13/1/08

Mujeres en un mundo patas arriba

Por Amnistía Internacional

Se calcula que en la actualidad hay en el mundo casi 650 millones de armas pequeñas. Casi el 60 por ciento de ellas están en manos de ciudadanos particulares, […] en su mayoría hombres. Y la gran mayoría de quienes fabrican, venden, poseen y usan, debida o indebidamente, las armas pequeñas son hombres.

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Cuanto mayor sea el número de armas, mayor es el peligro para las mujeres.

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A veces las mujeres animan abiertamente a sus hombres a combatir y, de forma más sutil, apoyan las actitudes y estereotipos que promueven la cultura de las armas.

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La violencia contra las mujeres es universal, pero no es inevitable.

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En todo el mundo, en todas las clases sociales, razas y castas, en todas las religiones y regiones, hay hombres que someten a sus parejas a violencia física o psicológica, o a ambas.

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En Sudáfrica y Francia, una de cada tres mujeres asesinadas por sus esposos lo son por un arma de fuego; en Estados Unidos esta cifra aumenta a dos de cada tres.

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Entre 1995, año en el que Canadá restringió sus leyes sobre armas de fuego, y 2003, los asesinatos cometidos con estas armas disminuyeron en total un 15 por ciento, mientras que el índice de homicidios de mujeres por armas de fuego se redujo un 40 por ciento.

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Entrevistas con niñas y mujeres jóvenes de las favelas (barrios marginales) de Río de Janeiro, Brasil, muestran cómo los hombres jóvenes que llevan pistolas para participar en el narcotráfico representan prestigio, dinero y poder: “Las jóvenes salen con muchachos que usan pistolas porque quieren una vida mejor, dinero fácil, ropas de marca, sentirse superiores a otros… tener poder sobre otros… Si salen con un muchacho que tiene un empleo normal, su vida no será así. Les gusta salir con traficantes por ese motivo”.

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Entre marzo de 1999 y febrero del 2000, la Sección de Sierra Leona de la organización no gubernamental Foro para Pedagogas Africanas (FAWE, por sus siglas en inglés) trató a más de 2.000 mujeres y niñas que habían sido secuestradas por combatientes armados, en su mayoría en Freetown y la zona occidental. Más de 1.900 habían sido violadas. La mayoría padecían enfermedades de transmisión sexual y muchas estaban embarazadas; el 80 por ciento de las embarazadas tenían edades comprendidas entre los 14 y los 18 años.

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Cuando callamos o no actuamos somos cómplices de la violencia y de la amenaza de la violencia con la que tantas mujeres conviven cada día.

Fuente: Amnistía Internacional, Los efectos de las armas en la vida de las mujeres, EDAI, Madrid, 2005.

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