17/2/08

El enemigo no es la religión

Por Stephen Jay Gould

No soy creyente. Soy agnóstico en el sabio sentido de T. H. Huxley, quien acuñó el término cuando identificó este escepticismo liberal como la única posición racional porque, realmente, no podemos saber.

[…]

El milagro, definido como la suspensión divina de la ley natural, ha de situarse fuera del ámbito de la explicación científica.

[…]

La mente humana no puede dejar de pensar acerca de la naturaleza de las cosas, tanto por razones prácticas de plantar y navegar, como por motivos más generales inspirados por nuestro bendito sentido para maravillarnos (como cuando nos preguntamos: ¿por qué brilla el Sol?, o ¿por qué la hierba es verde?).

[…]

Siempre hay que desconfiar de lo que creemos que conocemos muy bien.

[…]

El enemigo no es la religión, sino el dogmatismo y la intolerancia, una tradición tan antigua como la humanidad, e imposible de extinguir sin vigilancia eterna, que es, como proclama un famoso epigrama, el precio de la libertad.

[…]


Las cuestiones científicas no pueden decidirse, en ningún caso, mediante un voto mayoritario.

[…]

Todos reconocemos la principal flaqueza de la frágil humanidad: nuestra propensión a adoptar la esperanza y a descartar la lógica, nuestra tendencia a creer lo que deseamos en lugar de lo que observamos.

[…]

Los científicos aducen generalmente que el lenguaje representa la característica más especial y transformadora del carácter distintivo del ser humano y sólo un bobo dejaría de asestar un golpe con su mejor arma.

Fuente: Jay Gould, Ciencia versus religión, Crítica, España, 2000.

No hay comentarios: