más gente viva y vive mejor, y tiene más esperanzas y mayores oportunidades.

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George Soros, que gasta su dinero en causas nobles al mismo ritmo de Carnegie, admite que todo lo que regala incide poquísimo en su nivel de riqueza.

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La igualdad, en términos prácticos, viene a significar hoy en día servicios sociales y redistribución a cargo de los gobiernos. Todo lo que el mercado libre no puede garantizar.

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En definitiva, al final no es que importe demasiado quién es el presidente de los Estados Unidos: desde 1865 siete presidente fueron asesinados u obligados a retirarse antes de finalizar su mandato y les sustituyeron personas que en principio no habían sido destinadas para dirigir el país. Y sin embargo estos traumas no han cambiado la historia de los Estados Unidos de forma significativa.

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El multilingüismo, por definición, es un obstáculo para la globalización.

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La inseguridad en el trabajo es una estrategia para incrementar los beneficios liberándose en todo lo que sea posible del trabajo humano, o pagándolo peor.

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En Estados Unidos, los científicos son de los pocos que no basan todavía su actividad en la lógica de la expectativa del máximo beneficio.

Fuente: Hobsbawm, Entrevista sobre el siglo XXI, Crítica, España, 1999.

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